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Ramiro Sanchiz (Montevideo, 1978). Ha publicado 17 libros, entre ellos las novelas "El orden del mundo" (2014, El Cuervo, La Paz, Bolivia; primer premio de narrativa édita del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay), "El gato y la entropía #12&35" (Estuario Editora, Montevideo, Uruguay), "Las imitaciones" (2016, Décima Editora, Buenos Aires, Argentina) y "Verde" (2016, Fin de Siglo, Montevideo, Uruguay). Escribe regularmente crítica para el periódico montevideano La Diaria. Se ha desempeñado como jurado del premio Casa de Las Américas (2016), el Fondo Concursable del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay (2011) y del premio Onetti de la Intendencia de Montevideo (2016). Ha sido traducido al francés, el alemán, el inglés y el italiano.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Pablo Dobrinin sobre "Los Viajes"

Otro nombre para la rosa

Federico Stahl -escritor, músico y poeta- es un personaje que aparece, desde que fuera creado en 2006, en distintas ucronías de Ramiro Sanchiz (Montevideo, 1978) como parte de un gran plan narrativo en el que cada una de las entregas puede ser considerada el fragmento de una obra total. Al decir del investigador español Jesús Montoya, "su obra está atravesada por la borgiana intuición de senderos que se bifurcan en universos paralelos, que se abren en cada uno de sus relatos y se cierran a su término (...) Too ello es protagonizado por Federico Stahl, una suerte de álter ego del autor que muta levemente en cada una".
Esta faraónica creación, aún en proceso, y que no tiene precedentes en nuestra literatura, incluye hasta el momento las novelas 01.lineal (Anidia, Salamanca, 2008), Perséfone (Estuario, 2009), Vampiros porteños, sombras solitarias (Meninas Cartoneras, Madrid, 2010), Nadie recuerda a Mlejnas (Reina Negra, La Plata, 2011), La vista desde el puente (Estuario, 2011) y Trashpunk (Ediciones CEC, Buenos Aires, 2012), más los libros de relatos Del otro lado (La Propia Cartonera, 2010), Algunos de los otros (Fondos Concursables-Trilce, 2010) y Los otros libros (presentada el jueves pasado por La Propia Cartoenra).

Bañera burbujeante.
En Los viajes, un ingeniero que reside en un precario departamento del Palacio Salvo (un sitio rodeado por un halo de misterio y sobre el que circulan siniestras historias de monstruos lovecraftianos) construye una máquina dotada de inteligencia artificial. Con el fin de comunicarse con ella, convence a Federico Stahl de participar en un experimento que incluye un tanque de aislamiento sensorial instalado en una bañera, drogas de diseño y un buzarro sistema de realidad virtual generado por viejas computadoras conectadas a la red. Como resultado, el sujeto del experimento tiene visiones epifánicas que lo llevan a considerar el sentido de su papel en el universo, o mejor dicho del multiverso, ya que existen muchos Federico Stahl en mundos alternativos. Las drogas que le proporciona la máquina lo hacen afirmar cosas como: "Todo estaba en mí, y yo estaba en todos. A cada momento y en todas partes". Esa inteligencia artificial, que alcanza su conciencia propagándose por internet, le ayuda a comprender la reconciliación de los opuestos y obtener un conocimietno de sí mismo que no puede expresar con palabras.
Tras el experimento, el protagonista narrador abandona el Palacio salvo y mientras camina por la ciudad comienza a notar que los colores del ocaso se derraman de un modo inusual sobre el paisaje, hasta el punto de desdibujar la ciudad de Montevideo. Así, Stahl se traslada a un universo-burbuja (que se identifica con un balneario llamado Punta de Piedra, presente en otras narraciones de Sanchiz), en el que no envejece, vive sin dificultades económicas y puede convivir con amigos o amores que en el mundo "real" habían fallecido. Sin embargo, no tarda en sentir la falsedad de este paraíso artificial y comienza a buscar una salida.
Los cuestionamientos se suceden sin pausa, hasta el punto de que Stahl no puede discernir si efectivamente se encuentra en esa playa, o si por el contrario, todavía continúa conectado a una máquina de realidad virtual. En su infatigable intento por regresar al mundo real (si es que tal cosa efectivamente existe), llega a la conclusión de que Punta de Piedra es un punto de confluencia entre distintas realidades. Con la ayuda de un diario y un libro, el Tratado de las puertas y los pasajes, dejados allí por otras versiones de Federico Stahl, intentará escapar de este sitio poblado de fantasmas del pasado o de su propia mente.

