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Ramiro Sanchiz (Montevideo, 1978). Ha publicado 17 libros, entre ellos las novelas "El orden del mundo" (2014, El Cuervo, La Paz, Bolivia; primer premio de narrativa édita del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay), "El gato y la entropía #12&35" (Estuario Editora, Montevideo, Uruguay), "Las imitaciones" (2016, Décima Editora, Buenos Aires, Argentina) y "Verde" (2016, Fin de Siglo, Montevideo, Uruguay). Escribe regularmente crítica para el periódico montevideano La Diaria. Se ha desempeñado como jurado del premio Casa de Las Américas (2016), el Fondo Concursable del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay (2011) y del premio Onetti de la Intendencia de Montevideo (2016). Ha sido traducido al francés, el alemán, el inglés y el italiano.

martes, 24 de enero de 2012

300 entradas

Después de casi cuatro años de vida Aparatos de vuelo rasante llega a su entrada número 300. Como el monstruo de vanidad que soy, pensé que era una buena ocasión para repasar un poco la pequeña historia de este blog y sus momentos más divertidos (para mí, aclaro, no faltan quienes dicen que es aburridísimo y bla bla bla).
Al principio subía ante todo cuentos largos y poesía; luego fueron ganando terreno las reseñas y los malhumores; más recientemente diversifiqué un poco la propuesta y abrí Lecturas rasantes para recopilar los textos que publico en La Diaria, Leedor y algunos de Otro Cielo, y también (hace poco más de dos semanas) Partículas rasantes, con el propósito de subir a diario notas, ideas, inspiraciones, reacciones, microcrítica y microreseñas; en Aparatos, entonces, ha quedado lugar ante todo para observaciones más personales, noticias, algo de autobiografía y, por supuesto, comunicaciones intermitentes con el(los) universo(s) de Federico Stahl.  Pero, como decía más arriba, entre estas 300 entradas ha habido lugar para todo.
Un post reciente de mi gran amigo Juan Manuel Candal (sí, un amigo personal y también editor reseñó mi novela para La Diaria, medio en el que escribo, ¿y?) me hizo volver a pensar en una serie de peleillas (y algunas polémicas más en regla) con gente variada del ambiente cultural local; mirando la lista de entradas en blogger encuentro que suelen ser las más comentadas y las más, por qué no decirlo, apasionadas. Así que esta historia breve de Aparatos de vuelo rasante no puede no incluir una historia brevísima de las tonterías que dije a mucha gente y las tontísimas respuestas que esta gente me lanzó a la cara; también es cierto que no poco de lo dicho fue interesante o pudo interesar, que -con dos o tres excepciones- ninguno de los interlocutores beligerantes eran realmente tontos, que no hubo algún momento donde se ponían en juego cosas que -al menos yo- he considerado importantes o que considero importantes, cosillas relacionadas con el papel del escritor en el medio cultural, con la naturaleza de la crítica, entre otros temas.
El primer intercambio importante incluyó a varios escritores ofendidos por mi crítica al libro Esto no es una antología. Recuerdo que volví a mi casa después de la presentación y lo empecé, para terminarlo esa misma noche (es posible que sea el único escritor de la no-antología que la leyó entera, incluyendo al compilador) y escribir -entonces todavía trabajaba en un shopping- una reseña cuento-por-cuento en la que aclaré que sólo me interesaba dar mi opinión (en plan me gustó o no me gustó, disfruté o no disfruté) sobre los textos. Esos textos, claro, incluyeron al prólogo de Horacio Bernardo, que me pareció atroz (por otro lado, ¿qué se podía esperar? Es raro que Bernardo no participe del carnaval, ahora que lo pienso); también mencioné qué cuentos me parecieron bastante malos y cuales me gustaron especialmente. El resultado: los amiguitos de los agraviados (y los agraviados también, por supuesto) empezaron a rasgarse las vestiduras. De este intercambio no quedó nada interesante, más allá de algunas conclusiones que ya no tiene sentido repetir acá y que involucran a gente que en mi opinión no vale gran cosa y que tampoco ha hecho gran cosa últimamente.
Otro de los intercambios incluyó a un tipo muy verborrágico que se hace llamar Topogenario (o se llama, o se llamaba, nunca lo supé), autor de largos comentarios altamente ilegibles. Fue a partir de su participación en esta historia que empecé a moderar la participación de los lectores en este blog. Tampoco quedó nada interesante de este asunto.

