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Ramiro Sanchiz (Montevideo, 1978). Ha publicado 17 libros, entre ellos las novelas "El orden del mundo" (2014, El Cuervo, La Paz, Bolivia; primer premio de narrativa édita del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay), "El gato y la entropía #12&35" (Estuario Editora, Montevideo, Uruguay), "Las imitaciones" (2016, Décima Editora, Buenos Aires, Argentina) y "Verde" (2016, Fin de Siglo, Montevideo, Uruguay). Escribe regularmente crítica para el periódico montevideano La Diaria. Se ha desempeñado como jurado del premio Casa de Las Américas (2016), el Fondo Concursable del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay (2011) y del premio Onetti de la Intendencia de Montevideo (2016). Ha sido traducido al francés, el alemán, el inglés y el italiano.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

2010: un repaso

Como este blog no es un diario íntimo, aunque a veces lo parezca, este repaso del 2010 se centrará en asuntos literarios o vagamente literarios o conectados con la literatura. Y para empezar es ineludible decir que para un servidor el 2010 fue un año extraordinariamente fértil en ese campo (¿voy a tener que empezar a tomarme en serio la astrología china?)
En enero y febrero, por ejemplo, puse a punto Algunos de los otros, el libro de cuentos que sería publicado en agosto por la editorial Trilce; también terminé una novela corta titulada Trashpunk, que puede leerse en Axxón (ver sección "ficciones" de este blog) y armé un libro titulado Subterráneos, todavía inédito, que une esta nouvelle al cuento "Los otros libros", publicado eventualmente en Axxón y el fanzine Tau Zero. Fueron dos meses especialmente productivos: también escribí las nouvelles La historia de la ciencia ficción uruguaya, con el ubicuo Federico Stahl indagando los rincones oscuros de la "historia" del género en su mundo, que difiere ligeramente del nuestro a partir de ciertos acontecimientos de 1973, y Ficción para un imperio, terminada su primera escritura en marzo, que cuenta qué le pasó a otro Stahl después de una de sus tantas muertes.
También a principios de 2010 conocí por mail a Juan Manuel Candal, director de la revista Otro cielo y -desde hace poco menos de un mes- la editorial Reina Negra. Juan publicó mi cuento "Patricio" en el primer número de su revista y, a partir de ahí, se volvió el mayor experto en asuntos Stahlinistas (creo que a estas alturas ya sabe más que yo al respecto). La colaboración y la amistad crecieron. Me convertí en columnista de Otro cielo con la sección de ¿humor? Confesiones de un librero amargado, y también me encargué en algunas ocasiones de la sección GPS, sobre diferentes localizaciones interesantes alrededor del mundo.
El año prosiguió con las revisiones de los textos anteriores y algún cuento revisado o reescrito para publicar por ahí, por ejemplo en Axxón y la revista colombiana Cosmocápsula, además de Otro cielo. Fue un placer en su momento colaborar con Juan sugiriéndole los nombres que luego pasaron a integrar el especial de literatura joven uruguaya, donde publicaron muchos amigos (bueno, muchos de ellos entonces eran amigos); también me alegra que habiéndole pasado esa "lista" de escritores jóvenes e interesantes Juan llegó a conocer a Horacio Cavallo, que colaboraría con Otro cielo mediante una sección de poesía, y a Pablo Dobrinin, que pronto editará un libro fantástico de cuentos fantásticos en la fantástica editorial Reina Negra.
Escribiendo para La Diaria a lo largo del año tuve la oportunidad de leer libros excelentes. Mi elección de la mejor novela del 2010 es 180, de Carlos Rehermann, cuya reseña de mi autoría fue publicada el 8 de noviembre, pero también disfruté mucho de La bestia, de Ercole Lissardi (reseña aun inédita), de los libros Nocilla lab y Nocilla experience, de Agustín Fernández Mallo (más adelante volveré a Agustín), de El hombre olvidado / El corazón reversible, de Tarik Carson (reseña que aun no escribí!), y de El Error, de César Aira, por mencionar sólo algunos en una lista que incluye reediciones de Elvio Gandolfo y Mario Levrero. Otro gran libro que reseñé este año fue La mejor de las fieras humanas, la biografía de Herrera y Reissig escrita por Aldo Mazzucchelli, asi como también el ensayo Prohibida la entrada a los uruguayos, de Eduardo Espina, sobre la poesía del gran Julio Herrera y Reissig.
