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Ramiro Sanchiz (Montevideo, 1978). Ha publicado 17 libros, entre ellos las novelas "El orden del mundo" (2014, El Cuervo, La Paz, Bolivia; primer premio de narrativa édita del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay), "El gato y la entropía #12&35" (Estuario Editora, Montevideo, Uruguay), "Las imitaciones" (2016, Décima Editora, Buenos Aires, Argentina) y "Verde" (2016, Fin de Siglo, Montevideo, Uruguay). Escribe regularmente crítica para el periódico montevideano La Diaria. Se ha desempeñado como jurado del premio Casa de Las Américas (2016), el Fondo Concursable del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay (2011) y del premio Onetti de la Intendencia de Montevideo (2016). Ha sido traducido al francés, el alemán, el inglés y el italiano.

miércoles, 22 de julio de 2009

monstruos

Bastará con decir que, al comienzo de estas historias, M. es un investigador de fenómenos paranormales. Ha pasado una buena parte de su carrera recorriendo los lugares comunmente asociados a manifestaciones de lo extraño o lo singular y ha llegado a la conclusión de que existe un vínculo entre la ciudad, lo racional, el orden, y una tendencia al cero en la posibilidad de encontrarse con lo que gustosamente llamaría un milagro, entendiéndolo como una aparente cancelación de las reglas que creemos operan sobre lo que llamamos el mundo. Su investigación entonces lo conduce a las áreas desoladas, las praderas interminables, las llanuras perdidas. Por un tiempo no cuestiona la validez de este punto de partida; en algunas noches perdidas fuera de toda cronología y civilización cree vislumbrar luces en el cielo y los ríos, presencias en los bosques y resabios de algo muy vasto y muy antiguo. Pero no es suficiente. Donde deberían aparecer las revelaciones finales, últimas, M sólo encuentra más pistas. Y estas lo conducen, desafiando todas sus conclusiones previas, a los suburbios, a los bordes de la ciudad, a esas zonas intermedias entre la desolación y el orden. Aqui es más facil. M sigue pistas, actúa como un detective. Entrevista testigos de abducciones, de avistamientos, gente que presenció la aparición de monstruos, de anomalías. Si el principio de su investigación le había dado algún indicio, ahora las señales se multiplican, trazándole caminos variados, caminos que convergen, nombres que se repiten, lugares que parecen subrayarse en los mapas que viene delineando. Lo otro, se pregunta M, ¿es lo absoluamente externo a lo humano o más bien su corazón ineludible? Ahora está en una zona intermedia, pero todo apunta a creer que el camino sigue hacia adentro. Entonces M atraviesa los muros de la ciudad, siguiendo las pistas, siguiendo los nombres. Hay un árbol en el centro de una avenida que es más que un árbol: es el cuerpo fosilizado de una criatura extraterrestre. Hay un edificio en cuyo subsuelo todavía está prisionero el Dragón. M recoge todos estos rumores e investiga, llenando sus archivos. Pasa el tiempo y todo parece converger: encuentra el lugar en que la extrañeza, la alienidad, ha de maniefstarse. Cuando atraviesa la primera barrera siente que lo golpean. Despierta en un cuarto vacío, de forma cúbica. A medida que pasa el tiempo constata que alguien o algo está alimentándolo, dejando con sigilo bebidas y alimentos a su alcance, y también lápices y un cuaderno. Toda su investigación anterior parece haberse desvanecido: ha alcanzado otras fronteras. Ahora las anomalías, los monstruos, los avistamientos, las abducciones y los árboles que son más que árboles pueblan sus sueños. Estan en su interior, que es hacia donde debe acercarse, hacia un corazón aun más íntimo, hacia un intramuros aún más inviolable. Y día tras día -aunque es imposible hablar de días o de noches en su cuarto vacío y blanco- llena página tras página de sus recuerdos, impresiones y teorías, alimentándose de sus sueños y de la vasta memoria de su antigua investigación, volviéndosele claro que si había una extrañeza, estaba en él, en su interior. Pronto descubre que está escribiendo un informe. Quienes lo guardan y alimentan se llevan sus páginas. Un día aparece una puerta abierta y, poco más allá, el centro de la ciudad. M cree entender. Deberá registrar todas las costumbres y caminos humanos, e incorporarlos a su informe. Sonríe, seguro de haber trazado una órbita casi completa. Rodeado del humo de los escapes, de los peatones, de la publicidad, del reflejo del sol en el metal y el cristal, alli, en el corazón de todas las cosas, los ve. Rodeándolo, están los monstruos.

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