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Ramiro Sanchiz (Montevideo, 1978). Ha publicado 17 libros, entre ellos las novelas "El orden del mundo" (2014, El Cuervo, La Paz, Bolivia; primer premio de narrativa édita del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay), "El gato y la entropía #12&35" (Estuario Editora, Montevideo, Uruguay), "Las imitaciones" (2016, Décima Editora, Buenos Aires, Argentina) y "Verde" (2016, Fin de Siglo, Montevideo, Uruguay). Escribe regularmente crítica para el periódico montevideano La Diaria. Se ha desempeñado como jurado del premio Casa de Las Américas (2016), el Fondo Concursable del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay (2011) y del premio Onetti de la Intendencia de Montevideo (2016). Ha sido traducido al francés, el alemán, el inglés y el italiano.

sábado, 18 de julio de 2009

literatura y enfermedad

La ecuación Bolañiana admite al menos dos soluciones: literatura + enfermedad = literatura, y literatura + enfermedad = enfermedad. El eje para pasar a esta doble solución está en Mallarmé, quien dijo entre otras cosas que todo existe para terminar en un libro. Esta es una de esas sentencias que se vuelven ejes y centros y vectores de las literaturas. No sólo dice que todo termina en literatura sino que todo debe terminar en literatura para que se verifique su existencia. La literatura –la ficción- es la verdadera realidad, porque sólo accedemos a las cosas –las vidas, las enfermedades, las aventuras- a través de ella. El “otro tigre” de Borges, el que no está en los versos, no existe.
Todo esto viene a cuento de que ayer viernes 17 me dieron de alta tras una semana y dos días de internación por una repentina (repentina en el sentido de que jamás se me había ocurrido que “mi enfermedad” venía por ahí, yo pensaba que era una gastritis fuerte motivada por los nervios) operación de la vesícula, proceso de recuperación lenta e incómoda que recién en estos días parece empezar a ver luces claras. De ahí la doble apertura: por un lado la de Bolaño, unir literatura a enfermedad, y la de Mallarmé, que también, desde un lado más ingenuo de las cosas, es una manera de decir que los que estamos picados por el bichito de la literatura terminamos escribiendo sobre cualquier cosa y poniéndolo, pájaros exhibicionistas que somos, ante los ojos de todo el mundo; que nuestra vida se vuelve literatura no sólo para los demás sino también para nosotros –y ahí recordemos esos cuentos de Borges (recuerdo uno pero creo que debe haber algún otro) en los que el narrador afirma, hacia el final, que dio a lo contado forma de cuento para a la larga convencerse de que no fue verdad (¿o será al revés?).
Entonces, a lo largo de mi enfermedad, he sacado en limpio algunas cosas.
Primero, que es verdad que quien sufre busca lo concreto. No se piensa en abstracciones como la muerte, se piensa en este dolor abdominal en particular, en la cama que me da dolor de espalda, en el ruido que hacen las enfermeras.
Segundo, que no existe un mundo de los muertos y un mundo de los vivos; o que sí existen, pero con cientos de mundos en el medio. El largo multiverso de la enfermedad. Y, también, que las dos noches inmediatas a la operación no fui capaz de dormir, tendido sobre mi cama –esas horribles camas de hospital- sintiendo que no quedaba en mi cuerpo ni una gota de energía, como si hubiese sido víctima de un vampiro que aguardó hasta el exacto último momento posible antes de decidir que estaba saciado y que era mejor dejarme con vida. Con el día y la luz del sol sentía el vigor renovado, podía descansar un poco, dormir y leer algunas páginas. Me había llevado a Proust (pensando que los cientos de páginas de En busca del tiempo perdido eran ideales para cuando se dispone de mucho tiempo de lectura) y a Murakami; no leí de verdad ninguno de los dos. El tiempo de recuperación, el tiempo de la enfermedad, no permite leer bien. La incomodidad continua distrae. Se buscan lecturas breves y que uno sepa casi de memoria; así, un día, leí casi todo Ficciones.
Antes de la operación, el domingo, escribí un cuento. Aun no lo he releído. Espero pronto subirlo aquí; si hay un antes y un después de que me quitaran una parte del aparato digestivo, ¿es concebible que pueda detectarse el cambio en la manera en que uno corrige un texto? ¿Es plantear esto irse al carajo? ¿Hasta que punto todo tiende a ser literatura? ¿Hasta que punto la idea misma de literatura no es irse al carajo? ¿No es irse al carajo el procedimiento literario por excelencia, a veces más evidente, a veces menos?
¿Qué le pasó a Levrero con su operación de vesícula? Tengo entendido que se la tomó muy en serio. Es concebible que exista el alma, que al alma estas cosas le afecten, que sea con el alma que se escribe. Y que gran cuento El sur, de Borges. No en vano lo consideró toda su vida uno de sus mejores trabajos. Por suerte en ningún momento tuve fiebre o alcancé esos abismos de la enfermedad. Mis incomodidades eran tener la vía del suero todo el tiempo, el haber perdido el uso de los abdominales, el sentir el tirón de los puntos, no poder dormir y, especialmente, esa sensación de energía drenada que recién hoy empezó a desaparecer de verdad.
Quizá necesitaba estar en mi casa, con mis libros y mis discos. Los magos, se decía, y qué más literario que la magia, tenían sus “lugares de poder”. Creo que la idea es transplantable a la enfermedad. Si vamos a sufrir, mejor hacerlo en la mejor de las compañías.
¿Y por qué todo termina en literatura? ¿A quién se le ocurrió semejante destino para el mundo? No fue suficiente el lenguaje, tuvimos que doblar las cosas otra vez y crear este código que nos permita no creernos del todo las cosas, o creerlas del todo, o definirnos en cuanto sujeto que cree, en cuanto sujeto que sufre, sujeto de enfermedad o sujeto de salud. ¿Qué es la salud? ¿Hay prosa o poesía saludable?
William Burroughs escribió que la felicidad es un derivado del funcionamiento. De saberse funcionando en un contexto. De la funcionalidad, quizá. El día que la cirujana (a quien debería dedicar este post) me dijo “mañana te doy el alta” lloré de alegría. Era una boludez emocionarse por eso, pero allí estaba esa sensación por todo el cuerpo, esas endorfinas, ese estremecerse. Quizá fue el mejor momento de todos los que pasé internado.
En la literatura y en la enfermedad la distancia es clave. Para corregir textos, por ejemplo, para poner las cosas en su lugar. Espero en un mes pensar que todo esto fue una boludez. Literatura y enfermedad?
Que sea sólo literatura.

9 comentarios:

Archiduque de Applecore dijo...

Espero que te sientas mejor... "El sur" es uno de mis cuentos preferidos...

Abrazo!!!
A.A

Telemías dijo...

Ja!!!!!! Que te mejores rápido Ramiro. Yo también tengo gastritis crónica... Capaz que por interno, cuando te recuperes, hablamos mejor.

Un abrazo, pero sólo metafórico, pues imagino que todavía andarás medio limitado.

Ramiro Sanchiz dijo...

Gracias por los abrazos!!!

fernanda dijo...

Bueno, bueno, ¡qué cosa! Pienso que no es pavada que a uno le saquen algo del cuerpo; no sólo por la invasión, la violencia de las operaciones, sino también porque el cuerpo es un sistema. Así que tendrá que reacomodarse, de a poco y con cierto nivel de duelo, aunque la parte extirpada fuera defectuosa.

¡Pero me alegro que estés mejor!
Al menos te habrá servido para escribir este excelente post. De verdad me encantó. Voy a releerlo ya mismo...

Ojalá que te recuperes pronto.

Cariños, F

Ramiro Sanchiz dijo...

Gracias Fernanda. De a poco me estoy reacomodando; pero es, sí, un poco como descubrir un cuerpo nuevo, con cosas de menos (que no se ven pero se presienten) y cosas de más (cicatrices, dolores), tarea gradual y complicada. Me alegra que te haya gustado el post.

Horacio Cavallo dijo...

che, ramiro, no sabía nada. Bueno, me alegra saber que ya estás bien. Muy interesante, como siempre, el tema y el encare. abrazo
hc

Ramiro Sanchiz dijo...

Gracias Horacio! Me alegra que te haya gustado el post. Un abrazo.

sorjuana dijo...

Bueno, espero que a mí lo de la vesícula me funcione tan creativamente y con tanta lectura: en un mes marcho. Es verdad que, a pesar de los dolores que pueda involucrar, a veces me descubro fantaseando con esa tregua, con mis (auto) vacaciones del trabajo y con mi excusa externa para que otros se ocupen de casa y niño :-)
Me encantó tu blog. Entré no muy convencida (a raiz de la invitación a "Perséfone") porque, si bien el rock y el inframundo siempre me interesaron, son temas que pueden confundirse con fórmula "comercial-juvenil". Pero vi que no, que aquí hay sustrato en el asunto, y escritura, y trabajo, y presencia.
Te agrego para seguirte!
Gabriela

Ramiro Sanchiz dijo...

Gracias Gabriela, me alegra que el blog te haya gustado. Suerte con tu vesícula; si todo sale bien seguro te operan por laparoscopía, y te dan el alta como mucho al día siguiente. Te veo el miércoles