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Ramiro Sanchiz (Montevideo, 1978). Ha publicado 17 libros, entre ellos las novelas "El orden del mundo" (2014, El Cuervo, La Paz, Bolivia; primer premio de narrativa édita del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay), "El gato y la entropía #12&35" (Estuario Editora, Montevideo, Uruguay), "Las imitaciones" (2016, Décima Editora, Buenos Aires, Argentina) y "Verde" (2016, Fin de Siglo, Montevideo, Uruguay). Escribe regularmente crítica para el periódico montevideano La Diaria. Se ha desempeñado como jurado del premio Casa de Las Américas (2016), el Fondo Concursable del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay (2011) y del premio Onetti de la Intendencia de Montevideo (2016). Ha sido traducido al francés, el alemán, el inglés y el italiano.

lunes, 26 de diciembre de 2011

Repaso del 2011

El año comenzó muy bien: la editorial Reina Negra, dirigida y encauzada ideológicamente por el compañero revolucionario Juan Manuel Candal, profeta y prócer del Stahlinismo, vio la luz con nada más y nada menos que una nouvelle de mi autoría, Nadie recuerda a Mlejnas, que había sido publicada -como conté en su momento en este blog- por el mismo Candal en su revista Otro Cielo. Publicar un libro en enero es indudablemente una buena señal; simétricamente, mi otra publicación del año fue en su último mes (al menos si nos guiamos por la fecha de presentación, en realidad el libro apareció en librerías en los últimos días de noviembre), la novela La vista desde el puente, que escribí en enero, junio-julio y octubre, para resumir un poco una historia que también conté en este blog.
Sigamos con libros: después de terminar la primera versión de La vista... me dediqué a bosquejar otra novela, un poco más larga y titulada El gato y la entropía #12 & 35, que dejaba de lado el negocio multimillonario de las ucronías de corte policial y que por momentos (más precisamente dos segundos el 9 de abril) sentí como el legendario "retorno a las raíces" que hace a la carrera (¿la historia?) del 90% de las bandas de rock de todos los tiempos: quiero decir con esto que era una ficción stahlinista pura y dura: Rex, su designer, un Federico Stahl que no escribe pero que toca la guitarra en Space Glitter, drogas que no existen pero que deberían existir y chicas voluptuosas que arrojan a quien sea que las escuche teorías salvajes sobre las conspiraciones del rock and roll. Había, claro, algunas complicaciones, que no fueron pocas y me demoraron con esta novela hasta junio, más o menos, cuando puse el punto final al primer borrador. Es, posiblemente, el texto más complejo que he escrito, y su revisión me está resultando tan difícil como divertida; veremos si la tengo más o menos lista (es decir "presentable") en enero 2012.
A El gato... siguió una nouvelle de más o menos la misma extensión que Nadie recuerda a Mlejnas. El título original era La rosa y la ceniza, guiño no sólo al hermoso cuento de Borges "La rosa de Paracelso" sino a un viejo relato de mi autoría, "El viento y la ceniza", que en su momento obtuvo una mención en el concurso de narrativa anual de la B'nai B'rith. También, en una versión un poco modificada, fue publicado en Letralia (aquí), Axxón (aquí) y, ampliamente modificado, iba a integrar Malos recuerdos, un compilado de cuentos para el que Matías Bergara dibujó unas ilustraciones maravillosas que funcionaban a modo de portadilla para cada cuento; hace poco más de un mes, una versión mínimamente corregida (admito que lo leí horrorizado y apenas me reconocí en la voluntad ordenadora de palabras que se infiere de su lectura), apareció en el blog Ecoloquia (aquí) -y no me pregunten por qué a los administradores de un blog ecologista pudo interesarles publicarlo. De hecho, "El viento y la ceniza" terminó como un cuento-dentro-del-cuento en La rosa y la ceniza (hay mucha ceniza en el stahlinismo, parecería), que en su revisión de diciembre pasó a titularse Los viajes, un título más sobrio y quizá mejor. Esta nueva nouvelle es, de hecho, una suerte de variante de mi cuento largo (o novela corta, según sus editores en Axxón) "Trashpunk". Más o menos simultáneamente a Los viajes escribí un cuento, "La variante biológica", que fue rápidamente publicado por Axxón (aquí). Un poco después de terminados ambos textos comencé un trabajo vinculado a mi novela La historia de la ciencia ficción uruguaya, aun inédita, y también a Nadie recuerda a Mlejnas. Con el título provisorio de "Los nueve círculos" lleva hasta el momento unas 40 páginas y no alcanzó la mitad de su extensión proyectada (se trata de un diccionario de escritores ficticios, a la manera del Bolaño de Historia de la literatura nazi, ubicados dentro de la misma ucronía que los textos recién mencionados); será terminada, espero, en enero de 2012, junto a la revisión de El gato y la entropía.
El menos fértil de los trabajos acometidos en el 2011 (entre revisiones de La vista desde el puente) fue un cuento que quedó por ahora en el tintero; una noche de noviembre -después de participar de una feria de libros a las puertas de la Biblioteca Nacional, conversando con Diego Recoba sobre literatura uruguaya reciente- discutí su argumento con Leonardo Cabrera, y el hecho de exponerlo verbalmente (además de las sugerencias y reparos de Leonardo), como afirma la tradición, colaboró a que no lo terminara, al menos hasta ahora -y dudo que lo complete, pero nunca se sabe. Un momento especialmente divertido (y que generó uno de mis mejores cuentos, ante todo porque no es apenas un 50% mio) fue el trabajo a cuatro manos que acometimos con Juan Manuel Candal, titulado finalmente "Una máscara en la niebla" y parte del libro Siempre tendremos Venezuela, que Candal está por arrancar de la imprenta en estos días, si es que no lo sacó ya y no me dijo nada. Cuando tenga el libro en mis manos colgaré de este blog un relato más completo sobre la génesis de este cuento (de hecho, el post que seguirá a este es una muy egocéntrica, narcisista y megalómana historia de mis libros cuyas historias no fueron contadas hasta ahora).