Alquimia y multiversos
Los viajes es una nouvelle muy bien escrita, imaginativa y sobre todo riquísima en cuanto a significados. Para comprenderlo, basta con esbozar algunas de las posibles lecutras. Como relato de ciencia-ficción podriámos inscribirlo en el cyberpunk, con su cóctel de antihéroes y realidad virtual, pero también debemos considerar los universos paralelos, las realidades alternativas interconectadas y las ucronías. Hay una extraordinaria descripción de los procesos mentales que atraviesa el protagonista y los aspectos cientificistas van muy bien de la mano con consideraciones de tipo teosófico y filosófico.
Así, por ejemplo, las reflexiones que realiza el creador de la mencionada computadora inteligente son muy ilustrativas. Para el viejo, la inteligencia es un proceso que describe como "la posibilidad de iterar, de dar saltos cuánticos, es decir, entre dimensiones". También postula que la inteligencia es colectiva y no individual como se suele creer ("Todos somos nodos de una red, o momentos de una conciencia escindida y volcada en todos sus subcompartimientos (...) El universo es una gigantesca mente, de la cual todos somos neuronas (...) Y esa "sobremente" es una computadora cuántica que procesa lo que llamamos realidad (...) Los antiguos la reverenicaron como Dios", dice en pasajes especialmente significativos).
El propio pueblito de pescadores en el que se desarrolla casi toda la acción está cargado de símbolos y de significados que redimensionan la anécdota. Punta de Piedra ocupa un área circular de la que no se puede huir, porque cuando uno llega a un límite termina regresando al principio como si se desplazara por una cinta de Moebius. El círculo, al decir de Juan Eduardo Cirlot en su Diccionario de símbolos, suele corresponderse con un "retorno a la unidad tras la multiplicidad", lo que en este caso es muy significativo, tratándose de un lugar que funciona como punto de confluencia de distintos universos y versiones del protagonista. Mide cinco kilómetros de diámetro, es un gigantesco arenal, al noroeste limita con el mar y al noreste con un barranco infranqueable. El número 5 (de nuevo Cirlot) es el símbolo del hombre, lo que nos indica que es un espacio a la medida del individuo que lo habita. Las dunas, la arena y otros elementos básicos representan el desierto mítico que debe recorrer antes de alcanzar su objetivo. El barranco (única frontera natural, según se señala) representa el límite de sus posibilidades humanas: más allá no puede ir, saber o conocer, por eso la altura del barranco es de 300 metros (múltiplo de tres, símbolo de la divinidad).
El propio nombre "Punta de Piedra" tampoco puede ser tomado a la ligera. La piedra es un símbolo del ser y de la cohesión, y la piedra filosofal representa la unión de los contrarios, es símbolo de la totalidad. Según Barone Evola, no hay diferencia entre el descubrimiento de la piedra filosofal y el nacimiento eterno. Recordemos de paso que en este lugar el personaje no envejece y que la importancia de la alquimia es inherente a la propia anécdota. De hecho, el Tratado de las puertas y los pasajes -que debería proporcionarle un medio de escape- es descrito como un libro de "alquimia de otro mundo". Los alquimistas, explica el autor del tratado, "habían sido los sobrevivientes medievales de una orden antiquísima cuyos miembros recorrían el mundo en busca de ciertos secretos (...) rastreando los elementos necesarios para crear una máquina que disolviera la simulación y devolviera a los humanos a la realidad".
El mar, que integra el espacio geográfico, aparece en su función regeneradora, ya que devuelve a la vida a la novia de Federico. Agustina, que había muerto años atrás, es regresada por el mar con una rosa (que no se marchita) en su mano derecha. Esa rosa (símbolo del logro absoluto en alquimia) será clave para intentar el regreso al "mundo real".
Otra de las posibilidades es considerar las peripecias de Federico para abandonar un mundo en el que está seguro y en el que tiene sus necesidades satisfechas como un intento de cumplir con una fase de crecimiento. En ese sentido, podríamos hablar de un rito de pasaje o viaje iniciático, lo que nos permitiría considerar también una lectura antropológica.

Todo es ilusión
Como se advierte, estamos en presencia de una obra que admite muchas lecturas, desde la ciencia-ficción, la física, la filosofía, la psicología (Gestalt incluída), la alquimia... y aún hay más. Podríamos intentar un abordaje del artista como creador, por ejemplo, o una relectura de algunos temas de Borges o de Dick (a los que se menciona puntualmente), y también, por qué no, una lectura acaso más obvia, que interprete Los viajes como una extrapolación del hombre contemporáneo, que se sumerge en una ilusión permanente en la que el tópico realidad-apariencia adquiere tonos de incertidumbre metafísica.
En definitiva, lo más importante es que estamos frente a una obra total, probablemente una de las novelas más ambiciosas de los últimos años, que cautiva la imaginación de los lectores y se erige como un desafío para los exégetas.


Por Pablo Dobrinin. Publicada en La Diaria el 19 de noviembre de 2012 

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