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Ramiro Sanchiz (Montevideo, 1978). Ha publicado 17 libros, entre ellos las novelas "El orden del mundo" (2014, El Cuervo, La Paz, Bolivia; primer premio de narrativa édita del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay), "El gato y la entropía #12&35" (Estuario Editora, Montevideo, Uruguay), "Las imitaciones" (2016, Décima Editora, Buenos Aires, Argentina) y "Verde" (2016, Fin de Siglo, Montevideo, Uruguay). Escribe regularmente crítica para el periódico montevideano La Diaria. Se ha desempeñado como jurado del premio Casa de Las Américas (2016), el Fondo Concursable del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay (2011) y del premio Onetti de la Intendencia de Montevideo (2016). Ha sido traducido al francés, el alemán, el inglés y el italiano.

domingo, 7 de junio de 2009

la azotea

Vengo constatando hace tiempo que llego tarde a todo o casi todo; por ejemplo, durante los años 90 apenas di importancia a Pearl Jam (es decir, conocía –como todo el mundo- el tema “Jeremy” y algunos años después “Do the evolution”, pero nada más), banda que ahora, cuando los noventa se han convertido casi del todo en una caricatura nostálgica del mismo modo que devino el 69 de Woodstock o los 70 del hard rock, el funk y el disco, ha reclamado un lugar inamovible entre mis favoritas, y ahora –y no hace quince años- vengo a aprenderme de memoria las letras y los tracklistings (soy muy obsesivo con ese tema; supongo que si me despiertan a la mitad de la noche y me gritan “Revolver!” diré “Taxman, Eleanor Rugby, I’m only sleeping, Love you to…”, o si es “Led Zeppelin IV” murmuraré entre sueños “Black dog, Rock and roll, The battle of evermore…”). También me pasó algo parecido con otras bandas y películas, y hace unos días volvió a sucederme con La azotea, la novela de Fernanda Trías publicada en el 2001.
No estoy implicando, ojo, que haya perdido relevancia o que haya pasado “demasiada agua bajo el puente”; más bien al contrario: apenas la terminé entendí que esta novela es una de las cuatro o cinco más relevantes de mi generación, y por eso pensé “¿por qué no la habré leído antes?”. La respuesta típica –totalmente insatisfactoria- para estos temas es “porque no era el momento”. Y podrá ser cierto –a veces encuentro inevitable creer en alguna forma de Destino-, pero no sirve para nada.
La azotea, me resultó claro, es también el nexo entre la generación de los “crueles” (Mella, Peveroni, Henry) y la que considero mía, o aquella con que me identifico (no importa el año concreto, pero estoy hablando de todos los que tenemos entre 24 o 25 y 35 años, los que veíamos los Thundercats y los Gobots, Patoaventuras y los Osos Gummies, los que sufrimos en mayor o menor medida la muerte de Cobain, los que leímos en Mellon collie and the infinite sadness, de los Smashing Pumpkins, la Capilla Sixtina del rock alternativo de los 90); es un nexo por su ominosidad, por cierta cualidad inquietante (parecida a la de las primeras producciones de Ian McEwan, en cierto modo), por su descripción de estados de conciencia alterados por la violencia o por el rimbaudiano desarreglo de los sentidos y el alma (sea esta lo que sea, espiritualidad o bioquímica, qué más da), y, hacia “nuestro” lado, por reconocer ciertas literaturas (Levrero, ante todo) como raíces, por el uso de la infancia en la construcción de los espacios interiores, por el tono trabajado de su prosa. De hecho, si bien considero que Derretimiento es una gran novela (especialmente su primera parte, la de la infancia, antes que la vocación psychokiller a la Easton Ellis malogre un poco la segunda mitad), me resultó claro que Fernanda Trías, palabra a palabra, es una escritora mucho más autoconciente y elegante, un verdadero modelo de rigor.
Hace poco pensé en definir mi canon personal de la reciente literatura uruguaya creando un conjunto que incluye a Oso de trapo, de Horacio Cavallo, Porrovideo, de Jorge Alfonso y Rapsodia nocturna, de Schutz, entre otras; de no haber llegado tarde, hubiese incluído La azotea, que pasa a ser uno de mis referentes a la hora de buscarle pautas a eso que ese “nosotros generacional” viene escribiendo, que en gran medida redefine (más que ninguna otra escritura de una generación posterior a la archiconsabida del 45) toda una narrativa.
De hecho, si volvemos sobre este intento de canon y lo presentamos como un mapa que se abre en el relato “pop” de Natalia Mardero, Patricia Turnes y Jorge Alfonso (en ese orden hacia el centro), y que deriva hacia la literatura policial en la obra de Rodolfo Santullo, hacia lo fantástico en la narrativa de Gabriel Schutz (y supongo que hacia la ciencia ficción en algo de lo que escribo) como buscando vértices para el extraño poliedro que va trazando, me parece bastante claro que encuentra su centro (en el sentido de Harold Bloom) en Oso de trapo y La azotea. De hecho, es quizá esta última novela (primera, cronológicamente, ya que precede tanto a la Patricia Turnes de Pendejos -2006, si no me equivoco- como al Schutz de Y verás mis espaldas o al Santullo de Perro come perro) la que más se acerca al sentido de englobar “virtudes canónicas”, para jugar una vez más con los conceptos del autor de El canon occidental. Central no en el sentido de “mejor”, que no tiene cabida, sino quizá de “representativa”, porque Oso de trapo carga más las tintas en ciertas áreas, trazando una novela más “perfilada” (particularmente en el juego formal), mientras que La azotea apuesta a varios números y, al menos desde el placer de mi lectura, encuentra su premio en todos.
Conclusión: si no la leyeron, háganlo ya. Está llena de pequeñas felicidades de lectura; si tuviera que destacar alguna, elegiría el breve episodio de la infancia en que la protagonista y otros niños lanzaban piedras a unos horribles vecinos.

4 comentarios:

HOracio dijo...

coincido, ramiro, en que es una gran novela. no la leí en el momento en el que salió, nunca tuve dinero para libros nuevos. pero sí recuerdo haberla ojeado en una librería en aquél entonces y sorprenderme por el placer que me generaba en cualquier lado donde abría, y las ganas de seguir. recién el año pasado tuve el gusto de disfrutarla de pe a pa-. me pareció una novela muy buena, con imágenes y climas inquietantes y un gran manejo de la prosa. ponete en la fila a esperar la novela que viene.(¿Y fernanda?) somos unos cuantos. abrazo. hc

Archiduque de Applecore dijo...

Justamente tu post me sirve mucho ya que voy a realizar un trabajo de crítica de la obra de Fernanda. Algo un tanto osado para alguien de mi edad, pero por algo se empieza...

Abrazo!!!
A.A

Ramiro Sanchiz dijo...

Gracias por los comentarios. Horacio, me alegra que coincidamos; Archiduque, muy interesante lo de tu trabajo, me gustaría que me contaras algo más, y en una de esas puedo hacerte algún aporte.

Rat dijo...

Ey, encuentro beligerante, y hasta intrépido, si se me apura, el colocar en la misma oración a Cavallo, "Porrovideo" y Harold Bloom.

Si el canon ovula en pop, then Pop is dead.

Pero la beligerancia acaba pronto. Por suerte nos resta el polvo para hablar de él.