Datos personales

Mi foto
Ramiro Sanchiz (Montevideo, 1978). Ha publicado 17 libros, entre ellos las novelas "El orden del mundo" (2014, El Cuervo, La Paz, Bolivia; primer premio de narrativa édita del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay), "El gato y la entropía #12&35" (Estuario Editora, Montevideo, Uruguay), "Las imitaciones" (2016, Décima Editora, Buenos Aires, Argentina) y "Verde" (2016, Fin de Siglo, Montevideo, Uruguay). Escribe regularmente crítica para el periódico montevideano La Diaria. Se ha desempeñado como jurado del premio Casa de Las Américas (2016), el Fondo Concursable del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay (2011) y del premio Onetti de la Intendencia de Montevideo (2016). Ha sido traducido al francés, el alemán, el inglés y el italiano.

miércoles, 12 de enero de 2011

del diario de Punta de Piedra(2006 - 2009) de Federico Stahl

Esta mañana hablé con Analía, un buen rato en las rocas. El viento casi helado de abril (sé que exagero, pero asi es como sopla en mis recuerdos y preferiría no contradecirlos) me refrescó el depósito de pequeñas notas en la cabeza, y, como en otras ocasiones, hablar de un tema totalmente ajeno al que me ocupa en el presente (pero al mismo tiempo cercano a los que me obsesionan) me sirvió para más que ordenar las ideas encontrar algunas olvidadas o armar nuevas con pedazos dispersos por ahí. Parece que Analía detesta la filosofía. Más allá de que la frase me resulta extraña (¿cómo se detestan cosas tan vastas? sería como odiar la música) está claro que es falsa: podrá detestarla en abstracto, pero en cuanto a temas concretos le gusta argumentar tanto como a mí (causas perdidas o imposibles, especialmente). Hoy no recuerdo cómo surgió el tema (o palabra) de "lo desconocido". En relación al mar, creo, porque le comenté que de chico me daba miedo el mar por las noches; ese temor lo superé rápidamente, pero me quedó cierta sospecha -sí, esa es la palabra correcta, "sospecha"- en relación al mar por las noches (y a los árboles), incluso diría al mar en general, a las profundidades: Pensar en qué está siendo oculto allí. Es decir, hemos confeccionado nuestra ciencia basándonos en lo visible y extrapolando a lo invisible, pero ese conjunto inicial de lo visible bien pudo haber excluído demasiadas cosas: un celacanto, por ejemplo, y bastó con que ese pececito asomara su cabeza en la orilla del mundo para volver problemática a la zoología. Yo sigo creyendo -le dije a Analía- que el fondo del mar está lleno de celacantos, como quien dice calamares gigantes o antiguas civilizaciones sepultadas (y por eso, supongo, me atrae tanto la criptozoologia: no para ampliar los zoológicos sino, precisamente, para anular su orden).
Iba a contarle mi vieja idea narrativa del alien varado en la playa cuando se me ocurrió que había dos caminos para indagar sobre este tema: el de la vieja y querida metafísica, por un lado, y el de la filosofía analítica por otro. El punto siete del Tractatus, ese tipo de cosas. Ninguno de esos caminos me gusta, le dije, y ahí surgió la idea nueva (nueva es un decir, seguro esto lo pensé cientos de veces en el pasado, de esta o de alguna otra manera, y lo olvidé o lo derivé a otros asuntos). Es algo así: imaginemos el conjunto total de lo decible en la filosofía, es decir el conjunto de todas las doctrinas, hipótesis o escuelas posibles. Me parece bastante claro que las enunciadas hasta ahora son un subconjunto relativamente pequeño del gran conjunto de las posibles; ese subconjunto es pasible de ser ordenado de un modo causal: tal escuela o tal pensador inspiró a tal otro y así sucesivamente. Ese orden, por supuesto, es uno entre tantos posibles (a su vez implicará una doctrina en sí misma, que figura en el conjunto de las posibles pero no necesariamente en el de las enunciadas), y guarda alguna relación con la "historia real" -es decir, con la línea cronológica, la que aparece en los manuales- de la filosofía. Cabría entonces imaginar cómo habría sido esa línea, ese orden, de no haber existido, por ejemplo, Heráclito. O Parménides. O Aristóteles. Una ucronía de la filosofía: una historia alternativa del pensamiento. Y queda implícita una posibilidad: enunciar una historia de la filosofía con un mínimo de nociones en común con la "nuestra", con la "real" (y tomando elementos del conjunto de todo lo decible en filosofía que no pertenecen al de lo efectivamente "dicho").
Entonces se me ocurrió que podría escribir un manual de esa filosofía; imaginarme en ese mundo (en el que no existió Tales de Mileto, por ejemplo) e historiarlo, con el tono panorámico o turístico de los manuales. Pensar todos esos sistemas es una tarea sobrehumana, supongo (bueno, ahí está Tolkien, que hizo algo que parecería una fracción respetable de ese objetivo), pero en el sentido de exceder el segmento de tiempo ocupado por los seres humanos (aunque cabe pensar que un ser de inteligencia tremendamente superior podría hacer en veinte años el trabajo que a otro le tomaría doscientos). De hecho, puestos a pensar en lo imposible, ¿por que no preferir escribir los tratados en sí mismos, los artículos, los libros, los prólogos, los manuales, todo lo que pertenece a esa historia alternativa de la filosofía? Ambas misiones parecen imposibles, pero entre las dos la segunda es la más interesante y, por lo tanto, preferible. En realidad no es imposible: me bastaría con ser inmortal para lograrla, como dicen que dijo Pierre Menard.

No hay comentarios: