miércoles, 29 de diciembre de 2010

2010: un repaso

Como este blog no es un diario íntimo, aunque a veces lo parezca, este repaso del 2010 se centrará en asuntos literarios o vagamente literarios o conectados con la literatura. Y para empezar es ineludible decir que para un servidor el 2010 fue un año extraordinariamente fértil en ese campo (¿voy a tener que empezar a tomarme en serio la astrología china?)
En enero y febrero, por ejemplo, puse a punto Algunos de los otros, el libro de cuentos que sería publicado en agosto por la editorial Trilce; también terminé una novela corta titulada Trashpunk, que puede leerse en Axxón (ver sección "ficciones" de este blog) y armé un libro titulado Subterráneos, todavía inédito, que une esta nouvelle al cuento "Los otros libros", publicado eventualmente en Axxón y el fanzine Tau Zero. Fueron dos meses especialmente productivos: también escribí las nouvelles La historia de la ciencia ficción uruguaya, con el ubicuo Federico Stahl indagando los rincones oscuros de la "historia" del género en su mundo, que difiere ligeramente del nuestro a partir de ciertos acontecimientos de 1973, y Ficción para un imperio, terminada su primera escritura en marzo, que cuenta qué le pasó a otro Stahl después de una de sus tantas muertes.
También a principios de 2010 conocí por mail a Juan Manuel Candal, director de la revista Otro cielo y -desde hace poco menos de un mes- la editorial Reina Negra. Juan publicó mi cuento "Patricio" en el primer número de su revista y, a partir de ahí, se volvió el mayor experto en asuntos Stahlinistas (creo que a estas alturas ya sabe más que yo al respecto). La colaboración y la amistad crecieron. Me convertí en columnista de Otro cielo con la sección de ¿humor? Confesiones de un librero amargado, y también me encargué en algunas ocasiones de la sección GPS, sobre diferentes localizaciones interesantes alrededor del mundo.
El año prosiguió con las revisiones de los textos anteriores y algún cuento revisado o reescrito para publicar por ahí, por ejemplo en Axxón y la revista colombiana Cosmocápsula, además de Otro cielo. Fue un placer en su momento colaborar con Juan sugiriéndole los nombres que luego pasaron a integrar el especial de literatura joven uruguaya, donde publicaron muchos amigos (bueno, muchos de ellos entonces eran amigos); también me alegra que habiéndole pasado esa "lista" de escritores jóvenes e interesantes Juan llegó a conocer a Horacio Cavallo, que colaboraría con Otro cielo mediante una sección de poesía, y a Pablo Dobrinin, que pronto editará un libro fantástico de cuentos fantásticos en la fantástica editorial Reina Negra.
Escribiendo para La Diaria a lo largo del año tuve la oportunidad de leer libros excelentes. Mi elección de la mejor novela del 2010 es 180, de Carlos Rehermann, cuya reseña de mi autoría fue publicada el 8 de noviembre, pero también disfruté mucho de La bestia, de Ercole Lissardi (reseña aun inédita), de los libros Nocilla lab y Nocilla experience, de Agustín Fernández Mallo (más adelante volveré a Agustín), de El hombre olvidado / El corazón reversible, de Tarik Carson (reseña que aun no escribí!), y de El Error, de César Aira, por mencionar sólo algunos en una lista que incluye reediciones de Elvio Gandolfo y Mario Levrero. Otro gran libro que reseñé este año fue La mejor de las fieras humanas, la biografía de Herrera y Reissig escrita por Aldo Mazzucchelli, asi como también el ensayo Prohibida la entrada a los uruguayos, de Eduardo Espina, sobre la poesía del gran Julio Herrera y Reissig.
La editorial Irrupciones fue lo suficientemente amable (e ingenua) como para confiar en mí como presentador de dos de los libros que publicaron este año: La reina de las nieves, de Gandolfo, y El hombre olvidado / El corazón reversible, de Tarik Carson. Las dos presentaciones las celebramos en la librería La Lupa, junto a amigos y amantes de la literatura. Ambas ocasiones fueron un placer para mí, asi como también participar del libro Casa tomada, editado por la gente de La Lupa, que recopila trabajos expuestos a lo largo del año en la librería. Mi colaboración es un texto breve titulado "Grietas", que dentro de un tiempito seguro publique aquí en Aparatos.
Otro de mis momentos favoritos del año fue la semana que pasé en Madrid invitado por la gente de Casa de América, en el tercer congreso de jóvenes narradores iberomericanos. Tuve el placer de conocer a Rodrigo Fresán, uno de mis autores latinoamericano favoritos, y a Patricio Pron, Samanta Schweblin, Iosi Havilio, Esteban Mayorga, Susana Haug Morales, Juan Sebastián Cárdenas, Mario Cuenca, Andrés Barba, Rodrigo Hasbún, Carlos Llabé, Santiago Nazarian, Claudia Ulloa Donoso, Eduardo Sánchez Rugeles, Tryno Maldonado, Claudia Hernández, Mercedes Cebrián y Antonio Morato. Una crónica apenas ficcionalizada de esa semana puede ser leída en el "Diario de Viaje" que publiqué en la revista Freeway, creo que en octubre (pero puede ser en septiembre, ojo). Volví de Madrid entusiasmado con lo bien que me había caído la comida local (a Matías Bergara le pasó algo similar, pero con Gijón en lugar de Madrid; conclusión: en España se come bien), contento por haber conocido a tantos nuevos amigos y con casi 20 libros en la maleta (para algo sirvieron tantos años de jugar al Tetris).
Luego del placer vino el trabajo. Me pasé julio, agosto y septiembre trabajando en la redacción de la Guia del Mundo, junto a Amir Hamed. Fue una experiencia aleccionadora en muchos sentidos, no sólo los relativos a la escritura y a la investigación sino también en cuanto a historia y política. Ojalá todos los trabajos nos aportaran tanto como me aportó la Guia del Mundo.
Durante mi trabajo junto a Amir escribí un cuento largo titulado "Nadie recuerda a Mlejnas", que Candal publicó en el número 8 de Otro cielo. También por esas fechas se publicó la antología Neues vom fluss, en Alemania, que conteiene mi cuento "Breve historia de la realidad" en traducción al alemán. Aun no tengo el libro en mis manos (está prometido para enero), y, de todas formas, no sé alemán, asi que procuraré que alguién lo lea por mí para contarme qué tan bien traducido está (cosa que igual no tiene importancia; de hecho, no me costaría creer que la traducción lo haya mejorado).
