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Ramiro Sanchiz (Montevideo, 1978). Ha publicado 17 libros, entre ellos las novelas "El orden del mundo" (2014, El Cuervo, La Paz, Bolivia; primer premio de narrativa édita del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay), "El gato y la entropía #12&35" (Estuario Editora, Montevideo, Uruguay), "Las imitaciones" (2016, Décima Editora, Buenos Aires, Argentina) y "Verde" (2016, Fin de Siglo, Montevideo, Uruguay). Escribe regularmente crítica para el periódico montevideano La Diaria. Se ha desempeñado como jurado del premio Casa de Las Américas (2016), el Fondo Concursable del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay (2011) y del premio Onetti de la Intendencia de Montevideo (2016). Ha sido traducido al francés, el alemán, el inglés y el italiano.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

notas sobre crítica literaria

Hace unos días Pedro Peña dejó un comentario en la entrada anterior (mis respuestas a Christian Font), mayoritariamente a propósito de su concepto de crítica literaria. Esto fue complementado por una serie de comentarios en su muro de Facebook, en los que Pedro reafirmó sus conceptos. Dado que estoy básicamente en desacuerdo con todo o casi todo lo que ha dicho al respecto, me parece que instalar aquí un diálogo entre sus ideas y las mías podrá servir así sea a modo de precisión personal o de instalación de cierta problemática en el "pensamiento de la generación" -lo cual se presta a ser integrado al mapa que, como sabrán los lectores de este blog, vengo trazando hace tiempo.
Los aportes de Peña son especialmente interesantes, en gran medida porque aportan un criterio de demarcación. En ese sentido, su propuesta es separar "reseñas" de "crítica literaria" estableciendo que las primeras carecen de la explicitación del "marco teórico" necesaria para hacer "la otra crítica, la crítica que despeja, la que discrimina valores estéticos de acuerdo a un modelo-paradigma-o lo que fuere crítico". Más allá del criterio de demarcación opera una valoración: la crítica es para "paladares más exquisitos" (esto fue añadido en Facebook), y lleva implícito que el reseñista debería "no engañarse" en cuanto a su condición, o en cuanto a los límites de su condición.
Mi primera observación a lo dicho por Pedro es que la necesidad de explicitar el marco teórico es propia del lenguaje académico. La pregunta, entonces, podría reformularse a si es posible o no la crítica fuera de la academia. El comentario de Peña parece sugerir que no: "Desde hace años no me cruzo con ninguno de ellos [críticos literarios] en ningún diario o suplemento uruguayo, salvo el Hermes criollo o la revista SIC".
Mi propuesta es establecer otro criterio de demarcación, de modo que la crítica no resulte necesariamente vinculada al lenguaje académico y pueda permitirse dar por asumido un marco teórico, sin necesidad de explicitarlo -lo cual, en ciertos formatos limitados de extensión (los asociados al periodismo cultural, por ejemplo) puede considerarse una ventaja. Además, el lenguaje académico lleva implícita una suerte de limitación a la hora de asertividad, cosa que puede ir a contrapelo de las pretensiones performáticas de un crítico, en el sentido de que la crítica es ante todo una puesta en evidencia de un lugar desde el que se habla y de unos contornos -móviles si se quiere, pero no por ello menos visibles- del pensamiento.
En otras palabras, es factible pensar que puede considerarse deseable deslindar la crítica de lo académico; para ello propongo -como diálogo con la postura de Pedro- que la demarcación entre reseña y crítica opere de acuerdo a la presencia (en la crítica) o ausencia (en la reseña) de:
1) la escenificación en el texto de una lectura de la obra en tanto lectura posible o modelo -y aquí se asume la inabarcabilidad de la obra, en analogía con una postura epistemológica de corte más bien escéptico.
2) una propuesta de incorporación de la obra a una serie literaria, que puede ser canónica (en el sentido de tomada de propuestas críticas consagradas) o anticanónica, under, etc, que puede darse por oposición o describirse como epigonal, por poner dos ejemplos.
3) una reafirmación del crítico en tanto productor de un texto que asume un lugar (en el mapa cultural, se entiende) desde el que se enuncia.
En otras palabras:
1) un texto que se limita a presentar al autor y a reproducir el argumento de la obra comentada, con un mínimo de elaboración, es ante todo una reseña con objetivo periodístico, en plan noticia por ejemplo.
2) un texto que no da cuenta de la relación de la obra con las que la rodean en un mapa posible de la literatura (entendido por género, lengua, país, etc) es una reseña, no necesariamente con objetivo estrictamente periodístico (es decir de comunicación de un referente literario acotado).
3) un texto que no va "firmado" es una reseña, sea cual sea su objetivo
Si los primeros criterios que enuncié son cumplidos, el texto ha de ser considerado, según mi propuesta, como crítica. Si incorpora el marco teórico de un modo explícito (en plan estado-del-arte, por ejemplo) y si cumple con las pautas al uso en la academia, entonces se trata de crítica de corte académico; si no las cumple, es crítica "salvaje" o crítica a secas. Esto es especialmente importante a la hora de considerar el punto 3: Puede argumentarse que la crítica académica intenta minimizar la "firma", o desplazarla. En cualquier caso, el crítico que se instale en el medio cultural con consciencia (programática) de estar armando una obra o proyecto de obra, debe tener en cuenta la fusión entre su persona (en el sentido de personaje) y el lugar desde el que se propone la crítica.
En cierto modo (y en un medio tan "perfilbajeño" como el uruguayo) el "decir" -en tanto una críica debe "decir algo", y no necesariamente una reseña- llevá implícito estar consciente de el lugar desde el que se habla, de la posibilidad de otros discursos y otros saberes, que son formateados en tanto "otro" por el propio discurso. En otras palabras: decir -en tanto expresar un juicio, un pensamiento- lleva implícito modelizar la realidad (es decir, en rigor, apartarse de ella en tanto realidad incognoscible, sea un libro o el universo, y dudo que sea fácil distinguir) y afirmar los límites del propio pensamiento, en tanto pensamiento posible -vinculado a una serie de convenciones, saberes y tradiciones, sea por afirmación o por oposición (de ahí la importancia del punto 2)-, en tanto pensamiento limitado (no hay pensamiento sin límites, lo cual puede sonar a perogrullada pero es interesante explicitarlo en este contexto), en tanto pensamiento falible o erróneo.
Van entoneces unos puntos, a modo de manifiesto:
La crítica debe asumirse como modelo posible y esencialmente falso.
La crítica debe asumirse como ficción.
La crítica crea una obra más que "reflejarla" (y en ese sentido la obra creada puede ser más interesante que la obra "original")
La crítica, en tanto ficción, es parte inseparable de la obra y la persona del crítico.

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