La editorial Irrupciones fue lo suficientemente amable (e ingenua) como para confiar en mí como presentador de dos de los libros que publicaron este año: La reina de las nieves, de Gandolfo, y El hombre olvidado / El corazón reversible, de Tarik Carson. Las dos presentaciones las celebramos en la librería La Lupa, junto a amigos y amantes de la literatura. Ambas ocasiones fueron un placer para mí, asi como también participar del libro Casa tomada, editado por la gente de La Lupa, que recopila trabajos expuestos a lo largo del año en la librería. Mi colaboración es un texto breve titulado "Grietas", que dentro de un tiempito seguro publique aquí en Aparatos.
Otro de mis momentos favoritos del año fue la semana que pasé en Madrid invitado por la gente de Casa de América, en el tercer congreso de jóvenes narradores iberomericanos. Tuve el placer de conocer a Rodrigo Fresán, uno de mis autores latinoamericano favoritos, y a Patricio Pron, Samanta Schweblin, Iosi Havilio, Esteban Mayorga, Susana Haug Morales, Juan Sebastián Cárdenas, Mario Cuenca, Andrés Barba, Rodrigo Hasbún, Carlos Llabé, Santiago Nazarian, Claudia Ulloa Donoso, Eduardo Sánchez Rugeles, Tryno Maldonado, Claudia Hernández, Mercedes Cebrián y Antonio Morato. Una crónica apenas ficcionalizada de esa semana puede ser leída en el "Diario de Viaje" que publiqué en la revista Freeway, creo que en octubre (pero puede ser en septiembre, ojo). Volví de Madrid entusiasmado con lo bien que me había caído la comida local (a Matías Bergara le pasó algo similar, pero con Gijón en lugar de Madrid; conclusión: en España se come bien), contento por haber conocido a tantos nuevos amigos y con casi 20 libros en la maleta (para algo sirvieron tantos años de jugar al Tetris).
Luego del placer vino el trabajo. Me pasé julio, agosto y septiembre trabajando en la redacción de la Guia del Mundo, junto a Amir Hamed. Fue una experiencia aleccionadora en muchos sentidos, no sólo los relativos a la escritura y a la investigación sino también en cuanto a historia y política. Ojalá todos los trabajos nos aportaran tanto como me aportó la Guia del Mundo.
Durante mi trabajo junto a Amir escribí un cuento largo titulado "Nadie recuerda a Mlejnas", que Candal publicó en el número 8 de Otro cielo. También por esas fechas se publicó la antología Neues vom fluss, en Alemania, que conteiene mi cuento "Breve historia de la realidad" en traducción al alemán. Aun no tengo el libro en mis manos (está prometido para enero), y, de todas formas, no sé alemán, asi que procuraré que alguién lo lea por mí para contarme qué tan bien traducido está (cosa que igual no tiene importancia; de hecho, no me costaría creer que la traducción lo haya mejorado).
Otro "resultado" de mis días con la Guia fue estrechar la amistad con Amir Hamed, a quien admiraba por la gran novela Artigas blues band, una de las pocas monstruosidades de la literatura uruguaya reciente. Desde ese vínculo surgió la idea de organizar una serie de eventos que unieran música con literatura; finalmente Amir creó las "Jornadas Beatnik", cuatro en total entre octubre y noviembre, un éxito de público (por cantidad y por calidad)  y, otra vez, una ocasión de hacer buenos y nuevos amigos. En lo personal, mi participación fue una lectura titulada "No tenel, volvel vielnes", sobre textos de Burroughs, Ballard y Rimbaud, además de uno de los cuentos de Algunos de los otros, con Ernesto Pasarisa en el bajo, Omar Gómez en FX y Carlos Rehermann en batería. Pero lo más disfrutable fue la banda que armé para la ocasión, junto a