Otro "resultado" de mis días con la Guia fue estrechar la amistad con Amir Hamed, a quien admiraba por la gran novela Artigas blues band, una de las pocas monstruosidades de la literatura uruguaya reciente. Desde ese vínculo surgió la idea de organizar una serie de eventos que unieran música con literatura; finalmente Amir creó las "Jornadas Beatnik", cuatro en total entre octubre y noviembre, un éxito de público (por cantidad y por calidad)  y, otra vez, una ocasión de hacer buenos y nuevos amigos. En lo personal, mi participación fue una lectura titulada "No tenel, volvel vielnes", sobre textos de Burroughs, Ballard y Rimbaud, además de uno de los cuentos de Algunos de los otros, con Ernesto Pasarisa en el bajo, Omar Gómez en FX y Carlos Rehermann en batería. Pero lo más disfrutable fue la banda que armé para la ocasión, junto a los amigos Ernesto Pasarisa, Fede Fromhell (guitarra y vocales de The Blueberries el primero, batero de la misma banda el segundo) y Nacho Viera (vocalista de Red Lizards); con actitud punk (mínimo ensayo, idea de sacar al menos 3 temas nuevos por semana, arreglos para una sola guitarra) y muchas ganas de divertirnos ante todo, nació "Pleroma", con un servidor en la guitarra, Ernesto en el bajo, Nacho como vocalista y Fede en la batería. El repertorio incluyó "Get it on", de T-Rex, "Space oddity", de Bowie (los únicos temas que tocamos en todas las jornadas, el de Bowie porque lo amamos y el primero porque salía con todo el swing que corresponde), "Gimme Shelter" de los Stones, "Hey Bulldog" de los Beatles y "Rockin in the free world" de Neil Young, entre otras. Amir se nos sumó en guitarra y vocales para versiones de "You can't always get what you want", "Knockin on heaven's door" y "Desolation row". Las jornadas, como dije, fueron un éxito: excelentes lecturas en todo momento y un emocionante homenaje a Gustavo Escalnar, que lamentablemente murió pocos días antes de la cuarta jornada, en la que estaba prevista su lectura.
En total en 2010 publiqué tres libros: el ya mencionado Algunos de los otros, que presentamos en Café La Diaria junto a Gabriel Lagos, y también Vampiros porteños, sombras solitarias, con la editorial cartonera madrileña Meninas Cartoneras, y Del otro lado, con La Propia Cartonera. Un cuarto libro, Nadie recuerda a Mlejnas, está todavía en imprenta, esperando luego cruzar el Rio de la Plata. Si bien toda su preparación fue del 2010, su fecha de salida es 2011, asi que servirá de puente al año que ahora empieza. La portada la dibujó el inigualable Matías Bergara, que (para mí placer y el de los lectores) se ha encargado de la gráfica de todos mis libros (excepto Vampiros porteños, sombras solitarias). Comenzó nuestra colaboración en 2008 con la portada y las ilustraciones de 01.lineal; seguimos con portada, ilustraciones y una historieta para Perséfone, la portada de Algunos de los otros y varias ilustraciones para Del otro lado. Como dije muchas veces (y no me cansaré nunca), Matías es el mejor dibujante de su generación, como historietista y también como ilustrador; es asombroso constatar su evolución en estos años, a través de comics como Los últimos días del Graf Spee y Acto de guerra, con guión de Rodolfo Santullo, pero también en su trabajo para Freeway y las excelentes adaptaciones de Onetti que ha publicado, sin olvidar su blog, donde expuso su reciente etapa "rectangulocolorista" (y no voy a intentar explicar de qué se trata, pasen al blog de Matías y vean!).
Otro de los mejores momentos del 2010 fue mi visita a La Plata junto a Fiorella. Allí conocimos a Juan Manuel Candal y su novia Carlota, excelentes anfitriones ambos. Pasamos horas conversando, de literatura, cine, música y "todo lo demás". Fue un placer conocer en persona a Juan, que visitará Montevideo en enero (trayendo por supuesto los ejemplares de Nadie recuerda a Mlejnas!); de Buenos Aires volví con la sexta temporada de Lost (regalo de cumpleaños de Juan) y varios libros, entre ellos material de Fresán, Laiseca y el gran Fogwill, cuya muerte marcó uno de los puntos más tristes del año.
Unos meses antes del viaje a Argentina con Fiorella cubrí el Festival Ñ para La Diaria. Las conferencias de Piglia y Fogwill, diametralmente opuestas, fueron sus puntos fuertes (como también lo fue, meses antes, conocer a César Aira en la presentación de la edición de La Propia Cartonera de Mil gotas); volver a saludar a Andrés Barba, Mercedes Cebrián y Antonio Morato fueron otros grandes momentos, junto a la entrevista que hice a Agustín Fernández Mallo, con quien compartí luego una cerveza (junto a Julián Ubiría) y mucha charla sobre los Beatles.
El 2010 fue el año además del nacimiento de un proyecto editorial junto a Martín Fernández, de Estuario/HUM. Si todo marcha según lo planeado, en el 2011 estos planes se materializarán en forma de libros maravillosos de las mejores mentes de mi generación (aun no destruídas por la locura, espero). Por esto estoy muy agradecido no sólo a Martín, que escucha mis planes absurdos, sino también a todos los autores que colaboraron con apoyo y literatura: Patricio Pron, Andrés Neuman, Mercedes Cebrián, Juan Sebastián Cárdenas, Carlos Llabé, Esteban Mayorga, Juan Terranova, Pedro Peña, Agustín Acevedo Kanopa, Camilo Baráibar y Valentín Trujillo, entre otros.
No puedo dejar de nombrar la mención que mi libro Subterráneos obtuvo en el concurso de narradores de Banda Oriental; junto a Pedro Peña, también ganador de una mención, y Leonardo de León, cuyo libro No vi la luna mereció el primer premio. En compañía de Fio, Horacio Cavallo, Valentín Trujillo, Damián González Bertolino, Rodolfo Santullo y algunos más pasamos una linda tarde en Minas.
Otra alegría fue compartir con Horacio Cavallo y Javier Etchemendi la presentación de nuestros libros premiados por los Fondos Concursables 2009 (Fabril de Horacio, Sueños de revólver de Javier y mi Algunos de los otros) en la Feria del Libro de Atlántida, donde fuimos tratados realmente muy bien y tuvimos la chance de conectarnos con el público, no tan escaso -para nada- como esperábamos.
El 2010 fue también el año de dos talleres que me tocó dirigir. El primero fue mediante el programa Esquinas de la Cultura de la Intendencia de Montevideo. En el centro comunal Kruegger, del barrio Goes, se reunió un grupito de entusiastas de la escritura, que tuve el honor y el placer de supervisar. Fue una maravillosa experiencia, en la que todos pudimos tomar contacto con visiones diferentes y recibir y ofrecer aportes enriquecedores. El segundo taller lo organicé junto a la gente de Café La Diaria, y nucleó un grupito de entusiastas de la ciencia ficción, que se reunió (y se reúne) todos los lunes para conversar sobre los grandes autores del género, y fue también, además de servirme para refinar mis ideas sobre mi género favorito, una fuente de cálidas y nuevas amistades.
También me dediqué a hablar de ciencia ficción con mucho entusiasmo en el programa La máquina de pensar, conducido por mi amigo Pablo Silva (con la producción del gran Gustavo "el flaco" Germán), bajo el nombre ballardiano de Mitos del futuro. Quincena tras quincena conversamos sobre Philip Dick, J.G.Ballard, Frank Herbert, Ursula LeGuin, William Gibson y otros autores; cuando termine este ciclo de Mitos, en febrero de 2011, subiré al blog un extenso post con todas las minireseñas de libros que comenté en el aire (algunos audios se pueden escuchar en el blog del programa).
