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Ramiro Sanchiz (Montevideo, 1978). Ha publicado 17 libros, entre ellos las novelas "El orden del mundo" (2014, El Cuervo, La Paz, Bolivia; primer premio de narrativa édita del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay), "El gato y la entropía #12&35" (Estuario Editora, Montevideo, Uruguay), "Las imitaciones" (2016, Décima Editora, Buenos Aires, Argentina) y "Verde" (2016, Fin de Siglo, Montevideo, Uruguay). Escribe regularmente crítica para el periódico montevideano La Diaria. Se ha desempeñado como jurado del premio Casa de Las Américas (2016), el Fondo Concursable del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay (2011) y del premio Onetti de la Intendencia de Montevideo (2016). Ha sido traducido al francés, el alemán, el inglés y el italiano.

jueves, 28 de agosto de 2008

sobre paradojas y silencios

1.Las paradojas de Zenón, es sabido, son imposibles de resolver. Siempre es posible formularlas de una manera que conserve el espíritu de la paradoja y que responda a una crítica determinada. Me resulta especialmente interesante pensar que la historia de la filosofía ha sido de alguna manera la historia de estas paradojas, y viceversa.

2.De hecho, las paradojas de Zenón son la condición de la filosofía.

3.En el sentido de "enfermedad", porque la clara inadecuación de lo que la razón nos dice que "debería ser" y lo que la experiencia nos informa que "es" se difunde a toda filosofía posible, desde el idealismo empirista de Berkeley hasta el existencialismo. Podemos llamarlo el síndrome de inadecuación fundamental del modelo; no de este o aquel modelo particular sino de la noción misma de modelo o de modelización.

4.En realidad se trata del tigre de Borges. Hacia el final de "nueva refutación del tiempo" se llega a la conclusión de que el tiempo, entendido de cual y tal manera, no existe. Racionalmente, filosóficamente, el tiempo "no debería existir"; entonces Borges afirma el equivalente de "pero todos sabemos que existe porque envejecemos y morimos" e introduce la noción del tigre: el tigre no debería existir pero el tigre me despedaza y yo soy el tigre.

5.En otras palabras, la filosofía está enferma porque no puede nombrar al tigre. Y no puede porque sus condiciones, en el sentido de circunstancias que la han hecho posible y la siguen (o no) haciendo posible, le dirán siempre que el tigre no está ahí, que Aquiles no le gana a la tortuga o que la flecha nunca se clava en el blanco.

6.En cambio, la literatura no hace otra cosa que nombrar al tigre. "Tigre de Borges" ya es literatura.

7.¿Y el verdadero tigre?

8."¿y el verdadero tigre?" ya es filosofía.

9."Tigre" ya es literatura.

10.Oh, shut up!

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