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Ramiro Sanchiz (Montevideo, 1978). Ha publicado 17 libros, entre ellos las novelas "El orden del mundo" (2014, El Cuervo, La Paz, Bolivia; primer premio de narrativa édita del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay), "El gato y la entropía #12&35" (Estuario Editora, Montevideo, Uruguay), "Las imitaciones" (2016, Décima Editora, Buenos Aires, Argentina) y "Verde" (2016, Fin de Siglo, Montevideo, Uruguay). Escribe regularmente crítica para el periódico montevideano La Diaria. Se ha desempeñado como jurado del premio Casa de Las Américas (2016), el Fondo Concursable del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay (2011) y del premio Onetti de la Intendencia de Montevideo (2016). Ha sido traducido al francés, el alemán, el inglés y el italiano.

domingo, 15 de marzo de 2009

variaciones obsesivas

Hace unos siete años pasé por una etapa de obsesión musical con Bach, que terminó por centrarse casi exclusivamente en tres obras tardías del gran músico y duró, que yo recuerde, unos diez meses. A principios de este año, gracias a una lectura de la novela Interludio, interlunio, de Ercole Lissardi, decidí comenzar una escucha obsesiva (repetida y exclusiva) de los últimos cuartetos de Beethoven, compositor que, en general, nunca se había contado entre mis favoritos. Sin embargo, más o menos por las mismas épocas de mi obsesión con Bach había estado investigando la obra de Marcel Proust, y su apreciación por los últimos cuartetos de Beethoven me había llevado a escucharlos o intentar escucharlos, sin mayores resultados en cuanto a comprensión o entusiasmo, un poco -supongo- por culpa de haberlos conocido en una versión bastante vieja, con una calidad de sonido que dejaba bastante que desear, o también por querer meterme a ese mundo sin guía alguna. Ahora, con alguna ayuda extra y mejores versiones (todavía no di cuenta de todas las que conseguí), logré sumergirme en la obra tardía de Beethoven y apreciarla en su enorme valor. Pero, además, esta étapa del lovely lovely Ludwig Van, para citar a Alexander deLarge, me remitió (cerrando de alguna manera el ciclo iniciado hace años) una vez más a Bach, retomando la vieja obsesión.
Las tres obras que escuché más atentamente por aquel momento fueron El arte de la fuga, La ofrenda musical y las Variaciones Goldberg. Es posible que las tres representen la cúspide del barroco y, quizá, del arte musical, especialmente la primera, aunque mi favorita personal es la última, las Variaciones que Bach compuso, según la leyenda, para que las interpretara un virtuoso del clavecín de catorce años, teniendo como única audiencia un rey insomne que necesitaba llenar sus horas vacías con música.
Esta historia probablemente falsa y debida a Forkel, el primer biógrafo de Bach, siempre me fascinó, y quizá el "gancho" que catalizó mi interés obsesivo en estas variaciones sea ese concepto de música para el insomnio, del oyente incapaz de ceder su conciencia preso de una reiteración obsesiva, de una intrigante ecuación de lo mismo (las variaciones, en principio, repiten las formas de un mismo tema) y lo otro (son lo suficientemente diferentes como para convertirse en piezas diferentes o incluso independientes). Me gusta imaginar a esta mente ideal sufriendo un insomnio ideal (como construía Joyce el lector perfecto para su Finnegans Wake, otra construcción variacional, obsesiva y recurrente) pasando de una variación a otra e indagando los motivos recurrentes y el corazón mismo de la composición, el tema detrás de las variaciones, en este caso las notas del bajo (y la progresión de acordes implícita) del aria que abre la obra.
Bach incorporó a estas variaciones una serie de niveles de estructuración. La más notoria es que de cada tres variaciones, la última es siempre un canon, desarrollando la voz imitativa en un intervalo creciente siendo el primer canon al unísono, el siguiente en la segunda y así sucesivamente. Otro nivel estructura a la obra en dos mitades, comenzando la segunda con una obertura al estilo francés, seguida de una fuga, pero es posible descubrir más capas de organización del material pensando en las variaciones como danzas, armando una gigantesca suite con forma de chacona basada en las notas del bajo escuchadas en el aria. Otra división posible está en tres grupos de variaciones, las destinadas a un teclado del clave, las que requieren el uso de dos y las que permiten la posibilidad de optar. Algunas variaciones se resuelven como ejercicios virtuosísticos y en otras se apoya la profunda emotividad de la obra, instalada siempre en el ámbito del pensamiento, de lo recursivo, lo iterativo tan propio del insomnio. En este último sentido destaca claramente el canon a la quinta (variación número 15) y la variación 25, que parece aproximarse a un estilo más encuadrable dentro del clasicismo musical, concretamente la manera de los hijos de Bach.
