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Ramiro Sanchiz (Montevideo, 1978). Ha publicado 17 libros, entre ellos las novelas "El orden del mundo" (2014, El Cuervo, La Paz, Bolivia; primer premio de narrativa édita del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay), "El gato y la entropía #12&35" (Estuario Editora, Montevideo, Uruguay), "Las imitaciones" (2016, Décima Editora, Buenos Aires, Argentina) y "Verde" (2016, Fin de Siglo, Montevideo, Uruguay). Escribe regularmente crítica para el periódico montevideano La Diaria. Se ha desempeñado como jurado del premio Casa de Las Américas (2016), el Fondo Concursable del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay (2011) y del premio Onetti de la Intendencia de Montevideo (2016). Ha sido traducido al francés, el alemán, el inglés y el italiano.

sábado, 6 de noviembre de 2010

32

32. Un número que decrece. 3 y luego 2. Algo parece perderse, de un modo más fuerte que, por ejemplo, 43 o 54, que están más lejos del fin o del comienzo, el uno, el cero, la nada
Lo imagino ahora como un triángulo rectángulo apoyado en su cateto mayor, la hipotenusa mirando al crepúsculo, y son palabras viejas, triángulo rectángulo, cateto, hipotenusa, y me dicen que ya tengo cosas viejas
Cosas guardadas a la sombra, cosas polvorientas, cosas las que les crecen hongos o musgo en algún rincón de íntima tiniebla & humedad
Porque hay tantas cosas que decrecen
Mi vida & mi energía & mis fuerzas
La cifra inasible pero existente (porque está ahí, en alguna parte escondida o girada & virada, como tantas cosas que están pero que no podremos saber nunca) de todos mis cabellos
Las veces que veré un par de constelaciones que busco siempre en las noches claras
Las veces que releeré algunos libros
Las veces que sentiré el cariño & el amor de esos pocos tan queridos & amados
(Que serán a su vez cada vez menos, así sea porque empiece a confundirlos)
Las nubes aún por ver, las páginas por pasar, las penas, las alegrías, los vacíos, las paredes, las veces que sonarán esas canciones…
Cada vez hay menos cosas
Las cosas se van, se pierden, decrecen
Decrece por ejemplo mi poesía, por más que finja el aliento de este poema. A los 19 años mis versos querían ser Ginsberg, querían ser Whitman, y en algún momento me tropecé con ellos y eran granos & abrojos & ese residuo salino que imagino deja la espuma
He tenido que armarme & vestir visiones de largo aliento para sobrellevarlo
Y seguir, aunque no se puede no seguir, porque se sigue
Como en una fiesta
En un salón demasiado grande
A la que, a contramano de las cosas, va llegando cada vez más gente, pero muy despacio y somos ya bastantes, pronto demasiados
Y creo quererlos & amarlos & odiarlos & reconocerlos & entenderlos
Pero cuando me acerco para hablarles sus rostros han cambiado y no sé si son otros o qué temas teníamos en común hace ya mucho tiempo
Y me refugio en un rincón, los brazos rodeándome las rodillas, pensando que tristemente sigo siendo el mismo
Hasta que alguien pasa con una copa en la mano y me mira
Y de repente soy él
Y otro llega y los mira y nos mira y recuerda que los rostros ya no son los mismos
Mientras la fiesta sigue, entre todos esos desconocidos
Hasta que sepamos que es hora de cerrar
Y entendiendo que ya estamos todos podamos conocernos al fin

2 comentarios:

Fernanda Trías dijo...

Me encantó! Me hiciste VER la tristeza del número 3-2...

Felices 32, de todas maneras :-)

Ramiro Sanchiz dijo...

Gracias Fer!