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Ramiro Sanchiz (Montevideo, 1978). Ha publicado 17 libros, entre ellos las novelas "El orden del mundo" (2014, El Cuervo, La Paz, Bolivia; primer premio de narrativa édita del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay), "El gato y la entropía #12&35" (Estuario Editora, Montevideo, Uruguay), "Las imitaciones" (2016, Décima Editora, Buenos Aires, Argentina) y "Verde" (2016, Fin de Siglo, Montevideo, Uruguay). Escribe regularmente crítica para el periódico montevideano La Diaria. Se ha desempeñado como jurado del premio Casa de Las Américas (2016), el Fondo Concursable del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay (2011) y del premio Onetti de la Intendencia de Montevideo (2016). Ha sido traducido al francés, el alemán, el inglés y el italiano.

lunes, 3 de mayo de 2010

Chinese Democracy

Para empezar por lo más obvio: la expectativa generada a lo largo de por lo menos una década debe entenderse como uno de los dos handicaps "de origen" más importantes de Chinese Democracy; el segundo, para los fans clásicos de la banda, sería la ausencia de elementos considerables como esenciales a la música de Guns N' Roses, particularmente la guitarra de Slash.
En cuanto a la expectativa, dificilmente podría cualquier disco estar a la altura de la ansiedad que generó el tiempo que pasamos esperando Chinese Democracy. Si Led Zeppelin, por pensar como ejemplo a la banda de (hard) rock indiscutiblemente más importante hasta la fecha, hubiese demorado 10 años en lanzar un disco que siguiera a Led Zeppelin IV, Houses of the holy, pese a sus excelencias evidentes ("The rain song", "Over the hills and far away", "No Quarter" y "The ocean") no habría generado más que una tibia desilusión. Cualquier sonido que surgiera de Chinese... no sólo sería medido contra el standard de la banda (altisimo teniendo en cuenta los Use your illusion y el clásico Appetite for destruction) sino contra la construcción ideal de "disco que lleva tanto tiempo de planeación" y la expectativa creada por las declaraciones de Axl y los mínimos avances ofrecidos al público (muchos de ellos desilusionantes, como la actuación en Rock in Rio, otros más interesantes, como el tema "Madagascar"). El producto final siempre iba a ser "menos" que lo imaginado/deseado por los fans, y claramente lo fue. De hecho, solo pasada una primera etapa en la recepción del disco podría juzgárselo por lo que es, no por lo que "debió" o "pudo" ser. Pero ya volveré a este punto.
El segundo handicap es más interesante, porque nos plantea varios interrogantes. Para empezar: ¿existe la esencia de una banda? Es inimaginable que los Beatles cambiaran alguno de sus integrantes, pero, por otro lado, los elementos en común entre la banda que grabó "Why don't we do it in the road" o "Helter Skelter" o "I want you (she's so heavy) y a la que debemos "Please Mr.Postman", "I want to hold your hand" o "She loves you" son tan generales (o ideales, o a posteriori) que parecen análogos a cierto tipo de items que podrían tener en común bandas tan diferentes como Pink Floyd y Marilyn Manson. Es verdad que Queen sin Freddie Mercury "no es Queen", o que The Doors sin Morrison "no es The Doors", pero basta con examinar la carrera de Black Sabbath para pensar que lo de "vocalista irremplazable" no es necesariamente una ley general. Podría pensarse en un espectro de bandas de acuerdo a un valor "decreciente" de "esencia". Beatles, Doors, Stones, Queen, podrían encontrarse en -digamos- el confín ulravioleta, mientras bandas como Deep Purple, Jethro Tull y Kiss se acercarían al otro. Una vuelta de tuerca predecible a esta idea sería preguntarse si en una banda X el papel preponderante lo tiene el vocalista, el primera guitarra, el tecladista, el bajista o incluso el baterista. En el caso de The Doors, Manzarek es, cabe argumentar, tan irremplazable como Morrison; y Deep Purple pudo seguir sonando a "Deep Purple" (ese concepto artificial de "esencia de una banda") sin Ritchie Blackmore siempre y cuando alguien -Jon Lord o quien fuese- tocase "esos" teclados. No se trata de una decisión fácil. ¿Qué tan idiosincrática es la guitarra de Brian May, por ejemplo? Si Queen hubiese mantenido a Mercury, Deacon y Taylor, pero reemplazado a Brian May por, digamos, Tony Iommi, ¿habría seguido siendo Queen? Los fans dirían que no, y yo no estoy seguro, pero me resulta interesante plantear la pregunta, porque se vuelve necesario considerar argumentos, razones. Otro ejemplo: la reformación de The Smashing Pumpkins para el disco Zeitgeist. De la banda original (Iha, Wretzky, Corgan y Chamberlin) solo permanecen Corgan y Chamberlin; ¿el sonido de la batería es un elemento "esencial" para discos como Gish o Mellon Collie? ¿Es una batería lo suficientemente idiosincrática como para pensar que sin ella los Pumpkins no serían los Pumpkins? En tal caso... ¿es Adore un disco de los Smashing Pumpkins? La respuesta de todos los fans que conozco a esta última pregunta -incluyéndome- es que , de hecho Adore es en gran medida mi álbum favorito del grupo de Chicago. Si podemos pensar que Chamberlin (un excelente instrumentista) no es un aporte "esencial" a los Pumpkins, ¿basta con Corgan para pensar que Zeitgeist pertenece a la discografía de The Smashing Pumpkins? ¿Es The division bell un disco de Pink Floyd, más allá de que nominalmente sí lo es? Toda construcción de una banda es artificial; si yo digo que Smashing Pumpkins es Corgan (puedo argumentar que al menos sus mejores trabajos -los destacados por la crítica, en todo caso- son conceptos de Corgan y, en su gran mayoría, están armados por composiciones de Corgan), entonces su último disco hasta la fecha es tan Smashing Pumpkins como Siamese Dream. Pero me resulta fácil imaginar fans old school que lo nieguen (pese a que "Bleeding the orchid", punto alto del disco, es en mi opinión -en mi "sentimiento" de la banda, vale aclarar- tan Pumkpins como cualquier tema de Machina), argumentando -por ejemplo- que no hay muchas razones para diferenciarlo de Mary Star of the Sea (de Zwan) u otras composiciones "solistas" de Corgan. ¿Pero, una vez más, no fue siempre Corgan el "responsable" de los Pumpkins? ¿Son tan decisivos los aportes de Iha y de D'arcy? Lo son en cuanto a imagen, indudablemente. En gran medida los Pumpkins se diferenciaron de otras bandas de su momento por tener una mujer en el bajo o por adoptar una imagen compleja e interesante en sí misma -Corgan con sus sotanas, el post-glam de James Iha-; rotos los elementos que generaban esa imagen -es decir, dejando solo al pelado Corgan-, quizá lo que queda -pese a que musicalmente pueda ser indistinguible de las referencias pasadas, o de la "edad de oro" de la banda- no es realmente Smashing Pumpkins. Los ejemplos podrían multiplicarse: Jethro Tull es ante todo Ian Anderson, hasta el punto que sus proyectos solistas no son tan distinguibles (más allá de alguna intencionalidad menos rockera, si es que existe tal cosa) de Jethro Tull en sus múltiples etapas e integrantes. Deep Purple es quizá el caso más perfecto de una banda que nunca fue igual a sí misma; yo soy fan del lineup conocido como “Mark II”, es decir Ian Gillan en vocals, Ritchie Blackmore en guitarra, Jon Lord en teclados, Roger Glover en bajo e Ian Paice en batería. Sin embargo, conozco muchos metaleros de la “vieja guardia” que toman como referencia al Mark III, con Coverdale en la voz y Glenn Hughes en el bajo y también voces. Apenas he escuchado la producción de esta banda mítica en los 90, pero me gusta mucho el trabajo de Steve Morse en el Mark VIII, y Rapture of the deep y Bananas me parecen buenos discos. De hecho, los vi en el montevideano Velódromo allá por el 2006, y cabía preguntarme si lo que estaba presenciando era Deep Purple (tengo un viejo amigo que no quiso ir a verlos pensando, justamente, que "no era Deep Purple"). Faltaba Blackmore, no estaba Jon Lord (Don Airey, sin embargo, estuvo a la altura todo el tiempo, y me encantó su solo instrumental con temas de John Williams), pero sí estaba Ian Gillan (que empezó trastabillando con “Pictures of home” pero llegó a sus famosos alaridos en “Highway star” y “Space Truckin’”), sí estaba Roger Glover, sí estaba Ian Paice. En otras palabras, para una banda con ocho formaciones (por lo menos, quizá esté escapándoseme alguna más reciente), ¿dónde ponemos la “esencia”, más allá del gusto personal? La cuestión se amplifica al considerar a ciertos solistas. En el caso de Bowie, por ejemplo. ¿Cuándo empieza a “ser” David Bowie? La pregunta asume que existe un modo de ser David Bowie al que el artista llegaría en algún momento y se mantendría hasta perderlo y luego, quizá, recuperarlo. Muchos fans concuerdan en que, más allá de sus cambios constantes (brillantes), Bowie empezó a ser plenamente Bowie en algún momento entre The man who sold the world y Hunkydory, que lo fue plenamente hasta Let’s dance, que lo perdió en Tonight, Never let me down y los dos o tres (mejores musicalmente que sus precedentes) Tin Machine (aunque en este caso se trataba, al menos nominalmente, de una banda que Bowie integraba, y no de una continuación de su proyecto solista… pero esto nos lleva a preguntarnos por “derivaciones” de bandas como los Projekct de King Crimson, e incluso por lo que en su momento fue un grupo llamado “Discipline” y que terminó siendo King Crimson grabando un disco con ese nombre –el favorito de muchos fans), para recuperarse de a poco a partir de Black tie White noise, llegando a un nuevo cenit en Heathen, comparable a Scary Monsters, si es que este disco de 1980 fue su “último gran disco” (que, en mi opinión, lo fue). Pero esta construcción es artificial; la voz de Bowie cambia drásticamente entre Young Americans y Low (dejando como transición el discazo Station to station); de hecho, el tono grave y profundo que muchos asocian al “Duque” es extraño a trabajos (icónicos) como The rise and fall of Ziggy Stardust