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Ramiro Sanchiz (Montevideo, 1978). Ha publicado 17 libros, entre ellos las novelas "El orden del mundo" (2014, El Cuervo, La Paz, Bolivia; primer premio de narrativa édita del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay), "El gato y la entropía #12&35" (Estuario Editora, Montevideo, Uruguay), "Las imitaciones" (2016, Décima Editora, Buenos Aires, Argentina) y "Verde" (2016, Fin de Siglo, Montevideo, Uruguay). Escribe regularmente crítica para el periódico montevideano La Diaria. Se ha desempeñado como jurado del premio Casa de Las Américas (2016), el Fondo Concursable del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay (2011) y del premio Onetti de la Intendencia de Montevideo (2016). Ha sido traducido al francés, el alemán, el inglés y el italiano.

martes, 30 de noviembre de 2010

PKD dixit (parte 1)


En El hombre en el castillo no incluí ninguna explicación real acerca de cómo o por qué el señor Tagomi se deslizó a hacia nuestro universo; el simplemente se sentó en el parque a contemplar una pieza de joyería artesanal, moderna y abstracta –se sentó y la estudió con atención–, y cuando levantó la mirada, estaba en otro universo. No expliqué cómo ni por qué esto sucedió porque yo no lo sé, y desafiaría a cualquiera, escritor, lector o crítico, a dar una dizque “explicación”. No puede haberla, por supuesto, porque, hasta donde sabemos, un concepto así es apenas una premisa ficcional; ninguno de nosotros, en la corrección de nuestras mentes, se entretiene por al menos un instante en la noción de que ese tipo de universos alternativos pueda existir de alguna manera. Pero permitámonos decir, por diversión, que sí lo hacen. Entonces, si es así, ¿cómo están unidos entre sí, si es que de hecho lo están (o podrían, o deberían estarlo)? Si se dibuja un mapa de ellos, mostrando sus localizaciones, ¿cómo sería ese mapa? Además, (y pienso que esta es una pregunta importante), ¿están completamente separados unos de los otros, o se superponen? Porque si lo hacen, el tipo de problema como “¿dónde existen?” y “¿cómo se pasa de uno al siguiente?” admiten una solución posible. Quiero decir, simplemente, que si de hecho existen, y si de hecho se superponen, entonces de una manera literal, una manera muy real, podríamos habitar muchos de ellos hasta cierto punto en un tiempo dado. Y si bien nos vemos unos a otros como seres humanos que caminan, hablan y actúan, algunos de nosotros quizá podemos habitar porciones más grandes de Universo Uno, por decirlo de alguna manera, que otras personas; y algunos de nosotros podemos habitar porciones más grandes de Universo Dos, Pista Dos, que otros, y así sucesivamente. No quiero decir meramente que nuestras impresiones subjetivas del mundo difieran, sino que puede haber una superposición, una superimposición, de un número de mundos de manera que objetivamente, no subjetivamente, nuestros mundos puedan diferir. Nuestras percepciones difieren como resultado de esto. Y quiero añadir algo más, algo que considero un concepto fascinante: puede haber algunos de estos mundos superimpuestos que están dejando de existir, a lo largo de la línea de tiempo lateral de la que ya hablé, y algunos están en proceso de una mayor actualización. Estos procesos pueden ocurrir simultáneamente, y no en el tiempo lineal. Este tipo de procesos de los que hablamos aquí son transformaciones, una forma de metamorfosis, alcanzada invisiblemente. Pero muy real. Y muy importante.

(Tomado de la conferencia Si encuentran este mundo malo deberían ver alguno de los otros, que Dick leyera en una convención en Francia, 1977)

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