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Ramiro Sanchiz (Montevideo, 1978). Ha publicado 17 libros, entre ellos las novelas "El orden del mundo" (2014, El Cuervo, La Paz, Bolivia; primer premio de narrativa édita del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay), "El gato y la entropía #12&35" (Estuario Editora, Montevideo, Uruguay), "Las imitaciones" (2016, Décima Editora, Buenos Aires, Argentina) y "Verde" (2016, Fin de Siglo, Montevideo, Uruguay). Escribe regularmente crítica para el periódico montevideano La Diaria. Se ha desempeñado como jurado del premio Casa de Las Américas (2016), el Fondo Concursable del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay (2011) y del premio Onetti de la Intendencia de Montevideo (2016). Ha sido traducido al francés, el alemán, el inglés y el italiano.

martes, 8 de diciembre de 2009

llorad por nuestro futuro

Hace ya un tiempo Rodolfo Santullo, Matías Bergara y yo fuimos invitados a participar de una propuesta de gente de la Facultad de Arquitectura en torno a la tensión entre los conceptos de utopía y distopía. Los estudiantes del taller en el que se planteó el tema tuvieron que generar sus visiones utópico/distópicas a partir de un set de referencias armado por los coordinadores, bajo la forma de un mazo de cartas, que incluía mucha narrativa gráfica, mucha ciencia ficción y mucho cine. La propuesta me sedujo de inmediato; en la primera de las sesiones Rodolfo, Matiás y yo improvisamos sobre los temas propuestos desde nuestras perspectivas personales, que resultaron (no fue ninguna sorpresa, debo decir) bastante coherentes entre sí y, espero, resultaron de utilidad para los estudiantes. A la semana, más o menos, tuve la oportunidad de mirar los estadios iniciales de los proyectos a presentar, que trazaban un abanico desde un futuro de auto reclusión de la humanidad para revertir los daños al planeta hasta una civilización nómade en un planeta dominado por el agua y el hielo. Entre las influencias propuestas se encontraban clásicos como Bovedas de acero o La mano izquierda de la oscuridad, y también Blade runner, Akira, Hawkworld y otros clásicos. Los curiosos pueden leer las directivas del proyecto en el blog Antecuatrotdb, donde también están las colaboraciones que Rodolfo y yo escribimos para la ocasión. Les recomiendo especialmente mirar el deck de cartas, muy bien diseñadas y, por qué no, pasibles de convertirse en un juego al mejor estilo Magic. Aquí van las direcciones específicas de nuestros textos:
sin titulo, escrito por mí
Ucronía y distopía, por Rodolfo Santullo
Fue una experiencia gratificante y divertida. Algunos de los proyectos fueron muy sugerentes e interesantes; de los puntos en común a todas las propuestas podría leerse un reporte de la salud -buena o mala- que goza el futuro en nuestros diás. La perspectiva apocalíptica desde la ecología apareció en varios proyectos, asi como tambíen la posible alternativa de la realidad virtual y la creación de comunidades cerradas donde la hipervigilancia (como respuesta a las tan repetidas problemáticas de la "seguridad") genera miniestados a la 1984. Recorrer estas propuestas me recordó a Llorad por nuestro futuro, la mítica antología armada para ediciones Acervo por Domingo Santos, pope de la ciencia ficción española, director de Nueva Dimensión -donde publicaron los uruguayos Carlos María Federici y Wellington Gabriel Mainero- y sucesivas encarnaciones del Asimov's, entre ellas la más reciente (2002-2005, si mal no recuerdo), de ediciones Robel, que empecé a coleccionar hace unos meses e incluyó en su momento una novela corta del ciudadano de la República Separatista del Cerro Roberto Bayeto.