and The Spiders From Mars; ¿qué permanece constante? Quizá –cabría adelantar como teoría- el dramatismo, la continua performance “actuada” en su vocalización; pero esto no es “único” de Bowie –también lo tenía Ian Anderson, Freddie Mercury y, en rigor, cualquier gran cantante (McCartney, Lennon, Elvis, Jagger, Joplin, Nicks, Lennox, Vedder –aunque en este último se trate de “actuar” una suerte de “honestidad”). ¿Dónde está la esencia, entonces? Pero estamos extrapolando demasiado; regresemos a un terreno en apariencia más firme: el de las bandas. Deep Purple es un caso paradigmático del cambio constante, por lo que cabría ponerlo en el costado infrarrojo del espectro. ¿Dónde ubicamos a Guns N’ Roses? Indudablemente con una vocalización diferente a la de Axl la banda no la sentimos “igual”. Los esfuerzos de ese camaleón vocal (me recuerda al Grenouille de El perfume, en cierto sentido) que es Scott Weiland por emitir el sonido de Axl en los tonos graves y la garganta desgarrada y llena de energía (un poco a la AC/DC) de los agudos, en cierto modo convertían a Velvet Revolver en una caricatura un poco forzada. Ahora bien, si tenemos a Axl pero no a la guitarra de Slash… ¿lo que queda es Guns N’ Roses? Mi teoría es que sí. Primero, porque en general, más allá de todo lo dicho hasta ahora, son los vocalistas los que proyectan el mayor porcentaje de “esencia” de una banda; como había dicho, los teclados de Manzarek son fundamentales para los Doors, pero si tengo que dividir la torta, diría que lo son a un nivel de 40%, mientras que el otro 60% (50%, perdón, démosle algo de crédito a Krieger, aunque, a la vez, era fácilmente imitable) le corresponde al amigo Morrison; segundo, porque la imagen de una banda es más asociable al frontman que al guitarrista, por más idiosincrático que sea este (en el caso de Zeppelin es más recordable Plant que Page, aunque el ego de Jimmy seguro trabajó duro para que los fans pensasen en el constructo bifronte Page/Plant al frente); tercero, porque las melodías, o la actitud hacia las melodías, es uno de los principales componentes del “estilo” de una banda, y la melodía se encarna en el cantante, y el cantante reviste a la melodía con sus características personales, llevándola a otro nivel. Es decir, Queen sin Freddie no es Queen (George Michael podría haber sido un buen sustituto, pero ante todo para que Queen se convirtiera en la mejor banda tributo de sí misma); los Stones sin Jagger no son los Stones. ¿Y Pink Floyd? En mi opinión, el quiebre de la banda entre The wall y The final cut me hace pensar que el de los ladrillos blancos es el último LP de la banda de Gilmour y Waters (y no me meto en debatir sobre Barret), y no –claramente- The Division Bell, dejando de lado también The final cut, que es, ante todo, un disco solista de Waters. Pero ojo con esto; hace un tiempo reseñé un libro de Hugo Burel titulado Un día en la vida, las canciones que cantaron los Beatles; en mi reseña –para La Diaria- señalé a Burel, a modo de tirón de orejas no exento de cierto cariño, que no había incluido en su selección (el libro consiste en reseñas de las letras de canciones que forman una suerte de canon beatlesco) ningun track de The Beatles, el incomparable “Álbum Blanco”. Un tiempo después de publicada mi reseña el programa Sopa de letras (en cuya derivación, La máquina de pensar, conducida por Pablo Silva Olazabal, tengo mi columna Mitos del futuro, sobre ciencia ficción –y perdón por el chivo) dedicó una semana entera a los Beatles, invitando a Burel para que hablara de su libro; en algún momento –yo no lo escuché, esto me lo contaron-, se refirió a “el chico que había escrito la reseña” y respondió a mi crítica usando como argumento que el Álbum Blanco era ante todo un disco armado por canciones de cuatro solistas, es decir que las canciones de John (“Dear Prudence”, “Julia”, “Everybody’s got something to hide except for me and my monkey”, por nombrar algunas) eran tan diferentes a las de Paul (“Rocky Racoon”, “Martha”, “Back in the USSR”) que el disco se convertía en un revoltijo de temas derivados de discos concebibles como “solistas”. En un principio me pareció un argumento débil (es decir, la razón seguro es que Burel, por razones generacionales, prefiere otras etapas de los Beatles a la más arriesgada, experimental y menos pop), pero luego pensé que, sin darle la razón al autor de Crónica del gato que huye, ese asunto de los Beatles separados en cuatro solistas (o tres, pobre Ringo) a partir del Peppers por alguna razón debe haber recibido –y seguir recibiendo- tanta atención por parte de los fans y los críticos. No me parece que justifique afirmaciones (pelotudas, en mi opinión) como “el Blanco no es un disco de los Beatles, es un disco de John, Paul, George y Ringo”, pero, sin embargo, a la vez queda claro que trabajos como Revolver y Rubber Soul presentan una banda más integrada y, si se quiere, sólida. ¿O no? Cambiemos de LP: “A day in the life” es, como todo el mundo sabe, una composición de John Lennon; sin embargo, ¿sería lo mismo sin el pasaje “Paul”, aquello de “woke up, fell out of bed, dragged a comb accross my head”? La respuesta, me parece, es un rotundo no. El tema es “más genial”, si se quiere, por ese cambio drástico. En The Beatles, en general, están los cuatro Beatles tocando todos los temas; está la batería de Ringo (esencial), está la guitarra de George (inimitable, si no pregúntenle a Clapton cuánto le costó llegar a sentir que su solo para “While my guitar gently weeps” era “lo suficientemente Beatle”), está la rítmica impecable de John, el bajo virtuoso de Paul y las voces de los tres (aunque para mí “With a little help from my friends” cantado por cualquiera que no sea Ringo no es el segundo tema del Peppers), especialmente las voces de John y Paul juntas, del mismo modo que la mística de esas fotos con Gilmour y Waters cantando juntos son tan responsables de la imagen/sonido de Pink Floyd como los solos blueseros y climáticos y los teclados de notas largas. En cualquier caso, el equilibrio de voces en una banda considerada diacrónicamente es el eje de la discusión sobre su esencia (propóngase luego cualquier hipótesis). O al menos esa es la idea implícita en este artículo. Es decir: Chinese democracy, por tener a Axl como cantante, es más Guns N’ Roses que cualquier tema de Velvet Revolver. Ahora, ¿es un Guns N’ Roses inferior por no tener la guitarra de Slash? Pensémoslo. Slash, indudablemente, es dueño de un estilo personal y de una imagen tan reconocible como la de Jimmy Page, Jimi Hendrix, Kurt Cobain o Steve Vai. Pero su estilo en gran medida se apoya en una construcción que trasciende lo individual, ya que se apoya en armonías y fraseos tradicionalmente asimilables al blues (“bluesy”, dicen en el Guitar Hero III al describir a Slash); es cierto que el autor del hermoso solo de "Sweet child o' mine" es uno de los guitarristas más melódicos del rock o el hard rock (“killer guitar melodies”), al nivel de Santana, Gilmour o una de las tantas facetas del incomparable Jimmy Page; esas melodías, sin embargo, son tributarias de un sistema de expectativas ligado a una tradición, la del blues, de modo que, en principio, sus elementos fundamentales (apertura melódica y sonido bluesero) no son imposibles de imitar con éxito. De hecho, no necesariamente quien toque con esos gestos será automáticamente tildado de “imitador de Slash”. Quiero decir: si yo escribo una novela con capítulos que se leen en cierto orden o en cualquier orden, si juego con un lenguaje poético y una suerte de coloquialismo literario, si incorporo elementos cool como el jazz y las calles de Paris, si le sumo una carga importante de reflexión filosófica pseudoexistencialista y si le encajo a la novela un aparato metatextual con teorías sobre la literatura atribuidas a un autor ficticio, está claro que estoy imitando a Cortázar y mi novela será una de tantas “Rayuelitas” y yo un epígono, no un continuador en el buen sentido del término. Del mismo modo, si armo un libro en base a experimentación lingüística con palabras montadas con raíces de diversas lenguas europeas, lo primero que surgirá es que estoy tratando de escribir un segundo Finnegans wake. No hay escuela posible allí, o hay un mínimo de escuela posible. Son obras que clausuran caminos en lugar de abrirlos; o si los abren es en otro sentido, hacia otros terrenos que no requieren la copia elemento-por-elemento. Mi segunda tesis, que ya habrán adelantado, es que eso no sucede con el estilo de Slash (sí con Hendrix, por ejemplo, o con Robert Fripp). Puedo tener un guitarrista más o menos “imitándolo” y no por eso sonar “desautorizado”. Entonces: si está Axl en las voces, y si puedo disponer de dos o tres guitarristas que se las arreglen para sonar en la misma línea en que sonaba Slash… ¿por qué no llamar Guns N’ Roses al producto?
Respuesta: habría que pensar en el “estilo”, en que las formas y gestos de la música producida sean asimilables a las del modelo. Si Pink Floyd sin Waters pasaba a tocar reggae o punk, claramente no sería Pink Floyd. Pero si Tool, por poner un ejemplo, sin cambiar de integrantes, graba un disco de baladas folk… ¿sigue siendo Tool? Tenemos a Maynard y su voz inconfundible, tenemos a los mismos músicos... ¿sigue siendo la banda de Lateralus o Aenima? Algunos dirán que no, porque la marca de Tool es su exploración de ciertas variedades del metal que lindan lo progresivo y lo “alternativo”; que claramente son fundamentales para su imagen musical los riffs en métricas ajenas al clásico 4/4, que el sonido de distorsión densa, las afinaciones alternativas, la presencia deslumbrante del bajo y el virtuosismo de la batería son tan fundamentales como la voz de Maynard. Pero otros dirían que sí, porque otros artistas han cambiado drásticamente a lo largo de su carrera (Beatles, Bowie, Stones) y han seguido siendo “ellos mismos” la mayor parte del tiempo. Porque quizá este hipotético Tool camaleónico logrará mantener cualidades “esenciales” más profundas que las recién mencionadas, como diciendo “ah, pensaban que nos podían reducir a cuatro o cinco cosas, bueno, tomen, este disco es tan Tool como Lateralus pero no tiene ni distorsión ni riffs en métricas imposibles ni hay bajos como el de “Schism”). Se trata, claro, de un espacio totalmente especulativo, pero la posibilidad está. Sin embargo, no es necesario recorrer estos caminos para pensar Chinese democracy. El sonido de la banda en este disco es ante todo una “actualización” del que recordamos de los Use your Illusion. Se trata de una declaración estética de Axl, quien nos viene a descifrar el puzle del presente como diciéndonos “esto es el sonido del presente: esta serie de gestos. Yo puedo tomarlos y aplicarlos a la matriz de mi música, y así produciría sonidos del presente”. ¿Muy rebuscado? Para nada. Tomen el DVD A reality tour de David Bowie y escuchen como “actualiza” temas clásicos; luego compárenlo con las estrategias de “actualización” que seguía allá por 1997, en la época del cumpleaños 50 o la gira de Earthling. Un ejemplo concreto: “Man who sold the world” lo tocaba cubierto por sonidos electrónicos, por teclados exóticos (en plan marroquí o también cercano oriente), por bases Drum and Bass; en el 2003 nada de eso aparecía, y “Man who…” sonaba más parecido al original, de hecho como una “vuelta” al original, aunque si lo escuchamos con cuidado encontramos otra solidez, otra alma “rockera” (por la que Bowie no se preocupaba en el 72, o que usaba con cierta libertad desafiante, pero que sí es relevante para él ahora, habiendo grabado un disco tan claramente “rock” como Reality), otra aproximación a la melodía. Es decir, Bowie en el 97 pensaba que el presente (y el futuro) de la música estaba en esas formas cuasielectrónicas (no en vano grabó Earthling, que, es la fusión –casi- perfecta entre rock y electrónica); temas como “Battle for Britain” podrían imaginarse grabados por un Bowie “a la antigua”; en todo caso, es fácil pensarlos como “concebidos” a la antigua y luego “formateados” a la “presente” –la presente de 1997, claro. Si pensamos en temas de esa época reversionados 6 años después –“I’m afraid of americans”, por ejemplo, vemos que lo “electrónico” es dejado o bien en plan nostalgia o bien reemplazado por una crudeza más industrial o “hardrockera”. Bowie nos habla del presente adaptando sus temas; Axl hace lo mismo. No sería difícil tomar todo Chinese Democracy y arreglarlo a la manera de Use your illusion. Y el resultado sería temas tan “guns n’rosescos” como “Dust and bones”. Como ejemplo basta con escuchar "I.R.S." removiendo la pintura industrial y la producción exacerbada, tan “digital”. De hecho, las versiones en vivo de muchos temas logran esto en cierto modo, asi fuese únicamente por las exigencias de tocar “sólo” con tres guitarras y un mínimo de sampleos que también pueden hacernos pensar en una actitud que separe la música “de estudio” de la música “en vivo”, más cruda, fuerte y directa (volviendo a Bowie, comparen la versión en estudio de “I’m afraid of Americans” con las tocadas en vivo a partir del 97).
Entonces: el disco sí suena “a la” Guns N’ Roses. O lo que Axl cree –quizá con razón- que sería Guns N’ Roses en el siglo XXI.
Por lo tanto, ¿es válido como otro disco en la serie inaugurada por Appetite? Mi opinión: sí, rotundamente sí.
¿Y en cuanto a una valoración? ¿Es tan bueno como otros discos de la banda? Esto es subjetivo. Yo no puedo evitar sentir como mi favorito al Appetite, pero también sé de gente que prefiere Led Zeppelin I a Led Zeppelin IV o Physical Graffiti. En cuanto a las canciones, aquí también nos ubicamos en un espacio estrictamente personal. “Sorry”, “Catcher in the rye”, “Madagascar”, “Street of dreams”, “If the world”, “This I love” y “Chinese democracy” me parecen composiciones excelentes.
En conclusión: más allá de que el disco guste más o menos, hay buenas razones para discutir afirmaciones como “no son los Guns, son la banda del gordo Axl”; incluso si pensamos que ninguno de los nuevos guitarristas logran llegar a la presencia o la “personalidad” de Slash, cabe argumentar que esa sensación nos es despertada por no otra cosa que compararlos con Slash: es decir, vemos a la banda a través de su miembro ausente y a partir de ahí concluimos que “algo falta”. O sea, un pensamiento circular. Superados esos escollos, Chinese Democracy es un disco válido, decente, con temas excelentes, temas buenos y otros no tanto, pero pretender que todas las canciones del disco sean geniales es pedir a Axl que se convierta en Led Zeppelin, y que lo que grabe no sea otra cosa que el Led Zeppelin IV, uno de esos pocos discos donde todo es perfecto y nada sobra y nada falta; si Axl sigue adelante con sus nuevos Guns, podrá crear –es concebible- un disco “mejor” que este, e incluso -¿y por qué no darle la posibilidad? ¿Cuáles serían las razones?- mejor que los Use your illusion o Appetite for destruction.

9 comentarios:

Juan Manuel dijo...

Estoy a las apuradas, pero luego de tan informado artículo sólo podré contribuir con algunas opiniones atolondradas.

Sobre qué hace a la esencia de una banda, creo que aparte de los músicos y cantantes, la esencia más pura pasa por quien compone. Había temas de Floyd en los que cantaban solo Gilmour o Wright en los 70, y en los que el bajo no era particularmente notable (aunque hay un punto a favor de la simpleza de Waters: la sencillez de un bajo expresivo -pensar la intro de Hey You, o Pigs (three different ones). Esos temas eran Floyd y sin embargo, A momentary lapse no suena floydiano (suena bastante espantoso de hecho, si bien uno un poco de cariño le tiene porque lo mamó de chico). Porque Waters no era sólo una de las voces y el bajo, era el lider creativo de Floyd.

Lo mismo sucede con los Beatles. Tómese esta opinión como muy extremista si se quiere, pero cuando los Beatles se separan, los elementos quedan muy claros: el idealismo sentido de Lennon (a veces rayano en la autoparodia), la espiritualidad amena de Harrison, y la "música para abuelitas" del lechuga McCartney.

Por cierto, el White Album es el mejor disco de Los Beatles, y en buena parte por sus imperfecciones, porque no es tan redondo como por ejemplo, Rubber Soul. Luego del White Album, también salieron dos discos, uno muy bueno, Abbey Road, y uno bastante malo, Let it be (y no hablemos de la aberración de "Let it be... naked").

Por supuesto que Queen sin Mercury no es Queen, por ese estilo tan flamboyant. ¿Podría haber seguido Queen sin Mercury? Pienso que sólo si la voz era la de May. No porque sea comparable, sino porque ya sonaba en buena parte del repertorio. Hubiera sido otra cosa, pero tal vez todavía escuchable.

Bandas como The Cure cambiaron tantas veces el line-up que solo un fan absoluto (no es mi caso) podría recordarlas, pero sabemos que la escencia está en las composiciones de Smith (e incluso en ese laburo de los layers de sonido que se van sumando, que es un concepto del cantante también).

Pearl Jam cambió de batero casi una vez por disco hasta el 6to, y sin embargo la esencia fue siempre la misma.

Con respecto a GNR, finalmente, creo que casi todo lo aquí planteado está bastante atinado. Creo que nunca fui "fan" de GNR, pero me gustaron mucho, muchísimo sus discos, y los Use Your Illusion los escucho al día de hoy cada tanto (soy de los que prefieren estos dos antes que Appetite).
¿Tiene Chinese Democracy composiciones al nivel de aquellos discos? Yo creo que sí. No todo el disco tiene el mismo nivel. Coincido en destacar Chinese, Madagascar y Street Of Dreams, pero agregaría There was a time y un pasito más atrás el Prostitute final y el single Better.

(continúa en el siguiente comentario)

Juan Manuel dijo...

(continúa del anterior)

¿Se extraña a Slash? Yo creo que no. Por todo lo que en la nota se dice (coincido en la apreciación sobre Slash), pero iré más a fondo aún: Slash no ha hecho mucho desde los Use Your Illusion por reinventarse. Básicamente, toca lo mismo que tocaba entonces. GNR con éste Slash sería la primer imitación del GNR épico. Creo que las guitarras de Chinese Democracy están muy bien sobre todo porque aportan algo nuevo. Axl las dirige como si fuera un director de orquesta, y arma su sinfonía caótica, mezcla estilos, los sobrepone... y queda algo diferente, novedoso.

¿Sabe a quién sí se extraña? Yo creo que se extraña al MUY subvalorado Duff. Se extraña su aporte vocal, su bajo valvular (un bajista con un sonido propio, algo no tan común), y sobretodo, su aporte de color en las composiciones, tanto grupales como propias completamente.
Chinese+Duff=el GNR ideal de estos tiempos, supongo yo, como si todo se pudiera reducir a una fórmula matemática.

En fin, creo que mucha gente esperaba que saliera el disco para decir que no le gustaba ya antes de escuchar un acorde. Yo creo que el problema de los temas menos destacables del disco es que suenan demasiado al GNR de siempre, y por eso son un poco previsibles (IRS y Catcher in the Rye, por ejemplo).

Después de todo, la cuestión es fácil de resumir en un aspecto. Cuando pseudo-Queen sacó "The Cosmos Rocks", bastó una escuchada incompleta para olvidarlo y dejar un manto de piedad encima. El mismo Division Bell, que no es un mal disco, es apenas un disco bueno de una banda muy inferior al Floyd de los setenta (aunque The Final Cut, siendo como es, un disco de Waters con el resto como invitados, tiene cosas que están bastante bien).
Chinese Democracy aporta al vacío posterior al GNR épico. Donde no había nada nuevo, hay algo, y vale. No sé si sea lo mejor de Axl y cía, seguramente no sea lo peor tampoco.

Pero es un disco que puedo poner ahora mismo y escuchar con gusto. ¿Cuántos músicos, cuántas bandas, logran volver así del olvido?

Saludos, JM.

Ramiro Sanchiz dijo...

Coincido 100%. Y me hiciste pensar en Duff! Que buen bajista, tenés razón. Desperdiciadísimo en Velvet Revolver, una banda que cada vez me gusta menos. Y tenés razón también en que Slash está estancado en el tiempo, mientras que Axl al menos se esfuerza por cambiar. Creo que una de las cosas interesantes de los guitarras nuevos es que lo que hace Bumblefoot (que no pegaría con el GNR clásico) le da una dimensión extra al GNR rebooted, no te parece?

Juan Manuel dijo...

Sí, coincido, creo que hay un trabajo en algunos temas de Bumblefoot muy buenos. Ahora no me acuerdo en qué tema hay un solo que hace un stacatto que entra y sale de una línea sincopada (que tiene que ver mucho con lo que se toca y con lo que se usa en FX) que es impresionante. En realidad el disco está muy bien, que tanto joder!

Anónimo dijo...

No estoy de acuerdo en muchas cosas. A los que en verdad nos gusta la música sabemos que es un discazo!! independientemente de quien este en el disco. Los fans que quieran comparar este disco con los anteriores estan en un error, sería una tontería. Esto es GN'R nos guste o no, y no se puede calificar la calidad de un disco por el tiempo que se tarda en salir, sino por lo que puede llegar a ofrecer. Tiene mejores letras que los anteriores y se escucha actual y vanguardista. El debate de si es bueno o no va más por el hecho de que a muchos fans no les gusta que los originales no esten más en la banda. Larga vida a GN'R!!

