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Ramiro Sanchiz (Montevideo, 1978). Ha publicado 17 libros, entre ellos las novelas "El orden del mundo" (2014, El Cuervo, La Paz, Bolivia; primer premio de narrativa édita del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay), "El gato y la entropía #12&35" (Estuario Editora, Montevideo, Uruguay), "Las imitaciones" (2016, Décima Editora, Buenos Aires, Argentina) y "Verde" (2016, Fin de Siglo, Montevideo, Uruguay). Escribe regularmente crítica para el periódico montevideano La Diaria. Se ha desempeñado como jurado del premio Casa de Las Américas (2016), el Fondo Concursable del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay (2011) y del premio Onetti de la Intendencia de Montevideo (2016). Ha sido traducido al francés, el alemán, el inglés y el italiano.

jueves, 2 de diciembre de 2010

dos poemas


1

qué pasará me pregunto
cuando falten si faltan
esos vacíos esos huecos
esos temblores
vértigos
proyectos
imposibles & interminables
como una novela que encontrarán en mi apartamento derruido & solitario
descascarado con ratas y ramos de migraña clavados en la pared
o padecimientos del hígado & cáncer & angustia & locura
o nada de eso
pero sí los cientos o miles de páginas imposibles & interminables
la historia de ese molesto mundo miserable
mezquino
ineludible
irrisorio
las heces a punto de fosilizarse & el lento evaporarse de la tinta
y la siembra de cristales sobre las fibras en caída
qué pasará, cabe preguntarse hoy
que los pies sostienen
que el corazón resiste
que aún no he clavado nada
o casi nada
en la pared
ahora
pero mirar, Ramiro, mirar
qué pasará cuando falten
cuando las paredes repitan la torva rima del cráneo
cuando haya cada vez menos cosas y más casas
o una sola casa enorme & blanca & soleada
y alguien te diga qué y vos cómo y luego nada y silencio
y andá a saber quién entendió
o qué había para entender


2
abrirán la puerta un mediodía 
y no los cegará el resplandor
ni tropezarán con tus huesos
ni levantarán las miles de páginas enmohecidas & polvorientas
los versículos de la oda al cosmos infinitamente plegado & plegable que sostuviste en la palma de la mano porque había que seguir el consejo de William Blake y entender, sí, entender, que hay un núcleo en el infinito y que el resto –con pocas excepciones– es si no silencio al menos cosa de todos los días, espuma, invaluable espuma, ceniza de espuma, que tampoco, invaluable y todo, te la vas a llevar al otro lado
porque no hay otro lado
de eso se darán cuenta cuando abran la puerta
pero no hay otro lado no porque ya lo sabíamos
el vacío y todo lo demás
no
no es eso
no hay otro lado porque todo es este lado
(infinito como la trampa de Moebius)
te vas a quedar de este lado de la puerta
cuando la abran
(porque mirá que la van a abrir, tarde o temprano,
esas cosas pasan, quieras o no, no te quejes,
no insistas, no es para tanto)
cuando la abran y encuentren
el papel plegado de tus días
como un largo diseño japonés de árboles & colinas & garzas
intraducible como un árbol
incomprensible como un grano de arena
que tanto insististe en cifrar o decir o invocar
como decía William Blake y la eternidad y la flor salvaje y la hora y el ahora,
el papel plegado entonces
lo encontrarán y dirán… nada
dirán absolutamente nada
pasarán la escoba, ventilarán el cuarto
y a otra cosa mariposa
a sonreír en las plazas
donde te espera el molinillo inagotable del día
y morirte por un trago de Soma

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy buen articulo, estoy casi 100% de acuerdo contigo :)

Ramiro Sanchiz dijo...

gracias! pero, a qué artículo te referís?