los amigos Ernesto Pasarisa, Fede Fromhell (guitarra y vocales de The Blueberries el primero, batero de la misma banda el segundo) y Nacho Viera (vocalista de Red Lizards); con actitud punk (mínimo ensayo, idea de sacar al menos 3 temas nuevos por semana, arreglos para una sola guitarra) y muchas ganas de divertirnos ante todo, nació "Pleroma", con un servidor en la guitarra, Ernesto en el bajo, Nacho como vocalista y Fede en la batería. El repertorio incluyó "Get it on", de T-Rex, "Space oddity", de Bowie (los únicos temas que tocamos en todas las jornadas, el de Bowie porque lo amamos y el primero porque salía con todo el swing que corresponde), "Gimme Shelter" de los Stones, "Hey Bulldog" de los Beatles y "Rockin in the free world" de Neil Young, entre otras. Amir se nos sumó en guitarra y vocales para versiones de "You can't always get what you want", "Knockin on heaven's door" y "Desolation row". Las jornadas, como dije, fueron un éxito: excelentes lecturas en todo momento y un emocionante homenaje a Gustavo Escalnar, que lamentablemente murió pocos días antes de la cuarta jornada, en la que estaba prevista su lectura.
En total en 2010 publiqué tres libros: el ya mencionado Algunos de los otros, que presentamos en Café La Diaria junto a Gabriel Lagos, y también Vampiros porteños, sombras solitarias, con la editorial cartonera madrileña Meninas Cartoneras, y Del otro lado, con La Propia Cartonera. Un cuarto libro, Nadie recuerda a Mlejnas, está todavía en imprenta, esperando luego cruzar el Rio de la Plata. Si bien toda su preparación fue del 2010, su fecha de salida es 2011, asi que servirá de puente al año que ahora empieza. La portada la dibujó el inigualable Matías Bergara, que (para mí placer y el de los lectores) se ha encargado de la gráfica de todos mis libros (excepto Vampiros porteños, sombras solitarias). Comenzó nuestra colaboración en 2008 con la portada y las ilustraciones de 01.lineal; seguimos con portada, ilustraciones y una historieta para Perséfone, la portada de Algunos de los otros y varias ilustraciones para Del otro lado. Como dije muchas veces (y no me cansaré nunca), Matías es el mejor dibujante de su generación, como historietista y también como ilustrador; es asombroso constatar su evolución en estos años, a través de comics como Los últimos días del Graf Spee y Acto de guerra, con guión de Rodolfo Santullo, pero también en su trabajo para Freeway y las excelentes adaptaciones de Onetti que ha publicado, sin olvidar su blog, donde expuso su reciente etapa "rectangulocolorista" (y no voy a intentar explicar de qué se trata, pasen al blog de Matías y vean!).
Otro de los mejores momentos del 2010 fue mi visita a La Plata junto a Fiorella. Allí conocimos a Juan Manuel Candal y su novia Carlota, excelentes anfitriones ambos. Pasamos horas conversando, de literatura, cine, música y "todo lo demás". Fue un placer conocer en persona a Juan, que visitará Montevideo en enero (trayendo por supuesto los ejemplares de Nadie recuerda a Mlejnas!); de Buenos Aires volví con la sexta temporada de Lost (regalo de cumpleaños de Juan) y varios libros, entre ellos material de Fresán, Laiseca y el gran Fogwill, cuya muerte marcó uno de los puntos más tristes del año.
Unos meses antes del viaje a Argentina con Fiorella cubrí el Festival Ñ para La Diaria. Las conferencias de Piglia y Fogwill, diametralmente opuestas, fueron sus puntos fuertes (como también lo fue, meses antes, conocer a César Aira en la presentación de la edición de La Propia Cartonera de Mil gotas); volver a saludar a Andrés Barba, Mercedes Cebrián y Antonio Morato fueron otros grandes momentos, junto a la entrevista que hice a Agustín Fernández Mallo, con quien compartí luego una cerveza (junto a Julián Ubiría) y mucha charla sobre los Beatles.
