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Ramiro Sanchiz (Montevideo, 1978). Ha publicado 17 libros, entre ellos las novelas "El orden del mundo" (2014, El Cuervo, La Paz, Bolivia; primer premio de narrativa édita del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay), "El gato y la entropía #12&35" (Estuario Editora, Montevideo, Uruguay), "Las imitaciones" (2016, Décima Editora, Buenos Aires, Argentina) y "Verde" (2016, Fin de Siglo, Montevideo, Uruguay). Escribe regularmente crítica para el periódico montevideano La Diaria. Se ha desempeñado como jurado del premio Casa de Las Américas (2016), el Fondo Concursable del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay (2011) y del premio Onetti de la Intendencia de Montevideo (2016). Ha sido traducido al francés, el alemán, el inglés y el italiano.

sábado, 25 de diciembre de 2010

post navideño sobre los Beatles

Hace unos meses Rodrigo Fresán me decía por e-mail que, para él, la clave (o elemento distintivo, o sello, o esencia, para buscar diferentes términos en la misma órbita) de los Beatles (así como la de Dylan era un fraseo, el de "Visions of Johanna" por ejemplo), era un sonido, lo que se percibía en el final de "A day in the life". La idea me pareció sugerente, y me puse a pensar al respecto. Es un "sonido" (una textura, una sensación de extrañamiento) también lo que contribuye a la magia de "Strawberry fields forever", el single que, de alguna manera, marca una transición en la historia de la banda... y esto, a su vez, me vinculó a otra idea que derivé de escuchar Help! recientemente pero que vengo discutiendo hace años con mis amigos beatlemaniacos: la oposición entre una visión discontinua de la carrera de los Beatles -que apoyaría la noción de "dos épocas", separadas por Revolver o quizá Rubber soul, la segunda más experimental, más compleja y densa desde un punto de vista "artístico", y la fase más pop/rock, comercial si se quiere (sin que esto obre en detrimento de la calidad musical, por supuesto)- y una noción de "continuidad" que explora los álbumes como un proceso o evolución, hasta llegar a Let it be como final y a Abbey road como una suerte de "hagamos un disco con todo lo que aprendimos en estos años, para tener una coda más amable". Ambas opciones, creo, resultan atractivas, pero cada vez que escucho un disco pre Revolver más me convenzo de que la opción "continua" es la más interesante. Y hace un rato me puse a escuchar la remasterización 2009 de Beatles for sale, regalo de navidad de mi cuñada, y el apoyo al "modelo de la continuidad" retornó.
Beatles for sale es el cuarto álbum de los Beatles, lanzado el 4 de diciembre de 1964, y llama la atención ante todo por representar una suerte de "regreso" al formato de los dos primeros trabajos (Please please me y With The Beatles), con temas originales de la banda y covers intercalados (8 originales / 6 covers), tras un album como A hard day's night armado exclusivamente con originales. Se ha señalado que esta decisión a la hora de elegir las canciones obedeció a la necesidad de lanzar "ya mismo" un álbum, necesidad "impuesta por el mercado" (y para muchos de ahí viene lo de "Beatles a la venta" del título del álbum). Para 1964, la banda, cuya productividad aún no estaba en su máximo, debió echar mano de números "viejos", en su mayoría tocados hasta el hartazgo en los días de Hamburgo y del Cavern, para completar las dos caras de un LP. Algunos críticos señalan que esto representó un retroceso en la evolución de los Beatles, pero, por otro lado, también se tiende a mencionar la letra de "I'm a loser" como un paso más hacia la complejización de las letras, probablemente gracias a la influencia de Bob Dylan.
En cualquier caso, me parece que ese "sonido" que mencionaba al principio del post -y que podemos vincular a una textura diferente de la música y a la intención de agregar planos de significado- aparece claramente por lo menos en una canción de Beatles for sale, "Every little thing", según Lennon compuesta por Paul. Se trata del sonido de los timbales en el estribillo, una de las primeras apariciones de un instrumento no clásicamente "rockero" en un álbum de los Beatles (luego vendrían las cuerdas de "Eleanor Rigby", por poner el ejemplo más conocido, pero también el sitar, el mellotron, etc), y el efecto creado es el de una llamada de atención, quizá incluso un extrañamiento del que está escuchando el álbum y que tiene en su memoria inmediata el rock ingenuote de "Honey don't", el cover a cargo de Ringo. En esos timbales con reverberación hay algo que llama, que atrae, y que convierte a la canción en una pieza diferente. Es verdad que esa diferencia no es tan acusada como en "Tomorrow never knows", o en "I am the walrus" o "Strawberry fields forever", pero está allí, como un detalle, una pincelada, y en su contexto es quizá más extraña.
En menor medida lo mismo sucede con el fade-in de "Eight days a week" (quizá el clásico más indudable del álbum): parece hacer surgir la canción de otro universo o, al menos, de otro lado de las cosas. Y en "I feel fine", grabado en las mismas sesiones y elegido para un single, fue registrado el primer acople de la historia del rock... todo esto en 1964, antes del punto de separación entre las dos "etapas", antes incluso de Help!, que para muchos sirve de anuncio del quiebre futuro. Es argumentable, en cualquier caso, que ese quiebre comienza en una fecha tan temprana como la de la grabación de Beatles for sale, un álbum que en otros contextos parecería "regresivo". En realidad, por supuesto, nada de los cuatro fue jamás regresivo; la opción "continua", en conclusión, me parece la mejor a la hora de crear un modelo de la evolución de los Beatles (algo tan dificil como destejer un arcoiris, para usar la tan citad metáfora de John Keats). Siguiendo a Fresán podríamos pensarla como la conciencia de un sonido diferente, el desarrollo y la experimentación con ese sonido y su incorporación a la enorme habilidad compositiva de los integrantes de la banda. Es posible, entonces, que John, George, Paul y Ringo "cayeran" en ese sonido en 1964, en el estudio, mientras grababan Beatles for sale.

