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Ramiro Sanchiz (Montevideo, 1978). Ha publicado 17 libros, entre ellos las novelas "El orden del mundo" (2014, El Cuervo, La Paz, Bolivia; primer premio de narrativa édita del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay), "El gato y la entropía #12&35" (Estuario Editora, Montevideo, Uruguay), "Las imitaciones" (2016, Décima Editora, Buenos Aires, Argentina) y "Verde" (2016, Fin de Siglo, Montevideo, Uruguay). Escribe regularmente crítica para el periódico montevideano La Diaria. Se ha desempeñado como jurado del premio Casa de Las Américas (2016), el Fondo Concursable del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay (2011) y del premio Onetti de la Intendencia de Montevideo (2016). Ha sido traducido al francés, el alemán, el inglés y el italiano.

jueves, 23 de julio de 2009

el sueño de la razón

Entre ayer y hoy lei La otra isla del doctor moreau, de Brian Aldiss. Si bien la llamada new wave (movimiento literario de origen inglés que cambió por completo la ciencia ficción entre fines de los 50 y principio de los 70) fue siempre mi momento favorito de la historia de la CF, leída a través del gran J.G.Ballard pero también de los excelentes cuentos de Harlan Ellison y algunas novelas de Robert Silverberg y Samuel Delany, siempre tuve una deuda con una de sus figuras principales. El movimiento fue ideado desde la revista New Worlds, que dirigía el escritor y músico Michael Moorcock, y encontró en Ballard y en Brian Aldiss a sus dos mayores representantes. De Ballard leí casi todo; de Aldiss, casi nada. Hace unos meses encontré gran parte de su obra en oferta y me la compré; ahora, aprovechando esta no solicitada pero también bienvenida inyección de tiempo libre, empecé a leerlo. Y comencé por La otra isla, junto a Criptozoico, A cabeza descalza, Helliconia y El tapiz de Malacia, una de sus novelas más relevantes. Debo decir que me encantó. Aldiss es un gran admirador de H.G.Wells, a quien considera, junto a Mary Shelley, el verdadero fundador de la ciencia ficción moderna. En esta novela está clara la voluntad de rendirle tributo, pero también, al recrear una de sus ficciónes más aterradoras, deja la sensación de tratarse de una metanovela, una novela sobre la ciencia ficción. Picasso, en sus últimos años, pintó parodias de las obras centrales del canon pictórico; esta novela de Aldiss puede leerse desde esa misma perspectiva, ya que pocas cosas más centrales -incluso si no estamos de acuerdo en la posición central en la que Aldiss coloca a Wells (muchos preferirían a Poe, por ejemplo)- a la CF que La isla del doctor Moreau y todo el subgenero al que dio nacimiento y que sigue más vivo que nunca: el horror ante el cuerpo y sus posibilidades desatadas, las relación entre la tecnología y el cuerpo, la posibilidad -o no- de una condición humana atada a lo biológico. En otras palabras: en la novela de Aldiss está la posibilidad de David Cronemberg, de la estética cyberpunk, del transhumanismo y tantas hierbas más. Aldiss maneja estos temas con gran inteligencia, y se permite incluso unir, muy habilmente, el mito de Moreau (¿quién puede olvidar la bizarra versión con Marlon Brando y Val Kilmer) al de Frankenstein: ambos son artífices de un desafío al orden natural establecido. Y me quedé pensando que ya que otra de las grandes novelas de Aldiss (y esta sí la había leído) es Frankenstein desencadenado, reelaboración de la ficción inmortal de la abuela Mary, a lo mejor lo que se está diciendo entre líneas es que, en el fondo, la CF trata de ese impulso de desafío Prometeico, como diciendo que la enorme variedad argumental que permite el género en el fondo enmascara un problema singular: ¿qué hacer con la tecnología? ¿existen límites para lo que podemos lograr y entender? El sueño de la razón -aqui metaforizada por la ciencia y la tecnología- produce monstruos. ¿Vale la pena recorrer ese camino? No creo que, en el fondo, Aldiss diga que no. Ballard se encogería de hombros. Philip Dick diría que en el fondo sólo importa el espíritu. La pregunta también podría convertirse en: ¿qué podemos saber?

1 comentario:

Archiduque de Applecore dijo...

Me gustó mucho como encaraste el tema! La comparación con la obra tardía de Picasso.
La comparación con Prometeo que hace el autor está interesante!

Intentaré buscar algo de él...

Abarzo!
A.A