El 2010 fue el año además del nacimiento de un proyecto editorial junto a Martín Fernández, de Estuario/HUM. Si todo marcha según lo planeado, en el 2011 estos planes se materializarán en forma de libros maravillosos de las mejores mentes de mi generación (aun no destruídas por la locura, espero). Por esto estoy muy agradecido no sólo a Martín, que escucha mis planes absurdos, sino también a todos los autores que colaboraron con apoyo y literatura: Patricio Pron, Andrés Neuman, Mercedes Cebrián, Juan Sebastián Cárdenas, Carlos Llabé, Esteban Mayorga, Juan Terranova, Pedro Peña, Agustín Acevedo Kanopa, Camilo Baráibar y Valentín Trujillo, entre otros.
No puedo dejar de nombrar la mención que mi libro Subterráneos obtuvo en el concurso de narradores de Banda Oriental; junto a Pedro Peña, también ganador de una mención, y Leonardo de León, cuyo libro No vi la luna mereció el primer premio. En compañía de Fio, Horacio Cavallo, Valentín Trujillo, Damián González Bertolino, Rodolfo Santullo y algunos más pasamos una linda tarde en Minas.
Otra alegría fue compartir con Horacio Cavallo y Javier Etchemendi la presentación de nuestros libros premiados por los Fondos Concursables 2009 (Fabril de Horacio, Sueños de revólver de Javier y mi Algunos de los otros) en la Feria del Libro de Atlántida, donde fuimos tratados realmente muy bien y tuvimos la chance de conectarnos con el público, no tan escaso -para nada- como esperábamos.
El 2010 fue también el año de dos talleres que me tocó dirigir. El primero fue mediante el programa Esquinas de la Cultura de la Intendencia de Montevideo. En el centro comunal Kruegger, del barrio Goes, se reunió un grupito de entusiastas de la escritura, que tuve el honor y el placer de supervisar. Fue una maravillosa experiencia, en la que todos pudimos tomar contacto con visiones diferentes y recibir y ofrecer aportes enriquecedores. El segundo taller lo organicé junto a la gente de Café La Diaria, y nucleó un grupito de entusiastas de la ciencia ficción, que se reunió (y se reúne) todos los lunes para conversar sobre los grandes autores del género, y fue también, además de servirme para refinar mis ideas sobre mi género favorito, una fuente de cálidas y nuevas amistades.
También me dediqué a hablar de ciencia ficción con mucho entusiasmo en el programa La máquina de pensar, conducido por mi amigo Pablo Silva (con la producción del gran Gustavo "el flaco" Germán), bajo el nombre ballardiano de Mitos del futuro. Quincena tras quincena conversamos sobre Philip Dick, J.G.Ballard, Frank Herbert, Ursula LeGuin, William Gibson y otros autores; cuando termine este ciclo de Mitos, en febrero de 2011, subiré al blog un extenso post con todas las minireseñas de libros que comenté en el aire (algunos audios se pueden escuchar en el blog del programa).
Aparatos de vuelo rasante fue en 2010 el escenario de varias controversias, discusiones o incluso enfrentamientos. Por alguna razón así ha venido siendo desde que lo abrí en 2008 (de hecho uno de los primeros post fue a su modo "controversial", por las opiniones que vertí sobre la antología Esto no es una antología, especialmente sobre el tontísimo prólogo que escribió para la ocasión el compilador Horacio Bernardo, que además de escribir una novela tontísima se ha dejado ver por ahí detras de paredes de cristal fingiendo que escribe, cosa esencialmente irrisoria en cuanto gracia o chiste, a diferencia de las bobadas que escribió en el prólogo al mencionado compilado de cuentos), especialmente en momentos en que no tuve ninguna intención de causar polémicas; será porque me cuesta callarme la boca y no responder, supongo. Este año la mayor "polémica" (uso ese término a falta de uno mejor, ya que en general lo que faltó aquí fueron argumentos y verdadera lectura y discusión) que vio este blog fue la motivada por dos cosas que postee: primero, que Dani Umpi no es un trasngresor (y que su literatura no me interesa especialmente); segundo, que muchos autores de mi generación en Uruguay se rigen -me parece- por una suerte de apelación al sentido común que los lleva a no arriesgarse, a no radicalizar sus escrituras, a no jugarse por un proyecto