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Ramiro Sanchiz (Montevideo, 1978). Ha publicado 17 libros, entre ellos las novelas "El orden del mundo" (2014, El Cuervo, La Paz, Bolivia; primer premio de narrativa édita del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay), "El gato y la entropía #12&35" (Estuario Editora, Montevideo, Uruguay), "Las imitaciones" (2016, Décima Editora, Buenos Aires, Argentina) y "Verde" (2016, Fin de Siglo, Montevideo, Uruguay). Escribe regularmente crítica para el periódico montevideano La Diaria. Se ha desempeñado como jurado del premio Casa de Las Américas (2016), el Fondo Concursable del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay (2011) y del premio Onetti de la Intendencia de Montevideo (2016). Ha sido traducido al francés, el alemán, el inglés y el italiano.

sábado, 29 de agosto de 2009

Dos libros y un CD

Andres Ressia Colino (Montevideo, 1977) ha escrito hasta la fecha dos novelas, Palcante y Parir; hace unos días leí la segunda, disfrutándola al máximo, y la primera está entre mis pendientes. Ressia es un narrador sólido, dinámico, muy atento a las voces de sus personajes y a los detalles del diálogo, que siempre elabora de un modo ante todo verosimil y convincente. Su estilo es sumamente visual, y su manera de disponer la trama es muy cinematográfica; sin embargo, a través de pequeñas irrupciones de un discurso ajeno al de los personajes (términos científicos, por ejemplo), logra dotar a su prosa de una cierta textura, de un ligero extrañamiento que aporta a su novela una dimensión extra. Parir me recordó a Magnolia, la gran película de Paul Thomas Anderson, por sus historias entrecruzadas y su atención a las sincronías o coincidencias, además de por el habil manejo del tono narrativo, del "pulso" emocional de la prosa, que parece construido con un criterio musical de temas o climas recurrentes.

Todo el tiempo es un libro de relatos de Mario Levrero publicado originalmente a principios de los ochenta y reeditado ahora por HUM. Lo integran dos cuentos largos, "Alice Springs" y "Todo el tiempo", más una novela corta, "Cinta de Moebius", suerte de concentrado levreriano o resumen de sus temas recurrentes, como si fuese de alguna manera la quintaesencia de la prosa de Levrero, al menos de la(s) etapa(s) que cierran ante "Diario de un canalla" y El discurso vacío. La literatura levreriana es especialmente resistente a la interpretación; parece invitar a una lectura psicoanalítica, pero está claro que no queda agotada por ella y, al final, parece hacernos creer que nuestros esfuerzos hermenéuticos son poco más que un chiste o una ingenuidad; podría hablarse de autoreferencialidad (aunque este tópico sería explotado ante todo en la última etapa de su obra, la que culmina con La novela luminosa), pero el juego formal del texto que se comenta a sí mismo o que exhibe marcas de autoconciencia no agota, tampoco, estas ficciones. Resumir sus "argumentos" es casi imposible: en "Alice Springs" encontramos un circo ambulante de fantasmas que llega a un pueblo también fantasmal y altera las vidas de dos seres igualmente fantasmales; "nada es real", adelanta el texto desde su acápite, una cita de "Strawberry fields", de los Beatles. "Todo el tiempo" explora también esa irrealidad alarmante tan querida a Levrero: con una narrativa cíclica nos arroja a un mundo en plena decadencia entrópica, en el que las fronteras entre la vida y la muerte se han desdibujado. Por último, "Cinta de Moebius" es un recorrido maravilloso por (desde o hacia) los mundos de un narrador que comienza siendo un niño y, hacia el final, ya es otra cosa, atravesando ilusiones, alucinaciones, escenarios ominosos y tiernos, o tiernos pese a lo ominoso, o tiernos por lo ominoso (sólo diré: busquen la escena de las azafatas). Todo el tiempo será presentado el lunes 31 en el Café La Diaria, con invitados de la talla de Marcial Souto (el legendario editor de la revista El péndulo y traductor de Ballard para la editorial Minotauro -por lo tanto imaginen la deuda que tengo con este hombre!), Pablo Casacuberta, Felipe Polleri y Leo Masliah, entre otros. Una ocasión para no perderse.

Hace unos días compré el último CD de David Bowie editado por EMI, que ofrece el show que hiciera el Duque Blanco en 1999 para el ciclo "Storytellers", de VH1. Este trabajo circuló mucho tiempo en ediciones no oficiales, de modo que los fans ya conocíamos y aprecíabamos las graciosas anécdotas que Bowie intercala entre canciones y, por supuesto, las excelentes versiones de "Life on Mars", "China Girl" (el punto álgido del disco) y "Word on a wing" (una semirareza originalmente lanzada en uno de mis discos favoritos, Station to station, de 1976). La banda incluye en la primera guitarra a Reeves Gabrels, que aquí lo encontramos un poco más ruidoso y desprolijo que de costumbre (especialmente en la guitarra slide de "Seven"), hasta el punto que -si bien a mí siempre me gustó su trabajo en el disco Earthling y la gira con la que fue promocionado- empecé a pensar que quizá muchos fans tienen razón al asegurar que los discos de la década del 2000 son mejores en parte porque NO está Gabrels en la guitarra. Es posible que este guitarrista (una suerte de Hendrix menor con un oído excelente para el pedal de sustain y la distorsión) le haya sido de gran utilidad a Bowie en el final de su peor etapa: la de los discos Tonight y Never let me down, y que a través de su proyecto (fallido, pero habría que revalorar su primer disco) Tin Machine, lograra reactivar el genio creativo del Duque. Como decía más arriba, es posible que lo mejor de este VH1 Storytellers sea la versión del clásico hitazo "China Girl", en la que Bowie abre cantando como Iggy Pop (que a su vez en la grabación original del tema para el disco The Idiot cantaba como Bowie) acompañado por un piano jazzero a cargo de Mike Garson, un pianista excelente que viene colaborando con Bowie desde Aladdin Sane, el final barroco (1973) de la etapa Ziggy Stardust. Terminada esa introducción el tema explota en una versión a todo punk rock, para cerrar con el clásico piano oriental que hace tan característico al tema en su version del album "Let's dance". Quizá lo más flojo de este CD esté en las versiones de los temas del album Hours. Bowie, lo ha dicho por alguna parte, "aprende" a tocar sus canciones en vivo, en un proceso que muchas veces termina modificándolas notoriamente. Esto es muy visible en el tema "Rebel rebel", comparando la versión de estudio de Diamond Dogs con la interpretada en la gira posterior, que estaba basada en una versión destinada al mercado americano y que se convertiría en la manera "oficial" de tocarla por casi tres décadas (es la elegida, por ejemplo, para el Glass spider tour de 1987); sin embargo, en 2002, Bowie encontró la forma de "actualizarla", dando con una versión enteramente nueva y, en mi opinión, la mejor, que puede encontrarse en el DVD Reality Tour y en una edición especial del album Reality. Me parece atinado pensar, entonces, que Bowie hiciera cristalizar sus versiones en vivo de temas como "Seven", "Survive" o "Thursday's child" recién en shows como el excelente BBC del 2000, donde se privilegia el lado intimista y acústico de estos temas. Para la época de VH1 Storytellers estos temas estaban quizá un poco verdes, en su formulación para tocar en vivo, por supuesto. Sin embargo, por la calidez del sonido, por las versiones de "China girl" y "Word on a wing", VH1 Storytellers es un disco que los fans de Bowie deben escuchar; esta edición está acompañada por un DVD del show, muy limpiamente mezclado en sonido 5.1.

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