Para empezar por lo más obvio: la expectativa generada a lo largo de por lo menos una década debe entenderse como uno de los dos handicaps "de origen" más importantes de
Chinese Democracy; el segundo, para los fans clásicos de la banda, sería la ausencia de elementos considerables como esenciales a la música de Guns N' Roses, particularmente la guitarra de Slash.
En cuanto a la expectativa, dificilmente podría cualquier disco estar a la altura de la ansiedad que generó el tiempo que pasamos esperando
Chinese Democracy. Si Led Zeppelin, por pensar como ejemplo a la banda de (hard) rock indiscutiblemente más importante hasta la fecha, hubiese demorado 10 años en lanzar un disco que siguiera a
Led Zeppelin IV,
Houses of the holy, pese a sus excelencias evidentes ("The rain song", "Over the hills and far away", "No Quarter" y "The ocean") no habría generado más que una tibia desilusión. Cualquier sonido que surgiera de
Chinese... no sólo sería medido contra el standard de la banda (altisimo teniendo en cuenta los
Use your illusion y el clásico
Appetite for destruction) sino contra la construcción ideal de "disco que lleva tanto tiempo de planeación" y la expectativa creada por las declaraciones de Axl y los mínimos avances ofrecidos al público (muchos de ellos desilusionantes, como la actuación en
Ro
ck in Rio, otros más interesantes, como el tema "Madagascar"). El producto final siempre iba a ser "menos" que lo imaginado/deseado por los fans, y claramente lo fue. De hecho, solo pasada una primera etapa en la recepción del disco podría juzgárselo por lo que es, no por lo que "debió" o "pudo" ser. Pero ya volveré a este punto.
El segundo handicap es más interesante, porque nos plantea varios interrogantes. Para empezar: ¿existe la esencia de una banda? Es inimaginable que los Beatles cambiaran alguno de sus integrantes, pero, por otro lado, los elementos en común entre la banda que grabó "Why don't we do it in the road" o "Helter Skelter" o "I want you (she's so heavy) y a la que debemos "Please Mr.Postman", "I want to hold your hand" o "She loves you" son tan generales (o ideales, o a posteriori) que parecen análogos a cierto tipo de items que podrían tener en común bandas tan diferentes como Pink Floyd y Marilyn Manson. Es verdad que Queen sin Freddie Mercury "no es Queen", o que The Doors sin Morrison "no es The Doors", pero basta con examinar la carrera de Black Sabbath para pensar que lo de "vocalista irremplazable" no es necesariamente una ley general. Podría pensarse en un espectro de bandas de acuerdo a un valor "decreciente" de "esencia". Beatles, Doors, Stones, Queen, podrían encontrarse en -digamos- el confín ulravioleta, mientras bandas como Deep Purple, Jethro Tull y Kiss se acercarían al otro. Una vuelta de tuerca predecible a esta idea sería preguntarse si en una banda X el papel preponderante lo tiene el vocalista, el primera guitarra, el tecladista, el bajista o incluso el baterista. En el caso de The Doors, Manzarek es, cabe argumentar, tan irremplazable como Morrison; y Deep Purple pudo seguir sonando a "Deep Purple" (ese concepto artificial de "esencia de una banda") sin Ritchie Blackmore siempre y cuando alguien -Jon Lord o quien fuese- tocase "esos" teclados. No se trata de una decisión fácil. ¿Qué tan idiosincrática es la guitarra de Brian May, por ejemplo? Si Queen hubiese mantenido a Mercury, Deacon y Taylor, pero reemplazado a Brian May por, digamos, Tony Iommi, ¿habría seguido siendo Queen? Los fans dirían que no, y yo no estoy seguro, pero me resulta interesante plantear la pregunta, porque se vuelve necesario considerar argumentos, razones. Otro ejemplo: la reformación de The Smashing Pumpkins para el disco
Zeitgeist. De la banda original (Iha, Wretzky, Corgan y Chamberlin) solo permanecen Corgan y Chamberlin; ¿el sonido de la batería es un elemento "esencial" para discos como
Gish o
Mellon Collie? ¿Es una batería lo suficientemente idiosincrática como para pensar que sin ella los Pumpkins no serían los Pumpkins? En tal caso... ¿es