escritural demasiado marcado, a no ejercer opiniones demasiado definidas sobre sus colegas, a buscar nichos de eficacia ya comprobada para instalar sus escrituras, entre otras cosas. Actitud que, dije en el post, me parecía demasiado cercana (o tendiente a) la medianía o incluso la mediocridad. Alguien me pidió que diera nombres; en principio no se trataba de señalar "personas" (cosa que no me interesa hacer) sino "actitudes", pero, para que quedara clara mi postura, di como ejemplo a Leonardo Cabrera, quien, me parece, representa bastante bien esas actitudes que creo detectar en los escritores de mi promoción (o "generación"; si uso este término no es en su sentido usual a la hora de periodizar la literatura sino como sinónimo de "la gente de más o menos mi edad que escribe y publica al mismo tiempo que yo"); Leonardo y otros amigos suyos se ofendieron terriblemente con el post y dieron paso a una discusión que se propagó a varios blogs y a Facebook. De todos los que participaron el único que tuvo el buen gesto de intentar entender e intercambiar opiniones, debo decir, fue Pedro Peña, con quien intercambiamos ideas en vía privada (y está pendiente conversar más sobre el tema); otros entendieron que yo atacaba "personalmente" a Leonardo, que lo llamaba "mediocre" (cuando apenas sugerí que algunas actitudes que creía ver en su literatura me parecían vinculadas a lo que yo personalmente podría entender como "mediano" o "tendiente a la mediocridad"; aclaro esto porque no me parece lo mismo decir una cosa que decir otra), que yo me erigía en no sé qué altura moral que me permitía criticar a mis pares, etc, etc. Muy pocos leyeron de verdad el post, y todavía hoy me llegan noticias de gente que pareció enojarse con mis palabras -muchos de ellos de hecho parecen quedarse en lo escrito sobre Dani Umpi, un escritor que en rigor me interesa poquísimo y que podrá ser quizá una excelente persona, como señaló uno de los participantes de la polémica nunca entendí a cuento de qué (para afirmar eso o negarlo hay que conocerlo, y yo conozco apenas al autor implícito en sus libros, asi que al respecto no opino ni me interesa opinar -aunque parece que por ahi hay mucha gente que piensa que un buen autor debe ser necesariamente una "buena persona"), o no, pero, repito, no me importa en lo más mínimo. De hecho no me parece tampoco que escriba "mal"; se ve claramente (y esto lo digo para dejar claro el asunto de una vez por todas) que escribe de una manera perfectamente funcional con las espectativas del momento, y eso esquivale a decir "escribe bien" en cierto sentido. No para lo que yo espero de la literatura, claro, pero no por eso diré que escribe "mal". La cosa venía por otro lado, y de hecho Umpi fue un pretexto para derivar al resto del post; como siempre, hay gente que interrumpe la lectura cuando encuentra un abrojo, y luego salta y grita y se rasga las vestiduras al mejor estilo Willy-el-escocés.
Pero, dejando de lado las aclaraciones a último momento y ese tonto deseo de "que me entiendan bien", hay algo que me hizo ver la "controversia". Y eso se suma a varias lecturas recientes y a varias conversaciones en que participé, a opiniones escuchadas y a un puñado de hipótesis que -modestamente- voy articulando sobre mi "generación"... hipótesis, ideas, intuiciones, mejor dicho, que siguen a continuación (y muchos lectores quizá harán bien en dejar de leer a partir de este momento -los que sigan, por supuesto, leánlo todo y no traten de caricaturizar lo dicho o reducirlo a blanco versus negro, como pasó en la "controversia" anterior).
