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Ramiro Sanchiz (Montevideo, 1978). Ha publicado 17 libros, entre ellos las novelas "El orden del mundo" (2014, El Cuervo, La Paz, Bolivia; primer premio de narrativa édita del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay), "El gato y la entropía #12&35" (Estuario Editora, Montevideo, Uruguay), "Las imitaciones" (2016, Décima Editora, Buenos Aires, Argentina) y "Verde" (2016, Fin de Siglo, Montevideo, Uruguay). Escribe regularmente crítica para el periódico montevideano La Diaria. Se ha desempeñado como jurado del premio Casa de Las Américas (2016), el Fondo Concursable del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay (2011) y del premio Onetti de la Intendencia de Montevideo (2016). Ha sido traducido al francés, el alemán, el inglés y el italiano.

martes, 18 de noviembre de 2008

breve historia de la realidad

Es posible que todo lo que se haga bajo el sol implique un conjunto de reglas cristalizadas; esas reglas se pueden acatar, romper o, hasta cierto punto, disolver, estirar, deformar. Algunos dirán que el éxito, en cierto sentido (entendido como la realización de todas las potencialidades implícitas), depende de la proporción de acatamiento/ruptura de ciertas reglas; diferentes épocas, o lo que podemos pensar como diferentes épocas, establecen ese grado de proporción. En este caso, la regla que suelo acatar es la que prohibe incluir cuentos más o menos largos en un blog. Pero también vale hacer trampa, asi que acá va el link a la nueva edición de Letralia, que incluye mi cuento "Breve historia de la realidad":
Se aceptan comentarios. Parafraseando a Nelson Muntz al salir del cine de Springfield donde exhibían Naked lunch, "hay por lo menos dos mentiras en ese título". En "realidad", lo de breve es lo único cierto, supongo. Lo escribí hace poco más de un año, entre dos páginas de Respiración artificial, de Ricardo Piglia.

4 comentarios:

marillion dijo...

Me parece que también podías haberlo escrito entre la lectura de un cuento y otro del Aleph (entiéndase esto como un cumplido, claro). Sobre todo porque haces que el lector reconstruya una historia sólo a partir del fervor que despierta, y no de los hechos (que se esfuman al llegar al Río).

Por otro lado, siempre me han gustado las historias que me hacen dudar de la realidad de sus ficciones (qué contradicción más rara), que me hacen querer abrir una enciclopedia y buscar algunos nombres que tal vez sean inventados, o tal vez yo debiera conocer y no era así. O tal vez el hecho de que no estén en la enciclopedia no los hace menos reales: el verdadero historiador es el novelista, y el resto del mundo es un mentiroso.

Telemías dijo...

Ramiro: sólo felicitaciones. Es un gran trabajo, una delicia, un hermoso juego. Y no estoy exagerando. Y concuerdo en parte con el comentario anterior.

Pedro

Ramiro Sanchiz dijo...

Txabi: me parece que lo Borgeano del cuento más que por el lado del Aleph (mi segundo libro favorito de Borges, despues de Ficciones) puede rastrearse a ese conjunto de relatos tan denso y fertil. Aparte, creo que vos y yo compartimos cierto gusto por lo apócrifo.
Pedro: gracias por tu comentario, este pequeño cuento siempre me dio cierta inseguridad, asi que es un placer ver que otros lectores lo encuentran al menos interesante.

Ignacio dijo...

Me gustó el cuento, cumplió con la función de entretener. Y se ve que te has castigado con Borges...
Me quedé pensando en algo que escuché hace no mucho, y es que la Historia también es ficción, así que yo creo que los negros están ahí inventando el blues en este preciso instante.