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Ramiro Sanchiz (Montevideo, 1978). Ha publicado 17 libros, entre ellos las novelas "El orden del mundo" (2014, El Cuervo, La Paz, Bolivia; primer premio de narrativa édita del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay), "El gato y la entropía #12&35" (Estuario Editora, Montevideo, Uruguay), "Las imitaciones" (2016, Décima Editora, Buenos Aires, Argentina) y "Verde" (2016, Fin de Siglo, Montevideo, Uruguay). Escribe regularmente crítica para el periódico montevideano La Diaria. Se ha desempeñado como jurado del premio Casa de Las Américas (2016), el Fondo Concursable del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay (2011) y del premio Onetti de la Intendencia de Montevideo (2016). Ha sido traducido al francés, el alemán, el inglés y el italiano.

sábado, 4 de septiembre de 2010

un cuento de Patricio Pron

Entre los cuentos reunidos en el libro El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan, de Patricio Pron, quiero destacar “Contribución breve a un diccionario biográfico del expresionismo”. Construido como una serie de biografías breves interconectadas de autores que han jugado un papel de importancia en la historia de la literatura europea (alemana, en especial), pronto se vuelve visible un artificio que estructura la propuesta del cuento: la primera biografía, la más extensa y que sirve de núcleo a todas las demás (además de dispuesta por el aparente azar del orden alfabético) remite a Balduin Bählamm, un escritor ficticio –aunque no inventado por Pron–, mientras que todas las demás refieren a autores reales (como Trakl, Döblin y Kafka). Indagar el entrecruzamiento ficción/realidad (o literatura/realidad) en las páginas del cuento es el propósito de esta nota.
Para empezar: Balduin Bählamm es una creación de Wilhelm Busch, un historietista alemán nacido en 1832 y muerto en 1908. Busch es considerado uno de los padres de la historieta moderna, y su tira Max und Moritz sirvió de modelo al clásico The Katzenjammer kids (conocido en español como Maldades de dos pilluelos o Dos cebollitas), de Rudolph Dirks, obra de referencia del humor en la historieta. Escritas en general en verso, las obras gráficas de Busch incluyen a Balduin Bählamm, der verhinderte Dichter (traducido generalmente como El poeta trabado), que ridiculiza a un escritor caricaturesco atacado por un tremendo dolor de muelas que va olvidando las circunstancias de su vida, desde la poesía hasta las actividades más inmediatas. En la ficción de Pron, en cambio, Bählamm nació en 1896 y murió en 1914, en la guerra, y el cometido de su vida como poeta era la escritura del Fausto, de Goethe, del que habría logrado algunas páginas. Esto es, por supuesto, una referencia al clásico “Pierre Ménard, autor del Quijote”; Bählamm se propone escribir el Fausto palabra por palabra, coincidiendo a la perfección con la obra de Goethe (tan central a la tradición alemana como puede serlo el Quijote a la española), del mismo modo que Pierre Menard (un francés discípulo de Mallarmé y amigo de Valéry) intenta reproducir la novela de Cervantes. Pron y Borges explican en detalle las circunstancias: no se trata de copiar el texto original; no se trata de invocarlo en la memoria; no se trata de “retroceder” hasta Cervantes o Goethe y “producir” el texto desde sus circunstancias biográficas: no. Se trata de volver a escribir esas obras clásicas en el siglo XX y desde el presente. Pron ha leído de cerca a Borges, pero también a Bolaño, que a su vez leyó de cerca a Borges (“hay que volver a Borges”, escribió como conclusión a “Derivas de la pesada”, su pasada de revista a la literatura argentina reciente); esto último puede configurarse también como “Borges, que engendró a Bolaño, que engendró a Pron”, parafraseando al “Pierre Menard” borgesiano y entendiendo que, aunque no sea “verdad” es, de alguna manera, el juego al que juega Pron al parodiar también en su cuento a La historia de la literatura nazi en América, libro construido como una sucesión de biografías de escritores. Y desde la lectura de Borges, Pron da un paso más allá, “explicando” con mayor extensión el propósito de Bahlamm/Ménard, que se trata de un juego contra el azar, en la tradición Mallarmeana del texto labrado letra a letra contra los impulsos y la inercia; Cervantes –dice Borges– escribió el Quijote improvisando, dejándose llevar y canalizando los vientos del azar; no así Bählamm o Ménard, que debieron producir algo específico, algo exacto. Lograrlo, dice Borges que dice Ménard, equivale a llegar a una conclusión filosófica sobre la naturaleza del mundo.
Ahora bien, el eje del cuento de Pron va más allá del guiño al Borges de Pierre Menard; aquí, la obra a la que aspiró Bählamm, así como también su vida, sus circunstancias, influyen sobre un conjunto de autores –los nucleados por el expresionismo–, sobre sus obras, sobre sus ideas. Al ser Bählamm un personaje “ficticio”, insertarlo en la historia “real” generará otra historia, en la que Trakl, Kafka, Macke, Mann y Döblin (por nombrar sólo algunos) necesariamente harán, dirán y pensarán “otras cosas”, diferentes a las registradas por la historia que damos por real. En otras palabras, la aparición de Bählamm implica un punto de divergencia; a partir de él, la historia es otra, como en una ucronía. Una ucronía literaria, análoga a imaginar, por ejemplo, que Borges murió en el accidente con la persiana o que Philip Dick vivió para terminar The owl in the daylight. En esta ucronía o historia alternativa, algo llama la atención: “Pierre Ménard”. El cuento de Borges repite la historia de Bählamm, treinta años después. Postular una influencia alemana en ese Borges, postular un conocimiento a fondo de Borges de la vanguardia expresionista (lo cual es plausible) genera otro Borges y, por lo tanto, otra literatura argentina, la misma que incluye a Pron y que él, de alguna manera, deforma o nos la presenta alterada, extrañada. Y si bien podría haber logrado lo mismo “inventando” a Bählamm desde cero, el tomarlo prestado de otro escritor de alguna manera subraya su naturaleza “literaria”, su pliegue de literatura contra literatura, su naturaleza de “nudo”.
La referencia (en cuanto “plan” análogo, en cuanto estructura duplicada) a Bolaño termina de delinear el área de este cuento, lo actualiza, lo inserta en nuestra historia, como si toda esa historia alternativa fuese un paseo al que se nos ha convocado, que recorrimos y que nos devuelve, extrañamente, a nuestro cuarto. La de Bolaño en La historia de la literatura nazi es una historia de la literatura que nos sacude por la sospecha: asumimos la ficción desaforada del autor y nos imaginamos si no habrá referentes “reales” disfrazados; la de Pron es una historia de la literatura que nos sacude por sus pequeñas diferencias, como decía Jules Winfield (interpretado por Samuel Jackson) en Pulp Fiction, refiriéndose a los McDonald’s de Europa: diferencias que sentimos allí, por debajo de la trama de páginas y palabras, aunque no las percibamos del todo. Ese fantasma invocado por el cuento es, quizá, el mayor logro de Patricio Pron en este trabajo.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Pron es un gran pastelero, además de escritor. Pero todo lo que escribe está copiado a partes iguales de Bolaño y del maestro Carrión.
Luis.

Ramiro Sanchiz dijo...

Bueno, pero los pasteleros no usan siempre más o menos los mismos ingredientes? La cuestión es ver qué hacemos con lo que tomamos...