Desglosar el currículum de Ramiro Sanchiz (Montevideo, Uruguay, 1978) nos haría incurrir en el riesgo de que esta entradilla fuese más extensa que su relato “Paisaje con grupo y mujer”. Baste saber que, pese a su juventud, es uno de los nombres indispensables de la literatura fantástica a ambos lados del Charco. Este licenciado en filosofía y letras vive de la docencia y el periodismo cultural, y además es compositor y guitarrista en un grupo de rock. Forjado en publicaciones ya clásicas como Galileo, Axxón o Ad Astra, ha publicado la novela 01.lineal (Anidia Editores), el poemario Retratos en sendos recopilatorios editados en Uruguay y República Dominicana, y ha participado en el ensayo colectivo Proust y Joyce en ámbitos rioplatenses. Todo ello nos sirve para entender mejor “Paisaje de grupo y mujer”. Basándose en las técnicas del relato ultracorto, Ramiro Sanchiz urde una historia que puede leerse en clave de reflexión sobre el arte dentro del arte, la vida dentro del arte y un homenaje indisimulado al Bosco, Miguel Ángel, Bacon, Oscar Wilde y, sobre todo, a un genio de la literatura y la pintura tan poco reconocido como del agrado del autor: Alasdair Gray. Y todo ello en apenas cuatro páginas, en las que, más que teclear sobre un ordenador, podría decirse que el autor se ha dedicado a dar finas pinceladas sobre un lienzo.
jueves, 29 de enero de 2009
"paisaje con grupo y mujer" en Artifex número 3
Desglosar el currículum de Ramiro Sanchiz (Montevideo, Uruguay, 1978) nos haría incurrir en el riesgo de que esta entradilla fuese más extensa que su relato “Paisaje con grupo y mujer”. Baste saber que, pese a su juventud, es uno de los nombres indispensables de la literatura fantástica a ambos lados del Charco. Este licenciado en filosofía y letras vive de la docencia y el periodismo cultural, y además es compositor y guitarrista en un grupo de rock. Forjado en publicaciones ya clásicas como Galileo, Axxón o Ad Astra, ha publicado la novela 01.lineal (Anidia Editores), el poemario Retratos en sendos recopilatorios editados en Uruguay y República Dominicana, y ha participado en el ensayo colectivo Proust y Joyce en ámbitos rioplatenses. Todo ello nos sirve para entender mejor “Paisaje de grupo y mujer”. Basándose en las técnicas del relato ultracorto, Ramiro Sanchiz urde una historia que puede leerse en clave de reflexión sobre el arte dentro del arte, la vida dentro del arte y un homenaje indisimulado al Bosco, Miguel Ángel, Bacon, Oscar Wilde y, sobre todo, a un genio de la literatura y la pintura tan poco reconocido como del agrado del autor: Alasdair Gray. Y todo ello en apenas cuatro páginas, en las que, más que teclear sobre un ordenador, podría decirse que el autor se ha dedicado a dar finas pinceladas sobre un lienzo.
sábado, 17 de enero de 2009
levrero luminoso
mi artículo "Mario Levrero, el otro y yo", que apareció hace unos meses en la revista Axxón,y al que seguirán -espero que pronto- dos trabajos más, uno sobre El discurso vacío y otro sobre La novela luminosa.Desplazamientos de Mario Levrero
En Uruguay tenemos el caso Mario Levrero.
No es que fuera un desconocido hasta su muerte el 31 de Agosto del 2004, pero sí que era un “raro” (todavía hoy se habla de los “raros” de la tradición uruguaya, tomando prestado el título del libro de Rubén Dario), un autor esquivo, mal y/o poco leído, considerado por la “oficialidad” de la cultura un tipo más o menos impresentable que había escrito un par de novelas atendibles y que era reclamado por gente famosa por su excentricidad, como los escritores y lectores de ciencia ficción, literatura fantástica, surrealismo y otras hierbas que, a la luz de la tradición central (por estos días sobre la mesa de autopsias, gracias a Crom, Tutatis, Belenos y Glycon) de nuestra literatura, parecían poco más que una curiosidad. Levrero era, entonces, el abrojo incómodo que esta gente trataba de ignorar; había trabajado en guiones de historieta (otro pecado), en humor y juegos de ingenio, y firmado un enorme volumen de literatura inclasificable, que es donde, precisamente, se encuentra el problema principal. Lo que no se sabe donde guardar, se deja de lado. Si tenemos ganas –o alguna razón política-de incluirlo, se le inventa un cajón con un nombre interesante y se halaga al autor por su “originalidad”; nada de esto sucedió con Levrero. Políticamente independiente, irritó tanto a la izquierda como a la derecha, de modo que nunca perteneció a ninguna agenda que le diese relieve; poco o nada interesado en el reconocimiento y la fama, tampoco cultivó las relaciones públicas, excepto con un grupo de allegados que incluía músicos, artistas plásticos y escritores, quienes posteriormente trabajarían los cimientos de una generación de “levreristas” que, por estas fechas, están cerca –o bastante cerca- del “poder” literario. Además, fallecido el autor, se acercan los buitres. Es el momento de las reediciones, las recopilaciones de novelas, del relanzamiento del autor, ahora –cuando se ha vuelto inofensivo, cuando ha crecido tanto su comunidad de lectores que no puede seguir siendo dejado de lado- elevado a la categoría de “maestro invisible” y exportado al resto de Hispanoamérica.