Aparatos de vuelo rasante fue en 2010 el escenario de varias controversias, discusiones o incluso enfrentamientos. Por alguna razón así ha venido siendo desde que lo abrí en 2008 (de hecho uno de los primeros post fue a su modo "controversial", por las opiniones que vertí sobre la antología Esto no es una antología, especialmente sobre el tontísimo prólogo que escribió para la ocasión el compilador Horacio Bernardo, que además de escribir una novela tontísima se ha dejado ver por ahí detras de paredes de cristal fingiendo que escribe, cosa esencialmente irrisoria en cuanto gracia o chiste, a diferencia de las bobadas que escribió en el prólogo al mencionado compilado de cuentos), especialmente en momentos en que no tuve ninguna intención de causar polémicas; será porque me cuesta callarme la boca y no responder, supongo. Este año la mayor "polémica" (uso ese término a falta de uno mejor, ya que en general lo que faltó aquí fueron argumentos y verdadera lectura y discusión) que vio este blog fue la motivada por dos cosas que postee: primero, que Dani Umpi no es un trasngresor (y que su literatura no me interesa especialmente); segundo, que muchos autores de mi generación en Uruguay se rigen -me parece- por una suerte de apelación al sentido común que los lleva a no arriesgarse, a no radicalizar sus escrituras, a no jugarse por un proyecto escritural demasiado marcado, a no ejercer opiniones demasiado definidas sobre sus colegas, a buscar nichos de eficacia ya comprobada para instalar sus escrituras, entre otras cosas. Actitud que, dije en el post, me parecía demasiado cercana (o tendiente a) la medianía o incluso la mediocridad. Alguien me pidió que diera nombres; en principio no se trataba de señalar "personas" (cosa que no me interesa hacer) sino "actitudes", pero, para que quedara clara mi postura, di como ejemplo a Leonardo Cabrera, quien, me parece, representa bastante bien esas actitudes que creo detectar en los escritores de mi promoción (o "generación"; si uso este término no es en su sentido usual a la hora de periodizar la literatura sino como sinónimo de "la gente de más o menos mi edad que escribe y publica al mismo tiempo que yo"); Leonardo y otros amigos suyos se ofendieron terriblemente con el post y dieron paso a una discusión que se propagó a varios blogs y a Facebook. De todos los que participaron el único que tuvo el buen gesto de intentar entender e intercambiar opiniones, debo decir, fue Pedro Peña, con quien intercambiamos ideas en vía privada (y está pendiente conversar más sobre el tema); otros entendieron que yo atacaba "personalmente" a Leonardo, que lo llamaba "mediocre" (cuando apenas sugerí que algunas actitudes que creía ver en su literatura me parecían vinculadas a lo que yo personalmente podría entender como "mediano" o "tendiente a la mediocridad"; aclaro esto porque no me parece lo mismo decir una cosa que decir otra), que yo me erigía en no sé qué altura moral que me permitía criticar a mis pares, etc, etc. Muy pocos leyeron de verdad el post, y todavía hoy me llegan noticias de gente que pareció enojarse con mis palabras -muchos de ellos de hecho parecen quedarse en lo escrito sobre Dani Umpi, un escritor que en rigor me interesa poquísimo y que podrá ser quizá una excelente persona, como señaló uno de los participantes de la polémica nunca entendí a cuento de qué (para afirmar eso o negarlo hay que conocerlo, y yo conozco apenas al autor implícito en sus libros, asi que al respecto no opino ni me interesa opinar -aunque parece que por ahi hay mucha gente que piensa que un buen autor debe ser necesariamente una "buena persona"), o no, pero, repito, no me importa en lo más mínimo. De hecho no me parece tampoco que escriba "mal"; se ve claramente (y esto lo digo para dejar claro el asunto de una vez por todas) que escribe de una manera perfectamente funcional con las espectativas del momento, y eso esquivale a decir "escribe bien" en cierto sentido. No para lo que yo espero de la literatura, claro, pero no por eso diré que escribe "mal". La cosa venía por otro lado, y de hecho Umpi fue un pretexto para derivar al resto del post; como siempre, hay gente que interrumpe la lectura cuando encuentra un abrojo, y luego salta y grita y se rasga las vestiduras al mejor estilo Willy-el-escocés.
Pero, dejando de lado las aclaraciones a último momento y ese tonto deseo de "que me entiendan bien", hay algo que me hizo ver la "controversia". Y eso se suma a varias lecturas recientes y a varias conversaciones en que participé, a opiniones escuchadas y a un puñado de hipótesis que -modestamente- voy articulando sobre mi "generación"... hipótesis, ideas, intuiciones, mejor dicho, que siguen a continuación (y muchos lectores quizá harán bien en dejar de leer a partir de este momento -los que sigan, por supuesto, leánlo todo y no traten de caricaturizar lo dicho o reducirlo a blanco versus negro, como pasó en la "controversia" anterior).
Hasta 2008 mi conocimiento de literatura uruguaya contemporánea se reducía a la gente que escribía ciencia ficción y fantasía (Bayeto, Dobrinin -los que perduraron-, Pastrana, Álvarez y otros -los que ya no escriben que yo sepa), a Mario Levrero y a alguno que otro consagrado más o menos ineludible que terminaba leyendo (Tomás de Mattos, Marosa, Courtoisie, etc). Pero la participación en la muestra El descontento y la promesa me puso en contacto con una buena cantidad de autores de mi edad, desde Daniel Mella o Gabriel Schutz hasta Mauricio Aldecosea; también participé en Plata caribe, un compilado de poesía uruguayo-dominicana que me presentó algunos poetas como Horacio Cavallo y Paula Einöder, y en Esto no es una antología, que amplió el campo de El descontento. A algunos ya los conocía de participar en el concurso de narrativa y poesía de la B'nai B'rith, pero aquí parecía haber operado un salto, una evolución, dejando atrás cierta etapa de "formación", por decirlo de alguna manera. Así retomé el contacto con Cavallo, con Jorge Alfonso y algunos más, a la vez que conocía a gente como Fernanda Trías, Inés Bortagaray, Pedro Peña, Rodolfo Santullo, Martín Bentancor y Damián González Bertolino, entre otros. Y desde ese momento hasta el presente leí bastantes trabajos de gente de mi edad, novelas, cuentos publicados en revistas, compilados de cuentos, etcétera; al conocerlos en persona también tuve la oportunidad de conversar con ellos y escuchar sus ideas y opiniones, del mismo modo que participando de sus blogs entré en contacto de una manera más inmediata con su escritura...