Las mencionadas fueron las ficciones escritas y esbozadas, pero el 2011 fue también un año de lecturas fascinantes: comenzó con el big bang de Contraluz, de Thomas Pynchon, siguió con un redescubrimiento de Tiempo de Marte, de Philip Dick, regresó a Pynchon de la mano de Vicio propio, recorrió los caminos de Stone junction, de Jim Dodge, y brilló con Chronic City, de Jonathan Lethem, quizá (dejando de lado a Pynchon -de otro modo no sería justo para nadie) lo mejor que leí en el año, además de Los amigos soviéticos, de Juan Terranova, The four fingers of death, de Rick Moody, El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia, de Patricio Pron, la serie de Hyperion, de Dan Simmons -un "debe" importante que tenía hacía años, y en cuanto a relecturas: lo mejor de mi año fue Cuentos de un soñador, de Dunsany, Los tres impostores, de Machen, Los muertos / Aguas salobres, de Mario Levrero y, en estos días de diciembre, La casa en el confín de la Tierra, de Hodgson-, la biografìa de Miles Davis escrita por Ian Carr, y la biografìa de Einstein escrita por Walter Isaacson; quiero mencionar también la narrativa gráfica de Aloha, de Maco, Ranitas, de Nicolás Peruzzo, Valizas, de Rodolfo Santullo y Marcos Bergara, y La isla Elefante, de Alejandro Rodríguez Juele, seguramente lo mejor de un gran año para la historieta uruguaya. Otros libros que, sin fascinarme tanto como los anteriores, me interesaron en diferentes niveles: Libertad, de Jonathan Franzen, Los mares, de Rafael Courtoisie, Ontogenia y filogenia, de Stephen Jay Gould, Los anillos de Saturno, de Sebald, El gran diseño, de Stephen Hawking, Einstein y Picasso, de Arthur I. Miller, El despenador, de Martín Bentancor, Solar, de Ian McEwan, la Autobiografía de Chesterton, Like a rolling stone, de Grail Marcus, Adiós Diomedes, de Leandro Delgado, Prohibido pensar y El miedo es el mensaje, de Sandino Núñez, Colores peligrosos, de Pablo Dobrinin, 1Q84, de Murakami, Falconer, de Cheever, Afterpop, de Eloy Fernández Porta...
Seguimos; libros que no me gustaron o encantaron especialmente pero que reconozco como valiosos y/o interesantes a su manera: El pincel y el cuchillo, de Felipe Polleri, Juliet, desnuda, de Nick Hornby, Tierra firme, de Hugo Fontana, Mamá, de Joyce Carol Oates, El amante de los caballos, de Tess Gallagher, Pensamiento y utopía en Uruguay, de Ruben Tani, Aquel viejo tango, de Rodolfo Santullo y Martín Bentancor, La noche que no se repite, de Pedro Peña, Bicicletas negras, de Carlos María Domínguez. Por último: libros que me parecieron deplorables a distinto nivel y por diferentes razones: El proyeccionista del Cine Unión, de Christian Font, Escipión, de Pablo Casacuberta, Panorama de la literatura fantástica, de Lauro Marauda.
En cuanto a la música, 2011 fue el año en que redescubrí y re-adoré (¿vale el término?) a Pink Floyd, una banda que siempre manejé a nivel conocimiento de su discografía y sonido pero que recién ahora, creo, llegué a apreciar como corresponde (es decir, como una de las 4 o 5 más grandes de todos los tiempos). En esto colaboraron, por supuesto, las remasterizaciones lanzadas al mercado; en unos días colgaré aquí un post sobre mi historia personal con esta banda. También solidifiqué aun más mi amor y/o entusiasmo por la obra de Bob Dylan, Muse, Miles Davis, John Coltrane, Pearl Jam, Jethro Tull, Jimi Hendrix, Rolling Stones y redescubrí a bandas a las que en su momento les había prestado escasa atención, como por ejemplo Jane's Addiction y The Flaming Lips, además de mucho jazz (gracias a mi mentor jazzístico Gustavo Verdesio); descubrí y aprecié, también, a Fleet Foxes, Munford and sons, Wolfmother y Arcade Fire; en general, como se podrá ver, me volví un poco más dinosaurio, más coleccionista de CDs y bastante más audiófilo.
Gran parte del año la pasé trabajando en el Instituto del Tercer Mundo junto a Amir Hamed y (en los últimos meses del año) Gabriel Sosa. El informe anual de la red de ONGs Social Watch es una escuela excelente: no sólo porque es una manera perfecta de ejercitarse en el trabajo con las palabras y las ideas sino porque gracias a las tareas que implica aprendí un poco más sobre la terrible realidad que enfrentan países como Eritrea (virtualmente una prisión del tamaño de un país), Somalia (un territorio sin Estado de derecho), Birmania (una de las dictaduras más terribles de la historia), Senegal y Pakistán, por nombrar sólo algunos. También, hacia febrero y marzo, trabajé en la sucursal Punta Carretas de la librería Bookshop (donde pasé trabajando parte de 2008 y todo el 2009), en la zafra de textos escolares -allí, gracias al encargado de la sucursal Stéfano Buongiorno, pude corregir gran parte de La vista desde el puente antes de presentarla a Estuario Editora.
En lo personal (y aquí viene lo más gracioso, sentido y a la vez lo más cursi, así que quedan advertidos), fue el año en que redescubrí el agua del mar. Suena tonto dicho así, pero quienes me conocen se asombraron un poco de que volviera a bañarme en la playa después de más de diez años de nula exposición al sol y a las olas (y a las odiadas medusas). No me volví un devoto del tema, aclaro (nada de devenir surfista, Crom me libre y me guarde), pero pienso reincidir, lo cual para mí -Fiorella da fe- es un progreso signficativo. Es posible que ahora sea más optimista y más tonto; fui más ansioso, quizá mi año de mayor ansiedad, y en algún momento decidí no presentarme más a concursos literarios (al menos locales) como medida de combatir ese padecimiento nervioso, entre otras cosas... y acá podría agregar que en general los jurados son un hatajo de idiotas, con la honrosa excepción de: el jurado que premió