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Ramiro Sanchiz (Montevideo, 1978). Ha publicado 17 libros, entre ellos las novelas "El orden del mundo" (2014, El Cuervo, La Paz, Bolivia; primer premio de narrativa édita del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay), "El gato y la entropía #12&35" (Estuario Editora, Montevideo, Uruguay), "Las imitaciones" (2016, Décima Editora, Buenos Aires, Argentina) y "Verde" (2016, Fin de Siglo, Montevideo, Uruguay). Escribe regularmente crítica para el periódico montevideano La Diaria. Se ha desempeñado como jurado del premio Casa de Las Américas (2016), el Fondo Concursable del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay (2011) y del premio Onetti de la Intendencia de Montevideo (2016). Ha sido traducido al francés, el alemán, el inglés y el italiano.

viernes, 20 de marzo de 2009

something wicked this way comes

En el número de hoy de La Diaria (20-03-2009) apareció un artículo de José Gabriel Lagos titulado "Buenos nuevos", que ofrece una interesante categorización de los escritores de mi generación (1973-1984, aprox).
Distingue Lagos tres grupos, comenzando por los escritores "pop" (Alcuri, Umpi, Mardero), que "tienen en común la fusión en sus relatos de subproductos mediáticos (personajes televisivos, música radial) con anécdotas personales (...) Claros, directos, no se arriesgan demasiado en la sintaxis ni en las ideas; el objetivo, con la excepción parcial de Mardero, es no obstaculizar el entretenimiento". Está claro que en el caso de Posmonauta o Guía para un universo, la visión de Lagos en cuanto al tributo a la literatura pop es acertada, lo que vuelve también pertinente la inclusión de los textos de Alcuri, que, últimamente (Huraño enriquecido, Problema mío), me huelen bastante a producción en serie. En cualquier caso, Guía para un universo es paradigmático: Mardero hace uso del imaginario clásico (con su nostalgia de los años 50 y aún antes) de la ciencia ficción, con toques de ironía posmoderna y el anecdotario personal. Un segundo grupo sería el de los "egoistas" (quizá otro término podría ser "solipsistas" o "navelgazers"), grupo que me interesa particularmente entre otras cosas gracias a su filiación con Levrero, señalada por varios críticos en los últimos años. En esta "facción" se contarían Sofi Riccero, Inés Bortagaray y Fernanda Trías, pero el grupo de levrerianos también incluye a Patricia Turnes (que ha novelizado a Levrero como personaje de su libro Pendejos) como nexo posible con los "pop". Lagos los caracteriza de "escritores abocados a evocar experiencias del yo íntimo (...), (que) vuelven obsesivamente al mundo de la niñez, quizás en un intento por determinar los primeros síntomas identitarios, mientras el mundo a secas es como mucho un fondo difuso". Como lector, estoy más interesado en este grupo que en la tónica general de los "pop". El rótulo "levrerianos" probablemente pueda ser discutido por algunos de estos escritores (imagino que por Riccero, por ejemplo), y me parece notorio que de los grándes ámbitos de la ficción Levreriana casi todos los integrantes de este grupo (tanto los "egoístas" que señala Lagos como los "levrerianos" a secas, entendiéndolos como los participantes de alguno de sus talleres) eluden las tierras fronterizas de lo fantástico, que en gran medida proyectaron a Levrero o aportaron notoriamente a su perfil como creador.
