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Ramiro Sanchiz (Montevideo, 1978). Ha publicado 17 libros, entre ellos las novelas "El orden del mundo" (2014, El Cuervo, La Paz, Bolivia; primer premio de narrativa édita del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay), "El gato y la entropía #12&35" (Estuario Editora, Montevideo, Uruguay), "Las imitaciones" (2016, Décima Editora, Buenos Aires, Argentina) y "Verde" (2016, Fin de Siglo, Montevideo, Uruguay). Escribe regularmente crítica para el periódico montevideano La Diaria. Se ha desempeñado como jurado del premio Casa de Las Américas (2016), el Fondo Concursable del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay (2011) y del premio Onetti de la Intendencia de Montevideo (2016). Ha sido traducido al francés, el alemán, el inglés y el italiano.

viernes, 2 de abril de 2010

the rise and fall of Led Zeppelin and the delights of art

Con Federico Stahl (verdadero fan hardcore de Page, Plant, Bonham y Jones, guitarrista de Valhalla, una ingenua y primitiva -1998-2000- banda de covers zeppelineros), largamente hemos discutido la posibilidad de pensar que la discografía de Led Zeppelin -y por extensión la de cualquier banda- encierra una historia no sólo en el sentido inmediato de las circunstancias biográficas o los contextos de producción sino también como derivada de la música en sí misma, como si se tratara de una línea de vida paralela o subterránea a la pública, la de las personas, la de los actores. Esa línea, ese eje, sólo puede articularse bajo la forma de una ficción, hiperbólica en este caso. Sigue, entonces, un esquema posible de los álbums de la más grande banda de rock de todos los tiempos: Los conceptos son casi todos de F.S.; la mínima moderación y el estilo ampuloso, míos; la cosmogonía gnóstica implícita, nuestra y del fantasma siempre presente de Philip K Dick. El título, por supuesto, es de David Bowie; Federico quería añadir al "delights" un resignado -y proselitista- "miseries", pero apelando a un ritmo y sonido deficientes logré disuadirlo.

1. Led Zeppelin I: El surgimiento, la fuerza, el poder. Casi irreflexivo, bestial. Carece de la sabiduría de trabajos posteriores pero todo lo compensa con atrevimiento, el orgullo gallito del rock. La banda ha roto el cascarón, mira el mundo y piensa "poca cosa, ¡podemos con ellos!". Su primera opción: mostrar qué son capaces de hacer con lo dado en el origen, y desarman al blues para rearmarlo en el profético "Dazed and confused", un manifiesto sobre el principio -sobre los mitos y la ética del principio-, como Jimi Hendrix tocando "Voodoo chile" en fusión con África y las culturas originarias de Norteamérica, como Guns n' roses, años después, destripando "Knockin on heaven's door".

2. Led Zeppelin II: El río de fuego del zeppelin incendiado se ensancha, se configura, se ordena, se formatea con autoconciencia. La banda miró hacia atrás y entendió lo logrado, asumió el gesto inicial y entendió a la perfección las posibilidades implícitas. En una palabra: virtuosismo. Exhibicionismo de puro poder musical, entre las fundas de Led Zeppelin II "Whole lotta love" puede convivir con "Ramble on", "Thank you" con "The lemon song", y en un destello metatextual, permitirse un "Bring it on home" análogo (¿idéntico?) al sentido del "Get back" de los Beatles, en el caso de Zep, la evolución desde el blues hasta el hard rock puro y riffero vuelta canción. Zeppelin tiene la fuerza necesaria para reescribir la historia que los llevo a dónde están; el formateo se extiende hacia atrás y hacia adelante, y aunque no sea posible, en rigor, lograr ese objetivo, ellos actuarán como si lo hubiesen hecho, como todos los genios.

3. Led Zeppelin III: Después de la exhibición de virtuosismo y versatilidad Zep decide probar que los contornos trazados recién han de ser abolidos; "deben desbordar los recipientes" concluyen y graban "Gallow's pole" y "Friends", y después, para mostrar que no han olvidado la sustancia de la que está hecha su fuerza, se permiten "Inmigrant song", "Out in the tiles" y el poderío dramático de "Since I've been loving you". La placidez casi onírica de "That's the way" esconde un núcleo ominoso, estallado en "Hats off to Roy Harper": Si "Since I've been loving you" era un blues perfecto y aplicado, con los atributos de un estilo personal ya construido, si "Bring it on home" era una declaración histórica, "Hats off" demuestra que la banda tiene el poder necesario para destruir al blues y mutar hacia la casi ilegibilidad, como un verdadero monstruo.