13 comentarios:

Juan Manuel Candal dijo...

No estoy muy seguro de que no haya un quiebre puntual en esa "continuidad" y ese punto sería cuando dejaron de usar el estudio como lugar físico de grabación para transformarlo -concientemente y despiertos ante las posibilidades que ofrecía- en un instrumento. Creo que este punto sí ocurre entre Rubber Soul y Revolver y desde ahí sí, encuentro una continuidad evolutiva hasta Abbey Road (Let it be ya es otra cosa, por decirlo de algún modo).

Lo que me llama la atención es cuando decís:

"Es verdad que esa diferencia no es tan acusada como en "Tomorrow never knows", o en "I am the walrus" o "Strawberry fields forever"..."

Alguna vez nombré esas mismas 3 canciones como los tres mejores temas Beatle. Extraña coincidencia, 3 de 3 en un catálogo bastante amplio (más allá de que no las apuntes como mejores en tu caso).

Ramiro Sanchiz dijo...

Sí, no sé si podría decir que esas 3 son las mejores canciones de los Beatles; mi disco favorito, por ejemplo, es el Álbum Blanco, pero a la vez me parece sumamente fácil argumentar que el mejor trabajo de la banda es Revolver... creo que me pasaría algo parecido eligiendo canciones, esa tensión entre mis favoritas y las que puedo argumentar que son especialmente buenas o incluso las mejores...
En cuanto al quiebre: me parece que los Beatles, sacando quizá los 3 primeros álbumes, siempre tuvieron alguna intuición más o menos fuerte del uso del estudio como instrumento. Si lees los procesos de bouncing que hacían para paliar las 4 pistas disponibles y las cosas que le sumaban a último momento (una pista entera para un detallecito del final, luego de haber tenido que remezclar todo, por ejemplo), creo que se nota cierta, como decía, "intuición" de las posibilidades del estudio. Claro que pasando Revolver esto está clarísimo y de hecho es ya una práctica establecida más que una "intuición", pero en rigor me parece que si bien hay puntos que demarcan zonas con cierta claridad, el proceso "subterráneo" es más complejo y continuo

Juan Manuel Candal dijo...

Sí, yo también prefiero el Album blanco (que no tiene ninguno de esos tres temas).