Adore un disco de los Smashing Pumpkins? La respuesta de todos los fans que conozco a esta última pregunta -incluyéndome- es que
sí, de hecho
Adore es en gran medida mi álbum favorito del grupo de Chicago. Si podemos pensar que Chamberlin (un excelente instrumentista) no es un aporte "esencial" a los Pumpkins, ¿basta con Corgan para pensar que
Zeitgeist pertenece a la discografía de The Smashing Pumpkins? ¿Es
The division bell un disco de Pink Floyd, más allá de que nominalmente sí lo es? Toda construcción de una banda es artificial; si yo digo que Smashing Pumpkins es Corgan (puedo argumentar que al menos sus mejores trabajos -los destacados por la crítica, en todo caso- son conceptos de Corgan y, en su gran mayoría, están armados por composiciones de Corgan), entonces su último disco hasta la fecha es tan Smashing Pumpkins como
Siamese Dream. Pero me resulta fácil imaginar fans old school que lo nieguen (pese a que "Bleeding the orchid", punto alto del disco, es en mi opinión -en mi "sentimiento" de la banda, vale aclarar- tan Pumkpins como cualquier tema de
Machina), argumentando -por ejemplo- que no hay muchas razones para diferenciarlo de
Mary Star of the Sea (de Zwan) u otras composiciones "solistas" de Corgan. ¿Pero, una vez más, no fue siempre Corgan el "responsable" de los Pumpkins? ¿Son tan decisivos los aportes de Iha y de D'arcy? Lo son en cuanto a imagen, indudablemente. En gran medida los Pumpkins se diferenciaron de otras bandas de su momento por tener una mujer en el bajo o por adoptar una imagen compleja e interesante en sí misma -Corgan con sus sotanas, el post-glam de James Iha-; rotos los elementos que generaban esa imagen -es decir, dejando solo al pelado Corgan-, quizá lo que queda -pese a que musicalmente pueda ser indistinguible de las referencias pasadas, o de la "edad de oro" de la banda- no es realmente Smashing Pumpkins. Los ejemplos podrían multiplicarse: Jethro Tull es ante todo Ian Anderson, hasta el punto que sus proyectos solistas no son tan distinguibles (más allá de alguna intencionalidad menos rockera, si es que existe tal cosa) de Jethro Tull en sus múltiples etapas e integrantes. Deep Purple es quizá el caso más perfecto de una banda que nunca fue igual a sí misma; yo soy fan del lineup conocido como “Mark II”, es decir Ian Gillan en vocals, Ritchie Blackmore en guitarra, Jon Lord en teclados, Roger Glover en bajo e Ian Paice en batería. Sin embargo, conozco muchos metaleros de la “vieja guardia” que toman como referencia al Mark III, con Coverdale en la voz y Glenn Hughes en el bajo y también voces. Apenas he escuchado la producción de esta banda mítica en los 90, pero me gusta mucho el trabajo de Steve Morse en el Mark VIII, y
Rapture of the deep y
Bananas me parecen buenos discos. De hecho, los vi en el montevideano Velódromo allá por el 2006, y cabía preguntarme si lo que estaba presenciando era Deep Purple (tengo un viejo amigo que no quiso ir a verlos pensando, justamente, que "no era Deep Purple"). Faltaba Blackmore, no estaba Jon Lord (Don Airey, sin embargo, estuvo a la altura todo el tiempo, y me encantó su solo instrumental con temas de John Williams), pero sí estaba Ian Gillan (que empezó trastabillando con “Pictures of home” pero llegó a sus famosos alaridos en “Highway star” y “Space Truckin’”), sí estaba Roger Glover, sí estaba Ian Paice. En otras palabras, para una banda con ocho formaciones (por lo menos, quizá esté escapándoseme alguna más reciente), ¿dónde ponemos la “esencia”, más allá del gusto personal? La cuestión se amplifica al considerar a ciertos solistas. En el caso de Bowie, por ejemplo. ¿Cuándo empieza a “ser” David Bowie? La pregunta asume que existe un modo de
ser David Bowie al que el artista llegaría en algún momento y se mantendría hasta perderlo y luego, quizá, recuperarlo. Muchos fans concuerdan en que, más allá de sus cambios constantes (brillantes), Bowie empezó a ser plenamente Bowie en algún momento entre
The man who sold the world y