Hasta 2008 mi conocimiento de literatura uruguaya contemporánea se reducía a la gente que escribía ciencia ficción y fantasía (Bayeto, Dobrinin -los que perduraron-, Pastrana, Álvarez y otros -los que ya no escriben que yo sepa), a Mario Levrero y a alguno que otro consagrado más o menos ineludible que terminaba leyendo (Tomás de Mattos, Marosa, Courtoisie, etc). Pero la participación en la muestra El descontento y la promesa me puso en contacto con una buena cantidad de autores de mi edad, desde Daniel Mella o Gabriel Schutz hasta Mauricio Aldecosea; también participé en Plata caribe, un compilado de poesía uruguayo-dominicana que me presentó algunos poetas como Horacio Cavallo y Paula Einöder, y en Esto no es una antología, que amplió el campo de El descontento. A algunos ya los conocía de participar en el concurso de narrativa y poesía de la B'nai B'rith, pero aquí parecía haber operado un salto, una evolución, dejando atrás cierta etapa de "formación", por decirlo de alguna manera. Así retomé el contacto con Cavallo, con Jorge Alfonso y algunos más, a la vez que conocía a gente como Fernanda Trías, Inés Bortagaray, Pedro Peña, Rodolfo Santullo, Martín Bentancor y Damián González Bertolino, entre otros. Y desde ese momento hasta el presente leí bastantes trabajos de gente de mi edad, novelas, cuentos publicados en revistas, compilados de cuentos, etcétera; al conocerlos en persona también tuve la oportunidad de conversar con ellos y escuchar sus ideas y opiniones, del mismo modo que participando de sus blogs entré en contacto de una manera más inmediata con su escritura...
Y ahora creo que estoy llegando a una serie de conclusiones, por decirlo de alguna manera.
Ante todo, que una buena parte de ellos (de sus textos, se entiende) me aburren, me parecen muy poco interesantes, poco jugados, poco desafiantes. Hay notorias excepciones, que permanecen como mis libros favoritos de mi "generación": allí esta Porrovideo, por ejemplo, y Oso de trapo, y La azotea, Eldor, Rapsodia nocturna y Antes del crepúsculo, todos libros que apuestan a discutir de alguna manera lo establecido, sea por el stablishment literario del momento o por la tónica o la moda visible en la mayoría de los autores. La otra mitad, entonces (donde incluyo a los textos que conozco de Cabrera, de de León y de algunos más), me permite pensar lo siguiente: cierto tipo de autor joven uruguayo parece estar ansioso por ser admitido en el "palacio" (en realidad una choza) de la literatura uruguaya (o la literatura en general, no se sabe), y para esto, para obtener ese reconocimiento, esa "respetabilidad" terminan sacrificando todo impulso desafiante, todo gesto contestatario, todo lo que históricamente ha hecho a las vanguardias y a la literatura que se propone como un cambio, como una novedad, como un giro o un cambio o una negación de cierta tradición imperante, una patada al stablishment, una llevada al extremo de lo que otros escritores hacen de un modo más parcial y poco satisfactorio, etc. Para no hacer enemigos que luego (o ahora) sean poderosos, optan por guardarse sus opiniones o soltarlas en privado; para estar seguros de "escribir bien" (es decir, para ganarse el boleto de entrada al "palacio", asi sea para una visita de domingo) apelan a códigos de escritura que tengan en cierto modo las reglas a la vista, optando por una literatura de marcado énfasis en el relato que parece descuidar o despreciar el juego formal, la experimentación conceptual, el desafío a los modos de pensar y de escribir imperantes (sean cuales sean, hegemónicos o no, representativos o no de la elite dominante del mundillo literario); una literatura del "contenido", como leí por ahí (y discutir la ingenuidad de esa afirmación nos llevaría a más posts y polémicas, asi que por esta vez paso), una literatura que en última instancia se vuelve acrítica en cuanto sus autores parecen minimizar la reflexión sobre la escritura (dicen que si hay demasiada se resta "vida" al texto, vaya uno a saber qué quieren decir con eso), que se vuelve reaccionaria, que, en última instancia, le hace el juego al stablishment como si fueran unos niños contentíusimos con que se les haya permitido comer con los mayores advirtiéndoles que deben portarse bien y preparándoles una mesita especial con coca cola y galletitas en lugar de calvados y jabalí asado.
