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Ramiro Sanchiz (Montevideo, 1978). Ha publicado 17 libros, entre ellos las novelas "El orden del mundo" (2014, El Cuervo, La Paz, Bolivia; primer premio de narrativa édita del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay), "El gato y la entropía #12&35" (Estuario Editora, Montevideo, Uruguay), "Las imitaciones" (2016, Décima Editora, Buenos Aires, Argentina) y "Verde" (2016, Fin de Siglo, Montevideo, Uruguay). Escribe regularmente crítica para el periódico montevideano La Diaria. Se ha desempeñado como jurado del premio Casa de Las Américas (2016), el Fondo Concursable del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay (2011) y del premio Onetti de la Intendencia de Montevideo (2016). Ha sido traducido al francés, el alemán, el inglés y el italiano.

jueves, 26 de enero de 2012

Historias de libros

¡Sigue el narcisismo hiperbólico en Aparatos de vuelo rasante, y sigo invitando a los giles de siempre a decirme que cuento cosas por las que nadie me preguntó! El punto es que, como vengo prometiendo hace ya cierto tiempo, aquí van las historias de los libros que he tenido la suerte de publicar en estos últimos años; empecé esta narrativa con Nadie recuerda a Mlejnas y la seguí con La vista desde el puente; para aquellos de mis lectores (iba a repetir la clásica referencia a Sánchez Padilla y su programa de TV) a los que les interese, comenzamos con...
01.lineal. En septiembre de 2007 renuncié a mi trabajo en una librería de Punta Carretas Shopping; cuando los ahorros empezaron a flaquear (a la vez que el dinero que ganaba dando clases de guitarra se volvía cada vez más insuficiente) pensé en eludir trabajos decentes y proponerme como profesor particular de literatura y filosofía y (además) coordinador de talleres literarios del tipo lectura grupal de libros ordenados por temas. Jorge Alfonso (Porrovideo, Cuentos llenos de abrojos, decenas de cuentos dispersos por ahí) me sugirió enviar mi perfil a una página que presentaba escritores uruguayos y proponer desde esa plataforma mis talleres: así lo hice. Entre otras cosas hablé de mis influencias, las que más privilegiaba en ese momento: William Burroughs, Jack Kerouac, J.G.Ballard, Mario Levrero, Allen Ginsberg, Thomas Pynchon (a quien en rigor empezaba a leer, con creciente fascinación) y Philip K. Dick. Al mes, más o menos, recibí un correo de alguien que se presentó como miembro del área "literatura" de una incipiente editorial de Salamanca llamada Anidia (que, entre otras cosas, se proponían no cobrar a los escritores). Estaban preparando una colección de jóvenes autores latinoamericanos, decía, y tras encontrar mi perfil en el sitio web de escritores uruguayos le pareció interesante comunicarse conmigo. De paso me preguntó si tenía alguna novela inédita; como tener, tenía, y muchas, pero me sentía más o menos seguro de tres, que integraban una trilogía. Las novelas eran 01.lineal, 02.espuma y 03.regreso; la última era la peor de las tres y también la que consideraba menos presentable; opté por enviarles la primera y advertirles que se trataba de una serie. Me pareció curioso que me propusieran, al mes, más o menos, publicar las tres en un sólo libro. Era demasiado, por supuesto, y, desconfiado, dije que no, pero di marcha adelante a la publicación de 01.lineal. Mi amigo Raul Silveira me puso en contacto con un dibujante entonces poco conocido, nada más y nada menos que Matías Bergara, que entraría al mundo de la historieta por la puerta grande con la publicación de Los últimos días del Graf Spee, novela gráfica guionada por Rodolfo Santullo, quien detectó en Matías a su potencial dibujante estrella; un Matías Bergara (por suerte para mí) mucho menos ocupado que el actual, así que tuvo tiempo de dibujar una hermosa tapa para la novela, así como tambíen una ilustración para cada capítulo. El resultado fueron nueve ilustraciones excelentes y asombrosamente variadas; mandé todo a la editorial (que ya habían dado el visto bueno a mi sugerencia de acompañar la novela con ilustraciones) y en poco tiempo -sorprendentemente poco tiempo-, en julio de 2008, recibí en mi correo real dos ejemplares de 01.lineal. A todo esto ya había sido puesto en contacto con la parte más "formal" de la editorial, quienes me comunicaron que la novela se vendería primero via online, que se haría una buena campaña de prensa, que luego verían si mandarla a librerías, etcétera. Por esas fechas, más o menos, me enteré que la gente de Anidia había publicado también a dos poetas uruguayos: Matías Ygielka y Xime de Coster; me pareció curioso tanto uruguayo, pero seguí adelante con, digamos, optimismo. Paralelamente había enviado 01.lineal a Editorial Trilce; una primera lectura pareció interesarles, y me pidieron el resto de la trilogía. Yo estaba cada vez más convencido de que esas novelas en realidad eran textos abortados (de hecho hace años que las eliminé de mi disco duro, así que por suerte ahora no existen), pero ya que había aludido a la trilogía en varias ocasiones decidí que no tenía otra alternativa que someterlas a Trilce. Al poco tiempo las rechazaron, con mucha razón: les pareció que no estaban a la altura del clima narrativo de la primera, mejor logrado, y que, por tanto, como trilogía no funcionaban. No insistí con 01.lineal en tanto texto individual: por el momento estaba contento con mi edición de Anidia, pese a que empezaban a multiplicarse los relatos de personas que intentaban comprar el libro en la página de la editorial y les resultaba imposible, y me concentré en reescribir 03.regreso y 02.espuma; la segunda quedó relativamente pasable (llegado el momento la presenté a Estuario Editora, junto a 01.lineal); la tercera quedó bastante mejor (pero aún insuficiente) y, al año siguiente (2009), la presenté a los fondos concursables del MEC (no ganó, pero sí fue premiado otro libro mio, como se verá más adelante). Un día me puse a pensar que 01.lineal no había tenido reseñas en ninguna parte, que la promoción era mínima y que aquellas promesas de llevarla a librerías no se habían cumplido; decidí entonces escribir una queja muy civilizada y correcta a la editorial, preguntando qué sucedía y, sobre todo, qué iba a suceder. La respuesta se demoró, asi que insistí, sin éxito; un día me escribió Martín Fernández, de Estuario, muy entusiasmado con un informe de lectura sobre 01.lineal a cargo de Felipe Polleri, y me propuso pensar en su publicación para 2009. Le dije que tenía que resolver el tema de los derechos, pero daba por descontado que la gente de Anidia -ya que no distribuían en ningún lugar hecho de átomos- no tendría inconvenientes. Mi ingenuidad era tremenda, como se ve; los de la editorial dijeron que no, que iba contra sus intereses, que ellos pensaban distribuir en todo el mundo, etcétera. Aquello me enojó bastante y, amparándome en una de las cláusulas del contrato, di por terminada mi relación comercial con Anidia Editores. El resto de la tirada (se suponía que 800 ejemplares, de los que sólo me consta la existencia de 2) se la podían meter por el culo y yo tenía de vuelta los derechos. Poco después la página de Anidia empezó a exhibir grandes anuncios del tipo PUBLICA TU PROPIA NOVELA CON NOSOTROS y UN EQUIPO DE EDITORES SE ENCARGARÁ DE DAR A TU LIBRO EL TRABAJO QUE SE MERECE. Precio: 1000 euros. A partir de ese momento pasé a asumir que todo el rollo latinoamericano/uruguayo no había sido más que una manera de atraer a escritores desconocidos y deseosos de editar (yo! yo! yo!), para armar algo así como un pequeño fondo editorial con el que engatusar a los que estuvieran dispuestos a pagar. Ignoro si alguien les dio dinero; ahora su página web no existe y no me consta que hayan publicado más libros bajo el nombre de Anidia. Para mí, entonces, 01.lineal, como el célebre gato, existe y no existe: es mi primera novela publicada, sí, pero sigo creyendo que físicamente sólo existen mi ejemplar y el de Matías. Una lástima, especialmente por las ilustraciones. Quizá pronto la edite en formato e-book o algo así.
Perséfone. Estuario Editora había leído 01.lineal y estaba interesada, pero, a la vez, a Martín Fernández le parecía que el texto no era necesariamente la mejor manera de "presentar" en Montevideo a un autor nuevo. Me pareció una objeción interesante, y nos propusimos encontrar -entre todo el material que le estaba pasando y el que estaba escribiendo, un buen número de cuentos y al menos dos novelas cortas más- ese candidato ideal a mi primer libro montevideano. A todo esto yo había preparado un libro de cuentos titulado Malos recuerdos, para el que Matías Bergara había dibujado unas magníficas portadillas (una por cuento), y que incluía como remate un cuento más bien largo titulado "Perséfone", que era la reescritura de una novela finalmente inconclusa que me había ocupado durante 2005, en las primeras etapas de mi mapeo de los mundos que habitan los diversos Federico Stahl. Esa Perséfone primaria, para empezar, tenía otro título (lo he olvidado) y estaba escrita en una prosa cargadísima y hasta grotesca, orientada en las líneas de campo magnético de una parodia de Apocalypse now, con un descenso hacia el mundo de los toques de rock en la Costa de Oro y Rocha, mundillo que estaba dispuesto a inventarme ya que mi experiencia como músico se limitaba a toques en Montevideo, con la excepción de un concierto que dio mi banda en el departamento de Colonia junto a una banda tributo a Elefante. Esa versión primitiva, por suerte, no existe más (está perdida en un disco duro averiado del que, supongo, podría extraerse con las herramientas adecuadas); Malos recuerdos fue presentado a Trilce y tampoco tuvo suerte (¿por qué insistía con esa editorial?), de un modo bastante rápido que me hizo sospechar lecturas más bien parciales, si es que habían existido (y digamos que sí existieron); un día se lo pasé a Jorge Alfonso, quien me ofreció una serie de juicios sobre los diversos cuentos, juicios en los que hizo gala de un espíritu crítico notable y constructivo: de todo lo que había allí, me dijo, dos o tres cuentos no valían la pena, otros estaban pasables, alguno era -en sus palabras- un buen ejercicio de ciencia ficción ("Sobre desayunos y entropía", al que me referiré más adelante) y el último, "Perséfone", era claramente el mejor. Era, de hecho, la dirección en la que debía profundizar: más sentida, más "real", más personal. Jorge se comunicó con Martín Fernández y le recomendó la publicación de ese texto; lo expandí hasta lograr una nouvelle y se lo pasé a mi futuro editor. Decidimos que haríamos con él un libro, que, como quedaba un poco corto, podíamos complementar con más textos. Propuse una historieta: un sábado escribí el guión de "Descenso" y se lo pasé a Matías Bergara, quien hizo, una vez más, un trabajo excelente (el guión, leído ahora, me parece bastante deficiente, pero las ilustraciones han sobrevivido bien). Hubo que decidir ciertos detalles relativos a la impresión del libro y el comic, tipos de papel y diagramación básicamente, y pronto quedó claro que más o menos hacia agosto (estamos en 2009) sería publicado. Lo presentaron Ercole Lissardi (el texto que leyó pueden encontrarlo aquí) y Rodolfo Santullo, quien nos entrevistó brevemente a Matías y a mí. Poco después se hizo una segunda presentación (junto a Parir, otra novela publicada por Estuario), en la Feria Internacional del Libro de Montevideo, en la que Gabriel Lagos me entrevistó junto a Andres Ressia, el autor de Parir (la transcripción de esa entrevista, aquí), y una tercera presentación fue la de la Feria del Libro de San José, a cargo de Pedro Peña.
Del otro lado. En 2010 entré en contacto con Diego Recoba, que comenzaba su aventura con la editorial La propia cartonera, y surgió la posibilidad de publicar algunos de mis cuentos. Elegí entre ciertos "sobrantes" de Malos recuerdos (todos ellos publicados en Axxón menos uno, "Patricio", que había visto la luz por primera vez en mi blog, en una versión primitiva) y los reuní bajo el título Del otro lado. Todos esos cuentos han sido más o menos reelaborados, especialmente "Patricio", que fue también publicado más tarde en la revista Otro Cielo. Las primeras versiones databan de 2008 ("Duendes"), 2009 ("Patricio") y 2010 ("Bichos").
Vampiros porteños, sombras solitarias. En 2004 toqué en un festival porteño junto a la banda gothrock RRRRRRR; no fue una experiencia sencilla (aunque sí gratificante, de varias maneras), y terminé con un pie bastante lastimado y una guitarra (para colmo no de mi propiedad) perdida en un taxi; muchas personas, al escuchar el relato de mis desventuras, me instaban a escribirlo bajo la forma de un cuento pero yo me resistía a abordarlo, y recién en 2009 encontré la manera. Así escribí Vampiros porteños, sombras solitarias, que retomaba algunos acontecimientos y los reformulaba en el contexto Stahl. Al año siguiente fui invitado por Casa de América (Madrid) a un encuentro de jóvenes narradores iberoamericanos, y aproveché la oportunidad para contactar una editorial cartonera local, Meninas Cartoneras, que estaba en las fases iniciales de su vida. Les pasé dos nouvelles, Trashpunk (que pronto obtendría una mención en un concurso de prestigio a nivel nacional, pero que hasta ahora sigue inédita en papel -aunque no en formato digital, ya que fue publicada en tres partes por Axxón) y Vampiros... Las editoras de Meninas escogieron esta última; los libros no estuvieron listos durante mi estadía en Madrid pero al poco tiempo me enviaron dos ejemplares por correo. Tanto Vampiros... como Del otro lado involucran a Federico Stahl; Vampiros es parte de lo que llamo la "secuencia principal", es decir las historias ambientadas en "nuestro" mundo o -mejor dicho- un mundo casi idéntico al nuestro. Junto a otros cuentos que ya mencionaré, y además a Perséfone, "Bichos" y "Patricio", Vampiros... lleva implícita una cronología de la vida de este Stahl en particular entre 1998 y 2007 (hasta ahora no he publicado nada que de cuenta de fechas posteriores). 01.lineal, "Duendes" y Trashpunk, entre los textos mencionados, son ficciones que divergen de la secuencia principal: puntos jonbar (o de inflexión) de mundos ligeramente paralelos.
Algunos de los otros. Después del fracaso de Malos recuerdos aparté "Perséfone" de los cuentos que lo integraban y releí los que quedaban. Tras eliminar los textos más viejos ("El viento y la ceniza" y "Paisaje con grupo y mujer", por ejemplo) pensé en integrar al libro una serie de textos breves que había escrito pensando exclusivamente en este blog ("Ficciones", que al final no pasó la prueba para el libro pero fue publicado en Freeway, "El avance", "Caminos" -que se repite en Perséfone como un esquema para un relato anotado por Stahl-, "Los años" y "Constelaciones"), que sirvieran a modo de separadores de textos más largos, entre ellos "El cuento vaciado" (que había obtenido un primer premio en otro concurso local y había sido elegido por Horacio Bernardo para Esto no es una antología), "Yocasta" (que integraba, en una versión primitiva y horrible, El descontento y la promesa) y "Estrategias", que había sido escrito para una antología sobre ajedrez que nunca fue publicada, además de "Sobre desayunos y entropía", que, como ya dije, había sido publicado en Axxón y al que tenía un aprecio especial por ser (lo terminé en 2007) mi primer cuento de ciencia ficción escrito en muchos años. También salvé para este libro "Malos recuerdos de Thiago Pereira", que introducía un personaje basado en un tipejo que escribió hace no tanto un libro sobre Washington Benavídez; me alegra haber rescatado a "Thiago", un texto que me parecía más bien anodino, ya que se convirtió, con el tiempo, en algo así como el favorito de muchos de mis lectores. Una vez reunidos los cuentos les puse como título Algunos de los otros y lo presenté (junto a la fallida 03.regreso) a los Fondos Concursables del MEC, 2009. Meses después se supo el fallo: el jurado lo había premiado; la publicación cayó en manos de Editorial Trilce (no deja de ser divertido que terminaran publicando un libro casi idéntico al que habían rechazado), que después haría un mínimo trabajo de difusión (habían cobrado un buen dinero del MEC y no había necesidad de preocuparse por las ventas) y no mucho más de edición. Llegado el momento me preocupé por la portada (si seguían la costumbre del año anterior terminarían usando texturas horribles tomadas del Corel Draw 4.0, "stucco", "marble", etc) y le pedí a Matías la gauchada de improvisar algo decente, cosa que él hizo echando mano a ilustraciones para 01.lineal y a las portadillas de Malos recuerdos. También aproveché la oportunidad para meter mano a los cuentos, que, según la editorial, podía modificar "pero no sustancialmente". Mi modificación "no sustancial" implicó cargar las tintas en cuanto a la interconexión de los cuentos y a la "stahlinidad" del conjunto; así, aporté una nueva posdata a "El cuento vaciado" e introduje referencias a elementos de las ficciones de Stahl en "Breve historia de la realidad" (un cuento que escribí el primer lunes siguiente a mi renuncia a la librería de shopping en 2007, interrumpiendo una relectura de Respiración artificial), "Los años" y "Sobre desayunos y entropía", para nombrar sólo las más flagrantes. Es posible que las modificaciones sí hayan implicado un trabajo "sustancial", pero nadie del MEC se quejó. Al año, más o menos, de publicación de Algunos (que salió a la calle junto a Fabril, de Horacio Cavallo y el excelente Antes del crepúsculo, de Agustín Acevedo Kanopa, entre otros libros), la gente de Trilce entendió que todos los ejemplares de los libros de los fondos ocupaban demasiado espacio en sus depósitos; su decisión fue trasladar esos cientos de ejemplares a la sede de los fondos concursables, donde estaban más o menos condenados -pese a los esfuerzos de las personas que trabajan alli y buscan, me consta, la mejor vida posible para los libros- a criar hongos de todo tipo (aunque, por otro lado, la sede de los fondos es la antigua casa de Julio Herrera y Reissig, por lo que esos hongos, una vez ingeridos, seguramente posean propiedades alucinógenas capaces de abrir al cielo en un gesto verde y hacer reir de desequilibrio a un sátiro de ludibrio enfermo de absintio verde); Jorge Alfonso (una vez más aparece en estas historias) se encargó de que a los autores se nos permitiera retirar la totalidad de la tirada remanente, y un dia caluroso Santullo, Acevedo Kanopa y yo nos echamos los libros al hombro y los acomodamos en nuestras casas. En la presentación de La vista desde el puente la gente de Estuario Editora tuvo la amabilidad de permitirme regalar un ejemplar de Algunos... con cada La vista... vendido, lo cual implicó un esfuerzo mayor por la difusión de mis cuentos que el hecho por Trilce en un año (no se entienda mal: agradezco a Trilce su ineficacia e indiferencia: ahora puedo regalar mi libro a quien quiera).
Entre los libros mencionados no se encuentra ninguno de mis favoritos. Algunos... me parece un trabajo irregular, del que rescato apenas el esqueleto, la interconexión de los cuentos y algún texto en concreto, como "Estrategias" y "Sobre desayunos y entropía". Incluye la ficción más "temprana" sobre Stahl, el cuento "Malos recuerdos de Thiago Pereira", que transcurre casi en su totalidad en 1998, y el -hasta ahora- relato más apartado (ucronías mediante) de la "secuencia principal": "Sobre desayunos y entropía" (cuyo asunto es retomado en mi novela Ficción para el imperio, que si todo sale bien será publicada a mediados de este año). Perséfone, en este momento, me irrita considerablemente con su prosa recargada y sus lugares comunes romántico/decadentes; por otro lado, me siento capaz (y tentado) de depurarla hasta convertirla en una nouvelle que pueda sentir como válida; será custión de esperar ante la chance de una nueva edición, si es que se produce ("esperá tranquilo" dirán muchos). Los trabajos más breves mencionados, Del otro lado y Vampiros... me gustan más (reescritos y corregidos como han sido, pero los cambios, una vez más, no han sido "sustanciales", salvo quizá en el caso de "Patricio", para el que escribí un nuevo final hace unos seis meses), aunque no me entusiasman tanto como ciertos trabajos por ahora inéditos (El gato y la entropía, La historia de la ciencia ficción uruguaya, La síntesis de la dulcinea, Diario del fin del mundo y La novela de Mallarmé) o, si vamos al caso, como Nadie recuerda a Mlejnas (para algunos mi mejor trabajo hasta la fecha) y La vista desde el puente (que, por ser el último es, naturalmente, mi favorito personal entre los textos éditos).
Por tanto, estas historias siguen en:
 
La vista desde el puente (breve historia de un libro)

Nadie recuerda a Mlejnas (breve historia de un libro, un cuento y una editorial)

4 comentarios:

jahey dijo...

Lo de Anidia es muy Péndulo de Foucault y es bastante corriente, al menos en Europa. También estuvieron de moda hace unos años (tal vez siga ahora) los concursos de narrativa en los que había que pagar para participar. Un timo completo, por supuesto.

Resulta particularmente interesante lo que contás sobre las idas y venidas, en particular la articulación entre el gesto creativo y el editorial. Me enteré de muchas cosas en esta vuelta aquí, y lo que escribís viene a confirmar y ampliar otros testimonios.

Duda: ¿por qué intentaste publicar un material que sentías que no estaba al nivel que vos deseabas? ¿No corrías el riesgo de un arrepentimiento a la Bioy, por no citar más que a un caso conocido?

Ramiro Sanchiz dijo...

Jahey, si te referís a 02.espuma y 03.regreso, lo que ante todo me llevaba a intentar publicarlas era la idea de completitud de la trilogía propuesta (mi error, en un principio, fue plantearlas como una trilogía); también contaba con disponer de tiempo para revisiones y, supongo, sentía que en el caso de que 02 y 03 no convenciesen, 01.lineal podía ser publicada en una primera instancia, lo cual me daba tiempo de trabajar con las otras dos -cosa que hice, al menos con 03, hasta poco después del fallo de los Fondos Concursables. En cuanto al arrepentimiento a la Bioy: siempre asumo que la chance de reescribir y corregir está dada, más allá de que no sean visibles en el horizonte las circunstancias reales de ofrecer otra versión de la obra. Es parte, de hecho, del proyecto de vincular las novelas y cuentos de Stahl a un macrorelato: todo es expandible, a todo se le puede añadir más texto, todo puede ser reescrito. En ese sentido, no hay obra cerrada y definitiva, salvo por fuerza mayor, claro. La idea de intentar un relato de esas dimensiones articulando novelas, nouvelles y cuentos, me parece, lleva aparejada una actitud de permanente revisión y de cancelación de la idea de "obra terminada", o de que la publicación cierra ese ciclo de correcciones y revisiones. Es cierto que dicho así parece un pretexto para entregar a la imprenta obras imperfectas, pero en ningún momento se elude la idea de seguir corrigiendo, por lo que lo publicado nunca deja de ser provisorio, para bien o para mal. Gracias por pasar! Seguís en Montevideo?

jahey dijo...

La idea de completar la figura siempre es atractiva, claro. Lo de la obra terminada es discutible, pero comparto. Me basta leer algo relativamente viejo -o no tanto- para cambiar dos comas, un tiempo verbal, suprimir un latiguillo odioso y tratarme de perfecto cretino durante un minuto y medio.

Estoy con un pie en el avión, pero espero que la próxima se dé. Pienso volver por setiembre, si todo va bien.

Saludos.

Juan Manuel Candal dijo...

¿Quién iba a decir que "Nadie recuerda a Mlejnas" iba a ser de tus textos favoritos publicados? Digo, no porque antes no te gustara, sino porque creo -y es mi percepción- que lo fuiste valorando más con el tiempo.

A mí, de lo que está publicado, es el que más me gusta. "La vista desde el puente" está ahí nomás. Ambos tienen cosas buenas, pero Mlejnas es un clásico instantáneo (lo puedo decir como comentario, aunque lo haya editado yo). De "La vista desde el puente" me quedo con el progreso en el trabajo más internalista, el cual me consta que seguiste trabajando últimamente.
Respecto a "Perséfone" yo creo que sin ser tan buena, está bien como está: es decir, uno lee Perséfone y luego los últimos y se nota el salto. Pero está bien. Pasa con todos los autores. A mí también es la que menos me gusta, pero cumple una función iniciática (que no cumple 01.Lineal por el hecho de que no circuló como debía).

Buen repaso. Y vamos a ver qué tal sale FPUI!