a El increíble Springer, de Damián González Bertolino, el jurado que premió a Acto de Guerra y Los últimos días del Graf Spee, de Santullo&Bergara, el jurado que me dió una mención por "Trashpunk" y "Los otros libros", el jurado que premió mi libro Algunos de los otros -que además premió libros mucho mejores (no lo digo por falsa modestia, cosa de la que en realidad carezco, por suerte, sino porque en realidad así lo pienso: Algunos... es ante todo un revoltijo de cuentos viejos aggiornados al Stahlinismo, y debe ser mi peor libro hasta la fecha), como Antes del crepúsculo, de Agustín Acevedo Kanopa, y Fabril, de Horacio Cavallo-, el jurado concebible que integraré si me pagan lo suficiente, y podría seguir, pero creo que ya se alargó demasiado la medio-boutade-medio-en-serio. Y es posible que estos jurados, más allá de su acierto al premiar los libros que mencioné, también hayan hecho padecer a la literatura uruguaya un gran número de idioteces en ediciones previas de los concursos en los que han oficiado y ofician; algunos de sus integrantes, incluso, posiblemente sean idiotas y punto.
También fue un año en que me decidí a abandonar mis hábitos sedentarios y lanzarme a correr, casi siempre alrededor del vecino Velódromo, con Fio y con Raúl Silveira; en los últimos meses también llegué al hecho impensable en mí de hacer gimnasia e incluso movimientos de defensa personal (según Santullo me van a golpear una noche en un callejón, así que me conviene estar preparado, jeje).
Momentos altos del año: los dos viajes a Buenos Aires con Fiorella -especialmente la recorrida por el norte de la ciudad junto a Juan Manuel Candal y Elena Massa en noviembre (en la que Candal aprendió un secreto fundamental del Stahlinismo); la noche en La Plata junto a los mismos amigos en julio; el asado con Juan Terranova y flía en noviembre, los paseos junto a Fio en ambas ocasiones-, los momentos no-oficiales del encuentro de escritores en Paysandú, las presentaciones de Nadie recuerda a Mlejnas (en realidad la no-presentación de Nadie recuerda a Mlejnas), Colores peligrosos, La vista desde el puente y Aquel viejo tango, los cumpleaños de mis amigos Rodolfo Santullo y Carolina Silbermann, el cumpleaños de Fio (haber abandonado ese antro infecto que es Ponte Vecchio sin pagar fue indudablemente algo para el recuerdo), mi cumpleaños, el cumpleaños de 15 de mi cuñada Denisse Bussi... Y sigo: haber tocado y ensayado (para las veladas Beatnik, en las que mi banda -Pleroma- luchó y perdió contra Cthulhu, que se llevó a R'lyeh al bajo impecable de Ernesto Pasarisa, a la batería de FedeFromhell y, en la última y accidentada velada, a los solos de violín de Raúl Silveira y mi recién descubierto entusiasmo por tocar el bajo) con Federico de los Santos, guitarrista revelación del 2011, Carlos Rehermann, Amir Hamed, Nacho Viera, Raul Silveira, Omar Gómez; haber sentido el fuego de Lautreamont leyendo los Cantos en la primera Velada Beatnik; la carcajada demente de Amir Hamed cuando, el día previo al cierre del Reporte Social Watch 2012, se quemaron los servidores del Instituto; la risa de Juan Manuel Candal cuando Fio y yo debatimos la manera adecuada de bautizar una guitarra; la invocación a Johnny Cash durante la presentación de Nadie recuerda a Mlejnas; tocar "Ziggy Stardust" con Nacho Viera en la presentación de Colores peligrosos; los sábados de vagancia, series y películas con Fio; mis peleas con clientes en Bookshop y las charlas de literatura, música, filosofía y cine con los compañeros y compañeras; el afecto que sigue y sigue de grandes amigos, nuevos y viejos, y también grandes y buenos conocidos: gente que me alegra tener cerca en mi vida, gente como Jorge Merlino, Marcelo Stábile, Paola Gómez, Carolina Silbermann, Juan Manuel Candal, Elena Massa, Rodolfo Santullo, Matías Bergara, Raúl Silveira, Pablo Dobrinin, Agustín Acevedo Kanopa, Víctor Raggio, Amir Hamed, Carlos Rehermann, Richard Ortiz, Silvio Galizzi, Nico Peruzzo, Gabriel Peveroni, Gustavo Verdesio, Arturo González, Pablo Silva, "el Flaco" Germán, Eduardo Mántaras, Andrea Geymonat, Juan Terranova, Marcelo Jelen, Ernesto Pasarisa, Felipe Herrero, Nacho Viera, Omar Gómez, Silvia Pérez, Gabriel Sosa, Sandra García Iroldi, Horacio Martínez, Marcelo Odin, Rubén Calistro, Noelia Villapando, Stéfano Buongiorno, Federico de los Santos, Alejandro Rodríguez Juele, Martín Fernández, Horacio Cavallo, Fernanda Trías, Jorge Alfonso, Pedro Peña, Leonardo Cabrera, Damián González Bertolino, Diego Recoba, Gabriel Lagos y no sigo porque no quiero que esto se parezca a mi lista de contactos en Facebook; sepan perdonar los que no aparecieron: no quiere decir que no los aprecie, por supuesto, sino apenas que soy demasiado haragán para hacer una lista más completa, lo que obviamente sería lo más justo. Fue, como dije, una alegría compartir los buenos momentos del 2011 con todos ellos y todas ellas; y, por supuesto, con mi familia: mis padres, Yuyo y Ricardo, mi abuela, Alba, mi suegra, Eva, mi cuñada, Denisse, mi tío Óscar y su esposa Graciela, mi tío Mayo, mis tíos políticos (qué fea designación, pero en fin, se entiende) Alberto y Walter y sus respectivas familias.
Dejé para el final a mi mejor amiga, mi amante, compañera y esposa, Fiorella Bussi: 2011 fue un año en que nos acercamos como nunca, un año en que también tuvimos nuestras pequeños momentos difíciles, disueltos todos ellos con lágrimas, ternura y cariño; un año en que nos acompañamos en todo momento, en los momentos buenos y en los malos; un año de grandes alegrías, un año de un poco más de paz y tranquilidad, pero no por ello menos desafíos. Tendría que escribir un post entero sobre ella, y eso no haría justicia ni a la milmillonésima parte de toda la felicidad que le debo. Un año, quiero añadir, en el que aprendí a ser un poco más quien ella merece tener a su lado -y todavía me queda mucho por aprender.