Ya sé lo que decís del bouncing y de hecho, de cómo se creo el efecto flanger (que pocos años después sería un pedal) en el estudio mucho antes de todo lo que yo digo. Pero a lo que voy es que creo que hay un punto importante entre el momento en que experimental porque te das cuenta que algo puede proveerte ciertos sonidos o elementos interesantes y aquel otro en el que ya sos enteramente conciente de las posibilidades que brinda el estudio. Casi como el punto de quiebre de un instrumentista, que aprende a tocar más o menos bien y el momento en el que domina el instrumento. Y creo que ese quiebre está plasmado en obra.

Pero incluso, habría que pensar si existe alguna obra genial que no tenga un punto de quiebre. Todos los artistas geniales suelen tenerlo: comienzan teniendo un talento, una habilidad, un destello, y hay un punto en su desarrollo como emisor y receptor de lo que sea que hacen a nivel artístico, en el que encuentran eso que de afuera llamamos genialidad.

Es decir, si los Beatles se hubiera separado después de Help, claramente no se hablaría de genialidad alguna, salvo alguno muy fanático. Sería una banda más que aportó al despegue de cierta música. Más todavía se se hubieran separado después de Beatles for Sale.

Por supuesto que EXISTE una continuidad, pero esa continuidad no creo que sea jamás algo tan fluido. Creo que hay un punto en el que se infecta de un acelere y un descubrimiento que lo lleva a la siguiente etapa y ese es el punto de quiebre.

Repiro, creo que todo artista es así. No es lo mismo Kubrick antes de 2001 que después (si bien tiene excelentes películas antes). No es lo mismo Pink Floyd antes de Dark Side (y eso que es un disco que no me gusta particularmente a mí). Etc. Etc. Se nota todavía mucho más con los artistas plásticos: son un conjunto de sus influencias y de repente, a partir de una serie, aparece algo que los separa del resto de un modo mucho más definitivo.

Ramiro Sanchiz dijo...

El argumento de qué pasaba si los beatles se separaban en Help! es interesante, pero lamentablemente -como todos los contrafácticos y las ucronías- permite una enorme gama de especulaciones. habria que justiricarlo, claro, pero creo que si se hubiesen separado en esa época igual hubiesen sido considerados geniales, quizá no "tanto", pero sí a un nivel importante... aunque sería una "fama" distinta, que no llegaría tanto hasta el 2010... ¿o sí? Es curioso leer el texto original del LP "Beatles for sale": decía algo así como que los chicos seguirían escuchando a los Beatles en el año 2000...

Ramiro Sanchiz dijo...

Pero en todo caso deja abierta una pregunta: ¿cómo se escribe la historia del rock y cuándo? ¿Cuándo los beatles pasaron a ser considerados innovadores absolutos, creadores de básicamente todo? ¿Quién lo dijo? Fijate en un post viejo sobre Bob Dylan y la invención del "rechazo del público"...

Juan Manuel Candal dijo...

Sí, entiendo lo de la "ucronía" (vos y tus ucronías) si los Beatles se hubieran separado después de Help.

Pero pensalo de otro modo. ¿Qué hubiera pasado si Elvis o Chuck Berry o cualquiera de los rockanroleros de los 50 hubiera dado a mitad de su carrera, luego de varios hits, un vuelco sónico diferente. Seguramente tendría hoy un prestigio ARTÍSTICO mucho mayor.

Yo creo que el prestigio ARTÍSTICO de los Beatles hoy en día es el de la segunda etapa. No digo que no tengan cosas meritorias antes, sólo que eso no bastaría, hoy, cuarenta y tanto años después, para volverlos tan relevantes.

Ojo, no estoy en contra de tu teoría de la continuidad. Pero creo que todo artista genial tiene ESE momento en el que pega lo que podría llamarse, darwinianamente, el "salto evolutivo" y que ese salto se da de un momento a otro: o sea, ES PARTE de esa continuidad, pero también una atomización.

En fin, como sabés, no soy FAN de los Beatles. Les reconozco muchas cosas, pero me cansan.

Es evidente que un beatlemaníaco no puedo ser demasiado floydiano y lo mismo al revés.

