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Ramiro Sanchiz (Montevideo, 1978). Ha publicado 17 libros, entre ellos las novelas "El orden del mundo" (2014, El Cuervo, La Paz, Bolivia; primer premio de narrativa édita del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay), "El gato y la entropía #12&35" (Estuario Editora, Montevideo, Uruguay), "Las imitaciones" (2016, Décima Editora, Buenos Aires, Argentina) y "Verde" (2016, Fin de Siglo, Montevideo, Uruguay). Escribe regularmente crítica para el periódico montevideano La Diaria. Se ha desempeñado como jurado del premio Casa de Las Américas (2016), el Fondo Concursable del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay (2011) y del premio Onetti de la Intendencia de Montevideo (2016). Ha sido traducido al francés, el alemán, el inglés y el italiano.

domingo, 10 de octubre de 2010

Juan Grompone y el futuro de la novela policial

El sábado 9 de octubre fue presentada en la Feria del Libro de Montevideo Cosecha roja, la colección de la editorial Estuario dedicada a la novela negra o policial. Los libros con los que fue lanzada son Ya nadie vive en ciertos lugares, de Pedro Peña, Trampa para ángeles de barro, de Renzo Rossello, y Sobres de papel manila, de Rodolfo Santullo. La presentación estuvo a cargo de los autores y de Juan Grompone, autor de varias novelas policiales, entre ellas Asesinato en el hotel de baños.
La novela negra y/o policial no es mi subgénero favorito; de hecho apenas he leído algunos clásicos, como La hermana menor, de Raymond Chandler, o algunos cuentos de Chesterton, de Conan Doyle, los fundadores de Poe y poco más (sin contar los cruces policial/ciencia ficción de Asimov). De hecho, clasificarla de acuerdo a su asunto (es decir, a elementos temáticos de su trama o argumento) no me parece una manera especialmente fructífera de pensar la literatura, más allá de las clasificaciones de las librerías, los videoclubes y las editoriales, etiquetas en cierto modo “necesarias” para el negocio editorial y, a lo sumo, para un enfoque histórico de la literatura en cuanto a sus relaciones de “alta cultura” contra “literatura de masas”, que es, quizá, el único interés especial que poseo en los subgéneros (entendiendo por géneros a secas la clasificación aristotélica de lo épico, lo lírico y lo dramático, o algo más abarcativo –y complicado– al estilo prosa/poesía, etc). En todo caso, este interés está vinculado a mi amor por la ciencia ficción y sus fronteras difusas con la fantasía y eso que llaman –o llamaban– “lo fantástico” o incluso “lo maravilloso” y, también, con esa categoría quimérica del “realismo”. El que una editorial uruguaya apueste por una colección de género, sin embargo, me parece un hecho interesante, fértil en lecturas posibles, ya que es fácil detectar al considerarlo cierto prejuicio sobreviviente y estúpido de diferenciar la “alta literatura” de obras calificadas como “meramente de entretenimiento” basándose en que las últimas suelen apostar a los subgéneros y la primera no. Si bien el policial y la novela negra gozan de un prestigio que la CF o el fantasy aun no han terminado de conquistar (o que lo han hecho de un modo un poco espúreo, por ejemplo esgrimiendo la “literaturidad” de prosistas edulcorados como Ray Bradbury y su hipertrofia del estilo entendido del modo más simple posible), no deja de tratarse de un gesto interesante –en nuestro “mercado editorial” o “mundillo literario”, valga la aclaración– lanzar una colección de género; el hecho de que se haya comenzado por el policial (yo no por el terror, la CF, el thriller, la novela histórica, lo que fuese) es, por otro lado, un punto de partida para pensar más y mejor el “estado actual” de eso que llaman la “literatura uruguaya”.
En cuanto a las participaciones de los autores me interesó especialmente lo dicho por Pedro Peña, que rescató los valores más bien intrínsecos de las novelas presentadas en lugar de abogar por una lectura estrictamente “de género”. Pedro es un “caso” sugestivo, ya que de sus tres libros publicados (Eldor, de relatos, y las novelas La noche que no se repite y ahora Ya nadie vive en ciertos lugares) dos son precisamente acercamientos “genéricos”, Eldor a la ciencia ficción y el fantasy (quizá por momentos más al fantasy que a la CF) y la nueva Ya nadie… al policial, género que confiesa haber recorrido someramente y al que su novela se acerca ante todo por las numerosas muertes que incluye la trama.