21 comentarios:

Anónimo dijo...

gusto a poco.
con todas tus condiciones la verdad que me llevé un chasco gigante cuando leí La vista...
Me dejó la sensación de una idea pretensiosa muy mal desarrollada y llena de clisés, eso aparte de que citar a letras de rock n roll previo a la novela resulta verdaderamente infantil. Maravillosas músicas claro está, pero completamente lejos del clima necesario para meterse en una novela.
Me da pena, pero con tu talento podés encausarte y hacer algo bueno y diferente en cualquier momento, cosa que te deseo de verdad.
Al menos en esa novela se me hizo que te faltó mucha madurez. A lo mejor tus otros libros son la piedra rozeta de la literatura, puede ser sin problemas.
Ahora leo que querés hacer un libro sobre el viejo dilema del gato en la caja y la verdad no puedo más que pensar "este `eterno adolescente` lee wikipedia y no sabe qué hacer con lo que lee"
metele gas a lo que mejor te sale que son las reseñas, y pensate algo que te permita desarrollar ese talento, Ramiro. Es apenas mi opinión, y capaz que sonó a violenta en algún momento, pero siempre va hecha con buena onda y lo más parecido a frontalidad que un medio digital en el cual soy anónimo me permite (eso fue casi un chiste pero lo dije en serio).
Leí la reseña que hizo algún amigo tuyo en la diaria sobre La vista... digo lo de amigo tuyo porque al leerla en voz alta fue lo que dijimos todos (6 personas entre las cuales circuló tu último libro). Realmente no está bueno leer reseñas hermosas y sin pecados literarios, para pasarte la mano por el lomo están los familiares, que siempre se ponen orgullosos de tener un pariente escritor y esas cosas.
Nada, veo con alarma como hay una especie de autoerotismo mental con lo que escribís y ta, creo que sería bueno ponerse en externo alguna vez y juzgarse un poco más. No tener autocritica es cool, intrépido y rock n roll enenen, pero no está bueno.
Abrazos cordiales -
El mismo anónimo de siempre -

Ramiro Sanchiz dijo...

qué pena que no te gustara, anónimo. No sé cual de todos los anónimos podrás ser (vienen muchos por acá), pero no tiene importancia. Obviamente no estamos de acuerdo en relación a mi novela, y especialmente en cuanto a lo que decís sobre que las reseñas son lo que me sale mejor. Te cuento, además, que quien escribió la reseña en la diaria no sólo es mi amigo sino también mi editor; te falló la perspicacia: aparece nombrado varias veces en el post en el que comentaste. O capaz que no quisiste señalarlo. ¿Qué más te puedo decir? Citando a Sutter Kane: si esta no te gustó, mi próxima novela te encantará. Igual me da curiosidad algo: a qué letras de rock te referís?

Anónimo dijo...

1- no me faltó perspicacia; me faltó paciencia, Ramiro. ni loco leo todo tu post entero, apenas si fui bajando a los saltos de renglón en renglón.

2- hablo de las tres citas que abren La vista... una de las cuales me parece desconectada e infantil, muy pomelo.

Ramiro Sanchiz dijo...