Esa es la misma actitud que parece renegar de las "polémicas" y que prefiere recomendar no decir nada contra nadie (pensando que todo lo dicho es ad hominem, lo cual no es cierto), "por las dudas", "porque somos pocos y nos conocemos", y otras razones no desprovistas de razón, en última instancia, pero ante todo presididas por ese sentido común que termina formando hipocresías, susurros en la oscuridad y temores. Y obviamente yo también he participado de esto, aunque intente no hacerlo (y seguiré intentándolo y, espero, lográndolo), asi que no me quiero colocar en ninguna esfera moral superior al "señalar" esto; de hecho, cuando critico la literatura de algunos de mis compatriotas contemporáneos y coetáneos no me interesa desestimarla como "mala" literatura sino, sencillamente, señalar que no es 1) la que me gusta leer, 2) la que me gusta escribir. Si escribo como lector entonces les pregunto, ¿por qué tan pocos se juegan? ¿Por qué tantos dan medio pasito adelante sólo si se aseguran de que los que los rodean también lo hacen y, además, adelantando la máscara de la humildad? ¿Por qué tan pocos defienden lo que hacen? ¿Por qué son poquísimos los que dicen "esto que escribí no sé si será bueno, pero es lo que hago, lo que quiero hacer, lo que me interesa como proyecto? ¿Por que tantos consideran que es preferible presentarse como "un tipo más"? ¿Tienen miedo de caminar solos? ¿Tienen miedo de perder la respetabilidad, de que piensen que son "locos" o "patéticos" o "penosos"?
Creo que gran parte de los autores de mi generación tienen miedo de todo eso que he escrito. Al menos lo tienen ahora; miedo, inseguridad, cautela. Sentido común. Pero de seguir así ¿quién escribirá el Ulises o Tristram Shamdy o Moby Dick? No estoy hablando necesariamente de escribir "la gran novela uruguaya" o incluso "la gran novela americana", pero sí de intentar algo fuerte, algo desafiante, algo radical, algo que incluso quizá fracase, pero que sea un fracaso deslumbrante, parafraseando a Beckett.
Tras leer aquel post, Leonardo Cabrera me respondió, entre otras cosas, que me veía enfrascado en una "cruzada" por ciertas ideas. Nada de eso; no hay cruzada ninguna, porque las cruzadas quieren conquistar, evangelizar, reclamar tierras; lo de mi post era apenas el gesto de decir "esto no me gusta en función de lo que pienso y lo que pretendo hacer" o "esto voy a intentar con todas mis fuerzas no hacerlo porque mi camino quiero que sea otro y ya lo vislumbro como otro"; cada uno, y me incluyo, hará lo que surja de su voluntad, mediado su talento, su imaginación, su creatividad, su miedo, su angustia, su cautela, su inseguridad o su falta de todo eso junto o por separado. Mi post (y este también) es apenas un pedazo de una reflexión más larga que tiende a declarar elementos de mi proyecto, programa o interés; al que considere que opino sin que me pregunten o que me meto donde no me llaman le diré que nadie lo obliga a pasar por este blog; de hecho, para eso son los blogs: para hablar sin la autorización de previas preguntas o para crear un lugar donde es pertinente opinar sobre lo que se quiera, para dibujarse, para incorporarse a una obra en formación. Habrá muchos que entiendan la futilidad de un ejercicio así, y eso es algo que se puede discutir, pero es también un juego, y juega el que quiere y el que no se va a otro lado o a jugar a otra cosa. Este, en última instancia, es mi juego, y por eso aquí lo dejo claro.
No voy a hacer una lista de los escritores uruguayos de mi edad que sí me gustan; a algunos ya los nombré: justificar su inclusión podría ser motivo de otro post, que intentara leer sus obras desde esta perspectiva personal y defender las subsiguientes bondades de su escritura o las virtudes artísticas de sus autores dadas desde las coordenadas de quien escribe. En cuanto a los que no me gustan, allí están, la mayoría nombrados: No son tantos, después de todo; muchos, en realidad, me resultan indiferentes. Es decir, citando a Les Luthiers: allá ellos.