Hunkydory, que lo fue plenamente hasta
Let’s dance, que lo perdió en
Tonight, Never let me down y los dos o tres (mejores musicalmente que sus precedentes)
Tin Machine (aunque en este caso se trataba, al menos nominalmente, de una banda que Bowie integraba, y no de una continuación de su proyecto solista… pero esto nos lleva a preguntarnos por “derivaciones” de bandas como los
Projekct de King Crimson, e incluso por lo que en su momento fue un grupo llamado “Discipline” y que terminó siendo King Crimson grabando un disco con ese nombre –el favorito de muchos fans), para recuperarse de a poco a partir de
Black tie White noise, llegando a un nuevo cenit en
Heathen, comparable a
Scary Monsters, si es que este disco de 1980 fue su “último gran disco” (que, en mi opinión, lo fue). Pero esta construcción es artificial; la voz de Bowie cambia drásticamente entre
Young Americans y
Low (dejando como transición el discazo Station to station); de hecho, el tono grave y profundo que muchos asocian al “Duque” es extraño a trabajos (icónicos) como
The rise and fall of Ziggy Stardust and The Spiders From Mars; ¿qué permanece constante? Quizá –cabría adelantar como teoría- el dramatismo, la continua performance “actuada” en su vocalización; pero esto no es “único” de Bowie –también lo tenía Ian Anderson, Freddie Mercury y, en rigor, cualquier gran cantante (McCartney, Lennon, Elvis, Jagger, Joplin, Nicks, Lennox, Vedder –aunque en este último se trate de “actuar” una suerte de “honestidad”). ¿Dónde está la esencia, entonces? Pero estamos extrapolando demasiado; regresemos a un terreno en apariencia más firme: el de las bandas. Deep Purple es un caso paradigmático del cambio constante, por lo que cabría ponerlo en el costado infrarrojo del espectro. ¿Dónde ubicamos a Guns N’ Roses? Indudablemente con una vocalización diferente a la de Axl la banda no la sentimos “igual”. Los esfuerzos de ese camaleón vocal (me recuerda al Grenouille de
El perfume, en cierto sentido) que es Scott Weiland por emitir el sonido de Axl en los tonos graves y la garganta desgarrada y llena de energía (un poco a la AC/DC) de los agudos, en cierto modo convertían a Velvet Revolver en una caricatura un poco forzada. Ahora bien, si tenemos a Axl pero no a la guitarra de Slash… ¿lo que queda es Guns N’ Roses? Mi teoría es que sí. Primero, porque en general, más allá de todo lo dicho hasta ahora, son los vocalistas los que proyectan el mayor porcentaje de “esencia” de una banda; como había dicho, los teclados de Manzarek son fundamentales para los Doors, pero si tengo que dividir la torta, diría que lo son a un nivel de 40%, mientras que el otro 60% (50%, perdón, démosle algo de crédito a Krieger, aunque, a la vez, era fácilmente imitable) le corresponde al amigo Morrison; segundo, porque la imagen de una banda es más asociable al frontman que al guitarrista, por más idiosincrático que sea este (en el caso de Zeppelin es más recordable Plant que Page, aunque el ego de Jimmy seguro trabajó duro para que los fans pensasen en el constructo bifronte Page/Plant al frente); tercero, porque las melodías, o la actitud hacia las melodías, es uno de los principales componentes del “estilo” de una banda, y la melodía se encarna en el cantante, y el cantante reviste a la melodía con sus características personales, llevándola a otro nivel. Es decir, Queen sin Freddie no es Queen (George Michael podría haber sido un buen sustituto, pero ante todo para que Queen se convirtiera en la mejor banda tributo de sí misma); los Stones sin Jagger no son los Stones. ¿Y Pink Floyd? En mi opinión, el quiebre de la banda entre
The wall y
The final cut me hace pensar que el de los ladrillos blancos es el último LP de la banda de Gilmour y Waters (y no me meto en debatir sobre Barret), y no –claramente-
The Division Bell, dejando de lado también
The final cut, que es, ante todo, un disco solista de Waters. Pero ojo con esto; hace un tiempo reseñé un libro de Hugo Burel titulado
Un día en la vida, las canciones que cantaron los Beatles; en mi
reseña –para
La Diaria- señalé a Burel, a modo de tirón de orejas no exento de cierto cariño, que no había incluido en su selección (el libro consiste en reseñas de las letras de canciones que forman una suerte de canon beatlesco) ningun track de
The Beatles, el incomparable “Álbum Blanco”. Un tiempo después de publicada mi reseña el programa
Sopa de letras (en cuya derivación,
La máquina de pensar, conducida por Pablo Silva Olazabal, tengo mi columna
Mitos del futuro, sobre ciencia ficción –y perdón por el chivo) dedicó una semana entera a los Beatles, invitando a Burel para que hablara de su libro; en algún momento –yo no lo escuché, esto me lo contaron-, se refirió a “el chico que había escrito la reseña” y respondió a mi crítica usando como argumento que el Álbum Blanco era ante todo un disco armado por canciones de cuatro solistas, es decir que las canciones de John (“Dear Prudence”, “Julia”, “Everybody’s got something to hide except for me and my monkey”, por nombrar algunas) eran tan diferentes a las de Paul (“Rocky Racoon”, “Martha”, “Back in the USSR”) que el disco se convertía en un revoltijo de temas derivados de discos concebibles como “solistas”. En un principio me pareció un argumento débil (es decir, la razón seguro es que Burel, por razones generacionales, prefiere otras etapas de los Beatles a la más arriesgada, experimental y menos pop), pero luego pensé que, sin darle la razón al autor de
Crónica del gato que huye, ese asunto de los Beatles separados en cuatro solistas (o tres, pobre Ringo) a partir del
Peppers por alguna razón debe haber recibido –y seguir recibiendo- tanta atención por parte de los fans y los críticos. No me parece que justifique afirmaciones (pelotudas, en mi opinión) como “el Blanco no es un disco de los Beatles, es un disco de John, Paul, George y Ringo”, pero, sin embargo, a la vez queda claro que trabajos como
Revolver y
Rubber Soul presentan una banda más integrada y, si se quiere, sólida. ¿O no? Cambiemos de LP: “A day in the life” es, como todo el mundo sabe, una composición de John Lennon; sin embargo, ¿sería lo mismo sin el pasaje “Paul”, aquello de “woke up, fell out of bed, dragged a comb accross my head”? La respuesta, me parece, es un rotundo
no. El tema es “más genial”, si se quiere, por ese cambio drástico. En
The Beatles, en general, están los cuatro Beatles tocando todos los temas; está la batería de Ringo (esencial), está la guitarra de George (inimitable, si no pregúntenle a Clapton cuánto le costó llegar a sentir que su solo para “While my guitar gently weeps” era “lo suficientemente Beatle”), está la rítmica impecable de John, el bajo virtuoso de Paul y las voces de los tres (aunque para mí “With a little help from my friends” cantado por cualquiera que no sea Ringo no es el segundo tema del Peppers), especialmente las voces de John y Paul juntas, del mismo modo que la mística de esas fotos con Gilmour y Waters cantando juntos son tan responsables de la imagen/sonido de Pink Floyd como los solos blueseros y climáticos y los teclados de notas largas. En cualquier caso, el equilibrio de voces en una banda considerada diacrónicamente es el eje de la discusión sobre su esencia (propóngase luego cualquier hipótesis). O al menos esa es la idea implícita en este artículo. Es decir:
Chinese democracy, por tener a Axl como cantante, es más Guns N’ Roses que cualquier tema de Velvet Revolver. Ahora, ¿es un Guns N’ Roses inferior por no tener la guitarra de Slash? Pensémoslo. Slash, indudablemente, es dueño de un estilo personal y de una imagen tan reconocible como la de Jimmy Page, Jimi Hendrix, Kurt Cobain o Steve Vai. Pero su estilo en gran medida se apoya en una construcción que trasciende lo individual, ya que se apoya en armonías y fraseos tradicionalmente asimilables al blues (“bluesy”, dicen en el Guitar Hero III al describir a Slash); es cierto que el autor del hermoso solo de "Sweet child o' mine" es uno de los guitarristas más melódicos del rock o el hard rock (“killer guitar melodies”), al nivel de Santana, Gilmour o una de las tantas facetas del incomparable Jimmy Page; esas melodías, sin embargo, son tributarias de un sistema de expectativas ligado a una tradición, la del blues, de modo que, en principio, sus elementos fundamentales (apertura melódica y sonido bluesero) no son imposibles de imitar con éxito. De hecho, no necesariamente quien toque con esos gestos será automáticamente tildado de “imitador de Slash”. Quiero decir: si yo escribo una novela con capítulos que se leen en cierto orden o en cualquier orden, si juego con un lenguaje poético y una suerte de coloquialismo literario, si incorporo elementos
cool como el jazz y las calles de Paris, si le sumo una carga importante de reflexión filosófica pseudoexistencialista y si le encajo a la novela un aparato metatextual con teorías sobre la literatura atribuidas a un autor ficticio, está claro que estoy imitando a Cortázar y mi novela será una de tantas “Rayuelitas” y yo un epígono, no un continuador en el buen sentido del término. Del mismo modo, si armo un libro en base a experimentación lingüística con palabras montadas con raíces de diversas lenguas europeas, lo primero que surgirá es que estoy tratando de escribir un segundo
Finnegans wake. No hay escuela posible allí, o hay un mínimo de escuela posible. Son obras que clausuran caminos en lugar de abrirlos; o si los abren es en otro sentido, hacia otros terrenos que no requieren la copia elemento-por-elemento. Mi segunda tesis, que ya habrán adelantado, es que eso no sucede con el estilo de Slash (sí con Hendrix, por ejemplo, o con Robert Fripp). Puedo tener un guitarrista más o menos “imitándolo” y no por eso sonar “desautorizado”. Entonces: si está Axl en las voces, y si puedo disponer de dos o tres guitarristas que se las arreglen para sonar en la misma línea en que sonaba Slash… ¿por qué no llamar Guns N’ Roses al producto?
Respuesta: habría que pensar en el “estilo”, en que las formas y gestos de la música producida sean asimilables a las del modelo. Si Pink Floyd sin Waters pasaba a tocar reggae o punk, claramente no sería Pink Floyd. Pero si Tool, por poner un ejemplo, sin cambiar de integrantes, graba un disco de baladas folk… ¿sigue siendo Tool? Tenemos a Maynard y su voz inconfundible, tenemos a los mismos músicos... ¿sigue siendo la banda de
Lateralus o
Aenima? Algunos dirán que no, porque la marca de Tool es su exploración de ciertas variedades del metal que lindan lo progresivo y lo “alternativo”; que claramente son fundamentales para su imagen musical los riffs en métricas ajenas al clásico 4/4, que el sonido de distorsión densa, las afinaciones alternativas, la presencia deslumbrante del bajo y el virtuosismo de la batería son tan fundamentales como la voz de Maynard. Pero otros dirían que sí, porque otros artistas han cambiado drásticamente a lo largo de su carrera (Beatles, Bowie, Stones) y han seguido siendo “ellos mismos” la mayor parte del tiempo. Porque quizá este hipotético Tool camaleónico logrará mantener cualidades “esenciales” más profundas que las recién mencionadas, como diciendo “ah, pensaban que nos podían reducir a cuatro o cinco cosas, bueno, tomen, este disco es tan Tool como
Lateralus pero no tiene ni distorsión ni riffs en métricas imposibles ni hay bajos como el de “Schism”). Se trata, claro, de un espacio totalmente especulativo, pero la posibilidad está. Sin embargo, no es necesario recorrer estos caminos para pensar
Chinese democracy. El sonido de la banda en este disco es ante todo una “actualización” del que recordamos de los
Use your Illusion. Se trata de una declaración estética de Axl, quien nos viene a descifrar el puzle del presente como diciéndonos “esto es el sonido del presente: esta serie de gestos. Yo puedo tomarlos y aplicarlos a la matriz de mi música, y así produciría sonidos del presente”. ¿Muy rebuscado? Para nada. Tomen el DVD
