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Ramiro Sanchiz (Montevideo, 1978). Ha publicado 17 libros, entre ellos las novelas "El orden del mundo" (2014, El Cuervo, La Paz, Bolivia; primer premio de narrativa édita del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay), "El gato y la entropía #12&35" (Estuario Editora, Montevideo, Uruguay), "Las imitaciones" (2016, Décima Editora, Buenos Aires, Argentina) y "Verde" (2016, Fin de Siglo, Montevideo, Uruguay). Escribe regularmente crítica para el periódico montevideano La Diaria. Se ha desempeñado como jurado del premio Casa de Las Américas (2016), el Fondo Concursable del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay (2011) y del premio Onetti de la Intendencia de Montevideo (2016). Ha sido traducido al francés, el alemán, el inglés y el italiano.

martes, 23 de septiembre de 2008

la última novela de Paul Auster



En la edición de La Diaria del lunes 23 de este mes apareció mi reseña del libro Un hombre en la oscuridad, la última novela de Paul Auster. La reproduzco a continuación.



Un hombre en la oscuridad es una historia de ciencia ficción sobre mundos paralelos. Mejor dicho (empecemos de nuevo): Un hombre en la oscuridad es una novela sobre una historia de ciencia ficción sobre mundos paralelos. La historia de ciencia ficción es una ucronía en la que tras el dudoso resultado de las elecciones del 2000, el estado de New York proclama su independencia dando inicio a una prolongada guerra civil; la novela es el monólogo interior de un critico literario llamado August Brill que, en una noche de insomnio (cuya duración coincide con el tiempo de lo narrado en la novela) se cuenta, entre otras, una historia para llenar las horas vacías. Y esa historia es la ucronía antes mencionada.
Este plan (en el que Auster insiste en sus referencias usuales a Borges y Calvino) es interrumpido hacia la mirad de la novela, donde el monólogo de Brill deja paso a una conversación con su nieta, en la que narrará para ella la historia de su matrimonio y su hija. Aquí también encontramos los tópicos de Auster, ahora en su vertiente más “realista”, soledad, fracasos y pequeños éxitos amargos, más una creciente preocupación por el lugar de la violencia y el horror en el mundo contemporáneo.
Está claro desde el principio que la novela abundará en recursos intertextuales; después de todo, el protagonista es claramente un hombre de letras, cuya experiencia de la vida está moldeada por sus lecturas y el fracaso a la hora de crear su propia obra. En este caso (como en Viajes por el Scriptorium y en gran parte de la narrativa Austeriana) se multiplican las referencias a las novelas de Samuel Beckett, particularmente a Malone muere, “historia” de otro “hombre en la oscuridad” arrojado a contar(se) historias para llenar el vacío (y no me parece muy desatinado afirmar que casi todos los mecanismos novelísticos del neoyorquino son, de alguna manera, formas de asimilar a Beckett en el contexto de una narrativa más amigable con el usuario).
Con Un hombre en la oscuridad Auster se acerca también al grupo de escritores mainstream que en los últimos años han tomado temas y procedimientos propios de la ciencia ficción para incorporarlos a su escritura. El recurso de la ucronía, por ejemplo, ha sido empleado por Philip Roth en La conjura contra América, por Neal Stephenson en Criptonomicón y también por Michael Chabon en El sindicato de policia yiddish. Auster se apoya en una lectura de la filosofía de Giordano Bruno –en cuanto a la infinidad de mundos posibles- para apuntalar su novela, dándole un sesgo que, más que a una ucronía propiamente dicha (Pavana, de Keith Roberts y El sueño de hierro, de Norman Spinrad) la acerca a una historia de universos paralelos, un poco en el sentido de los últimos capítulos de El hombre en el castillo, de Philip K.Dick. Desde un punto de vista “cienciaficcionero”, el recurso de Auster para mover a sus personajes de un mundo a otro puede parecer bastante ingenuo, pero esto no afecta a la propuesta de la novela, que va más allá (o más acá) del tema ucrónico, como queda claro por la súbita interrupción de esa historia. Leibnitz escribió que vivimos en el mejor de los mundos posibles; sería interesante preguntarle a Auster qué opina de esa idea, a la luz de su última novela. Dado el relieve que cobran en esta novela los hechos de violencia (en la ucronía, pero también en la historia que cuenta Brill a su nieta), es posible que la respuesta de Auster sea “hay infinitos mundos, pero todos son horribles”.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Fue curioso lo que me pasó. Como todas las mañanas me subo a un abarrotado 60 con detino cuidad vieja. Con toda la suerte del mundo logro sentarme llegando a 18 de julio lo cual es casi un milagro sobre ruedas. Al lado mío, contra la ventanilla pero sin dedicarle ninguna huella al vidrio, un hombre leía atentamente el diario. Me inquietó cómo alguien podía leer el diario con tanta atención, así que empecé a leer por encima de su hombro y del mío. Allí estaba Paul Auster, que venía con nuevo libro, motivo que alegró el resto de mi viaje. Y ahí, al final de la nota, con toda la modestia que no tiene figuraba su nombre. Al hombre de al lado tuve ganas de hablarle. No lo hice al fin. Preferí bajarme y esperar a que abriera la primera librería de la peatonal.

Lady V. Ex Huellas en el vidrio.

Ramiro Sanchiz dijo...

¿Modestia que no tengo? ¿Cómo es eso?