Pero lo más interesante de la noche fue lo dicho por Grompone. Se trata de un autor que ha incurrido en el policial, la divulgación científica y –me han dicho– la ciencia ficción; hasta el momento no lo he leído; creo que las dudas que podía tener sobre si debía leerlo o no acaban de ser disipadas: como me pasó hace poco con Teresa Porzecanksi, las ideas ventiladas en esta charla de presentación me grabaron a fuego un fuerte prejuicio contra la obra en cuestión. De todas formas, por supuesto, no voy a decir que Grompone –o Porzecanski, ya que la mencioné, aunque de ella sí he leído algunas “cosas”– es un mal escritor o que sus novelas son pésimas o nada por el estilo (debería leerlas para poder afirmarlo, y no tengo ganas ni interés); pero sí diré que por lo dicho en la presentación de anoche tengo la fuerte sospecha de que se trata de alguien proclive a las tonterías (lo cual no es lo mismo que decir que es un tonto, aclaro de paso; tampoco lo conozco lo suficiente como para afirmarlo) y a no pensar, es decir a usar pensamientos de otros sin cuestionarlos. El resto de esta nota, entonces, glosará al menos 2 tonterías importantes que le escuchamos anoche a Grompone.
La primera fue dar a sus palabras de presentación de Cosecha roja el tono de una clase liceal sobre la novela negra. Nos contó de sus orígenes chinos (según Grompone, o el manualcito que leyó para preparar la charla, las primeras novelas policiales serían narraciones chinas que tomaban como asunto las “aventuras” de ciertos jueces medievales; aclaró, sin embargo, que estas novelas carecían de misterio y de investigación propiamente dicha, ya que consistían en la historia de cómo el juez arrancaba la confesión del criminal –por lo que creo que como antecesor falla un poco: la invención del “detective” por parte de Poe me parece una fundación del subgénero mucho más fuerte y clara), habló de su vertiente “inglesa”, de la novela “de acción”, de su pertenencia a algo llamado “literatura social” (que quisiera saber qué es, ya que no concibo ninguna novela “no social” o que tome un tema “no social”, ni siquiera –especialmente ni siquiera– Robinson Crusoe; en todo caso, se trata de un término débil y cercano al cliché), de su encarnación en múltiples países, mencionando de paso al sueco Mankell, al siciliano Andrea Camilleri y al gallego Vázquez Montalbán; todo lo dicho se sumergió en el lugar común y lo sabido hasta por la gente, como yo, que apenas ha leído alguna novela negra o policial. Es decir: no era necesario demostrar “conocimientos” (en todo caso debió haber hablado de las novelas a presentar y de sus autores, no del subgénero como tema), y, si esos son sus conocimientos, entonces se trata de algo bastante magro, que no valía la pena exhibir, salvo que se sea tan ingenuo de tomarlos por algo valioso, lo cual lleva a no otra cosa que al papelón.
La segunda gran tontería fue, de hecho, la mayor, y como corresponde, Grompone la dejó caer al final. Tras una breve mención a los presentados (sus nombres y los títulos de sus novelas) manifestó alegría por el “futuro del género policial”, llamando a futuros escritores (es decir, no a los presentados, que son ya autores con una obra establecida, algunos más –Rossello por ejemplo– y otros en plena consolidación y con un buen acervo de publicaciones detrás –Santullo, que además es el guionista de comics joven/nuevo/emergente más importante de Uruguay, y Peña, que ganó importantes premios y menciones, además de publicar una novela en Perú) a interesarse por la novela policial y a animarse a escribir relatos policiales. Hasta ahí no estaba tan mal; pero luego vino la tontería. Hablar del futuro de la novela policial, dijo Grompone, no implicaba sólo un gesto de entusiasmo por y hacia las nuevas generaciones de escritores: no, se trataba de indagar realmente qué forma tendrían los policiales del futuro. Y la tesis al respecto de Grompone es que “en el futuro”, el detective sería el lector. Bien. Esta afirmación es atendible; para empezar, ¿qué quiere decir que el detective será el lector? Se pueden pensar varias posibilidades: que el lector de algún modo producirá la obra, quizá al modo de la clásica “obra abierta” de la que habló Umberto Eco en su momento; que la “verdad” sobre los hechos será la dada por el lector, es decir que no habrá “una verdad” o “un culpable” sino tantos como lecturas… y así sucesivamente, todas más o menos triviales y más o menos entretenidas. Pero a lo que apuntaba Grompone era más simple, como nos explicó a continuación. Se trataba de uno de sus cuentos, de formato electrónico y publicado en la Red, en el que el lector “clickeando hipervículos” iba eligiendo el curso de la acción y generando diferentes soluciones para el enigma inicial. Esto, dijo Grompone, que él había iniciado, sería el futuro de la novela policial.