Y ahora creo que estoy llegando a una serie de conclusiones, por decirlo de alguna manera.
Ante todo, que una buena parte de ellos (de sus textos, se entiende) me aburren, me parecen muy poco interesantes, poco jugados, poco desafiantes. Hay notorias excepciones, que permanecen como mis libros favoritos de mi "generación": allí esta Porrovideo, por ejemplo, y Oso de trapo, y La azotea, Eldor, Rapsodia nocturna y Antes del crepúsculo, todos libros que apuestan a discutir de alguna manera lo establecido, sea por el stablishment literario del momento o por la tónica o la moda visible en la mayoría de los autores. La otra mitad, entonces (donde incluyo a los textos que conozco de Cabrera, de de León y de algunos más), me permite pensar lo siguiente: cierto tipo de autor joven uruguayo parece estar ansioso por ser admitido en el "palacio" (en realidad una choza) de la literatura uruguaya (o la literatura en general, no se sabe), y para esto, para obtener ese reconocimiento, esa "respetabilidad" terminan sacrificando todo impulso desafiante, todo gesto contestatario, todo lo que históricamente ha hecho a las vanguardias y a la literatura que se propone como un cambio, como una novedad, como un giro o un cambio o una negación de cierta tradición imperante, una patada al stablishment, una llevada al extremo de lo que otros escritores hacen de un modo más parcial y poco satisfactorio, etc. Para no hacer enemigos que luego (o ahora) sean poderosos, optan por guardarse sus opiniones o soltarlas en privado; para estar seguros de "escribir bien" (es decir, para ganarse el boleto de entrada al "palacio", asi sea para una visita de domingo) apelan a códigos de escritura que tengan en cierto modo las reglas a la vista, optando por una literatura de marcado énfasis en el relato que parece descuidar o despreciar el juego formal, la experimentación conceptual, el desafío a los modos de pensar y de escribir imperantes (sean cuales sean, hegemónicos o no, representativos o no de la elite dominante del mundillo literario); una literatura del "contenido", como leí por ahí (y discutir la ingenuidad de esa afirmación nos llevaría a más posts y polémicas, asi que por esta vez paso), una literatura que en última instancia se vuelve acrítica en cuanto sus autores parecen minimizar la reflexión sobre la escritura (dicen que si hay demasiada se resta "vida" al texto, vaya uno a saber qué quieren decir con eso), que se vuelve reaccionaria, que, en última instancia, le hace el juego al stablishment como si fueran unos niños contentíusimos con que se les haya permitido comer con los mayores advirtiéndoles que deben portarse bien y preparándoles una mesita especial con coca cola y galletitas en lugar de calvados y jabalí asado.
Esa es la misma actitud que parece renegar de las "polémicas" y que prefiere recomendar no decir nada contra nadie (pensando que todo lo dicho es ad hominem, lo cual no es cierto), "por las dudas", "porque somos pocos y nos conocemos", y otras razones no desprovistas de razón, en última instancia, pero ante todo presididas por ese sentido común que termina formando hipocresías, susurros en la oscuridad y temores. Y obviamente yo también he participado de esto, aunque intente no hacerlo (y seguiré intentándolo y, espero, lográndolo), asi que no me quiero colocar en ninguna esfera moral superior al "señalar" esto; de hecho, cuando critico la literatura de algunos de mis compatriotas contemporáneos y coetáneos no me interesa desestimarla como "mala" literatura sino, sencillamente, señalar que no es 1) la que me gusta leer, 2) la que me gusta escribir. Si escribo como lector entonces les pregunto, ¿por qué tan pocos se juegan? ¿Por qué tantos dan medio pasito adelante sólo si se aseguran de que los que los rodean también lo hacen y, además, adelantando la máscara de la humildad? ¿Por qué tan pocos defienden lo que hacen? ¿Por qué son poquísimos los que dicen "esto que escribí no sé si será bueno, pero es lo que hago, lo que quiero hacer, lo que me interesa como proyecto? ¿Por que tantos consideran que es preferible presentarse como "un tipo más"? ¿Tienen miedo de caminar solos? ¿Tienen miedo de perder la respetabilidad, de que piensen que son "locos" o "patéticos" o "penosos"?
Creo que gran parte de los autores de mi generación tienen miedo de todo eso que he escrito. Al menos lo tienen ahora; miedo, inseguridad, cautela. Sentido común. Pero de seguir así ¿quién escribirá el Ulises o Tristram Shamdy o Moby Dick? No estoy hablando necesariamente de escribir "la gran novela uruguaya" o incluso "la gran novela americana", pero sí de intentar algo fuerte, algo desafiante, algo radical, algo que incluso quizá fracase, pero que sea un fracaso deslumbrante, parafraseando a Beckett.
Tras leer aquel post, Leonardo Cabrera me respondió, entre otras cosas, que me veía enfrascado en una "cruzada" por ciertas ideas. Nada de eso; no hay cruzada ninguna, porque las cruzadas quieren conquistar, evangelizar, reclamar tierras; lo de mi post era apenas el gesto de decir "esto no me gusta en función de lo que pienso y lo que pretendo hacer" o "esto voy a intentar con todas mis fuerzas no hacerlo porque mi camino quiero que sea otro y ya lo vislumbro como otro"; cada uno, y me incluyo, hará lo que surja de su voluntad, mediado su talento, su imaginación, su creatividad, su miedo, su angustia, su cautela, su inseguridad o su falta de todo eso junto o por separado. Mi post (y este también) es apenas un pedazo de una reflexión más larga que tiende a declarar elementos de mi proyecto, programa o interés; al que considere que opino sin que me pregunten o que me meto donde no me llaman le diré que nadie lo obliga a pasar por este blog; de hecho, para eso son los blogs: para hablar sin la autorización de previas preguntas o para crear un lugar donde es pertinente opinar sobre lo que se quiera, para dibujarse, para incorporarse a una obra en formación. Habrá muchos que entiendan la futilidad de un ejercicio así, y eso es algo que se puede discutir, pero es también un juego, y juega el que quiere y el que no se va a otro lado o a jugar a otra cosa. Este, en última instancia, es mi juego, y por eso aquí lo dejo claro.
No voy a hacer una lista de los escritores uruguayos de mi edad que sí me gustan; a algunos ya los nombré: justificar su inclusión podría ser motivo de otro post, que intentara leer sus obras desde esta perspectiva personal y defender las subsiguientes bondades de su escritura o las virtudes artísticas de sus autores dadas desde las coordenadas de quien escribe. En cuanto a los que no me gustan, allí están, la mayoría nombrados: No son tantos, después de todo; muchos, en realidad, me resultan indiferentes. Es decir, citando a Les Luthiers: allá ellos.

