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Ramiro Sanchiz (Montevideo, 1978). Ha publicado 17 libros, entre ellos las novelas "El orden del mundo" (2014, El Cuervo, La Paz, Bolivia; primer premio de narrativa édita del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay), "El gato y la entropía #12&35" (Estuario Editora, Montevideo, Uruguay), "Las imitaciones" (2016, Décima Editora, Buenos Aires, Argentina) y "Verde" (2016, Fin de Siglo, Montevideo, Uruguay). Escribe regularmente crítica para el periódico montevideano La Diaria. Se ha desempeñado como jurado del premio Casa de Las Américas (2016), el Fondo Concursable del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay (2011) y del premio Onetti de la Intendencia de Montevideo (2016). Ha sido traducido al francés, el alemán, el inglés y el italiano.

domingo, 15 de agosto de 2010

Boliches en Agosto, Viernes 13

La fecha fatídica no nos asustó: Fiorella y yo llegamos temprano. El boliche, sin embargo, ya estaba casi lleno, en su mayoría por fans de la banda Vendetta, que iba a aportar su música a la velada. Al rato llegó Diego de Ávila, en sustitución de Pedro Peña, quien no pudo leer esa noche, y un rato después apareció la señora Porzecanski. En mi mesa estaban Fio, Diego y Matías Bergara, alrededor de un par de cervezas y una pizzetta cortesía de la organización (cuando tenía banda siempre me gustaba decir “tocamos por el alcohol”), y entre los vasos asomaban los libros que había llevado para leer, Del otro lado, la edición de tres cuentos que me hicieron los amigos de La Propia Cartonera, y Perséfone. También, por supuesto, Neuromante, de William Gibson, y debo decir que Teresa P. miró los tres libros y se dedicó a hojear (mientras yo tomaba cerveza y miraba hacia la batería o las hermosas guitarras acústicas de las chicas de Vendetta) Del otro lado. A lo mejor el cartón le llamó la atención, pero claramente no la tapa de la novela de Gibson. Entonces se dio vuelta y vi la oportunidad perfecta. Un lanzamiento impecable. Matías me miraba como diciendo “dale, dale, dale, ya, ya, ya”, y Fiorella fruncía el ceño y negaba con la cabeza. Es una pena que Jorge, otro de los amigos presentes, no supiera de mis planes de agresión hacia la Porzekanski (hacia lo que representa, más bien, pero también a ella, un poquito a ella, bastante a ella), ya que quizá de haberlo tenido presente me hubiese alentado, pero de todas formas para entonces había perdido la oportunidad. Además, estaban pasando las Vendetta al mini escenario, enchufaron bajo y acústica, el batero se sentó tras el bombo y el charleston, y empezó el toque.
Mi referencia anterior de esta banda había sido en el concierto de Axl y sus nuevos Guns’n’Roses. Ya lo dije por ahí en un post: no me convenció la performance, pero no necesariamente por la música en sí sino por el entorno, la ocasión, las ganas que teníamos de agitar “Welcome to the jungle”, que probablemente nos drenaba la capacidad de atención a otras cosas (y para muchos, incluso a otros temas de los Guns, como los del disco nuevo). En cambio, esta vez –a lo mejor el formato acústico semitranqui les sentaba mejor, no sé– la banda se mostró sólida y con autoridad. Tocaron varios de sus temas (yo recordaba apenas “Putas ganas” y alguno más) y cuatro covers, en los que debo decir que brillaron especialmente: “Faith”, de Wham, en versión slightly candombe, “Tainted love” (quizá el punto alto del set), “Personal Jesus” y un tema de Bufón que ahora no recuerdo cómo se llama pero que incluye el archiconocido estribillo “un viaje a California / me vendría muy bien”.
Después de las chicas me tocó leer. “Patricio” se extendió por un buen rato, mientras yo dudaba a cada momento si quedaba claro cuál de las voces del texto (Federico, Rex, Patricio) estaban sonando –lo cual tipográficamente está marcado pero quizá mis habilidades actorales –cercanas a cero– no llegaban a mostrarlo, no sé. Después leí un fragmento de Perséfone, un poco más lírico quizá, y volví a mi silla, como un viejo beatnik casi apaleado.
La lectura de Diego fue muy interesante. Yo no conocía sus poemas, pero lo que leyó (y que luego miré en sus manuscritos) me hizo descubrir a un poeta sólido. Lee muy bien, además, y creo que su voz y su ritmo contribuyeron a la atmósfera reconcentrada que crean sus textos. Desde el lado del público pude darme cuenta (en “escena” no percibo nada, me pasaba cuando tocaba la guitarra y me movía de un modo casi epiléptico, casi ciego a las caras que no fueran de la banda) de que hacia el fondo del bar había un grupito de parroquianos ruidosos, que por momentos se volvían especialmente irritantes (creo que Diego levantó el tono de voz con cierta ira en respuesta) y que también habían hecho de las suyas durante mi lectura (yo no me percataba de gran cosa, de todas formas), dado que una de las chicas de la organización los increpó pidiéndoles compostura. En mi caso, como dije, no me molestó, como si fuera parte del asunto, el ruido de fondo, los acordes de la armonía, algo por el estilo.
La última lectura fue la de Porzecanski, que comenzó abriendo el paraguas con aquel viejo truco de “yo no leo bien”; traté de prestar atención a los dos textos que leyó (ella había pedido explícitamente ir “después de la poesía”) pero se me hizo difícil. Quizá iba predispuesto a desestimar sus textos, lo admito, pero, más allá de eso, me parecieron bastante lamentables, sin fuerza, sin gracia y llenos de clichés. Mientras ella leía yo apunté la portada de Neuromante hacia su cara, como tratando de armar una burbuja de fuerza en torno a mi mesa. Debió funcionar, porque pronto me distraje y, si bien su voz estaba allí inevitablemente y algo de las “narraciones” parecía abrirse camino, pude pensar en otras cosas más interesantes.
Terminada la lectura de esta señora regresó Vendetta con la segunda parte de su show. Al segundo tema T.P. se retiró (lo cual me pareció un poco feo, en plan “voy, leo y me voy”; al menos hubiese escuchado un poco más), y quizá por esto ¬–no, mentira, fue por la música– esa sección musical fue la mejor de la noche. No recuerdo bien a qué altura del show me saludó el escritor José Washington Legaspi, a quien conocía sólo por Facebook, y que había escuchado la lectura, un poco al fondo creo.
En algún momento se dejó ver por la ventana un travesti nicaragüense bailando y tirándole besitos a la cantante de Vendetta; eventualmente entró –fue al baño, creo– y dijo que le encantaba la banda y que la chica que cantaba era muy sexy. Su historia –es decir, como un nicaragüense viene a Uruguay y recorre la ciudad vieja en plan dragqueen lumpen– hubiese sido la narración más interesante de la noche, pero no pudimos escucharla, quizá porque no iba a hacerla para nosotros y sí para sí o para las calles del puerto. Una pena. Al final del toque de Vendetta saludé a la banda y las organizadoras y me fui; lloviznaba un poco y nos tomamos un bus con Fio y Matías, conversando sobre Maco, Hergé y Tintín en el Congo. En algún momento, no recuerdo bien cuándo, nos golpeó una epifanía (tiendo a creer que las noches en la ciudad vieja, con o sin travestis nicaragüenses, las vuelven inevitables, y más cuando hay vino un poco infame y cerveza), que resumiré como una ecuación:

Teresa Porzecansky – pelo = Ralph Wiggum

Lo cual explica por qué su voz sonaba tan parecida a la célebre frase de Ralph (Rafa Górgory en el doblaje viejo): Lisa Simpson es una niña de mi escuela. Con eso bastaba por la noche. No todos los días se piensa con tanta claridad.
Resumiendo, fue una buena noche, más allá de que no cometiera mi pequeño atentado terrorista. Quedará para otra ocasión, supongo, y descubrí que Vendetta suena bien, conocí en persona a gente de la que tenía referencias apenas virtuales, compartí una muzza y cerveza con amigos… ¿qué más se puede pedir?

4 comentarios:

Emerre dijo...

Estuve a punto de ir pero, pero al final ganó el frío. Una lástima; ese intento de lanzamiento de Gibson era digno de presenciar.

Qué grandes Maco, Hergé y Tintín.

José W. Legaspi dijo...

¡¡Gracias por la cita!! No me hubiera quedado nunca a escuchar a la Porzekanski, no me lo permitirían mi espalda, y menos aún, mi eterna pretensión de conservar mi salud mental y hepática más o menos estable.
Abrazo grande, la crónica impecable, un pequeño detalle, mucho menor, insignificante diría, el nombre esta bien pero va precedido de "José"

Ramiro Sanchiz dijo...

Legaspi, debidamente corregido quedó su nombre! Federico: para la próxima tenés que ir! gracias a los 2 por los comentarios

Matías Bergara dijo...

Doy fe de todo lo aquí expuesto.
Comenté lo del freak Nicaragüense y parece que es un personaje famoso de la zona.