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Ramiro Sanchiz (Montevideo, 1978). Ha publicado 17 libros, entre ellos las novelas "El orden del mundo" (2014, El Cuervo, La Paz, Bolivia; primer premio de narrativa édita del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay), "El gato y la entropía #12&35" (Estuario Editora, Montevideo, Uruguay), "Las imitaciones" (2016, Décima Editora, Buenos Aires, Argentina) y "Verde" (2016, Fin de Siglo, Montevideo, Uruguay). Escribe regularmente crítica para el periódico montevideano La Diaria. Se ha desempeñado como jurado del premio Casa de Las Américas (2016), el Fondo Concursable del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay (2011) y del premio Onetti de la Intendencia de Montevideo (2016). Ha sido traducido al francés, el alemán, el inglés y el italiano.

martes, 6 de septiembre de 2011

algunos participantes del segundo encuentro de escritores, escritoras y ¿sector editorial?

Achugar, Hugo. Está y no está, dice y no dice, sabe y no sabe, opina y no opina. No sabe, no contesta. Presentó y seleccionó una muestra de autores jóvenes hace 3 años pero no habla del estado de la literatura nacional. Podría decir pero no dice; podría ir pero no va. Tiene cosas que hacer o decir, o cosas que no hacer o no decir. Firma de tres maneras diferentes. Su ausencia se disipa de inmediato.
Sosa, Gabriel. En Paysandú se convirtió en la mitad del sector editorial. Sacó a colación la metáfora de los ciegos y el elefante: nadie la entendió. Introdujo la metáfora del arbusto y la perdiz/pava de monte: nadie la entendió, quizá porque para algunos hablaba en sánscrito (¿editor? ¿se refería a la imprenta que cobra por la edición? ¿cómo? ¿y él puede decir qué es bueno y qué es malo? ¿pero quiere vender? ¿los libros son calefones? ¿los editores saben de libros?). Concluyó entre otras cosas que un libro sin editor es un libro incompleto: estoy de acuerdo. También citó la ley de Sturgeon: el 90% de todo es espantoso. ¿Cómo no estar de acuerdo? También dijo algo sobre arrojar aceite hirviendo y me bautizó "el hámster querendón".
Gómez, Leandro. Estaba en todas partes. "Aquí se detuvo Leandro Gómez a estornudar", "Estatua de la madre de Leandro Gómez con su hijo en brazos". Paysandú, la heroica. Uno de los postres chajá servidos llevaba, oculta, una efigie de Leandro Gómez. El que la encontró entre los duraznos y el merengue se hizo acreedor al dinero necesario para editar su próximo libro de poemas sobre duendes, pájaros y jardines. Se prevee que venderá 1500 ejemplares puerta a puerta.
Appratto, Roberto. Excelente compañero de habitación. Se refirió al estado actual de la crítica en el medio cultural. También leyó uno de los tres o cuatro mejores poemas que se escucharon ese fin de semana. Conversamos sobre Miles Davis, Alberto Laiseca y César Aira, entre otros temas. Estoy esperando su nuevo libro. Ahora recuerda a Mlejnas.
Peña, Pedro. Hablamos largo y tendido sobre editoriales locales y extranjeras y sobre Pablo Casacuberta y la reseña que escribí de su libro Escipión. Desde su lugar en una de las mesas se refirió a la mínima presencia de novelas de más de 500 páginas en la literatura uruguaya reciente; ¿se trata de una configuración del horizonte de expectativas actual? ¿de las influencias de los creadores? ¿de los editores y sus problemas? A este discusión se retornó un poco todos los días. Gabriel Sosa (ver) dijo que estaba dispuesto a arrojar aceite hirviendo al autor que le presentara una novela de esa longitud (¡y yo ya la estoy escribiendo!); Leonardo Cabrera, en su interesante repaso del encuentro escribió (y concuerdo):
El asunto es que si los concursos sólo premian obras breves y las editoriales sólo publican obras breves, ¿cuánto tiempo pasará antes de que esas novelas de 500 páginas que aún se escriben pero no se publican, también dejen de ser escritas? Y acá no hay de mi parte un deseo cuantitativo por sobre lo cualitativo, no se trata de eso, me preocupa, simplemente, que una pauta que responde a las necesidades del mercado acabe por acotar una intención expresiva. Porque no es lo mismo escribir 150 páginas que escribir 500. Porque la brevedad será una virtud, a veces, pero otras veces el lector y el escritor necesitan del largo aliento, de la larga convivencia de semanas y semanas de dar vuelta páginas, para conocerse, para que el libro se convierta en lo que debe ser.
Peña, además, leyó a William Butler Yeats, en su propia traducción, lo cual siempre merece un aplauso.
Periodista Sanducero (el). Este señor se limitó a contar su experiencia personal tres veces y a renovar en toda ocasión el debate Montevideo/Interior (ver). Aparentemente fue el inventor de la crónica del "interior profundo".
Rodríguez Juele, Alejandro.Habló de Bandas Orientales y presentó en un diario local su novela gráfica La isla elefante. Su versión gráfica del encuentro es graciosísima.
Torres, Alicia. Su participación debió cerrar el evento, pero estaba dispuesto que el verdadero final, lamentablemente, iba a ser un arrebato lírico/romántico/emotivo/sentido. Habló de la aparente ausencia de un lenguaje común (y de un interés común) a todos los participantes; se preguntó por los criterios de selección y por los objetivos, vindicó a Gabriel Sosa y a un servidor. Señaló virtudes y deficiencias del encuentro. Hubiese sido un cierre perfecto.
Blanqué, Andrea. De esta señora sabemos que opina que: "la literatura nace del dolor", que ama las librerías de libros usados, que no está interesada en la nueva o última novela de nadie, que todavía no leyó La guerra y la paz pero que tiene ganas de dedicarle el tiempo necesario, que en su opinión "no corresponde" que un escritor reseñe o critique libros de sus contemporáneos, que fue la responsable de que en Uruguay se leyera a las hermanas Brontë (las brontesaurias), que gusta de hablar en voz alta mientras sus compañeros de mesa intentan o bien exponer o bien escuchar al que expone, que está convencida de que quienes la critican son parricidas (es decir que su influencia sobre las letras uruguayas recientes es equivalente a la de los Beatles sobre el rock), que opina que un servidor consume demasiada cocaína, que es una entusiasta necrofílica literaria y que, además, como jurado ha indagado los nombres detrás de los pseudónimos en instancias prohibidas por la normativa de los concursos en cuestión. Lautréamont se refirió a ella invocando el encuentro de un teletubbie y una máquina productora de ruido blanco sobre la lápida de un cementerio.
Liscano, Carlos. No recuerdo bien de qué habló. Bibliotecas sin bibliotecarios y panoramas absurdos.
Rodriguez, Marcelo. El único librero presente. Habló de los problemas de venta de algunos libros, del espacio en las librerias y los depósitos de las distribuidoras. Esclarecedor e interesante.
Cavallo, Horacio. Desconcertado con el tema sobre el que le tocó exponer (como todos sus compañeros de mesa) contó sus experiencias personales y reflexionó sobre el encuentro. Su participación en la lectura de poesía del viernes por la noche fue otro gran momento.
De los Santos, Federico. Evitó hacer demasiados chistes de contenido nerd. Habló, entre otros temas, del presente de la historieta nacional y dijo algo totalmente cierto y muy mal entendido/recibido: los argentinos tienen como centro de su canon historietístico a El eternauta mientras que nosotros no tenemos a nadie. Muchos pensaron que quiso decir que Uruguay carece de un rico pasado de producción historietística; ese tipo de no-entendimiento fue, en gran medida, la tónica del encuentro. Una persona que le comentó desde el público confesó entre risitas haber leído historietas, casi como pidiendo perdón...
Marauda, Lauro. Dijo que debería haber más talleres literarios.
Maco. Dibujó uno de los acontecimientos más graciosos del evento, protagonizado por el dúo Appratto/Pablo Silva. Estemos atentos a su blog.
Interior vs Montevideo. Rencor, idea fija, obstáculo al diálogo, tema recurrente. Si se organizara en salones vecinos un encuentro sobre este tema (algo totalmente válido, por supuesto) y otro sobre "el estado actual de las letras uruguayas" (o sobre los cielitos de Bartolomé Hidalgo o el Dodecamerón de Carlos Rehermann, no importa en realidad el tema), seguramente los participantes del primero se bilocarían para poder participar del segundo, pedir el micrófono y quejarse de que en Montevideo bla bla bla...
Dinero del estado. Lo que todos los editores autoeditados asumen que debería lloverles en las manos. También puede servir para hacer más talleres (ver Marauda, Lauro); de otro modo, es sabido, nadie escribiría.

7 comentarios:

Telemías dijo...

Muy buena reseña!!! Por cierto que fue grato todo!!! O por lo menos yo lo viví como una especie de celebración. Y con Achugar sentimos lo mismo...finalmente no entendí su carta, si está conforme o no, si está bien ese hombre...o no...en fin...

Ramiro Sanchiz dijo...

Gracias Pedro! yo la pasé bárbaro: buenos encuentros y reencuentros, buenas charlas, buena comida (superado el incidente de las fetas de arrollado de pollo)...

Juan Manuel Candal dijo...

Voy a caer en lo obvio y solemne: me alegra que se hayan entendido entre varios de los concurrentes. Digo, está genial que un grupo de escritores que han tenido sus roces hayan podido pasarla bien y dejar de lado egos, malentendidos y discusiones estériles. Sí, es el comentario obvio, ya lo sé, pero desde el otro lado del Río de la Plata, me alegro por todos los involucrados, los que conozco mejor y lo que conozco un poco menos.

Anónimo dijo...

Es así, en Montevideo bla bla bla...

Fiorella dijo...

jaja Que buen resumen de todo! Me gusta lo de limar asperezas especialmente.

sokon m dijo...

bo, si estás consumiendo demasiada (como dice Blanqué), te paso una tarjetita de Remar.

y si estás consumiendo demasiado poca, te paso el cel de mi díler. se mudó hace poco, pero creo que sigue moviendo.

btw, blanqué tiene el mejor cuento de horror uruguayo. punto. esta en la misma antología que el cuento de butazoni que después estiró en la novela 'un lugar lejano'. el cuento (ahora de butazoni) era perfecto.

la ironía: blanqué en la misma línea donde hablás de cocaína

Ramiro Sanchiz dijo...

Tenés ese libro como para pasármelo?