8 comentarios:

Fiorella dijo...

juas, no fue tan terrible. me nombraste 3 veces! bien por mi.

Ziggy polvo de estrellas Gandolfo dijo...

Polleri dijo hace poco "no existe literatura uruguaya".

Tampoco estos que mencionas de la zone son "outsiders" ni apátridas.

Y tampoco polemicas que valgan algo.

Lo mejor del año, Irreversible y La Azotea. De dos mujeres. Comparto lo de 180 de Rehermann hasta cierto punto.

A la troupe allegada y fraterna tuya le falta bastante, salvo el Oso de trapo de Cavallo, el resto es un juego de amigos.

Levrero le hizo bien y mal a mucha gente. Me quedo con los que ligaron mejor suerte.

Negro Omar dijo...

Sos un tira-bombas, jua jua.

Igualmente este año me parece que se profundizó la tendencia de publicar libros, que no superan una segunda leída.

Es como una copia del "rock nacional", todos campeando para un mínimo común denominador.

Careta!!, se nota que falta sangre nueva que grite: "Muerte a las vacas sagradas"

Víctor Raggio dijo...

año movidito. arriba. las veladas beatnik siempre estuve por ir y nunca pude. veo que me perdí buena música.
La historia de la ciencia ficción uruguaya se puede leer en...?
abzo
V

sig dijo...

La distinción entre contenidismo y formalismo no me parece necesariamente ingenua o inútil. Por ejemplo, si pensamos que la escencia de lo literario es remitir a su artificialidad, hablar de preponderancia del contenido significa algo fuerte.

Ramiro Sanchiz dijo...

Sig: No digo que sea necesariamente inutil; pero planteado de cierta manera se vuelve ingenuo. Creer que existen forma y contenido bien separados y diferenciables, por ejemplo.
Ziggy: creo que no estoy de acuerdo con nada de lo que decís, o al menos las cosas que creo entender (no entiendo lo de los apátridas, no entiendo lo de "los que ligaron mejor suerte"; a lo mejor podrías explicarlo). No leí Irreversible, pero está en el montoncito de libros por leer; La Azotea es un libro excelente, pero todavía no leí la versión nueva. No sé cual es exactamente mi troupe allegada y fraterna, pero es cierto que a muchos que nombré en el post nos falta muchísimo; ahora, no comparto el término "Juego de amigos".
Omar: creo que lo del minimo comun denominador es una manera interesante de pensar la cuestión: escritores uruguayos moviéndose "en bloque".
Victor: por ahora está inédita, pero si querés te paso el pdf!

Anónimo dijo...

Bastánte careta sos. Listo, me la venía fumando pero ya lo dije. Saludos.

Ramiro Sanchiz dijo...

"careta", dijo el que se refugia tras un anónimo.
Igual me gusta el término; está en mi último post, de alguna manera...