sábado, 25 de diciembre de 2010

post navideño sobre los Beatles

Hace unos meses Rodrigo Fresán me decía por e-mail que, para él, la clave (o elemento distintivo, o sello, o esencia, para buscar diferentes términos en la misma órbita) de los Beatles (así como la de Dylan era un fraseo, el de "Visions of Johanna" por ejemplo), era un sonido, lo que se percibía en el final de "A day in the life". La idea me pareció sugerente, y me puse a pensar al respecto. Es un "sonido" (una textura, una sensación de extrañamiento) también lo que contribuye a la magia de "Strawberry fields forever", el single que, de alguna manera, marca una transición en la historia de la banda... y esto, a su vez, me vinculó a otra idea que derivé de escuchar Help! recientemente pero que vengo discutiendo hace años con mis amigos beatlemaniacos: la oposición entre una visión discontinua de la carrera de los Beatles -que apoyaría la noción de "dos épocas", separadas por Revolver o quizá Rubber soul, la segunda más experimental, más compleja y densa desde un punto de vista "artístico", y la fase más pop/rock, comercial si se quiere (sin que esto obre en detrimento de la calidad musical, por supuesto)- y una noción de "continuidad" que explora los álbumes como un proceso o evolución, hasta llegar a Let it be como final y a Abbey road como una suerte de "hagamos un disco con todo lo que aprendimos en estos años, para tener una coda más amable". Ambas opciones, creo, resultan atractivas, pero cada vez que escucho un disco pre Revolver más me convenzo de que la opción "continua" es la más interesante. Y hace un rato me puse a escuchar la remasterización 2009 de Beatles for sale, regalo de navidad de mi cuñada, y el apoyo al "modelo de la continuidad" retornó.
Beatles for sale es el cuarto álbum de los Beatles, lanzado el 4 de diciembre de 1964, y llama la atención ante todo por representar una suerte de "regreso" al formato de los dos primeros trabajos (Please please me y With The Beatles), con temas originales de la banda y covers intercalados (8 originales / 6 covers), tras un album como A hard day's night armado exclusivamente con originales. Se ha señalado que esta decisión a la hora de elegir las canciones obedeció a la necesidad de lanzar "ya mismo" un álbum, necesidad "impuesta por el mercado" (y para muchos de ahí viene lo de "Beatles a la venta" del título del álbum). Para 1964, la banda, cuya productividad aún no estaba en su máximo, debió echar mano de números "viejos", en su mayoría tocados hasta el hartazgo en los días de Hamburgo y del Cavern, para completar las dos caras de un LP. Algunos críticos señalan que esto representó un retroceso en la evolución de los Beatles, pero, por otro lado, también se tiende a mencionar la letra de "I'm a loser" como un paso más hacia la complejización de las letras, probablemente gracias a la influencia de Bob Dylan.
En cualquier caso, me parece que ese "sonido" que mencionaba al principio del post -y que podemos vincular a una textura diferente de la música y a la intención de agregar planos de significado- aparece claramente por lo menos en una canción de Beatles for sale, "Every little thing", según Lennon compuesta por Paul. Se trata del sonido de los timbales en el estribillo, una de las primeras apariciones de un instrumento no clásicamente "rockero" en un álbum de los Beatles (luego vendrían las cuerdas de "Eleanor Rigby", por poner el ejemplo más conocido, pero también el sitar, el mellotron, etc), y el efecto creado es el de una llamada de atención, quizá incluso un extrañamiento del que está escuchando el álbum y que tiene en su memoria inmediata el rock ingenuote de "Honey don't", el cover a cargo de Ringo. En esos timbales con reverberación hay algo que llama, que atrae, y que convierte a la canción en una pieza diferente. Es verdad que esa diferencia no es tan acusada como en "Tomorrow never knows", o en "I am the walrus" o "Strawberry fields forever", pero está allí, como un detalle, una pincelada, y en su contexto es quizá más extraña.
En menor medida lo mismo sucede con el fade-in de "Eight days a week" (quizá el clásico más indudable del álbum): parece hacer surgir la canción de otro universo o, al menos, de otro lado de las cosas. Y en "I feel fine", grabado en las mismas sesiones y elegido para un single, fue registrado el primer acople de la historia del rock... todo esto en 1964, antes del punto de separación entre las dos "etapas", antes incluso de Help!, que para muchos sirve de anuncio del quiebre futuro. Es argumentable, en cualquier caso, que ese quiebre comienza en una fecha tan temprana como la de la grabación de Beatles for sale, un álbum que en otros contextos parecería "regresivo". En realidad, por supuesto, nada de los cuatro fue jamás regresivo; la opción "continua", en conclusión, me parece la mejor a la hora de crear un modelo de la evolución de los Beatles (algo tan dificil como destejer un arcoiris, para usar la tan citad metáfora de John Keats). Siguiendo a Fresán podríamos pensarla como la conciencia de un sonido diferente, el desarrollo y la experimentación con ese sonido y su incorporación a la enorme habilidad compositiva de los integrantes de la banda. Es posible, entonces, que John, George, Paul y Ringo "cayeran" en ese sonido en 1964, en el estudio, mientras grababan Beatles for sale.

sábado, 18 de diciembre de 2010

nadie recuerda a mlejnas (breve historia de un libro, un cuento y una editorial)

