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Ramiro Sanchiz (Montevideo, 1978). Ha publicado 17 libros, entre ellos las novelas "El orden del mundo" (2014, El Cuervo, La Paz, Bolivia; primer premio de narrativa édita del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay), "El gato y la entropía #12&35" (Estuario Editora, Montevideo, Uruguay), "Las imitaciones" (2016, Décima Editora, Buenos Aires, Argentina) y "Verde" (2016, Fin de Siglo, Montevideo, Uruguay). Escribe regularmente crítica para el periódico montevideano La Diaria. Se ha desempeñado como jurado del premio Casa de Las Américas (2016), el Fondo Concursable del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay (2011) y del premio Onetti de la Intendencia de Montevideo (2016). Ha sido traducido al francés, el alemán, el inglés y el italiano.

miércoles, 30 de marzo de 2011

una perlita de 1935

Stanley Weinbaum (1902-1935) es uno de los escritores legendarios de la CF preclásica -es decir la anterior al dominio campbelliano del campo editorial y a que este editor codificara una definición operativa del género que se mantuvo en vigencia casi hasta la década de 1960. En su cuento de 1935 "The worlds of if" (traducido como "Los mundos condicionales" en Lo mejor de Stanley Weinbaum, de editorial Martínez Roca, Madrid, 1981), hay una sección bastante extensa en la que el narrador y protagonista conversa con Van Manderpootz, un "científico loco" -figura harto común en la CF de esa época, al mejor estilo Doc Brown-, quien le explica que viajar hacia el pasado o el futuro es imposible (por el costo energético desmedido que implicaría desplazarse apenas un segundo, dice, lo cual es interesante, porque lo plantea como una imposibilidad práctica), pero que sí es viable en cambio desplazarse hacia mundos alternativos. Cito el diálogo en cuestión (el subrayado en negrita es mío):

-¡Idiota! -me increpó (Van Manderpootz)- ¡Los mundos condicionales, naturalmente! Los mundos "si". Por delante están los mundos que van a ser; por detrás los mundos que fueron; a ambos lados están los mundos que podrían haber sido: los mundos "si".
-¿Como? -pregunté, desconcertado-. ¿Quiere usted decir que puede ver lo que ocurrirá?
-¡No! -resopló- Mi máquina no revela el pasado ni predice el futuro. Mostrará, como te dije antes, los mundos condicionales. Podrías expresarlo así: "tal cosa o tal otra habrían sucedido si yo hubiera actuado de esta o de esa manera".
-Pero, ¿cómo diablos consigue eso la máquina?
-Para Van Manderpootz es algo muy sencillo. Utilizo luz polarizada, no en planos horizontales o verticales, sino polarizada en dirección a la cuarta dimensión, un asunto fácil. No hay más que utilizar espato de Islandia a una presión colosal, eso es todo. Y como los mundos son muy delgados en la dirección de la cuarta dimensión, basta con el espesor de una sola onda de luz, aunque sea de millonésimas de milímetro. Una considerable mejora sobre el viaje en el tiempo hacia el pasado o el futuro, con sus velocidades imposibles y sus distancias ridículas.
-Pero... esos mundos "si", ¿son reales?
-¿Reales? ¿Qué es real? Son reales, quizás, en el sentido de que uno es un número real como opuesto a raíz de menos uno, que es imaginario... son los mundos que habrían sido si... ¿comrendes ahora?
Asentí.
-Un poco...
 Tres cosas. Primero: la mención al espato de islandia (un mineral que posee una propiedad llamada birrefringencia, en la que los rayos de luz que lo atraviesan son divididos en dos ligeramente divergentes, generando una imagen doble) en este contexto de mundos alternativos remite fácilmente a Contraluz (Against the day), la monumental novela de Thomas Pynchon. Una de las secciones de este libro detalla la búsqueda de un bloque perfecto de espato de islandia; para lograrlo, los personajes viajan por las arenas del desierto de Gobi como si se tratara de un océano, utilizando tecnología que les permite vibrar a una frecuencia distinta a la de los átomos de la materia ordinaria. En otra sección encontramos un barco que está en dos lugares al mismo tiempo, y todo el libro, además, dialoga con el concepto de ucronía (y sobra decir que una ucronía es un mundo "si").
Segundo: desde la década de 1970 han sido desarrolladas teorías que extienden a 9 u 11 el número de dimensiones de nuestro universo. La clave es que no las percibimos porque estan "enrolladas" en un espacio microscópico. "Los mundos son my delgados en la dirección de la cuarta dimensión", escribió Weinbaum.
Tercero: en Historia del tiempo y El universo en una cáscara de nuez, Stephen Hawking elabora la noción de "tiempo imaginario", que resulta fundamental en su concepción del universo como una entidad autocontenida. Vincular los mundos alternativos a magnitudes imaginarias me parece una intuición fantástica (en al menos 2 sentidos del término) por parte de Weinbaum.
Es decir, no estoy planteando que el escritor se "adelantara" de ninguna manera a su época (de hecho, en la "explicación" de Van Manderpootz sobre por qué no se puede viajar en el tiempo Weinbaum comete varios errores que muestran que su conocimiento de teoría de la relatividad era bastante precario), algo que siempre me pareció bastante tonto como concepto; me gusta, en cambio, señalar estas coincidencias o intuiciones en cuanto perlitas o pequeñas felicidades del pensamiento, quizá tan azarosas como la producción del Quijote por el proverbial ejército de monos armados con una máquina de escribir o el esfuerzo de un Pierre Menard inmortal. Es imposible que Weinbaum haya desarrollado un modelo astrofísico equivalente al de Hawking, y por eso es más interesante que de alguna manera, mínimamente, se le acercara. Mucho más interesante, de hecho, que las bobas predicciones técnicas a la Arthur C. Clarke, que no dejan de ser posibles y de hecho esperables.
Además, las ideas que trabajan Weinbaum, Pynchon y Hawking, en última instancia, tienen algo en común: son todas ficciones. O modelos. Más o menos exhaustivos, más o menos trabajados, más o menos "serios", pero todos ellos ficciones al fin.

2 comentarios:

sokon m dijo...

stanley weimbaum y fredric brown son los grandes desconocidos, porque son grandes y porque son desconocidos

creo que nuestro amigo común aficionado a la visión anarquista de la naturaleza coincidiría con los marcianos. los paraguayos de barret son los marcianos de weimbaum

Van Manderpootz es un personaje memorable :-)

Ramiro Sanchiz dijo...

Coincido. Igual creo que Weimbaum tenía más potencial que Brown logros...