Datos personales

Mi foto
Ramiro Sanchiz (Montevideo, 1978). Ha publicado 17 libros, entre ellos las novelas "El orden del mundo" (2014, El Cuervo, La Paz, Bolivia; primer premio de narrativa édita del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay), "El gato y la entropía #12&35" (Estuario Editora, Montevideo, Uruguay), "Las imitaciones" (2016, Décima Editora, Buenos Aires, Argentina) y "Verde" (2016, Fin de Siglo, Montevideo, Uruguay). Escribe regularmente crítica para el periódico montevideano La Diaria. Se ha desempeñado como jurado del premio Casa de Las Américas (2016), el Fondo Concursable del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay (2011) y del premio Onetti de la Intendencia de Montevideo (2016). Ha sido traducido al francés, el alemán, el inglés y el italiano.

sábado, 12 de septiembre de 2009

criptología

A Rex le habían hablado de un underpub recién abierto por la zona del Parque Rodó, La taberna de Platón. Me convenció de ir y, cuando entramos bajando una tenue escalera de madera muy clara, pensé que el chiste se me había ocurrido años atrás y que, como tantas veces, no había hecho nada al respecto.
-Me pasó lo mismo con Antichrist Superstar -le dije.
-Sí, claro -respondió, mostrándome los dientes.
Después, mientras nos acomodábamos en la barra y pedíamos dos vodka tonic pensé que lo realmente gracioso sería buscar una posible traducción que mantuviera el juego de palabras. Plato’s rave, pensé, pero no se lo dije a Rex. Si alguna vez me decidía a regentear un antro de música electrónica le pondría ese nombre, pero seguramente alguien terminaría por adelantárseme.
Rex había estado perdiendo resistencia alcohólica, al contrario de Jon, que viraba de los viejos y queridos alucinógenos a la espuma bukowskiana. Bastaron dos vodkas (tónica el primero, Sprite el segundo) para que Rex empezara con su happy hour de asociación libre. De repente se detuvo, como empalado por una idea.
-¿Te dás cuenta?, escuchá.
¿Que escuche qué? -le pregunté-, ¿la música? ¿Lo que estaba a punto de decir? ¿Las paparruchas de un estúpido tecnócrata cargándose a una neoyuppie sentada justo a mi izquierda?
-Escuchá a la mina –dijo, señalando a la víctima del tecnócrata- fijate que cada vez que habla hace silbar las eses... escuchá.
Traté de prestar atención. En efecto, la chica acentuaba el silbido de la S, pero no de todas. Algunas sonaban normales, en otras se apoyaba como si el discurso la agotara y necesitara descansar por un instante. O como si intentara caminar por un piso encerado y lograra mantener el equilibrio la mayor parte de las veces pero no pudiera evitar pequeñas patinadas.
-Fijate, fijate -decía Rex, encendido-; cada ene segundos ella acentua las eses. Como el acento no se repite en un patrón sencillo, digamos cada doce segundos, sino de un modo complejo, podría pensarse que está transmitiendo información. Quizá las eses normales implican un cero y las largas un uno, y esta mina está radiándonos en binario algo importante. O quizás...
Le puse mi mejor mirada escéptica. Pero Rex insistió:
-Seguramente se trata de algo que asimilamos inconcientemente. Una parte de nuestra mente, la más importante, está escuchando lo que dice la mina y, además, respondiéndole de un modo que no nos damos cuenta. Estamos al margen de ese diálogo, del mundo que implica ese intercambio. Y ese es el mundo verdadero, el mundo que importa, no el nuestro.
No dije nada y pedí otro par de vodkas, ahora con naranja. Rex se lo bebió de un trago.
-Imaginate toda la información que nos perdemos, todas las maravillas de las que no sabemos nada. Debe pasar todo el tiempo... vas en un ómnibus una tarde y las azoteas y los árboles cortan intermitentemente la luz del sol, como creando un código morse; o estás en una disco y te exponés al lenguaje cifrado del bajo y la percusión en la música electrónica... mirá si nos dan órdenes, si nos llevan a actuar como actuamos, y nosotros creemos que somos libres...
De inmediato la mirada se le nubló para el resto de la noche. Entrecerró los ojos, se meció en su banqueta siguiendo la música y sonrió, satisfecho.
Intenté distraerme mirando mujeres. Encontré un grupito interesante y ya estaba pensando alguna estrategía cuando Rex me tocó el hombro, como queriendo atraerme al universo al que se había retirado. La lengua un poco trabada, asintiendo despacio con la cabeza, dijo:
-Plato’s rave. Ahí tenés. Si algún dia quisiera hacer plata abriendo una disco, ese sería el nombre.

No hay comentarios: