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Ramiro Sanchiz (Montevideo, 1978). Ha publicado 17 libros, entre ellos las novelas "El orden del mundo" (2014, El Cuervo, La Paz, Bolivia; primer premio de narrativa édita del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay), "El gato y la entropía #12&35" (Estuario Editora, Montevideo, Uruguay), "Las imitaciones" (2016, Décima Editora, Buenos Aires, Argentina) y "Verde" (2016, Fin de Siglo, Montevideo, Uruguay). Escribe regularmente crítica para el periódico montevideano La Diaria. Se ha desempeñado como jurado del premio Casa de Las Américas (2016), el Fondo Concursable del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay (2011) y del premio Onetti de la Intendencia de Montevideo (2016). Ha sido traducido al francés, el alemán, el inglés y el italiano.

viernes, 2 de julio de 2010

vaciando espacios

Ritmo D feeling the blanks, de Riccardo Boglione, consiste en comas, puntos, dos puntos, punto y comas, signos de interrogación y espacios vacíos. Pero no se trata de un arreglo “cualquiera” de signos y blancos, sino que reproducen los que interpenetran las letras del Decamerón de Bocaccio, divididos por una numeración un poco misteriosa. Hasta aquí tendríamos un libro sin palabras, pero debemos sumarle la portada, en la que el título es armado a la manera de ciertas prácticas de la poesía visual, concreta o letrista, incorporando además el juego de palabras feeling the blanks/fill in the blanks/filling the blanks (o sea, sintiendo los blancos/llena en los blancos/llenando los blancos), que aporta una dimensión interesante en cuanto lectura del rol de los blancos en la página de un poema. También es interesante considerar la contraportada, en la que leemos:

el esqueleto del
Decameron
la pesadilla en papel de un
fantasma
que atormenta a la prosa
occidental lo scheletro del
Decameron
l’incubo su carta di un
fantasma
che tormenta la prosa
occidentale the skeleton
of the Decameron
the nightmare on paper
of a ghost
that haunts western
prose

y de la que podríamos anotar el desplazamiento topográfico/espacial del texto inglés, las connotaciones de la palabra “incubo”, el aislamiento de la palabra “prosa” al final, entre otras "cosas".
Siguen una selección de propuestas sobre qué hacer con este libro, ya que, evidentemente, leerlo es una opción como mínimo complicada:

1.Dejar de lado opciones hermenéuticas obvias como que Boglione cuestiona el estatuto del libro y la lectura en la cultura occidental socavando una obra central de su canon, etc, etc, etc, y partir de considerar que Ritmo D señala ante todo lo no dicho y, por lo tanto, lo legible en el libro es lo que no está. Como si ante un solo de jazz de un saxofonista alguien dijese “hay que escuchar las notas que no está tocando”. Ahora bien, lo que no está allí puede –o debe- ser leído o escuchado en cualquier otra parte, por lo tanto el vacío invocado por Boglione puede ser apreciado en otro libro, en cualquier otra cosa, en nada. Pensar lo contrario implicaría pensar que un vacío puede ser diferente a otro, lo cual en principio es un absurdo, aunque cabe sugerir que las pautas rítmicas –lo único apreciable en el libro- son propias del Decamerón. A eso cabría responder que también pueden ser leídas en el Decamerón, volviendo innecesarias las páginas de Boglione, en el que pautan rítmicamente nada.
2.Retroceder en el tiempo y convencer a Riccardo Boglione de que en lugar de propiciar la aparición de un nuevo objeto-libro en una galaxia un poco sobrepoblada una alternativa válida sería tomar las páginas una por una y ensamblarlas en un gran mural que disponer a modo de instalación o arte conceptual en una galería de arte, donde se invitaría al público a apreciarlo en cuanto objeto único e irrepetible, como opuesto a la entidad en múltiples copias que es el libro Ritmo D tal y como llega a nuestras manos. Ahora bien: Ritmo D tiene un precio. Pensar a partir de la noción de Boglione regalando ejemplares de su obra en la vía pública.
3.Mirar el libro abierto en una página al azar desde cierta distancia y con los ojos entrecerrados. Buscar pautas y figuras formadas como si se tratase de nubes o manchas de humedad.
4.Unir los puntos.
5.Desandar el camino boglione-apollinaire-mallarmé y armar una ucronía de la historia de la poesía occidental.
6.Leer Crónicas de Bustos Domecq, de Borges y Bioy.
7.Retomar la idea de que las pautas rítmicas reproducidas son de alguna manera propias del Decamerón y escribir un manifiesto o ensayo de teoría literaria que subraye el papel del ritmo en la literatura, dejando de lado casos obvios como Tertulia lunática o Romancero gitano y centrándonos en la narrativa declarando irrelevantes asuntos, personajes y palabras, afinando el oído a recurrencias flexibles de unidades de tiempo en principio vacías o llenables con cualquier cosa. Sugerir que la segunda edición de Ritmos D esté acompañada por tal manifiesto a modo de manual de instrucciones, luego desestimar esta opción argumentando que de tal modo estaría incorporándose a una práctica consagrada por las vanguardias.
8.Pararse ante cuadros como Primera comunión de niñas cloróticas en la nieve o Combate de negros en una caverna por la noche, aludidos por Alphonse Alliais, mientras se escucha Marcha fúnebre compuesta para el funeral de un sordo, del mismo autor.
9.Escribir una serie de reversos de Ritmos D. Esta, creo, es la opción más interesante, porque implica hacer algo. El primer paso sería tomar todas las letras del Decamerón y yuxtaponerlas. El segundo, ordenarlas de acuerdo a un generador de resultados aleatorios. El tercero, disponer primero todas las A, luego todas las B, luego todas las C, y asi sucesivamente.
10.Publicar como un único libro Ritmos D y los tres pasos mencionados en el párrafo anterior. Aportarle un prólogo en el que se ubica este nuevo tipo de literatura en una serie que incluye: todas las letras del Un coup de dés de Mallarmé, todos sus espacios en blanco página tras página (incluyendo el circular dentro de las O), las descripciones de ciertos cuadros de Rauschenberg y Malevich, todas las E del libro La disparition, de Georges Pérec. Declarar que la cuestión de los derechos de autor es irrelevante.
11.Retomar el concepto de derechos de autor y pensar que Boglione recibirá dinero por a) borrar físicamente palabras de Bocaccio, b) disponer una o varias nadas –depende de la postura gnoseológica de la que se parta- siguiendo pautas rítmicas irregulares. Invitar el autor a una lectura pública de su libro. Un mes después publicar bajo el propio nombre una copia idéntica de Ritmos D, pero más bellamente editado, y cobrar más dinero que Boglione. Después invitarlo a un asado o hacerle un lindo regalo.
12.Escribir un ensayo académico que demuestre que las pautas rítmicas y los signos de puntuación no están tomados del Decamerón sino de Veronika decide morir.

6 comentarios:

Fernanda Trías dijo...

A ver, si entendí bien, ¿el libro está vacío?

Entonces te propongo dos opciones más: 1) gastar tu dinero en otra cosa. 2) si es muy lindo, usarlo como cuaderno.

Fuera de broma, de acuerdo contigo con que este experimento (que de hecho no es novedad) es más para un museo de arte conceptual.

El juego de palabras con el fill in the blanks está bueno, pero no es más que un juego de palabras.

Abrazo,

F

Ramiro Sanchiz dijo...

De hecho está vacío de palabras, tiene apenas comas, puntos, signos de interrogación, etc, separados por blancos.
En realidad no gasté mi dinero en este libro, ya que me lo regaló el autor, con quien coincidí un día en la radio, haciendo mi columna sobre ciencia ficción yo y él presentado su libro (aunque no creo que hayan sido 15 minutos de silencio su participación jeje).
Claro, el juego de palabras es solo eso, pero destaca por ser "lo único" legible en el libro...

Fernanda Trías dijo...

Ah, perdón, entendí que estaba totalmente en blanco. Cuando Patti Smith hizo su expo de fotos y dibujos en París, el catálogo eran tres libros, dos de ellos con fotos y un en blanco. "This is for you", decía.

Sobre este "libro", me parece más una pieza de arte conceptual, porque el concepto detrás está bueno, el juego de palabras también (no es un juego sonzo como otros, te produce algo), pero no se puede leer :-(

Ramiro Sanchiz dijo...

Fer, claro, tenés razón en que es más arte conceptual que un libro. Supongo que el juego entre ambos conceptos fue la intención de su autor. Yo obviamente no lo leí; es más para mirarlo y pensarlo, en todo caso. Y tampoco puedo decir que lo disfruté. Pero me hizo pensar, en plan joda y en plan en serio, y de última eso está bueno, no?

Fernanda Trías dijo...

Es que en realidad el libro se completa con esos pensamientos que te provocó. Vos, lector, llenaste los espacios.

Bueno, ya largamos de nuevo con el pire intertextual, ja ja.

Ramiro Sanchiz dijo...

Sí, está bueno. Hay muchos libros que generan eso, a veces porque nos gustan, a veces porque no, a veces porque creemos que nos invitan al juego, no? Por ejemplo, hay algo que me pasa con los cuentos de Inés Bortagaray y de Samanta Schweblin (con lo diferentes que son ambas), y es que siempre les entreveo algo fantástico hacia la mitad, que postulo y elaboro en mi cabeza, y que luego no tiene nada que ver con el final del relato como está escrito, aunque este no me desilusiona y, por el contrario, me maravilla de haber tomado un camino que yo no hubiese formulado jamás. El siguiente paso es meterse en la wikiliteratura e "intervenir" autores, jeje.