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Ramiro Sanchiz (Montevideo, 1978). Ha publicado 17 libros, entre ellos las novelas "El orden del mundo" (2014, El Cuervo, La Paz, Bolivia; primer premio de narrativa édita del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay), "El gato y la entropía #12&35" (Estuario Editora, Montevideo, Uruguay), "Las imitaciones" (2016, Décima Editora, Buenos Aires, Argentina) y "Verde" (2016, Fin de Siglo, Montevideo, Uruguay). Escribe regularmente crítica para el periódico montevideano La Diaria. Se ha desempeñado como jurado del premio Casa de Las Américas (2016), el Fondo Concursable del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay (2011) y del premio Onetti de la Intendencia de Montevideo (2016). Ha sido traducido al francés, el alemán, el inglés y el italiano.

viernes, 5 de septiembre de 2008

esto es un montón de reseñas

1.Finalmente salió de la imprenta la antología Esto no es una antología (ver mi post del 4 de Septiembre). Hace un rato terminé el último cuento que me faltaba y mi impresión general es que se trata de un buen libro, en el simple sentido del placer de la lectura y también en cuanto muestra de lo que se escribe últimamente. Y pensé en reseñar brevemente los cuentos. Algunos me gustaron, otros no; en algunos casos doy razones y en otros cosas parecidas o nada. Por supuesto que se trata apenas de mi opinión como lector contaminado por el hábito de escribir. No intento hacer una verdadera crítica literaria: sólo elaborar mis primeras reacciones sobre los cuentos leídos.



2.Estas son las reseñas:



Mi generación (Nicolás Alberte): Alberte describe su visión de la generación a la que pertenece hablando de la de su padre, como si de repente miraramos el espacio negativo de una figura. Me gustó.



Patán universal (Ignacio Alcuri): Puede leerse como un antídoto contra los clásicos documentales sobre Leonardo daVinci. Divertido.



El don de la seducción (Martín Avdolov): Comienza como una historia graciosa y un poco leve, volviéndose muy ominoso al final. Muy buen golpe de efecto. Avdolov conoce su oficio.



Es como yo siempre digo (Darío Caraballo): No me gustó. Quiere ser ingenioso, en mi opinión sin lograrlo.



Cenizas (Horacio Cavallo): Cavallo escribiendo ficción especulativa. Se vuelve bastante disturbing hacia el final (en el buen sentido). La imagen de los cristales me encanta.



En esta noche de su vida/La fiebre amarilla (Laura Chalar): Reconozco la calidad de la escritura, pero debo decir que no me llamaron mucho la atención. Es posible que estos relatos ganen espesor por la acumulación, reafirmando la identidad de la voz narradora quizá.



Y el gatillo hizo ruido (Andrés Díaz Díaz): Me gustó. Por momentos parece volverse demasiado "significativo" o "alegórico" (no en el sentido estricto del término, aclaro), pero nunca da ese salto, por suerte. Algunos párrafos me parecieron excelentes.



Historia de juguetes/Contrapunto (María Constanza Farfalla): El primero puede leerse de dos maneras: 1) la extensión de algo que a Philip Dick le llevaría como mucho medio párrafo: un robot creado para entretener sexualmente deja de funcionar, snif. 2) si no es un robot "literalmente" y es una "mujer" de carne y hueso a la que lo "robótico" como descripción le sienta bien... peor. Otro cliché. El resto es... no quiero ser malo, pero no me gustó para nada. Lo mismo con "Contrapunto". Farfalla se las ingenia para nunca dar en el blanco. Puede pensarse que en este último relato se trata de un objetivo muy ambicioso, pero eso no lo justifica.



Quisiera ser más puta/La postergación del acontecimiento (Leticia Feippe): No le encontré interés alguno a estos cuentos. De hecho, jamás logré que algo escrito por Feippe me gustara. Saul Bellow dijo que lo mínimo que se le pide a un relato es ser interesante. Personalmente -y esto es, por supuesto, muy subjetivo- me parece que estos cuentos no pasan la prueba. En otras palabras: dan en el blanco, pero el blanco no me interesa. Podría ser peor.



Esto no es un prólogo (Horacio Bernardo): El juego estético/conceptual está claro y, la verdad, no aporta demasiado. Como prólogo funciona en tanto presentación de algunas líneas temáticas de los relatos, aunque podría pensarse que no es necesario. En tanto otra ficción de la antología (o sea que el prólogo no es un prólogo porque es un cuento, y la antología en realidad sí es una antología) funciona más y mejor, creando como personaje a un H.Bernardo ficticio que prologa los cuentos con ciertas vacilaciones. Conclusión: nadie se juega mucho (últimamente) a la hora de hacer una antología. Tampoco lo hace Achugar (en El descontento y la promesa), con un prólogo sólido, conceptualmente denso, etc, que repite el mítico gesto de un tal Poncio. ¿Dónde quedó la energía de Harlan Ellison en Visiones peligrosas? ¿Dónde está el entusiasmo por presentar cuentos que, en teoría, al compilador debieron gustarle? ¿Nadie se anima a mostrarse de esa manera? ¿Lo considerarán cursi? ¿O la razón es que "esto no es una antología"?