Ah, que mal, che... yo ni loco me meto a opinar en un post sin haberlo leído todo... y menos sobre una novela mencionada en el post, sobre todo teniendo en cuenta que la metidita de pata que exhibiste quedaba respondida por tantos, pero tantos post previos de este blog. se ve que sos un tipo o tipa sin rigor, anónimo. andá a opinar a la fonda de la esquina, te parece?
Hubieses preferido tres citas de Joyce? lo tendré en cuenta para la próxima. A lo mejor te perdiste algo, de todas formas. Pero nunca se sabe; seguro mi novela tampoco la leíste entera.

Anónimo dijo...

Apareció el Ramiro que todos queríamos: Intolerante, avejentado, soberbio y altanero.
¡Genial!
La absoluta oposición a aquello kantiano de "nadie es idéntico a sí mismo", vos sí lo sos.
"Si dice que no le gustó mi obra de arte es porque no la debe haber leído"
Maravilloso, nunca ve algo que no sea autocomplaciente.
Casi tan maravilloso como esa "ética" de pedirle a los amigotes que le hagan reseñas rosadas sobre sus libros para publicarlo en medios cuyos lectores no tienen por qué saber que quien hace la reseña es un íntimo del autor reseñado. Una estafa, un total engaño, más trucho que una pubicidad de hamburguesas gigantes.
La falta de escrúpulos morales mínimos como para siquiera quererse a sí mismo y hacerse reseñar por alguien objetivo y que dé un juicio cabal y meditado sobre un libro en vez de un fellatio a cuatro manos es casi tan obscena como tu desinteligencia para andar diciéndolo a los cuatro vientos, como si de algo razonable tratase.
Ahora, sólo falta que me censures el comentario (por algo te arrogás el derecho de administrar lo que se publica o no).
Será completito cuando me lo censures, así terminó de confirmar que no sólo sos autocomplaciente, fácil y ventajero, sino que además tenés tendencias facistas.
Larga vida a los amigos, pues sin ellos la vida sería objetiva.
Ahora, sacame una duda ¿tenías miedo de que "tu maravillosa novela" pase por las manos de un crítico decente y con principios?

¿Por qué si estás tan convencido de que sos un semi dios de la literatura posmoderna no te hacés reseñar por alguien que no quiera quedar mal con vos?

¿Qué parte de vos se siente congratulada en que un amigo te diga sí como a los locos en vez de pegarte un empujón o siquiera no ser un simple adulador?

Lo tuyo es buenísimo, Ramiro. Y lo mejor de todo es que yo estoy tan cerca tuyo como para que nunca te des cuenta, eso lo hace tan divertido...

(Pd: estoy guardando cada parte de esta hermosa conversación, y publicaré todo correspondientemente, para que tus 17 lectores sepan un poco más a quién leen)

Ramiro Sanchiz dijo...

Anónimo: como me chupa un huevo lo que digas estaba tentado a decirte algo tan pintoresco como "chupámela, gil!", pero como metés a gente que no conocés en el asunto, te contesto. En lo que a mi respecta, todas mis novelas han sido reseñadas por gente más que capacitada, con principios y juicio crítico; insisto: mirá bien la lista de reseñas que incluyo en este blog. Podés seguir pensando que todos lo hicieron por amiguismo, obviamente; es más, te invito a hacerlo, porque, como te dije más arriba, no podría importarme menos (después de todo soy el dios de la literatura hipermoderna, ¿qué me puede importar las boludeces que diga un anónimo ignorante como vos en este blog que sólo leen 17 personas?); tampoco me importa que publiques todo donde quieras, donde se te cante. Me encanta que estés "cerca" y que yo no lo sepa, lo hace más entretenido; también señala los pocos huevos (u ovarios) que tenés. Y sí, soy todo eso que decis: intolerante, ventajero, arrogante, fascista (al menos porque he "censurado" comentarios en este blog, al que quizá debería ponerle "la casa se reserva el derecho de admisión y permanencia", ¿no?), lo que se te ocurra; como te dije, me chupa un huevo. Otra cosa: las comillas se usan para citar literalmente lo que otra persona dijo, no lo que se cree inferir de sus palabras. Te digo nomás para que aprendas un poco como son las reglas del juego por acá, seas quien seas. Y como ves, ahi fue el comentario, lindo y publicadito.

Juan Manuel Candal dijo...

Dado que el Valiente Anónimo me incluye en este ataque tan burdo:

("Leí la reseña que hizo algún amigo tuyo en la diaria sobre La vista... digo lo de amigo tuyo porque al leerla en voz alta fue lo que dijimos todos (6 personas entre las cuales circuló tu último libro). Realmente no está bueno leer reseñas hermosas y sin pecados literarios, para pasarte la mano por el lomo están los familiares, que siempre se ponen orgullosos de tener un pariente escritor y esas cosas.")

A ver. Mis explicaciones van dirigidas a la gente que lea el intercambio, no al idiota que no tiene los huevos para poner su nombre detrás de una serie de insultos y denigraciones.

Yo pedí a La Diaria reseñar el libro de Ramiro porque lo había leído antes y me parecía una excelente novela. También reseñé para la diaria "Juego de tronos" y "La viuda embarazada" con mucha admiración y no soy amigo de Martin Amis ni George R.R. Martin.

A veces, los amigos son buenos escritores y es deshonesto rebajar la crítica sólamente para que parezca más "honesta". Yo soy amigo de Ramiro a pesar de lo que escriba, pero fui amigo a partir de leerlo primero e intercambiar material con él. Me gustan casi todas sus novelas, y cuando me tocó reseñar su libro Algunos de los Otros marqué algunas cuantas cosas que no me gustaron mucho.

Ahora sí, volviendo al colega. Lo siento, Anonimito, me da pena que se te nota tan inseguro de vos mismo que tenés que salir a tirar mierda a baldazos. Me encantaría que, ya que me calificás como lo hacés, tengas los huevos de decírmelo en la cara. En cualquier esquina, voy seguido por Montevideo.
Es muy fácil tirar mierda detrás de un "anónimo". También es de no tener huevos y demuestra antes que nada que sos un tremendo pelotudo.
Como te dije, decímelo en la cara y vemos cómo queda la cosa. Yo no tengo nada que esconder. Acá está mi nombre y sabés cómo encontrarme.

El mundo está lleno de imbéciles pero uno siempre piensa que son imbéciles con algún argumento serio. Y fijate que ni te discutí tu apreciación de la novela, porque eso es tema de Ramiro. Solamente tu idea de cómo Ramiro necesita que le soben el lomo. Para tu información, lo acaban de reseñar en uno de los diarios más importantes de la Argentina -yo no tuve nada que ver con eso-, pero claro que ya estás jugado por toda la sarta de boludeces previas.

Animate, poné los huevos, mostrá quién sos (igual es fácil de suponer), y hablame en la cara de mi reseña. Y vemos cómo sale todo.
Cagón.

Ramiro Sanchiz dijo...

Lo que pasa, ante todo, es que Anónimo es MUY uruguayo, y en Uruguay si criticás severamente un libro sos una rata (porque hundis por debajo del nivel de flotación a alguien) y si lo elogiás demasiado sos un amigo sobalomos (porque elevás a alguien por encima del nivel de flotación). Los uruguayos -perdón, aclaro: los uruguayos de la vieja escuela, que pululan en ciertos medios- no toleran que nada se aparte de la muchedumbre, de la masa de camalotes que flota en el estuario. Ojo con los uruguayos de la vieja escuela: avanzan en bloque, se escudan entre ellos; igual no muerden, más bien ladran un poquito y luego se cansan, porque tampoco tienen buenos pulmones. Anonimito es un gran ejemplo de eso, además del tipo de persona que habla y habla sin saber de qué demonios está hablando (de ahí mis dudas sobre que leyera entera mi novela -el o ella confesó, después de todo, no haber completado el post en el que tan gallardamente se metió a señalar mis fallas morales; otra cosa muy uruguaya, ¿no? la hipocresía de la falsa altura moral.

Juan Manuel Candal dijo...

Pero además su única crítica clara es la cita a Zeppelin. Ponele que es una boludez. Perfecto. ¿Y?

Después ya arranca con Gato y Entropía y dice que lees Wikipedia y por poco te hacés una paja con eso. Para los que te conocen eso debe ser muy gracioso (con lo insoportable que sos con tus investigaciones científicas desde hace años).

En fin, alguien que tira todo eso y se escuda en el anonimato, que no sabe puntuar ni construir semánticamente una frase, no sé, tampoco vale demasiado la pena preocuparse, ¿no?

(aunque insisto en que me gustaría que me lo diga en la cara)

Y aprovecho para mandarle una sobada de lomo a Martin Amis, de quien -declaro públicamente- me encantaría ser amigo.

Ramiro Sanchiz dijo...

No me preocupa en lo más mínimo; sería divertido, claro, que dijera quién es. ¿Periodista? ¿Editor? ¿Escritor? ¿Lector? Adivinemos!

Ramiro Sanchiz dijo...

aparte... ¿el "dilema" del gato y la caja? Ya usar ese término es no entender nada. Segundo, ¿por el título "el gato y la entropía" deduce que estoy escribiendo una novela sobre el gato del viejo Schroedinger (http://en.wikipedia.org/wiki/Schroedinger%27s_cat)? Le recuerdo que, en principio, la entropía no tiene nada que ver con el experimento del gato en la caja; si la vida media de los átomos radioactivos, sí el principio de indeterminación... pero la entropía... mmm... me parece que no (salvo que la entropía tenga "algo que ver" con todo, lo cual es cierto y ocioso). Otra cosa: no necesitás wikipedia para enterarte del "gato y la caja": basta con ver The Big Bang Theory, por ejemplo. Es genial como anónimo ya está criticando una novela que no está ni terminada! ¿ese tipo de críticos es el que sugiere que yo necesito? Mmmm...

Anónimo dijo...

Me hacen sentir tan importante.

Argüír que por ser anónimo mi comentario tiene menos validez no tiene lógica desde ningún punto de vista, es lo que en Preposicional se llama Falacia del tercero obtuso. Búscalo en Wikipedia, que tanto te gusta para regodearte jugando al lector intensivo.

Otra Falacia se comete cuando agarrándose de un error ortográfico concluyen que cualquier concepto dentro de esa alocución es un error, prrrr, le erran ustedes muchachos. Citar autores no los va a salvar acá, es más, citar autores es otra Falacia, llamada Falacia de apelación a la autoridad.

Sigan puteando que son muy graciosos, de este lado cada vez somos más y más que nos reímos sobre la isla artificial en la que viven y las teorías de quién es el que comenta, se pone tan gracioso.

Sanchiz: además de lo consabido, sos muy predecible: ¡era evidente que diciendo que podías censurarme me cubría de que me censures!


Si ustedes tienen tantas pelotas hagasen reseñar por gente que no tenga compromisos morales, muchachos.
Yo no dije que todas las reseñas de Candal son por amiguismo y comodidad, en ningún momento dije o inferí eso, dije que un amigo no debe reseñarle un libro a otro amigo, es poco ético, y no decirle a los lectores que quien reseña es amigo del reseñado es una completa falta de ética. Si te conviene entender que yo dije que sos amigo de todos tus reseñados me parece bien que lo hagas, es una buena forma de autocomplacerte y cubrirte el culo.