Un último grupo sería el de los "serios", en el que Lagos me incluye junto a Horacio Cavallo y Gabriel Schutz. Nuestro punto en contacto (además de la inclusión de lo fantástico, especialmente evidente en Schutz), segun el crítico, es la conciencia de una tradición, lo que en mi caso supongo se traducirá en cierto entramado intertextual que subyace a casi todas mis ficciones. También señala Lagos que mis trabajos podrían aportar una nueva faceta al concepto del "levrerianismo" (en tal caso podría pensarse que lo que escribo está en la intersección de los "egoistas" con los
"serios"), en gran medida a través de mi "El cuento vaciado" (publicado en Esto no es una antología, ver el post correspondiente), que hace bastantes referencias a Levrero, sobre todo al de la última época, desde un contexto (o mejor dicho un fondo) bastante cienciaficcionero.
Es posible que esta clasificación en tres partes requiera de zonas híbridas para mejor dar cuenta del mapa de la literatura de mi generación. Jorge Alfonso, por ejemplo, participa ligeramente de los "pop", quizá en temas y lenguaje, pero está claro que sus objetivos son otros, que apunta a otra cosa. Mi nouvelle Perséfone, a punto de ser editada por Estuario, incorpora también elementos que exploraría un posible escritor de ese grupo, asi como también es posible encontrar en Cavallo rasgos de los "egoistas". En mi opinión sería necesaría otra categoría, en la que podrían sentirse a gusto otros escritores nombrados en el artículo, como Bentancor y Santullo, que trabajan la literatura desde una perspectiva de géneros narrativos ausente en Cavallo, Schutz, Riccero o Alfonso. Santullo, por ejemplo, maneja la escritura policial, la ciencia ficción,
el western, lo histórico y lo costumbrista. En cuanto al lenguaje, podría emparentárselo con los "pop" por su legibilidad, pero marcando una buena distancia en cuanto a la focalización en los elementos de la cultura popular de estos últimos, elementos que en Santullo, si aparecen, están puestos al servicio estricto de la trama. Otro escritor de este posible cuarto grupo, Martin Bentancor, también hace gala de la versatilidad de Santullo en cuanto a los géneros. Su cuento "El fin de la infancia" (publicado en el A palabra limpia del 2008, y nada que ver con la novela de Clarke del mismo título) se acerca al imaginario de los "pop", pero "Los huesos", que aparece en el compilado De aca!, podría ser catalogado de narrativa histórica, y no se deja encasillar en ninguna de las tres categorías propuestas por Lagos. La sensibilidad hacia los géneros narrativos que profesan estos dos escritores queda clara en su colaboración editada por Amuleto, Las otras caras del verano, una novela corta declaradamente policial, o, mejor dicho, un "policial a secas". Es posible que este impulso pan-generístico esté hermanado en Santullo a su extensa carrera como guionista de comics, donde se ha movido entre la ciencia ficción (Dengue) y lo histórico (Los últimos días del Graf Spee), pasando por el policial (Crímenes) y el terror (sus secciones del libro Monstruo). También debemos tener en cuenta la obra de Pedro Peña, quien con su Eldor marcó uno de los nuevos puntos angulares de la CF local, en una colección de cuentos que bebe de fuentes clásicas de una manera diferente que el trabajo de Natalia Mardero, y pacta una CF (o fantasía, quizá) abiertamente intertextual con profundas influencias de Ray Bradbury y Tolkien.
Un punto interesante para trabajar: la idea de género narrativo proyectada sobre esta generación emergente. Como práctica escritural o hipótesis de escritura, pero también como estrategia de identidad.

