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Ramiro Sanchiz (Montevideo, 1978). Ha publicado 17 libros, entre ellos las novelas "El orden del mundo" (2014, El Cuervo, La Paz, Bolivia; primer premio de narrativa édita del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay), "El gato y la entropía #12&35" (Estuario Editora, Montevideo, Uruguay), "Las imitaciones" (2016, Décima Editora, Buenos Aires, Argentina) y "Verde" (2016, Fin de Siglo, Montevideo, Uruguay). Escribe regularmente crítica para el periódico montevideano La Diaria. Se ha desempeñado como jurado del premio Casa de Las Américas (2016), el Fondo Concursable del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay (2011) y del premio Onetti de la Intendencia de Montevideo (2016). Ha sido traducido al francés, el alemán, el inglés y el italiano.

viernes, 26 de febrero de 2010

Cuasar 49


Gracias a la amabilidad de su incansable editor, Luis Pestarini, he podido incorporar a mi colección de revistas de ciencia ficción la última edición de Cuasar, que lleva el número 49. Lo primero que llama la atención es la mejora en la calidad de la tapa, ahora en un papel satinado de mayor gramaje y presentando una interesante ilustración del artista Drizzd. También ha cambiado -para mejor, en mi opinión- el diseño del interior de la revista, con una diagramación que mantiene la personalidad de la Cuasar clásica a la vez que adopta una estética más contemporánea; la idea básica de este diseño se debe al además escritor Marcelo Di Lisio, cuyas ficciones, o al menos algunas de ellas, pueden leerse en la revista Axxón.
Lo que sigue es una reseña de los contenidos de la revista.