A reality tour de David Bowie y escuchen como “actualiza” temas clásicos; luego compárenlo con las estrategias de “actualización” que seguía allá por 1997, en la época del cumpleaños 50 o la gira de
Earthling. Un ejemplo concreto: “Man who sold the world” lo tocaba cubierto por sonidos electrónicos, por teclados exóticos (en plan marroquí o también cercano oriente), por bases Drum and Bass; en el 2003 nada de eso aparecía, y “Man who…” sonaba más parecido al original, de hecho como una “vuelta” al original, aunque si lo escuchamos con cuidado encontramos otra solidez, otra alma “rockera” (por la que Bowie no se preocupaba en el 72, o que usaba con cierta libertad desafiante, pero que sí es relevante para él ahora, habiendo grabado un disco tan claramente “rock” como
Reality), otra aproximación a la melodía. Es decir, Bowie en el 97 pensaba que el presente (y el futuro) de la música estaba en esas formas cuasielectrónicas (no en vano grabó
Earthling, que, es la fusión –casi- perfecta entre rock y electrónica); temas como “Battle for Britain” podrían imaginarse grabados por un Bowie “a la antigua”; en todo caso, es fácil pensarlos como “concebidos” a la antigua y luego “formateados” a la “presente” –la presente de 1997, claro. Si pensamos en temas de esa época reversionados 6 años después –“I’m afraid of americans”, por ejemplo, vemos que lo “electrónico” es dejado o bien en plan nostalgia o bien reemplazado por una crudeza más industrial o “hardrockera”. Bowie nos habla del presente adaptando sus temas; Axl hace lo mismo. No sería difícil tomar todo
Chinese Democracy y arreglarlo a la manera de
Use your illusion. Y el resultado sería temas tan “guns n’rosescos” como “Dust and bones”. Como ejemplo basta con escuchar "I.R.S." removiendo la pintura industrial y la producción exacerbada, tan “digital”. De hecho, las versiones en vivo de muchos temas logran esto en cierto modo, asi fuese únicamente por las exigencias de tocar “sólo” con tres guitarras y un mínimo de sampleos que también pueden hacernos pensar en una actitud que separe la música “de estudio” de la música “en vivo”, más cruda, fuerte y directa (volviendo a Bowie, comparen la versión en estudio de “I’m afraid of Americans” con las tocadas en vivo a partir del 97).
Entonces: el disco sí suena “a la” Guns N’ Roses. O lo que Axl cree –quizá con razón- que sería Guns N’ Roses en el siglo XXI.
Por lo tanto, ¿es válido como otro disco en la serie inaugurada por
Appetite? Mi opinión: sí, rotundamente sí.
¿Y en cuanto a una valoración? ¿Es tan bueno como otros discos de la banda? Esto es subjetivo. Yo no puedo evitar sentir como mi favorito al
Appetite, pero también sé de gente que prefiere
Led Zeppelin I a
Led Zeppelin IV o
Physical Graffiti. En cuanto a las canciones, aquí también nos ubicamos en un espacio estrictamente personal. “Sorry”, “Catcher in the rye”, “Madagascar”, “Street of dreams”, “If the world”, “This I love” y “Chinese democracy” me parecen composiciones excelentes.
En conclusión: más allá de que el disco guste más o menos, hay buenas razones para discutir afirmaciones como “no son los Guns, son la banda del gordo Axl”; incluso si pensamos que ninguno de los nuevos guitarristas logran llegar a la presencia o la “personalidad” de Slash, cabe argumentar que esa sensación nos es despertada por no otra cosa que compararlos con Slash: es decir, vemos a la banda a través de su miembro ausente y a partir de ahí concluimos que “algo falta”. O sea, un pensamiento circular. Superados esos escollos,
Chinese Democracy es un disco válido, decente, con temas excelentes, temas buenos y otros no tanto, pero pretender que todas las canciones del disco sean geniales es pedir a Axl que se convierta en Led Zeppelin, y que lo que grabe no sea otra cosa que el
Led Zeppelin IV, uno de esos pocos discos donde todo es perfecto y nada sobra y nada falta; si Axl sigue adelante con sus nuevos Guns, podrá crear –es concebible- un disco “mejor” que este, e incluso -¿y por qué no darle la posibilidad? ¿Cuáles serían las razones?- mejor que los
Use your illusion o
Appetite for destruction.