Lo uruguayo de todo este blabla insulso es que criticás a una persona y te caen con las dos piernas para adelante haciendo gala de una soberbia de chico intocable que no se corresponde con la supuesta fama de un tipo que necesita que los amigos le reseñen los libros.
Eso es inseguridad, muchachos. Mi anónimato no es inseguridad, es la picardía del vivo que se está cagando de risa en tu cara mientras vos estás convencido de tu isla.

Sigan, muchachos, sólo les puedo pedir que sigan, y que se sientan en la libertad de censurar otro comentario que no les lama las botas, de eso se trata ser intelectualoide por estas latitudes. Después de todo, ninguno de nosotros fuma bajo el agua ¿o sí? (eso fue una pista, por si no te diste cuenta todavía, lento)

Ramiro Sanchiz dijo...

me encanta lo de "picardía del vivo"... ¿será Mujica el anónimo? Esa defensa de la viveza es taaaan uruguaya!
Quién restó validez a tu comentario en base del anonimato? Tu comentario es tan válido y tan inválido, tan verdadero y tan falso como lo que dice un tipo se para en la entrada de la universidad a gritar que la Tierra es cuadrada... la validez no es el asunto acá; en todo caso, me limito a señalar que dejás claro lo poco extensivo de tu lectura en los asuntos en que criticás. Y lo del error de ortografía... veo que te cayó mal, no? Por algo respondés a eso tan especificamente.
Eso de que los amigos no deben reseñar a los amigos es una idiotez monumental bien uruguaya. Yo he reseñado libros de amigos (Santullo, por ejemplo) y he señalado claramente lo que me parecían aciertos y errores de sus libros... la amistad no es el punto acá... salvo para gente como Anónimo, que probablemente tampoco entienda de que va la amistad, como no entiende de qué va la crítica o, si vamos al caso, la literatura... salvo que diga idioteces a propósito para molestar y sentir en su casucha que queda como "el vivo" y "el pícaro", lo cual es válido -para él o ella- pero también dura poco.
Tampoco veo de dónde sale eso de "necesitar" que me reseñen los amigos; yo no ando por ahí pidiendo reseñas de nadie: los libros llegan a ciertas personas y esas personas reseñan o no. Por eso mismo no veo sentido a eso de "hacerse reseñar por un desconocido". Pero, a la vez, te cuento algo: hace poco me "hice reseñar" por Martín Perez, de Radar, Página 12, que no es amigo íntimo ni nada por el estilo... mirá por ahí la reseña y vas a ver que tan positiva o negativa fue. Pero, claro, siempre te las vas a arreglar para seguir creyendo lo que más te sirve y seguir sintiéndote el vivísimo de la película. Bien por vos: tu autocomplacencia es admirable. ¿Sabés qué? Te invito a escribir una novela y dármela para que la reseñe, ya que claramente no somos amigos, ¿qué te parece la idea?

Anónimo dijo...

Hola,

Estuve leyendo el "Manual de lo que se debe decir sobre Sanchiz en el círculo de los resentidos" y veo que uno ya se me adelantó.

A ver...

1) Sanchiz es soberbio. No sé muy bien por qué, pero seguro que sí. Y si dice que no tengo argumentos ahí está: ?¡es soberbio, ven!

2) Su literatura es una pelotudez que empieza con citas a canciones... seguro que si cita una canción es porque el boludo no leyó nada, solo la Wikipedia.

3) Ramiro sólo lee la Wikipedia

4) Ramiro sólo se masturba con la Wikipedia.

5) Ramiro se hace reseñar por amigos que no dicen en la reseña ser amigos de él. Acá va mi propuesta. Una reseña seria, hecha por un amigo, debiera comenzar así: "Ante todo, el libro que del que les voy a hablar lo escribió un amigazo, loco, y de paso les cuento que siempre andamos tomando unas birras por ahí y hasta fumamos porro y nos vamos de putas. Ahora sí, me parece que el uso de la referencia culta a lo Pynchon..."

6) Ramiro se hace reseñar por sus amigos kirchneristas de Página/12. Una reseña seria, de ese medio, debiera comenzar así: "Ante todo, sepan los lectores que este diario es amigo de Sanchiz y que el gobierno de Cristina F. de Kirchner también anda de copetines con el autor. Ahora sí, el uso marcado de la metáfora del puente..."

7) Ramiro es soberbio porque no piensa que escribe pedorradas.

8) Ramiro es soberbio porque no piensa como yo.

9) Ramiro es HIV positivo y reparte merca los martes a las 18.00 en Plaza de Cagancha.

10) Nosotros, los vivos, que no damos nombres porque eso es más divertido (jeje-jeje-jeje-jeje), nos reímos todos juntos (jeje-jeje-jeje-jeje) viendo como saltan ustedes (jeje-jeje-jeje-jeje), que sólo publican libros y todas esas cosas que nosotros no hacemos mientras nos la pasamos fenómeno riéndonos de ustedes (jeje-jeje-jeje-jeje). Ramiro, gil, avivate, mientras vos te la pasás publicando libros como un boludo, acá yo me río de que vos ni sabés quién soy (jeje-jeje-jeje-jeje)!!!

Me siento un capo.

Phineas dijo...

"yo no ando por ahí pidiendo reseñas de nadie: los libros llegan a ciertas personas y esas personas reseñan o no"

Upss...

pio pu pio pi. Me contó un pajarito que eso no es así...

