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Ramiro Sanchiz (Montevideo, 1978). Ha publicado 17 libros, entre ellos las novelas "El orden del mundo" (2014, El Cuervo, La Paz, Bolivia; primer premio de narrativa édita del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay), "El gato y la entropía #12&35" (Estuario Editora, Montevideo, Uruguay), "Las imitaciones" (2016, Décima Editora, Buenos Aires, Argentina) y "Verde" (2016, Fin de Siglo, Montevideo, Uruguay). Escribe regularmente crítica para el periódico montevideano La Diaria. Se ha desempeñado como jurado del premio Casa de Las Américas (2016), el Fondo Concursable del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay (2011) y del premio Onetti de la Intendencia de Montevideo (2016). Ha sido traducido al francés, el alemán, el inglés y el italiano.

lunes, 12 de noviembre de 2007

Sincronías


Jon había bebido demasiado. Apoyado pesadamente contra una pared de la cocina, deliraba sobre fosfenos, luces rosadas y su convicción de que todos los presentes en la fiesta hablábamos en una clave que solo él podía entender. Entonces, para no ser menos, me paré enfrente suyo y dije “la filosofía del viaje en el tiempo”, refiriéndome a la película Donnie Darko, que ambos adoramos. Sin embargo la frase me pareció insuficiente; busqué en mi memoria otra cita de la película y la enuncié, en voz alta y dramática:
-En este mundo todas las criaturas mueren solas.
En ese momento, desde el equipo de audio de la sala, sonaron los primeros compases de “Head over heels”, una de las canciones principales de la banda sonora de Donnie Darko. La coincidencia nos paralizó. Jon, cuya expresión de borracho es análoga a la de una casa derrumbada, recuperó la compostura de inmediato y se levantó de un salto, mirándome a los ojos. El asombro ante la sincronía no dejaba de crecer.
-¡No me acordaba que venía ese tema! –dije, maravillado. Y era cierto; si bien había programado el día anterior el orden de las canciones que sonarían en la fiesta, lo había retenido en la memoria apenas mínimamente. -¡No me acordaba! –insistía, una y otra vez.
Ha pasado casi un día entero y siento la necesidad de intentar una explicación. Quizá una parte de mi mente inconciente retenía a la perfección el orden de las canciones y supo que era el momento correcto para aquella frase. Pero esto implicaría no conceder importancia a la circunstancia, a mi necesidad de decir algo ante el discurso delirante de Jon, algo que, incluso, guardase con él cierta relación, asi fuese igualmente irracional. Una explicación verdadera, decido, debe incluir también a Jon. Se me ocurre lo siguiente: él y yo somos en verdad la misma persona, y hemos actuado ante los demás (que además pueden ser otras tantas hipóstasis de eso que somos todos los seres vivientes) este juego de coincidencias y significados. Hay una vieja frase de Borges (vieja porque ya no recuerdo la primera vez que la leí), sobre la identidad definitiva de todos los hombres. La historia (creo que en realidad la cita es de Pascal), afirma, es un sólo hombre inmortal que cambia de nombres y falsas circunstancias, y que va pensando todo lo pensable. Esa cita también esta en VALIS, de Philip K. Dick, y toda la especulación de Jon sobre luces rosadas y fosfenos proviene de su lectura reciente de esa novela.
Ahora (es un lento domingo de resaca) estoy leyendo La ciudad, de Mario Levrero, distraído por mi incesante pensar en Philip Dick, en Borges, en las sincronías, en Donnie Darko. También estoy escuchando música, The soft parade, de los Doors. En la novela un hombre descarga un latigazo contra una mujer indefensa. Al mismo tiempo Morrison está cantando “when always fails we can whip the horses’ eyes, and make them sleep and cry”.
Me encantaría recordar cuando compuse esa canción y escribí La ciudad.

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