Triste futuro! Primero, porque de futuro no tiene nada. Esencialmente, lo profetizado por Grompone se trata de la colección Elige tu propia aventura, en la que el lector toma decisiones que afectarán el desarrollo de su lectura generando varios finales posibles, desde la muerte del personaje hasta un final “feliz” tradicional, pasando por diversas soluciones intermedias. Aplicarlo al policial ya se ha hecho (Tu clave es Jonas, ¿Quién mató a H. Thrombey? El secreto de las pirámides, El misterio de Chimmey Rock, El misterio del medallón escocés, El misterio de la habitación secreta, entre otros títulos de la colección); en rigor, aplicarlo al policial es una de las dos o tres cosas que cabe hacer con una propuesta como Elige tu propia aventura, que parece ideal para el concepto de novela-misterio. También recuerdo la colección Multiaventura, que tenía unas tapas excelentes –no sé si en todos los volúmenes– de Azpiri, e incluyó títulos policiales como El caso Brackenstall y El sabueso del infierno, que retomaban ficciones clásicas de Conan Doyle adeptadas al “formato” interactivo. Además, la editorial Timun Mas lanzó en los 80 la colección Jóvenes detectives, en cuyos títulos eran planteados enigmas y ofrecidas las pistas necesarias, dejando al lector la solución del enigma, en plan “si piensas que el culpable fue… ve a la página 150; si piensas que, en cambio, fue…”, generando varios finales a la intriga. Estos libros venían con mapas y un sistema ingenioso de pistas que lo acercaba a los juegos de rol. De hecho, si a Grompone lo que le interesa es la interactividad, debería pensar también en los RPG, electrónicos o presenciales, y, en rigor, en casi cualquier videojuego que incorpore un enigma de corte policial.
Además se podría objetar que el lector del texto electrónico de Gropone, más que “ser el detective”, es decir, más que producir de alguna manera el desenlace del texto al encontrar su “verdad”, no hace otra cosa que elegir entre un cierto número de soluciones posibles previstas por el autor, equivalente cada una a uno de los n finales impresos (más allá de que la combinatoria de alternativas genere un número mayor de argumentos, todo tenderá a un número prefijado de finales escritos previamente). Si el “cuento” o “novela” en cuestión de alguna manera generara el final, que sería siempre diferente, quizá sí podría hablarse de un lector-detective, y de hecho estaríamos acercándonos a lo que planteaban embrionalmente los videojuegos leídos o aventuras-gráfico-conversacionales, como las que estaban de moda en los 80 para computadoras de escaso poder gráfico (de hecho, en mi ZX Spectrum tenía un juego conversacional basado en el detective Pepe Carvalho, de Vázquez Montalbán; había que escribir lo que uno quería que el personaje hiciera, "ir sur", "romper ventana", y si introducías una fórmula no reconocida por el sistema, se repetía la frase "no entiendo") pero añadiéndole el elemento “generativo” del texto, es decir algo mucho más complejo que los “hipervínculos” al estilo Elige tu propia aventura. Quizá el futuro del género policial sea este tipo de plataformas electrónicas interactivas; no creo, por otro lado, que dejen de escribirse novelas y cuentos a la vieja usanza. Entrar en esa discusión se acerca peligrosamente a otras tonterías, como el debate interminable sobre “el fin del libro”, que tanto da que hablar a las sensibilidades apocalípticas, o "el signo de los tiempos". En cualquier caso, ese futuro no será el señalado por Grompone, que ya es pasado y, además, es insuficiente, porque no genera otra cosa que un sistema apenas complicado de elección entre variantes prefijadas (en ese sentido es mucho más “abierto” o “interactivo” un texto como Rayuela, que no es ajena al recorrido al azar).
Pero más allá del debate sobre el presunto futuro de los policiales, que poco me interesa a decir verdad, me parece bastante tonto emplear la presentación de libros ajenos para vender los propios, y para colmo hacerlo con argumentos tan débiles que solo ponen en evidencia las propias carencias. Hubiese preferido que Grompone hablase de los libros presentados, que diese su opinión al respecto en cuanto conocedor (dice serlo) del subgénero policial, que señalase, en última instancia, por qué las tres novelas pertenecen al subgénero, cuál lo hace de un modo más evidente, etcétera. La impresión que dio, o que me dio, fue la de el tipo de persona que en el fondo no ha leído, que se ha conformado con opiniones de otros (y repetidas al cansancio) usándolas para apuntalar (mal) sus propias construcciones por demás endebles. No me molesta que quiera vender sus libros o marketinear su obra; me parece fuera de lugar que lo haga en el lugar en el que estaban siendo promocionados, vendidos y marketineados otros autores. Quizá pensó que estaban filtrándose en su juego y optó por “meter cuchara”; quizá realmente no leyó; quizá realmente no se molestó en entender o intentar entender los libros que debió presentar. En cualquier caso, por los clichés tan reiterados y la debilidad de los escasos argumentos que presentó, me parece muy poco, realmente muy poco interesante como autor, como intelectual, como lo que sea.