Por lo tanto, cantar loas a Levrero se ha vuelto fácil y oportuno. Lo cierto es que siempre las mereció. Fue Mario un escritor que unió como pocos su vida –y por vida entiendo pasiones, reflexiones, creencias y adicciones- y su obra, entendiendo siempre que su literatura (jamás hubiese dicho “la” literatura) era el instrumento para indagar el misterio esencial de su vida y su existencia, y aquí sí –creía Levrero- podía hablarse de “la vida” y “la existencia”. Lo espiritual –no a la manera fácil de la new-age y el esoterismo recalentado y descafeinado de moda- fue un eje de su vida y su literatura; basta con leer la novela de juventud Paris, y desde esta perspectiva abordar su obra póstuma La novela luminosa, para entender las hondas preocupaciones que se extendieron a lo largo de esos 64 años que le tocó vivir.
Es ahora que empiezan a surgir libros de la crítica especializada tramando lecturas y aproximaciones a
Si se tratase de presentar
Esta división en tres etapas deja por fuera la actividad de Levrero en los campos del humor y los juegos de ingenio, pero él mismo trazó una demarcación al publicar su obra “literaria” bajo el nombre “Mario Levrero” y la “otra” bajo múltiples nombres, entre los cuales aparece Jorge Varlotta, que era su nombre “oficial” ante el estado y sus instituciones (Jorge Mario Varlotta Levrero), entidades irritantes y perniciosas que, por suerte, tuvo siempre el buen tino de ignorar. Como toda periodización, se vuelve inútil a la hora de considerar
Una vieja foto de otro grande de estas latitudes, Juan Carlos Onetti, permite ver una inscripción en la pared: “el error es dejar entrar al mundo”. Levrero hubiese apoyado alegremente esa sabia sentencia.
martes, 13 de enero de 2009
constelaciones
Pocos días después de la mudanza, A y B encuentran, en el fondo de un armario, una caja de cartón cerrada con cinta adhesiva. Tomándola al principio por uno de sus tantos embalajes los sorprende encontrar un número considerable de fotografías, muchas de ellas amarillentas por el paso del tiempo. Las miran con asombro creciente: ninguna de las imágenes los muestra, sino a otra pareja, llamémoslos Y y Z, de rasgos vagamente familiares y retratada en lo que parece ser una luna de miel, una fiesta de primer cumpleaños de un hijo, el nacimiento de otro, retratos sucesivos de escolares, de viajes, de vacaciones de verano, playas, lagos, campos, casas de veraneo compartidas con la familia, niños que se han convertido en adolescentes, marcas cambiantes de automóvil, casas, edificios, caras y momentos recónditos que parecen volver cóncavo el pequeño tiempo que contienen. A siente la cercanía de lo maravilloso. Han encontrado, dice, la suma de la vida de dos personas. B sugiere que se trata de los antiguos propietarios del apartamento: no cabe otra opción. Las primeras fotos, concluyen basándose en los colores desteñidos y la moda en las prendas de vestir, se remontan a mediados de los ochenta; las últimas, al año dos mil o poco más. Hay cerca de cuatrocientas, muchas sueltas pero algunas pegadas prolijamente a dos grandes álbumes. ¿Qué hacer? se preguntan. Pronto se les impone una opción: lo correcto sería buscar a estas personas y devolverles su pasado, su tiempo perdido; pero, ¿cómo hacerlo? Llaman a la inmobiliaria donde gestionaron la compra del apartamento: la propietaria anterior es una señora de edad avanzada; obtienen su teléfono y la llaman: sí, les responde, le compré el apartamento en el