Hace poco más de un mes mi amigo el escritor y editor Juan Manuel Candal (a quien conocí respondiendo a su convocatoria para el primer número de la revista Otro cielo, hace más o menos un año) me comentó que tenía ganas de fundar una editorial. En noviembre lo había conocido en persona, y pude disfrutar de su hospitalidad en La Plata, junto a mi esposa Fiorella; en uno de tantos viajes entre su ciudad y Buenos Aires nos pusimos a conversar sobre esa experiencia universal del escritor que es una respuesta de rechazo por parte de una editorial; hacía poco los dos habíamos presentado textos a una editorial semi-artesanal que edita unos libros muy interesantes desde el punto de vista estético, y sucedió que después que esta gente leyera nuestros textos las respuestas enviadas que recibimos fueron idénticas: "nos interesa mucho lo tuyo y nos gustaría publicarlo; nuestra política editorial es cobrarle X pesos al autor". Las respuestas por parte de ambos fueron inmediatas e idénticas: "no, gracias, no tenemos dinero", a lo que nos respondieron "bueno, ¿y si se presentan a algún concurso?". Para ese punto Candal y yo estábamos bastante desilusionados con la respuesta de la editorial (que, bueno, tiene todo su derecho a tener esa política, pero no era la que nos interesaba), asi que comentamos algo así como "si tuviéramos una editorial no haríamos estas cosas". Yo soy demasiado perezoso y pelotudo como para emprender algo así; Candal no (y el que lo dude, que piense en el esfuerzo que viene sosteniendo mes a mes para mantener la periodicidad de Otro Cielo), y así nació la editorial Reina Negra, nombre tomado de uno de sus cuentos, de hecho uno de sus mejores cuentos, "Todo ese tiempo", todavía inédito.
El libro con el que Candal decidió lanzar su editorial resultó ser mi cuento largo (ahora nouvelle) Nadie recuerda a Mlejnas, que escribí hacia el final de mi trabajo en la Guia del mundo, junto a Amir Hamed. No le discutí la elección; además de que me sentía tan contento de que mi cuento fuera el elegido para dar el puntapié inicial al proyecto, también resultaba ser lo último que había escrito (y sigue siéndolo, porque desde que lo terminé escribí apenas un cuento -aun no terminado de revisar- y los capítulos iniciales de una novela -que por ahora se titula La síntesis de Dulcinea-, que ya tienen la extensión de mi novela Perséfone y no representan más que una cuarta parte de lo que debería ser el libro en su totalidad) y, sumándole puntos en mi escala personal, parte de una serie de ficciones ambientadas en una ucronía en la que la dictadura comenzó de un modo diferente al de la historia que conocemos, ocasionando, entre otras cosas, una cruenta guerra civil.
A su vez, esa ucronía comenzó con la escritura -allá por febrero- de una novela aun inédita titulada La historia de la ciencia ficción uruguaya, que introducía una serie de cambios en la historia de mis personajes recurrentes Jon, Rex, Emilio Scarone y Federico Stahl; Candal, que fue junto a Rodolfo Santullo y Martín Bentancor el primer lector de esta novela, me entusiasmó con una serie de impresiones y sugerencias que terminaron por hacerme creer que había más para decir sobre ese "universo". El resultado fue el ya mencionado cuento "Nadie recuerda a Mlejnas", publicado en el número 8 de Otro cielo. Y resulta ser quizá mi favorito entre los cuentos que he escrito, pero en gran medida porque es la primera aparición de un personaje que me pareció (y me sigue pareciendo) bastante interesante para desarrollar más, Alastair Lastrange, un veterano escritor lovecraftiano que deviene ocultista como manera, quizá, de sobrellevar su fracaso en la literatura, y que se me aparece idéntico al amarguísimo y genial "viejo" que dibuja Matías Bergara para sus historietas con guión de Alceo, publicadas en Freeway.
Por eso cuando Candal me propuso editar Mlejnas no lo dudé ni un milisegundo. Al placer de publicar en Reina Negra se sumaba hacerlo con un texto que me seguía interesando incluso meses después de haberlo publicado (cosa que no me sucede casi nunca; no quiero ni abrir Perséfone porque sé que le encontraría miles de detalles para corregir); le pedí un par de días para releerlo y hacerle algunas correciones. Y no fueron pocas, debo decir, incluyendo el añadido a último momento (es decir, hace dos semanas o menos) de un detalle que, para mí, es sumamente significativo pero que estoy casi seguro que pasará desapercibido a los lectores, y que tiene que ver ante todo con la conexión de este texto con otros protagonizados por Stahl, Jon y Rex. También decididimos pedirle a Matías Bergara la ilustración para la portada y a Carlos Rehermann (uno de mis dos o tres escritores favoritos del desier... digo, del ambiente literario uruguayo); ambos aceptaron, y ahora el libro ha ganado una portada hermosísima (miren y admiren el sentido de color de Matías y su ojo increíble para la composición) y una nota de contraportada de esas que todos queremos para nuestros libros (complementada por un juicio crítico de Patricio Pron tomado de su reseña de mi Algunos de los otros). Por desgracia en el camino (no había más lugar en la contraportada) quedaron las palabras que tan amablemente me permitiera citar Sofi Richero, tomadas de su reseña para Brecha de los libros ganadores de la última edición de los Fondos Concursables, que ahora pueden ser leídas en el blog de la editorial y, también, al final de este post.
Reina negra es una editorial que apuesta a libros cuidadosamente impresos y diagramados, buscando siempre crear un objeto-libro atrayente y de calidad, autores a descubrir (aunque no exclusivamente, pero siempre buscándole la vuelta a una literatura jugada, que no tema arriesgar) y tiradas reducidas como manera de ir construyendo una comunidad de lectores sin correr riesgos económicos que pongan en peligro el proyecto. Para leer más al respecto, pasen por el ya mencionado blog de la editorial.
Tratándose entonces de tiradas pequeñas (no más de 100 ejemplares por edición) la venta de los libros se hará en pocas librerías, cuidadosamente elegidas en ambos lados del Rio de la Plata, además de mano-a-mano, a través de Mercado Libre, el blog de la editorial, la web de Otro cielo y, también, Aparatos de vuelo rasante. Contra lo propuesto por Candal opté por no recibir ningún beneficio económico por las ventas de esta primera edición; preferí que ese dinero (asi fuese el de dos o tres ejemplares) pasara a las arcas de la editorial y ayudase a financiar los próximos libros, que incluirán El atardecer de los pobres, un compilado de cuentos de Juan Manuel Candal, y otro -creo que no tiene título por ahora- de ficciones breves de Pablo Dobrinin, uno de los nombres más importantes de la literatura fantástica (CF, fantasía, relatos inclasificables, bizarros y vintage-pulp)  de Uruguay y Argentina. Si todo sale bien, estos libros estarán disponibles en los primeros meses del año que viene, y son dos libros que, créanme, merecen ser publicados y leídos.
Así que los invito a colaborar con Reina Negra y su creador, Juan Manuel Candal. Para hacerlo pueden comprar mi libro a través de este blog (está mi mail bien visible) y/o -en el caso que no les interese (uds se lo pierden!)- manteniéndose informados sobre las novedades de la editorial y la revista Otro cielo.
Los dejo con la bellísima portada de Matías y el texto de la contraportada, hecha la añadidura del juicio crítico de Sofi Richero. Saludos para todos!