Sobre el tema del lector y el detective, tres cosas más.
1) Releer "Examen de la obra de Herbert Quaim", de Borges (en Ficciones), donde se plantea una ficción policial que ofrece una conclusión falsa y una serie de pistas que hacen al lector ir hacia atrás en la lectura, repasar elementos de la trama y concluir la solución "verdadera". Este lector, escribe Borges, "es más perspicaz que el detective".
2) Umberto Eco, en Apostillas a El nombre de la rosa, aborda la noción de combinatoria de tramas y soluciones posibles, y señala que se ha dicho que la única trama inédita en la novela policial es aquella en la que el asesino es el lector.
3) Cabría pensar que, dado que ha sido señalado (Borges, Asimov, entre otros) que la novela policial es especialmente relevante para el siglo XX (y XXI, cabría extrapolar) por ser el único refugio (literario al menos) de la verdad y el poder del razonamiento, introducir la posibilidad de tantas soluciones como lectores -y por lo tanto una verdad relativa, múltiple-, pese a que pueda seducirnos epistemológicamente, no deja de ser un escamoteo de lo más esencial -y para muchos importante- de la literatura policial, y por lo tanto su destrucción o su violación. Cosa que, además, ya se ha hecho, sin poner en peligro la salud del subgénero.

10 comentarios:

Emerre dijo...

Coincido, al menos en lo referente a la parte de la charla en que me pude mantener despierto.

Me pareció interesante la intro genealógica de Grompone, pero claro, hubiese estado bueno alguna referencia a las novelas. Al menos un comentario de contratapa.

También relacioné el hipercuento de Grompone con Elige... está Peruzzo de testigo.

Hay uno muy bizarro de Maslíah:

http://prairial.free.fr/masliah/masliah.php?lien=hyperconte

Joker 23 dijo...

No soy buen lector de novela negra ni policial. Pero si tendería a decir que a veces es mejor no darle demasiadas vueltas al asunto, como supongo ocurrió en la conferencia -a la cuál no fui-, y decir que el género policial (alterado por el tiempo) surge con Poe, con su Auguste Dupin.