¿Pedir entevistas radiales no es pedir reseñas "por ahí"?


Me hundo.... me hundooo me hundoooo...

Ramiro Sanchiz dijo...

No, no lo es. Una entrevista no es una reseña, para empezar. Segundo: el pajarito seguramente te habló de una situación concreta que implicaba un programa en el que Cristian Font habló de mí: en el momento de oir el audio de esa entrevista se me ocurrió que sería una buena idea aprovechar el asunto (con fines de difusión del libro) para pedirle a la gente de la editorial (donde me imagino que anidará el "pajarito") que mande a ese programa (Suena Tremendo) un ejemplar de mi libro. Si a la gente del programa el libro le parecía una bosta, era un riesgo a correr; si les gustaba -como le gustó al conductor que la leyó, salvo que haya mentido descaradamente y sin necesidad, lo cual no creo-, era obviamente una oportunidad a aprovechar para que el libro sea más y mejor difundido, lo cual es el interés de la editorial y también mio... ¿o no te parece, querido, que los autores debemos preocuparnos al menos un poquito porque nos lean? Ah, quizá vos sos un onettiano más... es cierto. Volvé a tu casucha entonces.

Ramiro Sanchiz dijo...

y ahora vas a decir que soy predecible, que me llevas a contar esa historia del programa Suena Tremendo, bla bla bla, "Sanchiz entra como un gil en las trampas que le pongo, oh, que vivo y pícaro que soy, aguante la viveza criolla!". Si lo cuento es porque me parece totalmente lógico contarlo y no veo nada extraño en mi proceder a la hora de pedirle a la editorial que se comunique con cierto programa. Si no lo hacia Estuario, lo hacía yo. Recursos para conseguir mails de productores no me faltan. Como no soy carnavalero, y por suerte jamás lo seré, no tengo la cobertura mediática de la que disfrutan otros, sabés? Ah! Me hiciste entrar otra vez! Dije que no me gusta el carnaval! Oooh! Me ganaré enemigos! Ooooh! Qué problema!!!

Trolokián dijo...

Acá el resentinometro se volvió loco y se rompió:

"Como no soy carnavalero, y por suerte jamás lo seré, no tengo la cobertura mediática de la que disfrutan otros, sabés?"

Carnavalero: aquel que cuenta con gran cobertura mediática.

(Diccionario de términos Sanchizianos)

Por otra parte, es de dudosa procedencia la información que asegura que a uno de los conductores de ese programa le gustó el libro. Primero que nada porque es muy probable que no lo hayan leído asi como tampoco leyeron el de Font en su momento. Para confirmarlo basta escuchar lo que dicen de La vista... leyeron, si, pero solo el texto de contratapa.

Lo que los muchachos querían, muy probablemente, era abordar el caso Font para hacerte largar fuego por la boca y que, en el mejor de los casos (en el mejor de los escenarios posibles, como dicen los politólogos), te mordieras la lengua y te envenenaras. Cosa que intentaron. Que intentaron con Font, y que después intentaron contigo. De la entrevista, 15 minutos hablan de Font. ¿No es curioso?


"Una entrevista no es una reseña, para empezar"

Ciertamente. Buena deducción, aunque de poca utilidad.

"y ahora vas a decir que soy predecible, que me llevas a contar esa historia del programa Suena Tremendo, bla bla bla"

Si, y aparte otra cosa: voy a pensar que te preocupás tanto por esto que hasta te quedas dos minutos leyendo tu respuesta y terminás agregando otra más para reforzar tus conceptos (tus últimos dos mensajes tienen 2 minutos de diferencia entre sí)


"el pajarito seguramente te habló"

No, Ramiro, no. Me sorprende. Los pájaros no hablan. Me lo contó, no dije que fuera precisamente con palabras.


Al menos dos veces en este intercambio veo repetido el término "casucha".

No deja de ser curioso.

Juan Manuel Candal dijo...

Che, Ramiro, a veces me pregunto... ¿por qué te (nos) gastás (gastamos) tanto en responderle a este tipo de simios? La gente que te lee o te conoce, ya está, no se come ninguna. Y si justo lo lee alguien que no sabe quién sos... ¿vos te parece que resulta muy interesante para un extraño lo que dice de vos un "anónimo" o quien sea, que no tiene tiempo para otra cosa que joder?

Se nota que es un resentidito. Que te putee. Que me putee. Que diga boludeces. El día que las diga cara a cara es otra cosa, ahí va a ser interesante. Mientras, dejalo que siga hablando solo. Cuanto más le contestás, más le das el gusto de hacerlo sentir importante.

Seguí con la novela mejor!

Anónimo dijo...

Opa opa opa, se pone linda la cosa. ¿así que pedís entrevistas radiales? jajajajaja. Esto es genial, no sólo hay todo un submundo de gente cool que piensa que editar un libro es pertenecer a una casta superior y exclusiva cuando lo único que hacen es aprobar/desaprobar mediante moral técnica, sino que además ahora aparte de reseñarse entre todos también resulta que piden entrevistas para promocionarse y hacerse los famosos. Wow ¡qué bajo puede ser el abismo de la gente cool!
Estoy tan tranquilo de ser nada más que un anonimito que no se molesta es esas menudencias y escribe con faltas ortográficas que hasta voy a promover a mucha gente para que siga mi comportamiento.
Siga así Sanchiz, siga así que esto cada vez se pone más lindo.

Ramiro Sanchiz dijo...

me alegra que detectaras lo de "casucha". es una referencia a Los Simpsons