En esta segunda etapa de mi obsesión recurrí al viejo procedimiento de comparar versiones. La principal demarcación que puede trazarse está en el uso del piano o del clave. Está claro que la última opción es la más "realista", ya que implica el uso del instrumento para el que Bach pensó original Klavierübung, obra pedagógica que incluye una sección para órgano y varias composiciones para clave). El piano, por otro lado, permite una expresividad imposible para el clave, que conduce a una interpretación que debería -siendo un poco puristas- pensarse ante todo como una relectura o reelaboración (inadecuada si tendemos a un máximo de purismo), aunque es posible argumentar que interpretar una pieza es siempre recrearla.
Una de las versiones mas importantes es la de Glenn Gould; de hecho, sus dos interpretaciones del set, separadas por casi treinta años y que definen dos paradigmas en el encare posible de las variaciones. La primera, de 1955, parece agotar todas las posibilidades de expresión y sentimiento (en piano, por supuesto), permitiéndose libertades de tempo y repeticiones del material (cada variación se estructura con la forma AABB, y algunos intérpretes reducen algunas -o todas- las variaciones a posibilidades como AAB, ABB o AB); la de 1981, en cambio, muestra una dinámica con el teclado que parece generar un retorno del piano al clave, apenas sosteniendo los sonidos. Casi todas las versiones en piano siguen una u otra posibilidad. La versión de Chen Pi-hsien (Naxos, creo que está descatalogada pero seguro se puede bajar) elabora un encare sumamente libre entre uno y otro de los paradigmas, llegando -en las variaciones dos y tres, por ejemplo- a tocar el comienzo de la variación con un estilo reminiscente del clave (a la Glenn Gould de los ochenta) y la repetición en una forma de inspiración romántica, expresiva (el Gould de los cincuenta). En balance, esta versión es una de las más agradables por su variedad , que podría calificarse de refrescante y sumamente inteligente. Las variaciones en las que se permite una mayor expresividad son impresionantes. En el otro lado del espectro, la versión de Jenö Jandó (Naxos, se consigue fácil), también en piano, destaca por su sobriedad y rigor, que llega a una tensión agobiante subiendo el tempo de la mayor parte de las variaciones. Es quizá la versión más recomendable para estudiar las variaciones en su aspecto formal.
En clavicembalo la primera versión que escuché es la de Keith Jarrett para el sello ECM, y como fue mi primer contacto con la obra de alguna manera quedó en mi memoria como la versión básica o quizá el grado cero de las variaciones. Es una interpretación amable, quizá "neutra", muy escuchable. El instrumento no suena con la brillantez de otras versiones, pero eso no es problema del señor Jarret, un gran pianista de Jazz que grabó además El Clave bien temperado y las Sonatas para Clave y Viola da gamba. La version de Gustav Leonhardt, en el sello Harmonia Mundi, es de las más interesantes desde el punto de vista estructural. El célebre tecladista y musicólogo elabora una interesantísima visión de las variaciones como un todo, agrupando (a diferencia de la mayoría de las versiones) más de una variación en un mismo track del CD, prestando una especial atención a los silencios entre variaciones. También hace un énfasis especial Leonhardt en la naturaleza de danza de gran cantidad de las variaciones, llegando a afirmar que las Goldberg pueden pensarse como una suerte de "Arte del Canon" unido a un "Arte de la danza".
Otra versión que he escuchado en clave es la de Pierre Hantaï, de las más rigurosas en cuanto a las repeticiones y la uniformidad de tempo. El instrumento en este caso suena con una brillantez increíble; este tecladista ha vuelto a grabar el set (la versión que escuché es del 92) en el 2003, pero aún no he localizado el CD ni encontrado esta versión en particular en internet. Existen versiones en cuarteto de cuerdas, órgano e incluso orquesta, pero aun no las he escuchado.
Como en tantas obras (los cuartetos de Beethoven, el Arte de la fuga, etc), cotejar versiones siempre es una puerta a la mejor comprensión de la obra, por lo que, siguiendo los caminos de mi obsesión y convirtiendome en el insomne ideal, mi indagación sobre las Goldberg por ahora no va a terminar. Ni tampoco mi obsesión.

2 comentarios:

Nadna dijo...

Me gusta tu blog, con tu permiso (y sin él) lo añado a mis favoritos.

Cuelgo aquí el comentario por dos razones: coincidencia de ciertas obsesiones (para mayor abundamiento: http://ovinadna.blogspot.com/2008/01/contra-la-melancola.html ) y que, dada la antigüedad de la entrada no lo tomarás como un intento de vampirizarte lectores.

Salud.

Ramiro Sanchiz dijo...

Muy interesante la entrada a la que remitís. El aria con variaciones es inagotable. Hace muchos años intenté hacer algo similar con la literatura, siguiendo de paso a Raymond Quenau con sus "Ejercicios de estilo". Sigo creyendo que hay un misterio central en las variaciones... como aquella afirmación romántica sobre que la última e inconclusa fuga del Arte de la fuga reconstruye la Música de las esferas. Las Goldberg hablan -piensan, sienten- del problema de lo Otro, del conocimiento, del ser. Y de la manera en que sólo la música puede lograrlo, es decir más cerca de dar a la caza alcance. Las palabras, se sabe, son traidoras.
Muy buenos tus blogs, también los añado a mi lista. Pero actualizalos más seguido!!
Saludos,
R.