4. Sin título, "Led Zeppelin IV", "Cuatro símbolos": La banda se arranca a sí misma de su evolución y construye su primera joya absoluta y perfecta, refinada, brillante, precisa, que en su visión original carecía de nombre y de firma. ¿Quienes podrían alardear de un "Grandes éxitos" al nivel de este disco? pero "Led Zeppelin IV" es un álbum, no un compilado artificial. La banda de Jimmy Page ha subido el standard hasta alturas inesepreadas. El cansancio generacional de "Going to California", "Stairway to heaven" con la mejor entrada de una batería en la historia del rock, el guiño metatextual de "Rock and roll", el viejo núcleo bluesero en "Black Dog", el tema-monstruo en "When the levee breaks"... la banda empieza a entender que no podrá ir más allá, que ha dado un salto cuántico irrepetible, superior incluso a sus propias capacidades. Page, Plant, Bonham y Jones han logrado grabar un disco que supera sus propias habilidades como músicos. ¿Qué hacer a continuación? La pregunta aun no es planteada, excepto al entender que "Led Zeppelin IV" no mira al futuro. Es una isla atemporal, autocontenido, y si mira hacia atrás es porque posee un cuerpo ("Four Sticks", "When the levee breaks"), un alma ("Going to california"), un espíritu ("The battle of evermore") y la combinación de los tres ("Stairway to heaven"). La alquimia de Jimmy Page ha creado al homúnculo: El disco vive en sí mismo, podría desligarse de la discografía que lo precede, a la que necesitó solo para nacer, pero no tiene futuro, está fuera del tiempo. Su única trampa es su solipsismo inevitable, hijo de la perfección.

5. Houses of the holy: Hasta aquí el camino del artífice, como una galería de arcanos del tarot o estaciones en el proceso del héroe arquetípico, el artista fundamental. ¿Qué hacer después de la perfección? ¿Morir? ¿El silencio? La banda regresa al tiempo y entiende que puede mantener su excelencia. "The rain song", "Over the hills and far away" y "The song remains the same" retrabajan elementos preexistentes con mayor sabiduría (después de todo han aprendido de la maravilla que desataron con su disco anterior), y anuncian una dirección a seguir. A diferencia de Led Zeppelin IV, Houses, el primer disco de la banda en llevar un título real, mira hacia adelante. Pero algo del impulso parece haberse perdido. "D'yer mak'er", "Dancing days" y "The crunge" serían geniales en cualquier otra banda, pero en Led Zeppelin no parecen estar a la altura. El disco no se resiente, de todas formas. El cierre con "The Ocean" actualiza lo mejor de Led Zeppelin II: "estamos aquí", parecen decir, "hemos vuelto". La energía de Zeppelin se dispersa (la entropía es ineludible), pero es tan grande que la belleza de su dispersión es la de una supernova.

6.Physical Graffiti. ¿Por cuanto tiempo seguirán siendo vigentes las visiones de futuro? ¿Por cuánto más podrán recorrese estos caminos? Las preguntas abruman a la banda, que empieza a descubrir signos de cansancio, de vejez. Pero la opción es clara. Armar un catálogo de todo lo que saben hacer, tema por tema, canción por canción, melodía por melodía, sección por sección; reinventar Led Zeppelin desde el principio: armar una antología ucrónica de una banda que podría haber sido, un Led Zeppelin alternativo pero análogo al "real". Y todos los cortes de este disco doble estan bañados por una luz ajena, una cierta otredad. "Kashmir" es la obra maestra indiscutible de la banda, pero no está en la misma línea que "The rain song" o "Stairway to heaven": está en una recta paralela. Por momentos suenan a un Zeppelin diferente y extrañamente reconocible: "Ten years gone", "Down by the seaside", quizá extraños clones de Led Zeppelin III y Houses of the Holy; también hay un blues reformulado, pero ahora de otra manera, como si en el origen de la banda otras decisiones hubiesen sido tomadas: "In my time of dying". Y hay bordes de la luz, subproductos, esquemas (como debería haberlos en un album que historice una banda), "Black country woman", "Boogie with Stu", "Sick again", hay tambíen alegría creadora ("Night flight"), incluso alegría extraña y ominosa ("In the light"), incluso el equivalente ucrónico de un "Black dog", de un "Livin' lovin' maid", de un "Out in the tiles": "Custard pie", "The wanton song" y "Trampled underfoot". Pero también está clara la presencia innegable de una losa, un límite. La banda mostró su avance, la banda mostró su salida a un nirvana fuera de su propia historia, la banda mostró su pulsión agónica y trágica hacia el futuro (que vuelve a Houses el disco desolador que es cuando se lo escucha de cerca): ahora sólo podía ordenar la dispersión, repasar sus líneas con marcador negro y armar su propio catálogo. Pero a partir de aquí sólo se puede caer; ya no hay suelo bajo sus pies.