Ultratón/Diana vive/Dermis (Natalia Mardero): Me encantaron. Están resueltos con muchísima gracia. "Dermis" parece sacado de una Enciclopedia Galáctica al mejor estilo Ursula K.LeGuin o Stanislaw Lem. Tengo que leer el libro de ciencia ficción que escribió Mardero.



De cómo no puedo tener novio... (Rodrigo Moraes): Divertido y simpático. No me maravilló, pero está bien.



Patinho, el contrabajista (Daniel Morena): Excelente. Llevado con muy buen pulso narrativo. El retrato del Patinho del título parece hecho con apenas cuatro o cinco pinceladas; sin embargo, su figura, su posible continuidad en el pasado, se deja adivinar.



Mrs. Cooper (Martín Natalevich): Me pasa con las ficciones de Natalevich que me aburren de un modo increíble. Quizá podría decirse que estan impregnadas de un cliché de lo literario, no en el estilo (como podría pasarle a cierto Ray Bradbury) sino en el tono, en la voz, en la presentación de los temas. Es el cuento de un buen alumno que en realidad no tiene ganas de escribir y que haría mejor convirtiéndose en abogado o cirujano neuroespinal.



Maldito aniversario (Gabriel Peveroni): Uno de los puntos fuertes del libro. Excelente. Mi favorito.



Lo que se necesita/Pompeya (Patricia Turnes): El primero me encantó; el final es perfecto, la manera justísima de cerrar un cuento trascendiendo a la vez todos sus límites. "Pompeya" es delicado, ominoso; las descripciones de Milenio son buenísimas. Otro de los puntos fuertes.



Una tortuga da el salto/La silla (Carina Infantozzi): Paso. "La silla" me pareció especialmente tonto. Me hizo pensar en un posible mal episodio de "The big bang theory"



El juego de los viejos (Gustavo Sosa): Me gustó. Un buen cuento.



El cuento vaciado (Ramiro Sanchiz): No termina de convencerme. El principio es muy mejorable. No sé escribir cuentos: cada vez me convenzo más de esa verdad. Me muevo mucho mejor en la zona entre la nouvelle y la novela propiamente dicha.



Torpe radiografía... (Carlos Tanco): Divertido. Tanco tiene un gran oído para los diálogos.



La recitadora (Fernanda Trías): Es curioso, pero una vez me pasó algo muy similar a lo narrado por Trías. ¿Será la misma recitadora? Un muy buen cuento.



Humedad (Juan Rodriguez Laureano): Un buen entramado verbal. Me gustó más que "la forma del infierno", el otro cuento que he leído de Juan. Me recordó un poco uno de mis cuentos favoritos de Borges, "El sur". El tono, quizá, hace pesar demasiado su "formalidad". Como si se buscara un lenguaje "serio", "literario (en el buen sentido)".



Cuatro veces diez/Escapar es una cosa rara (Marina Lázaro): Paso. La prosa poética, o la prosa que se desea poética, o la cosa que ni es prosa ni poética me aburre. Demasiados gestos, como en el cine mudo. Será por eso que estos cuentos no me dicen nada.



La máquina del movimiento continuo (Fernando Foglino): Paso. El título es sugestivo. El cuento no me pareció a la altura.



De regreso en la antigua acrópolis (Matías Paparamborda): Muy lindo cuento. El ritmo de la prosa se une a la melancolía. Muchos cuentos de este libro trabajan el tema de la niñez o del recuerdo de la niñez; "De regreso" lo resuelve de una manera muy elegante.



Sangre que tira (Alfonso Rodriguez): El tema de la infancia otra vez. Un buen cuento, no de mis favoritos, pero está bien. Es el relato de la muestra que más remite a un pasado histórico reconocible.



La moneda (Dani Umpi): Me gustó. No me encantó, pero me pareció un buen cuento.



La muchedumbre/A la mesa (Inés Bortagaray): No me gustaron. No están "mal", ni se me ocurren críticas concretas, pero... paso.





3. Mis favoritos, en resumen, son "Maldito aniversario", "Lo que se necesita", "Pompeya", "Patinho", "Dermis" y "Cenizas".



4.Tomando algunos cuentos de El descontento y la promesa, y sumándoles los que acabo de mencionar, haríamos un libro excelente. Faltaría un buen prólogo, eso sí.





5 comentarios:

Anónimo dijo...