Siguen los textos de contraportada, prescindiendo de mi nota biográfica:

Un trébol de carreteras narrativas, fotografiado desde un Uruguay en el que la historia discurrió por lugares tan extravagantes como para que sea posible una Historia de la ciencia ficción nacional, obra de Stahl, testigo, en este libro, de numerosas derivas textuales.Un mundo levemente divergente al que sostiene el sillón del lector, en el que Philip Dick vive hasta los años noventa y visita Montevideo; donde hay un caño que conduce a la imposibilidad de llegar al otro lado, o quizá, si Rex lograra superar la prueba, hacia otro género literario, en el que Satán podría saludar a uno de sus letristas.Una encrucijada en la que el único escritor de ciencia ficción que no figura en la Historia de Stahl aporta una versión más para explicar este mundo de realidades paralelas, que, Sanchiz lo sabe y lo demuestra, se ponen en contacto sólo a través de los libros.
Nadie recuerda a Mlejnas es una fluida y precisa pieza narrativa en la que el rock y la ciencia ficción fertilizan el humus de los grandes textos que están en su origen.

Carlos Rehermann

Sanchiz persigue a los escritores que le interesan (Felisberto Hernández, Borges, Bolaño, Levrero) hasta que, de algún modo, consigue convertirse en uno de ellos. No es otra cosa la literatura.

Patricio Pron, tomado de "Usos productivos de la ansiedad", reseña de Algunos de los otros.

Sanchiz persuade como un entusiasta, como un convencido, esa clase de autor a los que poco les cuesta fundar como deshacer, crear como desmentir fama y mundo. El autor de Perséfone transita una poética ambiciosa que se nutre de la ciencia ficción, el relato fantástico y el cuento metafísico de indisumulado cuño borgeano. En cualquiera de sus vertientes, o en sus combinaciones posibles, Sanchiz no descuida la protección de un mundo cuyas piezas dialogan, se guiñan o remiten unas a otras. Dueño de una voz personal, Sanchiz ambiciona mucho, no pide permiso y camina con firmeza

Sofi Richero, tomado su reseña para Brecha de Algunos de los otros

sábado, 11 de diciembre de 2010

ML & PKD, primera parte

Hoy por la mañana empecé a leer el Manual de parapsicología, de Mario Levrero, que acaba de ser reeditado por Irrupciones Grupo Editor. En las primeras páginas me encuentro con esto:

Facultad de prosopopesis. Como cualquier facultad que puede estar estrechamente ligada a este talento inconciente, poseemos una facultad de prosopopesis, o de simulación, representación o actuación teatral. Si bien no hemos encontrado en ningún autor esta facultad descripta como tal, la introducimos aquí como propuesta.
El término prosopopesis fue creado por René Sudre, derivándolo del griego prosopon, máscara de teatro o personaje (de donde también deriva la palabra "persona") y se aplica a "todo cambio brusco, espontáneo o provocado, de la personalidad psicológica".
En efecto: en determinadas circunstancias, ciertos sujetos abandonan su personalidad habitual para asumir otra completamente distinta. Sufren una distorsión de la memoria, y una transformación de los rasgos de carácter. Pueden tener nombre, ideas y tendencias diferentes. La nueva personalidad puede conocer a la anterior, pero hablar de ella como si fuera un extraño o un enemigo. Esta alteración sobreviene accidentalmente o por sugestión; dura instantes o años. No es una simulación consciente; quien la sufre es víctima involuntaria, casi siempre ingorante de su propia situación dual cuando resume su personalidad habitual.
A veces en nuestros ensueños durante el sueño natural, esta facultad se manifiesta fugazmente; suoñamos que somos otra persona. A menudo esta personalidad secundaria aparece desdoblada del protegonista que sueña, realizando acciones que se corresponden con tendencias reprimidas en nuestra vida consciente.
Por medio de la hipnosis o la autohipnosis se puede crear distintas personalidades que alternan en un mismo sujeto, a voluntad del operador. La hipnosis ha tenido éxitos también en la unificación de la personalidad de sujetos disgregados en dos o más personalidades alternantes.
Las otras personalidades pueden crearse o aflorar accidentalmente. Los casos espontáneos se consideran de origen histérico, como una enfermedad mental, a menudo curable.
 Inevitablemente lo vinculé a un tema que me interesa mucho: las relaciones entre el pensamiento de Levrero con el de Philip K. Dick. El Manual fue publicado originalmente en 1980, y su nota de "agradecimientos y dedicatorias" está fechada en 1978. Para entonces Dick había pasado por ciertas experiencias que, supongo, Levrero no pudo conocer sino hasta mucho más tarde, cuando leyó VALIS, la novela que pasaré a citar y que Dick publicó en 1981 (el texto venía siendo escrito y reescrito desde mediados de la década de 1970, y la versión finalmente publicada fue terminada en 1978).

Unos pocos días más tarde, Fat despertó y vio la antigua Roma superpuesta sobre la California de 1974 y se descubrió pensando en griego koiné, la lingua franca del mundo romano que pertenecía al Cercano Oriente, que era la parte que él veía. No tenía conocimiento de que el koiné fuera su lingua franca; por el contrario, creía que era latín. Y además, como ya lo dije, ni siquiera reconocía como lengua la lengua de sus pensamientos.
Horselover Fat vive en dos épocas diferentes y en dos diferentes lugares; es decir, en dos continua espacio-temporales; eso es lo que tuvo lugar en marzo de 1974 porque el mes anterior se le presentó el antiguo signo del pez: sus dos continua espacio-temporales dejaron de estar separados y se mezclaron. Y también se mezclaron sus dos identidades -personalidades-. Más adelante oyó una voz dentro de su cabeza:
-Hay alguien más que vive en mí que no pertenece a este siglo.
la otra personalidad se daba cuenta. La otra personalidad pensaba. Y Fat -especialmente antes de quedarse dormido por la noche- podía captar los pensamientos de esta persona desde hacía sólo un mes; lo cual significa cuatro años y medio después de desaparecida la sectorización de las dos personas.
El mismo Fat me lo explicaba muy bien a principios de 1975, cuando comenzó a tenerme confianza. Llamaba a la personalidad incluida en él que vivía en otro siglo y en otro lugar "Tomás".
-Tomás -me dijo Fat- es más inteligente que yo y sabe más. De los dos, Tomás es la personalidad dominante.
Consideraba que eso era una bendición. ¡Ay de quien tenga en la cabeza otra personalidad malvada o estúpida!
Le contesté:
-Quieres decir que otrora tú fuiste Tomás. Eres una reencarnación suya y te acuerdas de él y de su...
-No, él está vivo ahora. Vive en la antigua Roma ahora. Y él no es yo. La reencarnación no tiene nada que ver con esto.
-Pero es tu cuerpo -le dije.
Fat me miró asintiendo con la cabeza.
-Exacto. Significa que o bien mi cuerpo se encuentra en dos continua espacio-temporales simultáneamente, o bien no se encuentra en parte alguna.