Una reseña que subí de la película Sucker Punch, en la que discutía un poco algo que creía entrever en una reseña de Gonzalo Curbelo para La Diaria, motivó otra serie de puteadas, esta vez con uno o dos anónimos que cada tanto vuelven por acá y repiten el cántico salmodiante de que Sanchiz es mal escritor, mala persona, muy tonto y muy calentón. Lo último es verdad, diré en mi defensa.
También, a fines de 2010, subí un artículo/manifiesto en el que intentaba demarcar el camino que me interesa tomar en cuanto a literatura, tanto como lector, crítico y reseñista que como escritor de ficciones; señalaba cietas actitudes que me parecía que "tendían a la mediocridad" y, apurado por un espíritu simple, propuse como ejemplo de esas actitudes a Leonardo Cabrera; pasado más de un año entiendo que me equivoqué, que de hecho Leonardo era quizá el menos adecuado a la hora de usar como ejemplo de esas actitudes de las que me interesaba tomar distancia: otros escritores de mi generación eran más claramente vinculables a lo que señalaba en mi texto. Esto no quiere decir que considere a Cabrera un alma afín en las aventuras literarias (por decirlo de un modo pintoresco): estamos muy en desacuerdo en algunas cosas, creo, y bastante de acuerdo en otras, quizá más puntuales. Lo interesante en aquel fin de 2010 fue la reacción por parte de escritores que pertenecen al círculo de Leonardo Cabrera (en su mayoria los vinculados al blog Club de catadores), que se sintieron -justamente, supongo- tocados o incluso insultados. Muchos de ellos, de hecho, siguieron y siguen sintiéndose tocados o insultado, y esas diferencias (con las que aparentemente no pueden vivir: yo me he limitado a señalarlas y a razonar sobre ellas, especialmente en cuanto a mi interés en crear un mapa de la narrativa de mi generación) han ido zigzagueando por ahí, a veces bajo tierra y a veces a plena luz del día. Posiblemente una de esas diferencias motivó mi reciente polémica con Pedro Peña, sobre la crítica literaria, que comenzó bastante bien (en cuanto a mover temas de interés) y degeneró en acusaciones irónicas tanto de Pedro como mias; en ese terreno digamos viciado subí una caricatura (dibujada por Matías Bergara y al alcance de todos los lectores de Pedro desde la solapa de sus libros) del autor de Eldor acompañada de un globito que decía algo así como "¡no se dejen engañar, esto no es crítica!", lo cual molestó sobremanera a Peña, que también se sentía tocado por una de las entradas de mi blog de microcrítica, en la que repetí mi opinión sobre Ray Bradbury y pensé o traté de pensar las razones para explicar el éxito de este autor entre literatos y docentes, entre fans hardcore de la ciencia ficción y lectores de "literatura general". Eso (que podría, de no haber mediado otros rencores y otras actitudes que no dudé en llamar cobardes, haberse arreglado con un "Ramiro, no seas pajero, eso de la caricatura es una pendejeada", a lo que yo no podría haber dicho más que "tenés razón") motivó la última "pelea" hosteada por Aparatos de vuelo rasante, en la que terminé espetándole a Pedro muchas acusaciones de las que, por supuesto, no me desdigo. Más o menos al mismo tiempo cruzamos ideas con Alejandro Gortázar, un poco en la estela de la discusión sobre la crítica, pero, por suerte, de un modo considerablemente más civilizado que, doy por descontado, seguirá presente en una posible respuesta de Alejandro.
No fueron las únicas pero sí las que recuerdo ahora o, al menos, las que vale la pena mencionar dado que, de un modo u otro, fueron sostenidas con gente que, en mayor o menor medida, leía un poco lo dicho por mí antes de atacar. Es cierto que otros popes de la ficción especulativa, gente que cuenta con bibliografías nutridas y estilos cuidados, también anduvieron por aquí y allá lanzando acusaciones en el mejor de los casos infantiles; pero está claro que sobre esa gente no vale la pena pronunciarse, al menos no con palabras -y menos palabras en un blog.
Claro que en Aparatos de vuelo rasante no hubo sólo polémicas (ni respuestas a secas, como la que escribí a Cristian Font a partir de sus dichos en el programa de radio Suena Tremendo); también hubo celebraciones y crónicas de grandes momentos (en su mayoría presentaciones de libros, como la de Colores peligrosos, por ejemplo, en la que, entre otras cosas, asistimos a una paliza ajedrecística, a un ninguneo de mozo de bar, a una primigenia confrontación con la gente de Café La Diaria, a un toque acústico de Pleroma reducido a Nacho Viera y a mí), y también unas pocas "historias de libros", en las que conté (haya o no haya por ahí lectores que puedan interesarse) cómo se gestaron ciertos libros que publiqué; como Perséfone, Algunos de los otros, Del otro lado, Vampiros porteños sombras solitarias y 01.lineal quedaron por fuera de esos relatos, la entrada 301 de este blog los tendrá como tema, para seguir con la temática egocéntrica, narcisista y arrogante que tanto me gusta.
Sigue una lista de enlaces a mis entradas favoritas del blog:

Las catedrales de la física
Repaso del 2011
Más ranitas y menos blandengues
Decálogo/manifiesto versión 2.0
Julio Herrera y Reissig: un viaje personal
Juan Grompone y el futuro de la novela policial
Sobre Dani Umpi y otros asuntos

Y como consigna final, para ir preparándonos para lo que sucederá el jueves 26 de enero:

¡POR UN URUGUAY LIBRE DE MURGAS!

12 comentarios:

Anónimo dijo...

Primero, pude leerte hasta la mitad el post o soy muy veterana o lo soy!
La letra y el color de fondo, en definitiva.
Me parece que no entendí mucho tus comentarios, pero supongo que me perdí de mucho ya que acabo de conocer tu blog, o blogs. Son varios. Te quiero pasar un link que te puede interesar y puede ayudarte, mi nombre es Alicia, por cierto, mucho gusto.
http://www.facebook.com/pages/Flying-Source-E-Diciones/221875107862219
Puedes hacer un "me gusta" en esta página o pedir para colaborar!
Fue un gusto, vere luego como queda mi comentario. A. No tienes twitter? sería bueno que pusieras uno en tu blog! Saludos atte Alicia.

Ramiro Sanchiz dijo...

Juas, gracias por el contacto pero conozco esa "editorial" y no me interesa ningún vínculo con "ellos".

Anónimo dijo...

Creo que no sorprende a nadie decir que esta es otra entrada en la que nombras a Candal, casi que como respuesta a otra entrada en la que te nombra. Pueden pasar un día sin nombrarse?

Ramiro Sanchiz dijo...

Hemos pasado varios días sin nombrarnos, por supuesto, pero el punto es que somos amigos, pensamos parecido en muchas cosas, él editó y editará cuentos, artículos, reseñas, entrevistas, nouvelles y novelas de mi autoría, y también reseñó y criticó al menos tres de mis libros; yo ahí veo razón más que suficiente para nombrarlo si hago una "historia" de mi blog o si cuento algo sobre mis libros.

Ramiro Sanchiz dijo...

y obviamente no tengo por qué dar explicaciones de a quién nombro y a quién no; contesté la pregunta por buena onda, ante todo.

Juan Manuel Candal dijo...

Yo ya ni me ocupo en responderle a "anónimos". Creo que cuando uno tiene un mínimo valor como persona, al menos firma lo que dice, sobre todo si anda siempre a la pezca de cualquier "offside" en el que supuestamente te pueda enganchar.

Mi consejo: no le des de comer, dejalo hablando solo. Que diga o piense lo que quiera. ¿A alguien le importa? A mí no.

El patetismo del anonimato es tal que ya pierde sentido todo lo que pueda venir después.

El resto, que es lo que importa: por otros 300 posts y exprimí el tiempo que te queda que todos sabemos que no pasás de los cuarenta (ok, te doy que quizás tocás los 45) ;-)

Fiorella dijo...

Feliz 300 posts!
Un brindis por otros 300 o más posts.
También me gustaría hacer un brindis por los que le hacemos el aguante y/o aguantamos 300 posts, con eso me refiero a aguantar la cabeza del autor, jeje.

Anónimo dijo...

Pues, si el anónimo no es importante: ¿por qué le dedican varios párrafos de respuesta?

El utilizar tres párrafos para decir "lo que dice el anónimo no importa" es como un razonamiento de esos que se comen la cola.

Firma,

Otro anónimo.

Ramiro Sanchiz dijo...

No, porque:
1) hay anónimos y anónimos
2) a veces lo que dice el anónimo no es importante pero sí es importante responderle
3) a veces es divertido responder
4) a veces se responde por buena onda
5) a veces se aprovecha el comentario de un anónimo para dejar cosas en claro

Anónimo dijo...

Lo bueno de los escritores es que poseen la capacidad intelectual y expresiva para ser sus propios Jorge Rial.

Saludos, dentro de todo, está bueno leerte.

Juan Manuel Candal dijo...

Anónimo: son legión. Antes me resultaban enojosos, ahora ya me empiezan a resultar divertidos. Ser infantil al punto de "atacar" invocando el nombre de Jorge Rial indica el grado de IQ del que escribe.

Anónimo dijo...

Pero, Juan Manuel, no fue mi intención atacar, leí la entrada, es el recuento de enfrentamientos, soy anónimo, no tarado, sé leer.

Me parece que no fue más que una comparación inocente para emitir una opinión, de ninguna manera un ataque. No creo que toda opinión con la que no estemos de acuerdo deba ser una ataque, pero no puede negar que hacer recuento de enfrentamientos, por muy intelectuales que sean, es propio del cotorreo farandulesco.