¡Long live Roger Waters! ;-)

Ramiro Sanchiz dijo...

Ahora... ¿Era tan genial Elvis? O sea, era un enorme cantante (de los 5 mejores de todos los tiempos, por supuesto), pero de ahí a ser un genio musical como Lennon, Waters, Hendrix...
Esto va por lo del turning point. Quienes no dieron un turning point quizá fue porque no tenian what it takes...
Por otro lado, ¿quienes dieron en la historia del rock verdaderos turning points? Zeppelin no; Pink Floyd no (hubo cambios de administración, digamos, y desarrollo, pero no veo un quiebre tan claro entre Meddle y Dark Side, por ejemplo); Deep Purple no; yo diría que los turning points son propios de realmente muy pocos, como Bowie o Dylan, por ejemplo, y aun así habría que pensarlo mejor. El cambio glam rock/soul y R&B que dio Bowie en el 75 en realidad se venía gestando hacía años, y es verdad también que a Bowie le encantaba el sonido soul... y en cuanto a Dlyan, otra vez tendré que cometer la petulancia de dirigirte al mismo post jeje

Juan Manuel Candal dijo...

Sí, Floyd tiene al menos UN turning point, si no más:

De Meddle a Dark Side existe por el lado conceptual (y la maravilla de ingenieria sónica, otros que usaban el estudio como un instrumento).

Ojo, no creo que Elvis fuera un genio, eh.

Bue, tampoco creo que Bowie lo sea =)

Ramiro Sanchiz dijo...

hereje!

Omar Gómez De Luca dijo...

En mi humilde opinión el turning point más extraño fue el de Lou Reed, con el Metal Machine Music, que mató el Glam-rock, e instauró una "vuelta" a sus raíces garage-rock.

Otro que tuvo varias subidas y bajadas fue Neil Young de pasar del folk-rock al proto-grunge entre el 78-79.

Ramiro Sanchiz dijo...

No conozco muy bien la discografía de Lou Reed, pero... ¿el glam no fue algo exclusivamente contenido en el disco Transformer, y, en todo caso, en el Rock and roll animal, que es en vivo? Me parece que el turning point ahí fue pasar de Transformer a Berlin... y luego evoluciona a su manera, con otro turning point supongo en Metal Machine Music... (a lo que Bowie le tomaría el pelo en "Tin Machine")

quique alcatena dijo...

George Martin siempre hablaba de la "curiosidad" de los Beatles por sonidos nuevos, compositores, etc, manifiesta desde el principio de´la fructífera colaboración que tuvieron con su productor musical. Los atisbos de ese "sonido" del que hablás, Ramiro, ya estaban en sus primeros discos (basta escuchar sus complejas y para nada trilladas armonizaciones vocales), pero es verdad que el '66 fue el año del gran salto.
Por supuesto que entran a tallar nuestras preferencias personales cuando hablamos de tal o cual artista o músico como emblema de ese "salto" que lleva a la órbita de lo "genial" (término espinoso si los hay), pero me cuesta sumar otro nombre a esa lista ideal que esté a la altura de los Beatles y Dylan. Buenísimo tu blog.

Ramiro Sanchiz dijo...

Gracias Quique, y es un placer contarte entre los lectores de Aparatos (te tengo que decir me dejaste interesadísimo en esa adaptaciónd el Ramayana que mencionaste en la presentación de "Acero Líquido"!).
En cuanto a los Beatles, quizá podamos pensar que todos esos indicios que venían dándose en sus discos anteriores de alguna manera "cristalizaron" en 1966, con Revolver. Ayer estuve leyendo sobre las técnicas de grabación y mezclado usadas en los discos de los Beatles; me parece clarísimo que el eje de su evolución tiene mucho que ver con el descubrimiento de técnicas de grabación: desde las 2 pistas de los primeros discos hasta las 4 que emplearon hasta el Álbum Blanco, el avance en la complejidad de los procedimientos es notable. Los temas intrincadísimos de Sargent Peppers no fueron grabados con mejor tecnología que A Hard Day's Night. Eso es algo a tener en cuenta!