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Ramiro Sanchiz (Montevideo, 1978). Ha publicado 17 libros, entre ellos las novelas "El orden del mundo" (2014, El Cuervo, La Paz, Bolivia; primer premio de narrativa édita del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay), "El gato y la entropía #12&35" (Estuario Editora, Montevideo, Uruguay), "Las imitaciones" (2016, Décima Editora, Buenos Aires, Argentina) y "Verde" (2016, Fin de Siglo, Montevideo, Uruguay). Escribe regularmente crítica para el periódico montevideano La Diaria. Se ha desempeñado como jurado del premio Casa de Las Américas (2016), el Fondo Concursable del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay (2011) y del premio Onetti de la Intendencia de Montevideo (2016). Ha sido traducido al francés, el alemán, el inglés y el italiano.

viernes, 28 de diciembre de 2012

repaso 2012

El gran post narcisista del año comienza... ahora, a tres días de Fin de Año.
¿Pero por dónde empezar? Bueno, en cierto modo 2012 fue el año menos afortunado para este blog desde su aparición en 2008; el proyecto de Partículas Rasantes -que implicaba escribir una reseña o crítica o idea o nota o lo que fuese por día y que lo mantuve más o menos hasta agosto o septiembre, cuando empecé a trabajar a diario en Proust Rasante- acaparó buena parte de mi escritura digamos "bloguística", de modo que para este blog quedó apenas alguna que otra noticia, alguna reseña compartida y alguna "historia de libro", en especial la de Los viajes, la novela que publiqué en septiembre. Pero ya que empecé este repaso hablando de blogs, también hay que señalar que fue mi año más bloguero hasta el momento: abrí los proyectos Levrero Rasante, que se propone reseñar cuento por cuento la obra narrativa breve del maestro uruguayo, Ballard Rasante, que opera de la misma manera con los cuentos y relatos de J.G.Ballard, y el ya mencionado Proust Rasante, que se propone como el diario o bitácora de mi lectura -a razón de diez páginas por día- de En busca del tiempo perdido. Más allá de que lo hago porque me divierte (y, en el caso de Ballard o Levrero, porque los blogs en cuestión pueden pensarse como notas para futuros trabajos ensayísticos), tanto la primera mitad del año con sus partículas como la segunda con la lectura de Proust, Ballard y Levrero, y alguna que otra respuesta o pseudomanifiesto, me sirvieron -o al menos yo lo siento así- como esa suerte de entrenamiento permanente o "de fondo" que debe asumir un deportista, independientemente de las preparaciones especiales que le demandan los momentos de mayor relieve.
Eso en cuanto a mis blogs. En cuanto a mi narrativa, el 2012 fue un año especialmente rico en publicaciones, todas ellas motivos de una gran alegría personal. La primera fue allá por marzo: Juan Terranova me había propuesto sumar al incipiente catálogo de la editorial digital del CEC (Centro de Estudios Contemporáneos) mi nouvelle Trashpunk, que ya había aparecido -en una versión más primitiva- en la revista Axxón; tras el necesario trabajo en la edición el libro fue finalmente publicado junto a atentas y auspiciosas reseñas de Mariano Zamorano y Juan Manuel Candal. Más o menos por esas fechas Diego Recoba me propuso publicar un nuevo texto en su editorial La Propia Cartonera; mirando un poco los textos disponibles que entraban en la extensión acostumbrada por La Propia me reecontré con "Los otros libros", un cuento relativamente largo que, además, había sido recientemente publicado -en la traducción de Jean Jacques Fuentealba- en la prestigiosa revista francesa de ciencia ficción Galaxies. Me pareció una buena idea añadir a su historia de vida una publicación en papel y en Montevideo, así que me dispuse a revisarlo y apretarle un poco algunos tornillos. El libro se publicó a fines de agosto y se presentó en noviembre, junto a El aire de sodoma, un compilado de cuentos de Martín Bentancor.
Septiembre fue un mes especialmente feliz desde el punto de vista de las publicaciones: el primer día del mes Juan Manuel Candal puso a disposición de los lectores la descarga gratuita de Algunos de los otros redux, un compilado de cuentos que actualizaba (y, creo, mejoraba) el libro que publiqué allá por 2012; semanas después Melón Editora lanzaba Los viajes, una nouvelle que había bosquejado en 2011 y que reescribí casi al 50% durante junio y parte de julio.
Más cerca de fin de año aparecieron dos compilados de narrativa; el primero fue Estrategias - Remixes, que -siguiendo una interesante inspiración de Juan Manuel Candal para su editorial Reina Negra- incluyó una reversión de mi cuento "Estrategias" (de Algunos de los otros y Algunos de los otros redux) y trabajos de Agustín Acevedo Kanopa, Martín Bentancor, Pablo Dobrinin y el propio Juan Manuel Candal. El segundo, Hasta acá llegamos, fue publicado el 21 de diciembre, en Bolivia, e incluye cuentos de Juan Terranova, Liliana Colanzi, Edmundo Paz Soldán, Agustín Acevedo Kanopa, Gonzalo Palermo, Juan Manuel Candal, Andrés Neuman, Cristian Vera, Álvaro Bisama, Sebastían Antezana, Juan Guinot y Carlos Yushimito, además de mi "All tomorrow's parties", escrito en enero de este año en Piriápolis. Otras publicaciones incluyen un cuento ("Nunca digas adiós") en la excelente revista Próxima, varios cuentos muy breves en Poca cosa -una antología argentina de microrrelatos-, un cuento corto ("Embalse") en la revista mensual El boulevard, un cuento muy viejo (2006, aunque llevó varias manos de corrección) en la web de la Fundación Tomás Eloy Martínez, un cuento nuevo e inédito ("1/72") en la web del encuentro Ya te conté y, quizá, alguna otra que ahora no recuerdo.