Ramiro Sanchiz dijo...

Anónimo: no entendí. ¿En qué no estás de acuerdo? Tus conclusiones son más o menos las mismas que las mías...

Alon dijo...

Bueno, eh aquí mi modesta opinión. Los Guns and roses no tienen precisamente una "ESCENCIA" marcada, y eso es porque nunca quisieron encerrarse en una escencia, ¿como es esto? bueno, alcanza con ver que SIEMPRE quisieron hacer algo distinto, nuevo. Allá por 1987 sacaron un mega disco de rock pesado que sonaba mucho más furioso que todo lo que había en la epoca, con 3 mega hits de todos los tiempos que son himnos del genero y otras 9 canciones maravillosas y con mucha identidad (refiriendome a que te das cuenta de lo autenticos que eran, hacían lo que sentían y componían canciones que rompían con la estructura del glam metal clásico que había en esos tiempos).

Despues de eso tranquilamente pudieron haber hecho un segundo Appetite 2 años despues. para seguir haciendose la fama de chicos malos, pero no, hicieron algo muy distinto, muy autentico, juntaron 30 canciones espectaculares, algunas mejores y luego más famosas que otras, pero todas realmetne buenas y las sacaron como 2 discos distintos, de ahí salen montones de canciones una distinta a la otra y la enorme obra maestra de November Rain. Con todo esto ya demostraron que no solo son rockeros pesados malos que rompen todo, sino que son excelentes músicos de la talla de cualquiera de los enormes que haya existido antes. En mi opinión entre el appetite y los use your illusion tenes dos Guns and Roses muy distintos

Despues viene todo lo que ya sabemos, se pelean, se separan, aparece Slash Snakepit, Load, Velvet Revolver y alguna que otra cosa mientras Axl desaparece del mundo y cae en el olvido. Desde 1998 hasta el 2008 se viene hablando de un nuevo disco que nunca jamas sale... Hasta que Axl lo saca a la venta y resulta ser algo 100% distinto a TODO lo que se había escuchado antes, Chinese democracy es un disco que pareciera estar pensado para ser aborrecido y odiado la primera vez que lo escuchas, pero despues te das cuenta de verdad de lo que hizo Axl, el chabon dio un giro de 180 grados, se mando con algo totalmente nuevo, que era obvio que muchos lo iban a criticar porque extrañan a Slash, porque extrañan Appetite for Destruction, porque esperar 10 años les parecio demasiado (y estoy de acuerdo) pero cuando te olvidas de todo esto y te pones a escucharlo bien, si sabes apreciar el rock, te vas a dar cuenta de la magnificencia de este producto, en mi opinion es un MEGA disco de lo mejor de estos ultimos 10 años


Como conclusión digo que Axl Rose, más allá de su caracter de mierda y del millon de cosas que se puedan decir en su contra, es alguien que SIEMPRE fue con lo nuevo, alejandose de las "Formulas" a la hora de sacar un disco y por eso lo respeto muchisimo.

En fin, ya sé que no tenía mucho que ver con lo que estaban hablando, pero realmente necesitaba decirlo en algún lado, es que a mis amigos no les interesa mucho que me ponga a hablar de Axl Rose jaja

Ramiro Sanchiz dijo...

Estoy básicamente de acuerdo en lo que decís, pero creo que, más allá de la intención de seguir o no una línea específica, todos los discos de la banda tienen cosas en común, y a eso me refería con "esencia". Puede ser el estilo de slash, que es el mismo en los tres discos que mencionas, o la manera de cantar de Axl, por ejemplo, que tampoco varía tanto de disco a disco (se diría que se amplía, pero no cambia). La cuestión era indagar si esas pautas "repetidas" estaban, y en qué medida, en Chinese Democracy...

Anónimo dijo...

El disco tiene mucha calidad instrumentalmente, pero hubiese quedado mucho mejor con algunos temas menos tipo IRS o el horrible y desfasado Shackler's Revenge (una especie de remake de aquel olvidable Oh my god...). Me da que el próximo disco, si Axl aprende la lección y no se demora demasiado, puede superar a éste fácilmente; por cierto, inconcebible que no se hayan grabado videos con facturas millonarias de posibles hits como This I Love o Better... seguiremos cruzando los dedos.
P.D: Muy larga tu crónica, tío,solo he léido partes; hay que ir más al grano y no irse tanto por los cerros de Úbeda. Saludos