Ramiro, leí los comentarios que hiciste de todos nuestros cuentos. Más allá de que lo literario es esencialmente subjetivo, me sorprenden dos cosas.

La primera es que digas que "haría falta un buen prólogo", en obvia referencia al preparado por Horacio. Me parece que Horacio ha hecho un trabajo importante y minucioso de compilación y edición, que todos deberíamos valorar objetivamente. Su esfuerzo ha ayudado a 27 escritores uruguayos (vos entre ellos) a dar a conocer sus trabajos en el ámbito internacional. No es poca cosa.

En segundo lugar, veo que en tu reseña sobre Martín Natalevich decís que "haría mejor siendo abogado". Yo, casualmente, soy abogada, y tu comentario me parece tan descalificador y como agresivo (quizás fuera ésa la intención). La verdad, esperaba más criterio de tu parte. Parece que asociás la profesión de abogado con la muerte de la imaginación. Seguramente Sir Thomas More, Julio Verne, Sir Walter Scott y varios ilustres más se sentirían ofendidos. Se ve que incurrís en ese gastado cliché de considerar que para ser "artista" hay que dedicarse a un trabajo que no implique pelo corto, relación de dependencia ni corbata. Lástima que con eso dejarías afuera a la mayoría de los escritores, vivos y muertos. No todo el mundo puede darse el lujo de vivir la bohemia. Y, tal vez, no todo el mundo quiera.

Me consuela pensar que nos agrupaste junto a los neurocirujanos, gente que tal vez sea aburrida (no sé, no conozco ninguno), pero sin duda habrá ayudado a más de un escritor a seguir escribiendo.

Laura Chalar

Anónimo dijo...

Y agrego (porque, como soy torpe, publiqué el comentario antes de poder releerlo) que el motivo de estas puntualizaciones es que considero que la crítica literaria debe ser sana y respetuosa. Claramente, todos tenemos derecho a nuestra opinión, y a expresarla. A lo que considero que no tenemos derecho, es a hacerlo en términos gratuitamente ofensivos o derogatorios. Tener en cuenta estos parámetros ayudaría a que el ambiente en el que trabajamos, creamos y compartimos fuera más serio desde el punto de vista académico y más agradable desde el punto de vista humano.

Saludos,

Laura Chalar

Anónimo dijo...

Ramiro:
Divertidísimo tu blog!
Coincidís con mi madre que siempre me recuerda que debí estudiar abogacía. ¡Ojo! Esto no significa que vos seas una madre; la figura es comparación, ni metonimia ni catacresis (¿viste que alumno aplicado que soy?)
A la abogacía o la neurocirujía te faltó agregarle el secretariado. ¿Me vas a decir que nunca me imaginaste con una minifalda a cuadros? Todos tenemos nuestras fantasías, pero cuando te mnasturbes tratá de no salpicar para el costado, dale?

Martín

Ramiro Sanchiz dijo...

Es gracioso como alguna gente reacciona con la velocidad de la electricidad atravesando los cables tras presionar el botón. Como en principio no tengo nada contra ninguno de ellos, voy a responder a lo que considero equivocado de parte suya.
A Laura Chalar le digo que no intenté referirme a su profesión de modo peyorativo, más bien al contrario. Lo de neurocirujanos era una referencia a Lost, a través del personaje de Jack. Volviendo a los abogados: fue la primera ocupación que se me ocurrió que requiere aplicación, estudio, dedicación, etc. No iba por el lado "bohemia vs..." porque la verdad no me creo ese cuento.
Segundo: el prólogo es bastante malo, y eso no lo resuelve el esfuerzo. No es sólo mi opinión.
Tercero: La palabra "serio" cada vez me resulta más desagradable, y más sumada al "academicamente". También creo que no debemos interponer la corrección política al pensamiento. No soy un crítico ni estoy en una situación de poder, por lo que mi opinión no daña "de verdad" a nadie.
Pasemos al comentario de Martincito. Creo que este nene tiene que hacerle caso a su mamá. En realidad lo que escribí no lo hice para insultarlo ni nada, pero entiendo que se haya puesto así, ya que nadie quiere a los abogados o a los neurocirujanos (¿no te parece, Laura?), excepto quizá yo, que los tengo en cierta estima, por Thomas More, Verne y Scott, y en cuanto a los neurocirujanos, por J.G.Ballard.
En cuanto a la masturbación... el problema con Martín es que él no salpica cuando escribe.

Astrid Bridgitte Nuñez dijo...

hola no ame de leerte me parses un grunion si queres salir avisame que sos lindo en la foto pero cortate el pelo que parses algo loco vamos al cine pero no me digas de esas cosas raras que no entiendo viste alguna ves una pelicula que ella es del mundo de la fantasia y cae en nueva york esta de mas si queres la vemos se llama encantada chau si queres escrivime te amo chau