7 comentarios:

Telemías dijo...

Ramiro: agradezco tu comentario sobre Eldor. Muy interesante lo que planteaste, y muy más que discutible la incursión con aires canónicos de Lagos. Me pregunto qué apuro hay. Veamos cómo se desarrollan estas cosas. Sepamos esperar.

Un gran abrazo

Archiduque de Applecore dijo...

Yo, haciendo una opinión muy personal y sin ánimos de rebatir la cuestión de nuestro amigo Pedro Peña, propongo que es muy valioso que alguien (sea Lagos u otro cualquiera) intente clasificar y categorizar a nuestros escritores, por más cuestionables que resulten sus paradigmas. La intención de formalizar está buena. Y ahora, con el artículo de Lagos hay una base reciente, es decir, "fresquita", para partir desde ella; aunque sea para reconstruirla nuevamente.

Ramiro Sanchiz dijo...

Estoy de acuerdo en líneas generales con el Archiduque, y entiendo que todo canon es tanto arbitrario como necesario, sabiendo siempre que tras las relaciones exclusión/inclusión se configura el perfil del que hace la propuesta en ese momento, por razones o necesidades varias. Puesto a polemizar con Gabriel Lagos dedicaría más espacio a algunos autores (a Pedro, por ejemplo) y menos a otros (Umpi, Alcuri), pero, está claro, esto no hace más que señalar mis gustos. La división en tres grupos puede ser discutible, pero en cuanto separa autores muy dispares (Mardero de Richero, Cavallo de Alcuri) y agrupa poéticas más parecidas -Schutz y yo, se me ocurre ahora, aunque también me siento cercano a Jorge Alfonso por un lado y algunos de los "levrerianos" por otro-, creo que, en gran medida, es funcional y, por lo tanto, justificada. Si dividimos más nos acercamos al mapa a escala 1/1, que, parafraseando a Borges, se vincula a "generaciones menos dadas a la cartografía".

Telemías dijo...

A lo que voy, a lo que tal vez quise ir, fue a que el sentirse perteneciente a un grupo o a otro, cosa que bien puede ser inducida por un canon, suele ser un elemento autoencasillante para los autores. Creo que en vez de aclarar, oscurezco...
Y pienso esto otro, que es lo que en realidad me preocupa: siendo tan pocos habitantes, siendo que cada vez leemos menos (como sociedad eso está clarísimo), siendo que ninguno de nosotros puede vivir de su trabajo como escritor, ¿da para que haya, entre antologías varias, concursos que editan libros, etc., más de treinta escritores de una generación acotada a 10 años? ¿A cuántos de nosotros nos ganará la realidad? ¿Por qué se sigue mencionando a escritores que ya no escriben pudiendo hacerlo, teniendo todos los mecanismos para hacerlo, e incluso cierta pizca de talento? La crítica debe hilar más fino. No tendrían que sentirse Colón descubriendo las Indias cuando formulan un canon, que es una tarea, coincido, necesaria, inherente a su labor. Lo que yo discuto es la pertinencia de este canon en particular, al igual que la del que quiso instaurar Achugar. Y como el tiempo y sus bamboleos suelen acomodar los zapallos en el carro, por eso digo que habría que esperar. Y, en el medio, escribir.

Ramiro Sanchiz dijo...

Estoy de acuerdo en lo referente a que el tiempo tiene siempre la última palabra. Un canon tan inmediato (el de Lagos o cualquier otro) es claramente provisorio y puede ir ayudando a leer, pero nada más. Estoy de acuerdo en que algunos autores que no escriben plantean interrogantes. Mella, por ejemplo, que aparece en el libro de Achugar y es mencionado -aunque a título de "fosil"- por Lagos. Tiene la edad de muchos de nosotros (no tiene muchos más que yo, no recuerdo ahora si es del 74 o del 76, y es menor que Schutz, por ejemplo) pero su producción se quedó en esa onda años 90 a la American Psycho que ya no tiene, literariamente al menos, mucho para decir(nos). Más allá de que no haya escrito, sus ficciones no sé si han sobrevivido bien. "Derretimiento" es interesante, pero en gran medida a pesar de los capítulos finales, los que entran en la onda "serial killer" (me refiero al principio, que es brillante). Sofi Richero tampoco ha escrito mucho últimamente, que yo sepa, y "Limonada" es del 2004, me parece. Pero ella se ha movido mucho en los terrenos de la crítica y el ensayo, reseñando mucho del material de nuestra (y su, cabría pensar) generación, lo cual la ubica claramente en el mapa reciente, o incluso el mapa muy-muy-reciente.
También podría decir Lagos que en el fondo no pretende instaurar un canon sino trazar algunas líneas posibles, del mismo modo que Achugar reniega (quizá incluso sintomáticamente) de que haya habido algo de antología, de selección, en "El descontento y la promesa". Y esto, a su vez, es discutible.
Coincido plenamente en que lo único que tenemos que hacer es seguir escribiendo.

Ramiro Sanchiz dijo...

Igual me gusta pensar que estamos cambiando la cara de la literatura uruguaya. Cómo es esa cara, a quién(es) se parece... es harina de otro costal. Al menos por ahora.

Anónimo dijo...

A vos no te leí, pero si te nombraron con Horacio y con Bentancor, seguramente, lo tuyo vale la pena...Mardero, Umpi, y Turnes...APESTAN!