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Ramiro Sanchiz (Montevideo, 1978). Ha publicado 17 libros, entre ellos las novelas "El orden del mundo" (2014, El Cuervo, La Paz, Bolivia; primer premio de narrativa édita del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay), "El gato y la entropía #12&35" (Estuario Editora, Montevideo, Uruguay), "Las imitaciones" (2016, Décima Editora, Buenos Aires, Argentina) y "Verde" (2016, Fin de Siglo, Montevideo, Uruguay). Escribe regularmente crítica para el periódico montevideano La Diaria. Se ha desempeñado como jurado del premio Casa de Las Américas (2016), el Fondo Concursable del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay (2011) y del premio Onetti de la Intendencia de Montevideo (2016). Ha sido traducido al francés, el alemán, el inglés y el italiano.

jueves, 14 de agosto de 2008

desmurales

Anoche fui a la presentación de la bella e inquietante novela Oso de Trapo, de Horacio Cavallo, por editorial Trilce. El lugar elegido para el evento fue un pub ubicado en la plaza Cagancha (¿o es la plaza Libertad?), sobre el Mercado de los Artesanos, y me llamó mucho la atención descubrir que gran parte del decorado estaba compuesto por un enorme mural representando lo que podríamos imaginar, fácil y rápidamente, como la "Tradición Uruguaya" más oficial, a través de caricaturas de Rosa Luna, Eduardo Mateo, Ruben Rada, Liber Seregni, Carlos Gardel y alguna otra figura que he olvidado pero que se dejaría adivinar. Mi primer pensamiento o reacción al respecto fue sentir que carezco por completo de vínculos a esa tradición o, mejor dicho, a las características de un espacio donde es posible yuxtaponer a Rosa Luna y a Líber Seregni, espacio definido exclusivamente por cierta noción de "uruguashidad" con la que, repito, siento un vínculo poco más que mínimo (y no digo mínimo porque me gusta el asado y el dulce de leche). Una segunda idea me hizo considerar la posibilidad de un mural que sí representara alguna de mis "tradiciones"; uno, uruguayo, estaría quizá dominado por Levrero, y siento la compulsión de incluir a Felisberto Hernandez, Quiroga y Onetti, más algunos de mis contemporáneos; otro, más internacional, implicaría una lista demasiado larga. Pero, a la vez, ¿me siento unido a una tradición, uruguaya o no? Si volvemos a pensar en terminos de espacios posibles: ¿aquello que vincula a Onetti, a Felisberto y a Levrero está de algun modo vinculado a mi escritura, a mis gustos, a mi manera de leer? No estoy del todo seguro. Es posible que todo acto creador se inscriba de alguna manera en una tradición; es posible que Dali haya tenido razón al decir "todo lo que no siga una tradición es plagio"; y es concebible que exista una Literatura Uruguaya y que yo esté, quiera o no, atrapado en el espacio que la hace posible, pero sería muy dificil para mí partir de esa tradición como hipótesis de escritura o "sentirme" representado por el mismo tipo de pensamiento que genera murales como el que describí hace un rato, es decir uniendo elementos disímiles con la excusa de que todos han nacido sobre el mismo suelo o que todos han elegido, de alguna manera, creer que existe un ser "uruguayo" y que su creación, artística o política, colaboró a esa suerte de colectividad. Mis vínculos tienden a ser otros: dificilmente sienta la gravitación del "suelo patrio" y sus símbolos, al menos no a nivel conciente. Por eso me resulta tan rídiculo un mural con Rosa Luna y Gardel a un lado de Quiroga y Seregni. Porque obra una imposición: existe lo uruguayo y es eso... no otra cosa, eso. Pero si me preguntan diré, incurriendo en un gracioso error de lógica, que ni existe lo urugayo ni es "eso".Además, el mural no hace otra cosa que petrificar, que arrancar a los "representados" de la vida y del tiempo. No cabe la posibilidad de UN mural, más allá que el equiparable a una instantánea, a un momento de una vida; mi mural actual, por decirlo de alguna manera, no tiene casi nada que ver con el que podría haber compuesto en 1998... porque incluso ante las repeticiones de figuras, estas estarían tomadas en otro sentido, trazando otros vínculos y asimiladas a ese espacio posible de otra manera.Conclusión: no pintemos murales en las paredes, y menos con Rosa Luna o Eduardo Mateo.

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