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Ramiro Sanchiz (Montevideo, 1978). Ha publicado 17 libros, entre ellos las novelas "El orden del mundo" (2014, El Cuervo, La Paz, Bolivia; primer premio de narrativa édita del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay), "El gato y la entropía #12&35" (Estuario Editora, Montevideo, Uruguay), "Las imitaciones" (2016, Décima Editora, Buenos Aires, Argentina) y "Verde" (2016, Fin de Siglo, Montevideo, Uruguay). Escribe regularmente crítica para el periódico montevideano La Diaria. Se ha desempeñado como jurado del premio Casa de Las Américas (2016), el Fondo Concursable del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay (2011) y del premio Onetti de la Intendencia de Montevideo (2016). Ha sido traducido al francés, el alemán, el inglés y el italiano.

jueves, 12 de febrero de 2009

el discreto encanto de elegir


Salió hace ya un tiempito la antología De acá, que incluye cuentos de Martín Bentancor y Horacio Cavallo, entre otros autores. Si bien aun no leí los relatos (lo haré estos días), quiero en una primera instancia comentar algo que encontré en la introducción, escrita por Pablo Trochón:

Creo que sería de muy mal gusto instalar chuecas lecturas borgeanas o resucitar desgastados recursos magritteanos en esta especie de tranquera, de mal trago que somos los compiladores explayándonos en páginas que terminan siendo ejercicios de autoayuda o de autobombo/a.
Parecería terrible el oficio de antologador, de guía turístico, de stripper. ¿Por qué resulta tan dificil, por qué nos provoca tanto miedo esto de elegir, de trazar, de mostrar? Quizá porque el autoritarismo nos ha marcado tanto que cuesta sentar bases y asumirnos culpables de discriminación, de la natural discriminación que resulta de ese algo muy vago entre la sensibilidad, la intelectualidad y el gusto estético...

Comparto en gran medida estas ideas. Es posible que el oficio del compilador pueda parecer ingrato, como señala Trochón, pero es básicamente debido al sentido de culpa instalado en un medio en el que, muchas veces, señalar la opinión personal o "jugarse" por algo es volverse blanco de una amplia batería armamentística cuyo propósito es seguir apuntalando el status quo generalmente mediocre que suele constituir la "oficialidad" de la cultura. Y, si atendemos a la escritura compiladora de representantes de esa oficialidad, como por ejemplo el prólogo a El descontento y la promesa, de Hugo Achugar, encontramos un vasto espectro de estrategias para no decir, para excusarse, para de alguna manera asegurarse que los posteriores cuestionamientos, de haberlos, se aparten del posible blanco ofrecido por el responsable de la selección. Estas estrategias son, en gran medida, incuestionables, y la astucia del compilador está en ser capaz -como lo es Achugar- de generar un discurso sólido, en apariencia pertinente, documentado y al día, que, esencialmente, no diga una sola palabra sobre los cuentos. En gente de menor valor o capacidad intelectiva este juego se reduce a un montón de chistes simples y pipas que no son pipas, muecas de un ingenio falso y humorismo involuntario.
No sé si Trochón comparte mi idea de que ese "autoritarismo" del que habla es una de las máscaras de una serie de mafias que gobiernan las comunidades lectoras en este país, o que, como un escribió un amigo hace más de catorce años, tienen "tomada a la cultura de rehén", pero quiero creer que todo esto está cambiando; en gran medida porque las estrategias de quienes ejercen el poder, asumiendo en ellos la presencia de materia gris, lo vuelven flexible y sutil, capaz de disfrazarse de permisividad siempre al estilo de "the smiler with the knife under the cloak"; pero también porque quienes en última instancia aportan la sangre al sistema estamos deslizando nuestros propios antivirus en la red de venas y arterias. Probablemente sea sólo una ilusión más -es decir, otra medida de control-, pero por otro lado es más fácil ahora detectar situaciones como la comentada por Trochón y asegurarse al menos la instalación de un gesto de "no quiero que se me lea de esta manera". Es decir: siempre habrá condiciones de visibilidad que arrojen ciertos textos a las sombras, pero la renovación de estos hábitos de las comunidades lectoras es saludable. Desatrofiante al menos, lo cual en Uruguay, un medio cultural que, parodiando al Joyce de Dubliners, está enfermo de parálisis, siempre es bienvenido.