Recomiendo, aunque seguramente ya lo conozcas, un texto de Ricardo Piglia (Lectores imaginarios) al respecto.

Telemías dijo...

va por interno, Ramiro!

Ramiro Sanchiz dijo...

Totalmente de acuerdo con respecto a Dupin, por lo que puede valer mi opinión desde afuera del tema policial. El texto de Piglia lo conozco; de hecho, hay bastante material Pigliesco (¿Pigliano?) sobre el tema, y bastante interesante como trabajo de lectura.
Aguante Elige tu propia aventura!
Pedro: ya te contesté también por interno, jeje

Joker 23 dijo...

Piglia aclara muchas cosas, al menos a mi me parece que es un tipo muy versado que a la vez ensaya con simpleza. Lo de Grompone -repito que no lo escuché y me valgo de tu nota- me parece una forma de reformular las raíces de un género que claramente empezó con la Trilogía Dupin, la figura del private eye(de Piglia, detective privado).
Creo que intentó -y entiéndase la enrome distancia (años luz) de los comparados- intentó algo parecido a lo que hizo Bioy Casáres en la introducción de la Antología de la literatura fantástica, en la que, obviamente con más credenciales que nuestro compatriota, retrocede hasta los primeros textos del hombre para encontrar las raíces del género fantástico. Claro que hablamos de dos géneros separados.

Otro de Piglia que seguro leíste es la tesis sobre el cuento.

Saludos,

Gonzalo

estuario dijo...

Peña es bueno. Santullo no, copia y muy mal.

Ramiro Sanchiz dijo...

¿Estuario? Qué mal gesto, che, esconderse detrás del nombre de la editorial... Aparte, ¿a quién copia Santullo? Una acusación así, dicha en plan crítica "demoledora", necesita un poco más de evidencia, ¿no te parece?

Joker 23 dijo...

No he leído a Santullo, pero el solo hecho de utilizar un calificativo como "copia" en literatura demuestra ciertas cosas. Primero: ¿qué entendemos por copiar? Creo que todo escritor "copia" de otros, si queremos llamarlo así. Con esto no digo que no existan nuevas invenciones, digo que las nuevas invenciones, mucha veces, parten de algo ya existente, es un tema absurdo de discutir. "Copia", y si, por más imaginativo que pueda ser un escritor, siempre se basa en algo real, repito, por más "irreal" que se respire.

Ramiro Sanchiz dijo...

Totalmente de acuerdo. Los libros están ante todo hechos de otros libros. Creo que, de todas formas, cuando alguien acusa a un escritor de "copiar" está señalando que las pautas que aparecen en un libro son tomadas de otro sin elaboración, casi tal cual están. En ese sentido podría haber algo de serio en ese tipo de acusaciones; pero para hacerlas hay que justificarse, mostrar lo "copiado", señalar por qué es una copia y no una parodia, una referencia, un guiño, un juego intertextual, etc. Yo sí he leído a Santullo; creo que de hecho leí todo lo que ha publicado por ahí, al menos todo lo que no es narrativa gráfica (de la que leí gran parte), y me parece que la acusación de copia acá no procede en lo más mínimo. Quizá esta persona señala elementos de la narrativa de Santullo que son "de género", en el sentido de procedimientos y personajes tomados de la novela policial; pero eso no es copiar, es introducirse en una corriente o un género, respetando sus reglas y convenciones. Al margen, creo que hay bastante mala onda en el comentario, y lo dejé pasar nomás por curiosidad.

Joker 23 dijo...

Es imposible, y lo digo desde afuera y me animo a afirmarlo, que un detective de novela negra de hoy no esté "espolvoreado" del Dupin de Poe; la sola figura del detective como hombre de letras, como tipo solitario, ensimismado, oscuro, perspicaz y desconfiado, que Poe inaugura con Dupin se repite en el Padre Brown de Chesterton, en Daniel Quinn de Auster más cerca en el tiempo (que es más evidente por el guiño -¿o copia?- hacia Poe con el pseudónimo de William Wilson). En fin.

Lindo espacio para intercambiar,

Saludos.