¿Qué pasa entonces con el futuro? ¿Ha muerto? ¿Neo lo resucitó con un beso? ¿Llegó pero, en apariencia el mismo, es en realidad un clon que nos escamotearon sin que nos diéramos cuenta, con intenciones tenebrosas? ¿Llegó y lo están demorando en aduana? ¿Nos grita desde Neverland que volverá para vengarse de todos nosotros? Creo que dije por ahí que el futuro murió entre 1997 y 1999, afirmación motivada más que nada por la historia reciente de la música; los futuros planteados por los estudiantes en U-Dis me hacen pensar que el terror está naciendo una vez más. Pensemos en películas como la reciente 2012, en la atención cíclica a la parafernalia de profecías mayas/dogon/aztecas/nostradamus/bíblicas/cabalísticas y tendremos la sensación de que el futuro está de vuelta in a handful of dust, para citar al gran T.S.E. También cabe mirar una vez más el especial 2029 de la revista Freeway, que reseñé hace poco para este blog, y ver otra cara del asunto, que me hace pensar que los futuros entusiastas y optimistas lucen más ingenuos y poco-pensados que nunca. Esto sucede cíclicamente, claro, y, además, hablar de futuros terribles versus futuros optimistas puede entenderse como algo un poco tonto, ya que es en el ojo del que mira -o lee- donde se arma la utopía o distopía, la sensación de utopía o distopía: por ejemplo, recuerdo que, de chico, las ciudades subterráneas de Asimov me encantaban; en este taller U-Dis estaban presentadas, sin embargo, como muestras de un futuro distópico. También tuve momentos en que quise vivir en el futuro planteado por Blade runner y la sensación de que el futuro colorido y -en apariencia- optimista de El quinto elemento me resultaría un verdadero infierno. Es posible que gran parte de la ciencia ficción, ante este dilema de cómo representar lo deseable u odiable del futuro se haya mudado -y en esto pudo haber colaborado la tremenda aceleración del cambio tecnológico- del viejo futuro, parcela que en algún momento se habrá sentido como ya colonizada (Asimov, Herbert, Heinlein, Simak), a las realidades alternativas, las ucronías en plan El hombre en el castillo o las más recientes y deslumbrantes posibilidades de la estética steampunk, una favorita personal cultivada por genios como Alan Moore.
Quizá sea posible escribir una historia del futuro armando sectores, áreas de la exploración prospectiva desde la ciencia ficción. El porvenir nostálgico (o nostalgizado) de Bradbury, el optimismo con sombras y luces bien recortadas de Asimov, el territorio inquietante por lo cercano de Philip Dick, el presente infinito de J.G.Ballard, los futuros deformados por la tremenda distancia (como la luz de las estrellas y su demora proverbial y sus lentes gravitatorias y su terror de distancias recorridas por geodésicas casi curvas del espaciotiempo) de Frank Herbert, el futuro a la vuelta de la esquina o fundido en el presente de William Gibson... ¿qué patrones podemos reconocer? Ballard supo que todos los futuros no hacen más que hablar del presente, que todos los futuros están anclados en el pasado inmediato. Podemos, entonces, psicoanalizar nuestra época a través de un intento de entender las diferencias entre los futuros soñados, las utopías y las distopías, los milenios en el futuro y los cuentos sobre pasado mañana o sobre anteayer. Pero quizá las conclusiones, como siempre, lleguen demasiado tarde. Si es que las hay, si es que son posibles.

3 comentarios:

great! dijo...

agradezco mucho tu colaboración en el seminario U DIS. La verdad que fue una muy buena experiencia de cruzar distintas visiones y formas de ver el mundo que nos rodea!

Telemías dijo...

Bueno... el texto es claro en cuanto a sus pensamientos, pero debo decir que, para mí, el futuro no encierra grandes cosas, ni malas ni buenas, simplemente más de lo mismo, m,ediatizada eso sí la realidad con tecnologías que imagino más distantes, pero en sí el tiempo es fruto de las disposiciones humanas (a priori diría Kant), y el ser humano presumo que no ha cambiado tanto...

La frontera entre China y París dijo...

Me ha gustado su texto y me hubiera gustado asistir a ese seminario. Me gustaría decir que uno de las cosas que más me gustan de Dick es su capacidad de impregnar sus novelas de elementos de su propia vida, de sus experiencias con sus compañeras o de su conversión al cristianismo, com oes el caso de Blade Runner. Tal y como afirma Ballard, eso sí que es ciencia ficción que habla del presente.
Saludos