Blue, de Pablo Dobrinin. Soy amigo de Pablo desde 1994, pero lamentablemente -la culpa es mía- sólo he leído tres o cuatro de sus cuentos, o quizá menos (de hecho, ahora me viene a la mente únicamente "El jardín", que fue publicado en Diaspar #2); en todo caso, y si la tantas veces citada ley de Sturgeon fuera verdad (que lo es -el 90% de todo es burdo), aunque no tenga acceso ahora a la mayor parte de la obra de Pablo, está claro que "Blue" debe pertenecer a su feliz 10%. Narrada en un estilo especialmente cuidado, que por momentos parece alcanzar cierto sabor a un destilado de las 1001 noches (una 1001 noches en primera persona) y que sólo parece trastabillar un poquito ante algunas imágenes en las que la pretensión a la hora de articular las imágenes (muy lograda en el conjunto del relato) parece acercarse a cierto lugar común de lo "poético" (ejemplo: "escapó un grito que rasgó como una uña afilada la piel de la noche"), "Blue" es un cuento atrapante y sugerente. En una segunda leída, de hecho, cabe pensar que uno de los móviles del relato es dar cuenta de lo arquetípico (y aqui Pablo no sólo exhibe su conocimiento de la obra de Carl Jung sino su propio desarrollo paralelo -en el terreno ficcional- del tema), y, para lograrlo, podía ser necesario acudir aqui y allá a un lenguaje "consagrado" que moviera en el lector (después de todo "Blue" es un cuento breve, no hay espacio para construir climas y estructuras de largo aliento) respuestas asimilables a la tradición poética. El relato parece transcurrir muy cerca y a la vez muy lejos del lector; su mundo es parecido al nuestro, pero sólo porque se apoya en el fondo de nuestros sueños: el resto es otra proliferación, una construcción más que válida -e interesante- en sí misma. Como dejando de lado los cuentos puntuales sí recuerdo -no descarto que sea por charlas cerveza mediante- bastante del espacio ficcional de Pablo, me parece muy claro que en "Blue" Dobrinin se convierte en uno de los mayores representantes locales de lo fantástico, incluso en la compleja tradición de lo fantástico en Uruguay, la línea Felisberto Hernandez - Mario Levrero, que Pablo mira de lejos, con respeto y recuerdos en los bolsillos, pero, a la vez, buscando otra cosa. Estoy casi seguro de que en su obra ya no se puede hablar ni de fantasía ni de ciencia ficcion; fantástico es una etiqueta cómoda, por lo amplia, pero en realidad no dice gran cosa.
Elefantes melancólicos, de Spider Robinson. Si en lugar de un cuento el señor Robinson hubiese escrito un artículo jugando con las ideas que aparecen aquí, me hubiese parecido sumamente sugerente y le hubiese agregado la posibilidad de hacer conversar sus ideas con las del finado Pierre Menard; como cuento, "Elefantes" es un ejemplo perfecto de cierta forma sumamente clásica (y gastada) de la ciencia ficción, no de mis favoritas, a la que cabría llamar cuento-diálogo, con una mínima narrativa para justificarlo. Es simpático, ante todo, y las ideas (ilustradas en el diálogo) son interesantes, aunque no del todo desarrolladas, me parece. Ante la radicalización absoluta del concepto de derechos de autor y la posibilidad de entender las artes como combinaciones limitadas de unidades discretas, ¿qué futuro le queda a la música, la poesía y la pintura si "nada" puede repetirse?
Piriápolis 1977-1978 - diario de lecturas, de Elvio E. Gandolfo. Lo contrario que en el caso anterior; si fuera un cuento (lleno de apócrifos, por ejemplo) me parecería genial. Se trata de un inventario de opiniones y descartes, tomado de las lecturas que hiciera Gandolfo entre los años del título. Me hizo pensar en un robot o computadora a la que alimentan con un flujo contínuo de literatura para que la clasifique en dos casillas, bueno y malo, "me gusta" y "no me gusta". A veces -pero está bien, se trata claramente de notas que debían estar ante todo destinadas a sí mismo... salvo que haya un "cuento", una "ficción"- parece que se le niega toda oportunidad a los textos; es posible que esté de acuerdo en todo -o casi todo- (su lectura de Una mirada a la oscuridad de Philip Dick me agrada, por ejemplo), pero hay algo compulsivo en el juzgar, en el encasillar y pasar a otra cosa. En todo momento, además, se asumen ciertas reglas, pautas o códigos de la narrativa (Gandolfo, de hecho, en general reduce todos los libros comentados a su argumento), sin permitirle a los textos la posibilidad de querer construirse desde otra parte. En otras palabras: se nota la erudición (¿quién podria dudarlo ante Gandolfo?) pero no hay, casi, rastro alguno de empatía. En mi opinión, no es un texto a publicar; salvo que ante un conjunto de notas Gandolfo las haya formateado como artículo, corregido aquí y allá, acercándose -quizá- al posible cuento al que aludía al principio de esta minireseña. Los años 77 y 78 fueron elegidos quizá -entre otras razones, me imagino- para hacer aparecer el nombre de Spider Robinson, uno de los pocos autores que casi siempre se salvan de caer en la cajita fea del robot.
La trama del vacío, de Teresa P. Mira de Echevarría. Me desconcertó por completo. Si me apuran, el punto bajo de un número que brilla en las ficciones y decae un poco en los artículos principales (no así en la editorial y la sección bibliográfica). Además, me hizo entender que pese a que normalmente me gusta hablar de mi rechazo por el tono rígido de la filosofía académica, cuando encuentro algo tan alejado del academicismo como este artículo se me ponen los pelos de punta. Quizá no entendí el lenguaje. Pero lo que dice está claro, porque en gran medida tampoco dice "mucho"; habla del no-ser, del vacío, de la nada, del absoluto, de la idea que asimila la plenitud al no ser , y da tres ejemplos cienciaficcioneros. Leamos: "Sin entidad, sin ser, ni realidad existencial, el vacio -esa suma de ceros- aparece (¿aparece realmente? ¿o brilla por su asencia?) como pura negatividad; y, como tal, como un absoluto. El vacío es, sin más, la ausencia". No digo que al tópico no dé para explorarlo, claro que dá... de hecho, para hacerlo se necesitarían páginas y más páginas y más páginas y más... Un examen literario del asunto no puede, por ejemplo, excluir a Mallarmé, quien escribió -y en abundancia- sobre el tema, tanto bajo la forma de ensayo como de poesía. Podrá objetarse, por supuesto, que el objetivo de la nota es ante todo hablar del vacío en los tres textos mencionados (de Spinrad, Malzberg y Delany), pero, a la vez, el comentario sobre esas ficciones sólo ilustra los puntos apuntados de un modo muy impresionista en los primeros párrafos. No sé. Quizá no entendí a qué se apuntaba.
Editorial -ídolos con pies de barro, de Luis Pestarini. Breve pero densa nota sobre ciertos clásicos de segunda fila y los mecanismos que los consagran en el canon de la ciencia ficción pese a su aparente falta de valores literarios. Se me ocurren varias respuestas que podrían seguir la polémica; una de ellas: los valores literarios en el contexto de la ciencia ficción, ¿son los mismos que, por ejemplo, los que usamos para juzgar la literatura del alto modernismo -Proust, Joyce, Faulkner, etc? ¿Debe haber un sistema de valores único? ¿O se preferiría la noción de literaturas, en plural, cada una con sus códigos? A su vez, ¿eso no alimenta la condición de gueto de las literaturas de género? ¿Y quién hace el canon en la ciencia ficción?
Cuasarianas: Una desconocida pieza teatral de los '20, de Luis Pestarini. Reseña de una obra estrenada en Argentina en 1924, con temática asimilable a la ciencia ficción. Interesante como reflexión sobre la construcción del futuro en el pasado y como la influencia de las ideologías dominantes en la literatura. El número de la predicción, de Mike Resnick. El autor de El germen (lo siento, Resnick ha escrito mucho más, pero esa novela es la única que conozco) comenta un número histórico de la revista Astounding Science Fiction, en la época del facho Campbell y su set de autores clásicos, Asimov, Heinlein, Van Vogt, Lester del Rey, Sprague de Camp y, por lejos el mejor, Theodore Sturgeon.
Bibliográficas, notas de Gonzalo Carranza, Elvio E.Gandolfo, Claudio Barbeito, Amelia Gómez Centurión y Luis Pestarini sobre libros de M.John Harrison, Fogwill, Jorge Baradit, Robert V.S. Redick, Iván Molina Jiménez, Fredric Brown y otros. En esta oportunidad la sección de reseñas me gustó más que en números anteriores (ya he hablado del tema en mi anterior reseña de números de Cuasar); sobresalen la lectura de Gandolfo (aquí sí, totalmente empática) sobre la novela Un guión para Artkino, de Fogwill, que quiero conseguir a la brevedad, y la de Synco, una novela ucrónica de Jorge Baradit, escrita por Claudio G. Barbeito.

En balance, un buen número de Cuasar, con una sólida sección de ficciones,para todos los gustos (el enfoque personalísimo de Dobrinin y el relato hiperclásico, Heinleiniano si se quiere, de Spider Robinson), dos artículos que encontré más flojos por razones personales (especialmente en cuanto al de Gandolfo, que, en cuanto expresión de opiniones -compartidas gran parte de ellas- es inobjetable), y un conjunto interesante de secciones bibliográficas.
El próximo número -el 50- promete un formato libro, con más ficción de lo habitual. Pestarini lo anuncia para el mes de Abril. Habrá que esperar!!!

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