7. Presence: La banda, ciega, herida, a los tumbos, se aferra a la vida y para hacerlo juega la carta más ardua: configura su yo, su imagen, su esencia; lo que antes era mutable, lo que antes era devenir, ahora se ha cristalizado, petrificado, fosilizado. Led Zeppelin ha terminado por creerse su propia caricatura, por asumirse en cuanto entidad limitada. La llama se apaga o amenaza con apagarse; todas las fuerzas de las que hacen acopio apenas logran animar "Achilles' last stand" y "Nobody's fault but mine".

8. In through the out door: La ceguera domina, pero hay momentos en que los ojos se abren. "La caricatura ha de ser deshecha", dice uno de los cuatro o los cuatro a la vez en cuanto unidad supraindividual, y Zeppelin debe demostrar que no se trata solo de blues y de hard rock, de ser una aeronave de plomo y un prodigio de virtuosismo. "Fool in the rain", "South bound Saurez", "Hot dog" y sobre todo "Carouselambra" intentan armar direcciones que la banda no había tomado en sus años heroicos; lo alcanzan apenas a medias, fracasan, pero hay entusiasmo, hay energía. Zeppelin está intentando resurgir después de haber tocado fondo o casi haber tocado fondo, pero está a años luz de la fuerza de su primer disco y el nuevo cascarón esta reforzado por años y años de experiencias, de cansancio. Surge una mano, un rostro, un destello; la gran apuesta: "All my love", al final de su última entrega, (antes de esa especie de visión postmortem que es "I'm gonna crawl", que parece tocada por una banda invitada al funeral, veteranos de camisa sudada y ojeras mirando sin entender al ataud abierto) como si por un momento Page, Plant, Bonham y Jones entendiesen que su intento de regreso está muy por debajo de lo que debió ser y queda como única posibilidad una sonrisa de aceptación resignada, nostalgia por las glorias pasadas y honestidad. "All my love", quizá la canción menos atrevida de Zeppelin, la más humilde, la más serena, quizá -por esas razones- una de las más hermosas. Atrás quedo la exhibición de poderío; ahora solo permanece el trazo sinuoso de una melodía que va desprendiéndose de sus vestiduras con una tranquila desesperación, resignada, desesperanzada. Zeppelin ha cantado el destino del mundo: finalmente, en su retirada, han tocado una vez más lo eterno. Están despidiéndose, sí, los vemos saludar en la lejanía, pero en ese último gesto nos regalan una obra maestra, quizá la que siempre esperamos de ellos.

9. Coda: las sobras del banquete. Las hojas que los invitados al entierro pisotean sin querer mientras abandonan el cementerio.

5 comentarios:

Ramiro Sanchiz dijo...

El título podría traducirse -por las dudas- como "El ascenso y caída de Led Zeppelin y las delicias del arte"

Emerre dijo...

Tanto joden con ese Phillip Dick... lo voy a tener que leer.

Ramiro Sanchiz dijo...

Totalmente... te recomiendo empezar por "El hombre en el castillo"

Emerre dijo...

Ya que estamos, qué me recomendás de Ballard?

Ramiro Sanchiz dijo...

Para empezar a acercarse a Ballard, te recomiendo "El mundo sumergido" o los cuentos de "Vermillion Sands"; de hecho, la edición próxima edición de mi columna "Mitos del futuro", el miércoles 10, va a ser sobre "El mundo sumergido"