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Ramiro Sanchiz (Montevideo, 1978). Ha publicado 17 libros, entre ellos las novelas "El orden del mundo" (2014, El Cuervo, La Paz, Bolivia; primer premio de narrativa édita del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay), "El gato y la entropía #12&35" (Estuario Editora, Montevideo, Uruguay), "Las imitaciones" (2016, Décima Editora, Buenos Aires, Argentina) y "Verde" (2016, Fin de Siglo, Montevideo, Uruguay). Escribe regularmente crítica para el periódico montevideano La Diaria. Se ha desempeñado como jurado del premio Casa de Las Américas (2016), el Fondo Concursable del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay (2011) y del premio Onetti de la Intendencia de Montevideo (2016). Ha sido traducido al francés, el alemán, el inglés y el italiano.

lunes, 15 de octubre de 2007

Tres variaciones breves sobre espejos


1

Revisando en cansados baúles encuentro un atado de fotografías. Entre ellas arribo fatalmente a una imagen de mi infancia, en la que miro la cámara dando mi espalda a un espejo.
Aparto entonces la foto, que se me vuelve intolerable. No pasa mucho tiempo hasta que me doy cuenta: temo la aparición de un rostro extraño que vigila desde el espejo, reflejado desde algún punto del espacio inaccesible a mi yo de la fotografía, que jamás llegó a verlo y por tanto no recuerdo. Ese rostro ignorado, lo sé, es manipulador y culpable de mi destino. Cierro los ojos, aterrado: acaso también esté vigilándome ahora.

2

Habrá sucedido hacia las dos o tres de la mañana, y recordé de inmediato esa frase de Borges o Bioy en Tlön Uqbar. No había nadie en la casa y el espejo dominaba la habitación. Mi figura reflejada llegó a asustarme; imaginé que más allá de la pulida superficie se ordenaba otro mundo, en el que pobres criaturas habían sido condenadas a repetir nuestras formas y nuestros actos. Han perdido su libertad y su apariencia verdadera, pensé maravillado, moviendo mis brazos y haciendo gestos absurdos para que mi doble se esforzase más.
Y así surgió la certeza, derramada sobre mí como un relámpago de hielo. Yo soy el condenado, yo he repetido los gestos del otro, que me observa desde el espejo sabiendo de mi destino. Entendí así mi sino fatal: nunca he sido libre, desde el otro lado del espejo alguien mueve mis hilos.

3


Me planto ante el espejo y me miro: ese es mi rostro. Sigo la línea de la boca, la nariz y los ojos. Me detengo en la humedad del cristalino, la espesura del iris, el enigma de las pupilas, luego hago retroceder un poco la mirada. En esa pequeña oscuridad una figura se refleja: es la mía. Razono que mis ojos duplican la figura del espejo y este a su vez la refleja, volviéndomela visible, un yo encerrado dentro de mi yo, minúsculo. Ese también tendrá ojos, razono, y por lo tanto allí se refleja una vez más mi forma. Hay un infinito aquí, estoy perdido en una serie que se extiende indefinidamente, dentro y fuera de mi imagen.
Pero hay un punto que no puedo ver. Detrás de mi cabeza nada puede reflejar lo que sucede y volvérmelo cierto, hacérmelo ser pues ser es ser percibido. En vano agito mis manos trazando signos y esperando que pueda doblar hasta ese extremo la mirada y ver, pero nada existe desde el punto ciego y plantar en su espacio otro espejo solo ahondará la abominable multiplicación de las apariencias, dejando siempre un hueco, un punto donde la mirada y el ser no alcanzan.
Que curioso, pienso, si todo esto fuera un gran espectáculo, si toda mi vida un entretenimiento, seguramente allí pondrían las cámaras.

5 comentarios:

Clementina dijo...

Tuve la gracia de decírtelo personalmente: la presencia del espejo debe estsar precisa y delicadamente colocada en un relato para resultar efectiva. Sin dudas este es el caso.
Ramiro tenía que tener su blog, así que brindo por el suceso.

Anónimo dijo...

Sin dudas se trata de un triunfo por todos los costados. No voy a entrar a analizar el dinamismo discursivo ni la gracia que tiene producir un texto que básicamente describe emociones desde la verdad. Sos un ser estético, Ramiro, en todo. Y eso se nota. Es genial que saques a la luz las pinceladas del alma. Espero más.

Lucía dijo...

Muy lindo!, hermoso, me hizo acordar tanto a una canción de una persona que yo admiro mucho... Joaquín Sabina - " Corre dijó la Tortuga"... mis felicitaciones... adiós!

Anónimo dijo...

increiblemente tierno...

genesiss dijo...

DICE GALEANO QUE CADA PERSONA BRILLA CON LUZ PROPIA ENTRE TODAS LAS DEMAS Y TU LUZ BRILLA CUANDO DESCRIBES LAS EMOCIONES DE UN TEXTO.SEGUIRE TUS PASOS,BESOS