8 comentarios:

Vengador dijo...

El "discreto encanto de elegir" se aplicaría a algo que no tuviese publicidad, como nuestra habitual elección entre agua fría o caliente para ducharnos. Elegir quienes van a participar en un libro y prologarlo no es un ejemplo de discreción.

Ramiro Sanchiz dijo...

La discreción no aplica al acto de elegir, sino a su encanto. O, para decirlo de nevo: Lo "discreto" es el "encanto". Si lees el post podés hacerte una idea de a qué me refiero.

Ramiro Sanchiz dijo...

Y en cuanto a tu comentario en una vieja entrada sobre Lost: creo que todos tenemos ese miedo a que el final no esté a la altura de las expectativas pero, por otro lado, si mirás con atención lo que fue la accidentada cuarta temporada, podés notar cierta vocación de acelerar e ir cerrando algunos tópicos. Es muy posible que algunos temas queden abiertos, pero no creo que eso desmerezca el resultado final. Digamos que, parafraseando a Locke, tengo fe.

Roberto Bayeto dijo...

"Chuecas lecturas Borgeanas", "desgastados recursos magritteanos en esta especie de tranquera, de mal trago", etc y no lo saco de contexto. Me tienen los huevos de corbata este tipo de personaje que escribe onda "pucha digo Zoilo, y agregar a Borges o Magritte para decir, soy popu pero intelectual, ojo eh!! Es gracioso, pero este tipo de gente, como Trochón y demás salames de la cultura popu zurda de cuarta publican libros por reinventarse bajo reglas estrictas de convivencia entre ellos, como el Ouroboros —yo también conozco algo de cultura general de google—... pucha digo... Fuera de todo, Ramiro, no le des quorum, ya tienen bastante rascándose entre ellos.

Ramiro Sanchiz dijo...

Roberto: Bueno, alguna gente que leyó la introducción de Trochón a ese libro también me hizo comentarios negativos, bastante en el estilo que decís. Igual lo de "magritteano" es una patada al libro "esto no es una antología", que tiene algunos cuentos buenísimos pero un prólogo muy pero muy tonto. Por lo que leí del compilado de Trochón, hay algunos cuentos buenísimos (los de Martin Bentancor y Horacio Cavallo) y algunos que yo, personalmente, jamás hubiese seleccionado para una antología. El prólogo, en cierto modo, también cae en convertirse un ejemplo de aquello que denuncia...

marillion dijo...

Creo que al final va a ser buena para mi salud mental la costumbre (bastante maleducada, supongo) que tengo de no leer prólogos. Salvo los de Macedonio, claro. Siempre salto al primer capítulo, para no tomar ideas prestadas que me distorsionen lo que voy a leer.

Sé que al hacerlo me estoy perdiendo algunas joyas, pero para rescatarme de mi ignorancia ya te tengo a ti (eskerrik asko).

Anónimo dijo...

1) Trochón es un imbécil...absoluto (y siempre hace el mismo chiste...además de creerse Bolaño)
2)Conozco como se eligiò la gente para esta antología...y como en todas, un poco de amiguismo y "caprichismo"...a riguroso se ler llevaron `preso hace ratooo. Bantancor y Cavallo. Y sin dudas el último, que repite en las tres antologías jóvenes pq. es SIN DUDAS el mejor!

Rat dijo...

Yo publiqué en este libro, y sin embargo no conocía, literalmente, a nadie. Tampoco tengo "amigos". Ey, la última vez que me fijé mi nacionalidad ni siquiera es uruguaya.

Concuerdo con la dilapidación del prólogo. Es más, hasta me sorprende que alguien haya escrito más de dos frases con respecto de él. Hay que darle importancia a las cosas que lo merecen. Y un prólogo definitively doesn't fit into that.

El resto bien puede ser un gran puré de cerebro para masturbarse intelectualmente un rato.

Topogenario

Ps: Roby, yo no me rasco con nadie.