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Mostrando entradas de octubre, 2007

El sueño y la novela

Si la novela moderna comienza con el Quijote debería quedarnos muy claro que desde su fundación es inseparable del concepto de parodia. Parodia e impostura, la novela comienza como un ejercicio sobre lo apócrifo, lo que equivale a decir que la novela fue concebida para ensayar los límites entre un texto y otros textos, entre estos textos y el mundo en que fueron generados, el mundo donde fueron generados y el mundo que crean o destruyen. Y todas las novelas han de repetir hasta el cansancio que ninguno de estos límites está claro. El Quijote no podría existir sin las novelas de caballería o sin las novelas pastoriles, no sólo porque Cervantes hace uso extenso de ellas sino porque el propio Don Quijote lo hace, escribiéndose mientras cabalga, narrándose su propia historia con los ojos de un historiador del futuro, creando un texto apócrifo que finge ser producido por un futuro narrador incorporado al complejo sueño donde encontramos -¿simétricamente?- la pretensión de Cervantes sobre l…

M.L.

quise decir lo que dice el silencio
para armar una forma vacante
quise ser lo que soy más allá de mí

(o más acá o donde no llego o donde
no hay ni palabras)

quise y fallé
la nada descansará indecible
el vacio aborrece la forma
y no hay más allá de mí

(o más acá o donde no llego o donde
no hay sino vacío
y palabras)

ahora lo sé
siempre habrá palabras
como un cáncer o como buitres

cuando muera dejaré un castillo
hermoso como la espuma

Ciudad

Salimos a conocer la ciudad. Tomamos una de las vias principales y la recorremos hasta los barrios bajos; a partir de alli nos perdimos en callejuelas y caminos de tierra, hasta que un alto alambrado nos descubrió el fin de la ciudad. Entonces regresamos hacia la via principal, luego a otra avenida importante y de alli en dirección al extremo opuesto de la ciudad, donde una vez más edificios y calles se perdían en cantegriles y descampados habitados por ombues y eucaliptos. No tuvimos que caminar mucho para encontrar el gran muro de alambre, otra vez. Uno de nostoros sugirió bordear la ciudad. Descubrimos que hacia el sur la limitaba el rio y hacia el norte una confusa tramas de vías de cintura. Creíamos tener un mapa, aunque ninguno de nosotros pudo recordar dónde estaba o dónde había sido perdido. En base a recuerdos demasiado tenues recorrimos las márgenes de la ciudad hasta dar con una calle que nos parecía alentadora, y por la que optamos por internarnos en la distancia. No muy l…

Tres variaciones breves sobre espejos

1Revisando en cansados baúles encuentro un atado de fotografías. Entre ellas arribo fatalmente a una imagen de mi infancia, en la que miro la cámara dando mi espalda a un espejo.
Aparto entonces la foto, que se me vuelve intolerable. No pasa mucho tiempo hasta que me doy cuenta: temo la aparición de un rostro extraño que vigila desde el espejo, reflejado desde algún punto del espacio inaccesible a mi yo de la fotografía, que jamás llegó a verlo y por tanto no recuerdo. Ese rostro ignorado, lo sé, es manipulador y culpable de mi destino. Cierro los ojos, aterrado: acaso también esté vigilándome ahora.
2Habrá sucedido hacia las dos o tres de la mañana, y recordé de inmediato esa frase de Borges o Bioy en Tlön Uqbar. No había nadie en la casa y el espejo dominaba la habitación. Mi figura reflejada llegó a asustarme; imaginé que más allá de la pulida superficie se ordenaba otro mundo, en el que pobres criaturas habían sido condenadas a repetir nuestras formas y nuestros actos. Han perdido s…