Creo que esta cita ilustra a la perfección los mecanismos del pensamiento de Dick. La manera en que extraía conclusiones mediante una razón desbordada pero 100% funcional, como en el "método paranoico crítico" que teorizó Salvador Dalí. La "vuelta de tuerca" que da al concepto de reencarnación es un ejemplo de su manera de llevar ciertas ideas hasta sus últimas consecuencias.
En La novela luminosa, por otro lado, hay un fragmento del "Diario de la beca" en que se cuenta que Felipe Polleri prestó a Levrero una serie de libros que incluían Junkie y El lugar de los caminos muertos, de William Burroughs, y SIVAINVI, la traducción de Ediciones Ultramar de VALIS, que es la que cité más arriba. Dice Levrero (bueno, en rigor el narrador del "Diario de la beca", del mismo modo que el narrador de VALIS es una ficcionalización de Philip K. Dick escindido en Phil y Fat):

La gran sorpresa en materia de lecturas recientes fue Sivainvi (horrible traducción española de Valis), una novela de Philip K. Dick. Ahí Dick entreteje su ciencia-ficción con datos autobiográficos evidentemente reales, y más que una novela es un tratado filosófico-religioso de primer orden. Me sorprendió descubrir en esta oportunidad que Dick vivió algunas experiencias similares a algunas que yo he vivido, aunque en el caso de él esas experiencias han ido muchísimo más lejos. De todos modos algunas de sus conclusiones se parecen a mis conclusiones, aunque él, también en este aspecto, va muchísimo más allá. Me alegro infinitamente de no haber probado jamás ningún tipo de droga (salvo algunas autorizadas, como el tabaco). No creo que hubiera podido sobrevivir a experiencias de la magnitud de las de Philip Dick. Bueno, el tampoco pudo. En cualquier caso, es muy agradable leer estas cosas que, de algún modo, jerarquizan la propia lectura.

 Creo que esta última cita exhibe varias claves para pensar la relación Levrero-Dick. Primero, para cualquier lector de Levrero debe sobresalir eso de "Ahí Dick entreteje su ciencia-ficción con dattos autobiográficos evidentemente reales, y más que una novela es un tratado filosófico-religioso de primer orden". Salvo por lo de "ciencia-ficción" (y se ha discutido mucho sobre si VALIS "es o no es" ciencia ficción), la sentencia sirve también como una descripción precisa de La novela luminosa, también un juego ficcional-autobiográfico-autoficcional, también lleno de hechos "evidentemente reales". Es interesante además eso de "evidentemente", que sugiere que cierta "sustancia" de la narración pone en evidencia su origen "real". También es notorio que Levrero asuma que ciertas experiencias de Dick fueron, al menos, potenciadas por la droga.
En el Tratado está claro que Levrero aporta mucho de sí, sin apartarse de los textos canónicos de la disciplina. Gran parte de la idea de prosopopesis seguro venga de ahí; el hecho de que su descripción del fenómeno sirva para comprender detalles de narraciones de Dick (la división Phil-Fat y a su vez Fat-Tomás es un hecho biográfico de Dick, señalado en las entrevistas de Paul Williams y en las biografías o recuerdos escritas por Ann Dick, una de sus esposas, y también Pablo Capanna, Daryl Mason y especialmente Lawrence Sutin, biógrafo "oficial" de PKD) posiblemente señale una coincidencia especial de pensamiento entre Levrero y Dick, previa a la lectura del primero de los textos donde la prosopopesis dickiana es elaborada.

jueves, 2 de diciembre de 2010

dos poemas


1

qué pasará me pregunto
cuando falten si faltan
esos vacíos esos huecos
esos temblores
vértigos
proyectos
imposibles & interminables
como una novela que encontrarán en mi apartamento derruido & solitario
descascarado con ratas y ramos de migraña clavados en la pared
o padecimientos del hígado & cáncer & angustia & locura
o nada de eso
pero sí los cientos o miles de páginas imposibles & interminables
la historia de ese molesto mundo miserable
mezquino
ineludible
irrisorio
las heces a punto de fosilizarse & el lento evaporarse de la tinta
y la siembra de cristales sobre las fibras en caída
qué pasará, cabe preguntarse hoy
que los pies sostienen
que el corazón resiste
que aún no he clavado nada
o casi nada
en la pared
ahora
pero mirar, Ramiro, mirar
qué pasará cuando falten
cuando las paredes repitan la torva rima del cráneo
cuando haya cada vez menos cosas y más casas
o una sola casa enorme & blanca & soleada
y alguien te diga qué y vos cómo y luego nada y silencio
y andá a saber quién entendió
o qué había para entender


2
abrirán la puerta un mediodía 
y no los cegará el resplandor
ni tropezarán con tus huesos
ni levantarán las miles de páginas enmohecidas & polvorientas
los versículos de la oda al cosmos infinitamente plegado & plegable que sostuviste en la palma de la mano porque había que seguir el consejo de William Blake y entender, sí, entender, que hay un núcleo en el infinito y que el resto –con pocas excepciones– es si no silencio al menos cosa de todos los días, espuma, invaluable espuma, ceniza de espuma, que tampoco, invaluable y todo, te la vas a llevar al otro lado
porque no hay otro lado
de eso se darán cuenta cuando abran la puerta
pero no hay otro lado no porque ya lo sabíamos
el vacío y todo lo demás
no
no es eso
no hay otro lado porque todo es este lado
(infinito como la trampa de Moebius)
te vas a quedar de este lado de la puerta
cuando la abran
(porque mirá que la van a abrir, tarde o temprano,
esas cosas pasan, quieras o no, no te quejes,
no insistas, no es para tanto)
cuando la abran y encuentren
el papel plegado de tus días
como un largo diseño japonés de árboles & colinas & garzas
intraducible como un árbol
incomprensible como un grano de arena
que tanto insististe en cifrar o decir o invocar
como decía William Blake y la eternidad y la flor salvaje y la hora y el ahora,
el papel plegado entonces
lo encontrarán y dirán… nada
dirán absolutamente nada
pasarán la escoba, ventilarán el cuarto
y a otra cosa mariposa
a sonreír en las plazas
donde te espera el molinillo inagotable del día
y morirte por un trago de Soma