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Ramiro Sanchiz (Montevideo, 1978). Ha publicado 17 libros, entre ellos las novelas "El orden del mundo" (2014, El Cuervo, La Paz, Bolivia; primer premio de narrativa édita del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay), "El gato y la entropía #12&35" (Estuario Editora, Montevideo, Uruguay), "Las imitaciones" (2016, Décima Editora, Buenos Aires, Argentina) y "Verde" (2016, Fin de Siglo, Montevideo, Uruguay). Escribe regularmente crítica para el periódico montevideano La Diaria. Se ha desempeñado como jurado del premio Casa de Las Américas (2016), el Fondo Concursable del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay (2011) y del premio Onetti de la Intendencia de Montevideo (2016). Ha sido traducido al francés, el alemán, el inglés y el italiano.

lunes, 9 de abril de 2012

María de los Ángeles González sobre tres de mis poemas

"...En otro plano, la poesía de Ramiro Sanchís (1978) muestra, sin embargo, un
estado de ánimo que conecta con otros poetas de esta muestra. El primer poema elegido,
apunta al prestigio de la poesía:

Carson Mc Cullers
en la oscuridad
todos los rostros son horribles
abres los ojos
(en la oscuridad)
y te vuelves ese fuego que revela
la escritura secreta olvidada
hace tiempo
en algun rincón del alma
(Sanchís 2010)

La poesía aparece como conexión con el mundo oscuro de lo indecible. En un
sentido romántico, el poeta es fuego que revela la porción olvidada y secreta de ese
mundo. La palabra poética es este texto huella valiosa, documento de algo que no puede
emerger de otro modo. Sin embargo, en “M. L.”, aparece una relación más conflictiva
con la posibilidad de expresión, donde la aspiración es de antemano imposible. Otra
variante del conflicto romántico y posromántico de la crisis de la palabra:

M.L.
quise decir lo que dice el silencio
para armar una forma vacante
quise ser lo que soy más allá de mí
(o más acá o donde no llego o donde
no hay ni palabras)
quise y fallé
la nada descansará indecible
el vacio aborrece la forma
y no hay más allá de mí
(o más acá o donde no llego o donde
no hay sino vacío
y palabras)
ahora lo sé
siempre habrá palabras
como un cáncer o como buitres
cuando muera dejaré un castillo
hermoso como la espuma

La palabra imposible es la que da expresión al silencio, porque lo que se busca
en ese hueco “vacante”, es otra versión del yo, esa forma que no admite palabras. La
poesía es también en este caso, más que búsqueda lingüística, búsqueda interior.
Aunque capciosamente, el yo solo puede encontrarse en la nada, en el silencio, por eso
la búsqueda está condenada al fracaso. Y ese es el resultado inmediato: la nada
“descansará indecible”. Por otra parte, el vacío y las palabras terminan identificándose,
y puede deducirse que, finalmente, la impotencia es el acceso a las palabras que dan
cuenta de ese hueco. El breve poema registra un segundo movimiento afirmativo, da
cuenta de un descubrimiento, una nueva conclusión: “siempre habrá palabras”. Sin
embargo, la revelación no ofrece forma alguna de consuelo. Las palabras crecerán
“como cáncer o buitres”, pero estériles, parasitarias, a contrapelo de la expresión
“verdadera” o “auténtica” que sería la capacidad para revelar el silencio, la escritura
secreta que se proponía en el poema anterior. “Cuando muera dejaré un castillo/
hermoso como la espuma” pude admitir una doble lectura: Puede admitir la conciencia
de la futilidad de la creación, perecedera como la espuma, de acuerdo a esa lógica de las
palabras que se multiplican como el cáncer, pero no expresan un más allá del yo que en
definitiva no existe, no es. En ese caso, se trataría de la confesión de la impotencia, la
desconfianza en la palabra es la desconfianza en una esencia anterior o diferente a ellas.
La máxima que reduciría esta fórmula sería: “no hay sino vacío/ y palabras”.
Otra forma de leerlo sería pensar que el “castillo hermoso como la espuma”
representa efectivamente una apuesta a encontrar esa escritura ligera, parecida al
silencio, representada en la espuma, y entonces estaríamos frente a una confianza en la
creación y su posteridad.
También Ramiro Sanchís presenta el deambular sin sentido por la ciudad que
aparece narrado o sugerido en otros textos mencionados. A diferencia de Recoba, parte
de una búsqueda esperanzada de algo intangible que surja de ese recorrido:

Zero Summer
destramado el atardecer
la noche apuntalada
seguimos el aire vibrante
otra vez
hacia el fin de la ciudad
buscando la vida secreta
donde los árboles fósil levantan
su pared contra el secreto
de cada rincón de la noche
el arco voltaico de los nervios
la mirada admirada
y el ansia de caminar
ser el vacío del vórtice
la sonrisa de enero
la estela en los autos del tiempo
o un mundo por cada lata de cerveza
rodeada por piedra y cristal
y no descansaremos
ni dejaremos de buscar
desde la rambla hasta el corazón de las calles
la muerte de todo camino
las puertas abiertas a la llanura
o los cuerpos en la música
el tacto de la piel y el sudor
es el tiempo de grandes hazañas agotadas
los grandes planes de la noche
la demorada road movie
que siempre soñamos
en íntima tristeza
despertar al mediodía en una plaza
con la luz beatífica en el cuerpo
la nostalgia
las fuerzas que faltan
la desgana fatal al final del camino

Una serie de adjetivos marcan el camino como un movimiento de ascenso y de
conocimiento (aire vibrante, vida secreta, mirada admirada). El clima recrea ámbitos de
intensidad vital (el verano, las puertas abiertas a la llanura, la exacerbación de los
sentidos), es expresión de la necesidad de llegar al corazón de la ciudad, al sentido de
las cosas más allá de su marco, el pulso vital que, otra vez, alienta en la noche. El fin de
la ciudad, esa vida secreta, se busca hacia adentro (en el “corazón de las calles”) y
“hacia afuera”, en las puertas abiertas a la llanura, en la carretera: ambas representan un
impulso hacia lo vital primigenio y escondido. A su vez, encontrar los cuerpos en la
música puede relacionarse con la necesidad de encontrarlos detrás del poema, en el
poema mismo, preocupación que se vio en la poesía de Einöder: una música y una
poesía imposibles, que conjuguen cuerpo, tacto, sudor, con el misterio del yo íntimo y
secreto, que sean a la vez materia y lenguaje. Aun así, la ciudad, el clima de fiesta
(enero, cerveza) no son necesariamente referencias materiales, sino excusas, metáforas
del anhelo de algo inmaterial, que se expresa en el ansia de caminar, de traspasar el
límite del tiempo y el espacio para alcanzar un descubrimiento de sí, transmutarse en los
símbolos de la felicidad: “ser el vacío del vórtice”, lo pleno, el centro. También aquí el
vacío, el cero, es aspiración última de encuentro con el yo.
Sin embargo, el segundo momento del poema va pautando, con el avance de la
noche, el desengaño. Con el día, llega la lucidez que invierte el sentido de la noche y
revela los sueños grandilocuentes e ilusorios. La nostalgia por las “grandes hazañas
agotadas” sólo soñadas y nunca vividas, la aspiración más alta que las posibilidades de
un mundo prosaico, que ha agotado las utopías posibles y como resultado “las fuerzas
que faltan/ la desgana fatal”, parecen poder esgrimirse como lugares comunes en el
diagnóstico anímico del que surge la creación de muchos de estos poetas jóvenes. A su
vez, esas declaraciones, son también su forma de denuncia y de rebeldía frente a ellas..."

El ensayo completo, aquí

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