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Ramiro Sanchiz (Montevideo, 1978). Ha publicado 17 libros, entre ellos las novelas "El orden del mundo" (2014, El Cuervo, La Paz, Bolivia; primer premio de narrativa édita del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay), "El gato y la entropía #12&35" (Estuario Editora, Montevideo, Uruguay), "Las imitaciones" (2016, Décima Editora, Buenos Aires, Argentina) y "Verde" (2016, Fin de Siglo, Montevideo, Uruguay). Escribe regularmente crítica para el periódico montevideano La Diaria. Se ha desempeñado como jurado del premio Casa de Las Américas (2016), el Fondo Concursable del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay (2011) y del premio Onetti de la Intendencia de Montevideo (2016). Ha sido traducido al francés, el alemán, el inglés y el italiano.

sábado, 5 de septiembre de 2009

perséfone 4 (y otras cosas)

Anoche en la Feria del Libro Andrés Ressia y yo presentamos Perséfone y Parir dialogando con Gabriel Lagos. Pasamos un momento entretenido elaborando sobre algunos temas planteados por Gabriel, y entre los presentes se encontraban Carlos Rehermann, el editor de Estuario Martín Fernandez, Matías Bergara y Horacio Cavallo. A partir de una de las preguntas de Lagos me quedé pensando en las percepciones que podemos tener de nuestro propio entorno literario y cómo todas las respuestas que puedan daraw en rigor no hacen más que señalar los límites y formas de nuestro pensamiento; preguntándome sobre mi visión de la literatura de mi generación (por llamarla de algun modo) surgieron de inmediato en mi mente los nombres de Horacio, de Fernanda Trías, de Gabriel Schutz y Jorge Alfonso; está claro que los escritores que me resulta más fácil nombrar al preguntárseme (narcisismo solipsista mediante) por qué elementos en común podremos tener a la hora de escribir quienes andamos por la treintena son los que tienen (al menos desde mi punto de vista, quizá ellos difieran) más en común con mi escritura; entonces, todos los demás que he leído y apreciado (Santullo, Bentancor, Cabrera, Bertolino, Peña, Ressia, Mardero, Umpi, Richero, Turnes) configurarían otra literatura joven, u otras, de modo que una vez más nos encontramos ante la idea de que hay poco y nada que mantengamos todos en común (nada de generación de los dosmiles, por lo tanto), o que, en todo caso, habrá que esperar para distinguir esas líneas.
Pero me parece una conclusión simple. Ante todo porque puedo armar otro sistema de relaciones en el que lo que escribo tiene más en común con Natalia Mardero, Pedro Peña y algo de Santullo, por ejemplo, que con la manera en que han sido leídos algunos elementos de la obra de Fernanda Trías, acercándola entre otras escritoras a Sofi Richero. Es, quizá, una construcción en la que tenemos núcleos (los escritores) y palitos con los que unirlos; las posiblidades son enormes y superpuestas entre sí, como en un modelo ideal que posee más de tres dimensiones.
Podrá argumentarse que buscar estos parecidos y grupos de escritores (como se ha hecho por ahí y discutido en este blog) implica una simplificación excesiva; lo cierto es que para hacer un mapa hay que sacrificar detalles a la escala; lo importante es no confundir modelo con realidad y entender siempre las limitaciones inherentes a la "reducción de la realidad" que estamos usando, en rigor nada más que como herramienta a la hora de entender qué sucede a nuestro alrededor.
Todo esto para responder a preguntas cómo ¿a qué se parece lo que hacés?, o, más interesante, para leer con atención lo que se está escribiendo en estos años.
Además, todo acto de incorporar dos escritores o escrituras a un espacio en común es en realidad un acto de creación, una ficción. Si yo digo que lo que escribo tiene más en común con Cavallo y Trías que con Ressia, por ejemplo, es porque privilegio -porque mi mirada privilegia- en ellos los elementos que creo asimilables a mi escritura; esos parecidos son a posteriori, y otro escritor con quien yo no me sienta tan "compatible" podrá encontrar en Fernanda y Horacio elementos que los reunen en otro espacio posible. Todo acto de leer es una creación de segundo grado: inventamos lo que estamos leyendo, inventamos el libro que acabamos de leer. "La obra de Cavallo" desde mi escritura es una ficción; lo mismo "la obra de Santullo" o "la obra de Alfonso".
Podría cuestionarse, una vez más, la necesidad de estas especulaciones; sin embargo, como juego teórico me resulta interesante, más allá de que esté hablando de algo tan cercano a lo solipsista como "mi generación" -es decir, una entidad totalmente ficticia y, en la medida en que la defina con ciertas características, una extensión de mis tics a la hora de leer, de mis obsesiones, mis gustos, mis debilidades. No es como mirarse el ombligo, pero casi. Sin embargo, en el proceso pueden surgir pensamientos interesantes.

8 comentarios:

Wolf dijo...

¿Por qué estás tan ansioso por armar el rompecabezas de la literatura de tu generación?

Dafne Ink dijo...

Hace un par de semanas me preguntaba qué pasó en Uruguay luego de la generación del 45, en cuanto a etiquetas generacionales en literatura.
La validez de las clasificiaciones en general, la dará el tiempo.
Su validez interna,quizá esté dada por generar cierta coherencia y marco de referencia para sus participantes, para definirse o desmarcarse de sus co-generacionales.
Entonces me pergunto: qué tan individual es la creación artística?
...
Gracias por este espacio para pensar!
Saludos, Dafne

Ramiro Sanchiz dijo...

Wolf: no sé si hablar de "ansiedad"; en todo caso, no se necesitan excusas para pensar. Podrá interesar o no el tema a un tercero, pero, como dije en el post, a mí sí me interesa y por eso pensé un poquito en el asunto y seguramente seguiré pensándolo en el futuro. Si mirás hacia atrás en el blog podés encontrar algunos comentarios mios a un mapa aproximativo que trazó a principios de año Gabriel Lagos en un artículo publicado en "La diaria"; no sólo es un tema que me toca de cerca sino que además, como lector, como interesado en la literatura en general y en la uruguaya en particular, digamos, me resulta interesante. Creo que es natural mirar estrellas y dibujar constelaciones.
Dafne: lo que planteás sobre la creación artística es una pregunta inagotable, como ponerse a pensar en libre albedrio versus determinismo. Y es fácil contestarla con filosofía de pacotilla, supongo. En principio supongo que todo libro, como se ha repetido hasta el cansancio, es un tejido de otros libros; segundo, el artista es, también, un nudo en una red cuya apariencia es la de un grupo de individuos, asi que... buena pregunta. ¿Demasiada pacotilla? Creo que toda respuesta sencilla sería demasiado ingenua. Pero igual te digo que, en mi opinión (o mi creencia), de invidual tiene poco, porque, entre otras cosas, no estoy tan seguro de que existan los individuos.

Mariana dijo...

si terrible poera Jim, a mi me encanto especialmente de an american prayer "podemos planear un asesinato o empezar una religion". Nada mas acertado. Gracias por pasar por mi blog, amo tu libro! beso....

Dafne Ink dijo...

No creo que se haga filosofía de pacotilla porque se intente pensar en términos simples. Éste es el principio de la mejor formulación lógica. Tampoco sé si hay o se hace filosofía de pacotilla, si creo que hay charlatanes y mercaderes que lucran pomposamente con lo simple y los simples.
Por otra parte, si se piensa en la creación artística como un elemento de la superestructura o como parte del inconsciente colectivo junguiano, ésta no podría ser individual.
Pero entonces cuál es la unidad de la creación?
Y es el espejo el elemento principal de la creación?

Ramiro Sanchiz dijo...

Dafne: estoy de acuerdo; por filosofía de pacotilla me refería a cierto pensamiento tomado a la ligera, en el que no es dificil caer, lamentablemente. Me gusta tu enfoque desde el inconciente colectivo. En cuanto a la unidad, creo que es a Pascal (aunque no apostaría por esto) a quien cita Philip Dick cuando dice que toda la historia es pensable como un sólo hombre que va asimilando el universo. Una especie de forma del sujeto trascendental, digamos. ¿Y ese sujeto como productor de literatura? En Tlön Uqbar Borges menciona como una de las creencias Tlönianas precisamente eso: que toda la literatura es producida por una única "persona". Me gusta pensar que los individuos somos como islas en el Atlántico: desde otra perspectiva se ve que esas islas son los puntos emergidos de una cadena de montañas cuya base es amplia y común a todas las elevaciones. La literatura circula desde esa estructura profunda hacia la superficie y también, por qué no, a los picos montañosos -y volcánicos- de esas islas.

Ramiro Sanchiz dijo...

Ah, y sí, creo que el espejo es nuestro maestro, como dijo Leonardo, pero al espejo hay que mirarlo en profundidad, para adivinar qué tenemos detrás de la nuca en nuestra imagen reflejada.

Dafne Ink dijo...

Ramiro, encontré por ahí este fragmento de Juan Gelman:
"Solamente a un uruguayo se le puede ocurrir que la poesía debe ser hecha por todos y no por uno/. Que es como decir que la tierra es de todos y no solamente de uno/ que el sol no es de uno/. Que el amor es de todos y de nadie/. Como el aire/y la muerte ...", vale!