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Ramiro Sanchiz (Montevideo, 1978). Ha publicado 17 libros, entre ellos las novelas "El orden del mundo" (2014, El Cuervo, La Paz, Bolivia; primer premio de narrativa édita del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay), "El gato y la entropía #12&35" (Estuario Editora, Montevideo, Uruguay), "Las imitaciones" (2016, Décima Editora, Buenos Aires, Argentina) y "Verde" (2016, Fin de Siglo, Montevideo, Uruguay). Escribe regularmente crítica para el periódico montevideano La Diaria. Se ha desempeñado como jurado del premio Casa de Las Américas (2016), el Fondo Concursable del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay (2011) y del premio Onetti de la Intendencia de Montevideo (2016). Ha sido traducido al francés, el alemán, el inglés y el italiano.

miércoles, 21 de octubre de 2009

más líneas de un manifiesto perdido de Federico Stahl

Federico Stahl tuvo una etapa, entre el 2000 y el 2003, de reclusión en plan ermitaño, desde la que, privado (voluntariamente) de un público tanto inmediato como con mayor grado de separación, se dedicó a repensar (entre otras cosas) la situación del artista en la sociedad, particularmente en la “sociedad del arte”, como solía llamar al mundillo (tantas veces despreciable, en los dos sentidos inmediatos que surgen a la lectura) de la literatura, la plástica y otras disciplinas. Así surgieron el género cienciaficciónero del Trashpunk, que apenas vio la vida en un puñado de cuentos y novelas cortas de esa época, y también sus múltiples manifiestos, entre ellos por una literatura neo-gonzo, del que extraigo los siguientes párrafos:

Por una literatura neogonzo
Entendemos por periodismo Gonzo, a partir de su creador Hunter S. Thompson, aquella práctica periodística en la que el productor del discurso está implicado en el o los eventos que refiere, acusando un “compromiso total, concentración total y una loca suerte de desenvoltura y brío”. Dada la existencia múltiples extrapolaciones de esta noción, entre ellas la pornografía gonzo, proponemos pensar que la literatura neo-gonzo asume el mismo principio, instalando la autoficción (Proust, Hernandez, Capote, Bukowski, Levrero) en corazón de la práctica literaria, a título de esencia, de núcleo anteriormente secreto y que ha volverse explícito y conciente, con un dedo señalando los hechos y otro su cualidad de mascarada, de escenografía.
Ahora bien, ¿quién es el implicado? ¿Quién es el “yo autor” que postula esta práctica posible? Entenderemos, junto a Pessoa, que el arte siente con la imaginación, y, con Rimbaud, que el yo es siempre otros, y diremos, en la “lengua de la tribu”, que la literatura neogonzo es el arte de fingir múltiples yos productores de una literatura implicada en la vida inmediata o desde una instancia de recuerdo cuya formulación compromete el presente, su vida intelectual, anímica, espiritual, del sujeto enunciador.
Por una literatura neogonzo, una literatura vital, una literatura del escepticismo radical, una literatura de metafísica nihilista, de ontología en flujo perpetuo.

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