En cuanto a la escritura propiamente dicha, trabajé durante buena parte del mes de febrero en una novela policial -su título por ahora es Dos crímenes por página, derivado de una cita de Lovecraft, algo así como que "ningún libro puede interesarme si no tiene al menos dos crímenes por página u horrores innominados del espacio exterior", y está casi terminada, aunque una lectura reciente de mi amigo Rodolfo Santullo me llevó a reconsiderar algunos pasajes- y en abril-mayo en una colección de cuentos que se ensamblan en una pseudonovela, titulada 1/72 (de la que tomé el cuento para Ya te conté), que se benefició sobremanera de las lecturas y comentarios de Juan Manuel Candal y Gabriel Sosa. El resto del año, hasta más o menos noviembre, lo pasé escribiendo cuentos no pensados necesariamente como parte de un libro (entre ellos el que publicó la revista Próxima) y revisando novelas viejas, entre ellas la todavía inédita El gato y la entropía #12 & 35, que es potencialmente mi favorito entre los libros que he escrito hasta la fecha y saldrá el año que viene en Reina Negra. Otros textos revisitados, reescritos y retrabajados fueron Lineal, mi primera novela publicada, que pronto tendrá su edición digital de descarga gratuita, La historia de la ciencia ficción uruguaya (otro inédito, aunque hay algunos planes para 2013) y Ficción para un imperio, que, allá por enero (y luego en mayo-junio) pasó de tener unas 60.000 palabras a casi 120.000; esta novela iba a ser publicada por Melón, pero la inesperada duplicación de su extensión (no pude evitarlo, sinceramente) llevó a descartarla por el momento y a cambiarla en los planes de edición por Los viajes, lo cual, quizá, fue lo mejor que podría haber pasado. El resto del año, de a ratos digamos, lo dediqué a una novela todavía inconclusa (van unas 90.000 palabras pero no siento haber alcanzado siquiera un 60% de la extensión necesaria) que nos muestra, entre otras cosas, qué será de Federico Stahl -y de Rex y su designer- en 2018. Debo confesar (¡ay, el superyo!) que ahora, mientras escribo este post del blog (mañana ya no estaré en Montevideo, así que el repaso era hoy u hoy), siento que debería seguir dedicándome a esa novela (cuyo titulo de trabajo es Desde el sur del cielo), que, de momento, se me aparece con la misma relación que un montón de prismas encajados a la fuerza podría tener con El éxtasis de Santa Teresa. En el tintero quedaron La liga de los escritores extraordinarios, un libro armado con tres nouvelles (entre ellas "La invención de César Aira", donde se establece que el escritor argentino es una creación apócrifa tramada por escritores de un mundo paralelo) vinculadas a mi cuento "Los otros libros", y tres cuentos proyectados y bosquejados, entre ellos un ejercicio lovecraftiano y otra variación del motivo de mis relatos "La luz sobre los cerros", "Nunca digas adiós" (estos últimos publicados en Próxima, números 12 y 16) y el inédito "Árboles por la noche", que pertenece a 1/72. Dados mis planes para la primera mitad de 2013, dudo que vaya a retomarlos, al menos por un buen rato.
En 2012 tuve el placer de reseñar libros excelentes, entre ellos Instrucciones para dar el gran batacazo cultural argentino, de Juan Terranova, Mundo Porno, de Juan Manuel Candal, El loro que podía adivinar el futuro, de Luciano Lamberti, y Los cuerpos del verano, de Martín Felipe Castagnet. También disfruté mucho con La última de César Aira, de Ariel Idez, y No alimenten al troll, de Nicolás Mavrakis, dos libros que, por razones que ahora se me escapan, no llegué a reseñar, ni siquiera para mis blogs. Curiosamente, todos estos que aparecen primero en mi cabeza son de autores argentinos. De los colegas uruguayos debo confesar que no recuerdo un libro que realmente me fascinara, pero ahí cerca quedan Las furias, de Renzo Rossello (que me gustó bastante, más allá de algunas críticas puntuales) -de hecho una reseña pendiente para La Diaria-, Tampoco es el fin del mundo, de Pedro Peña (que me mantuvo interesado pese a que no soy especialmente fan de la narrativa policial y que sus precedentes inmediatos en la narrativa de Peña me parecieron lamentablemente fallidos, por decirlo rápido y a lo bestia) y Voz y palabra: historia transversal de la poesía uruguaya, un interesante ensayo de Luis Bravo. En ese sentido, me divertí más con varias historietas uruguayas de 2012, entre ellas Las partes malas, de Roy y Nahus, Dengue, de Santullo y Bergara, El club de los ilustres, de Santullo y Hansz, y también Vientre, de Roy, Lauri Fernández y Nacha Vollenweider.
Una buena parte del año (un tercio, casi) la pasé leyendo y releyendo la obra completa de David Foster Wallace, y fue una experiencia increíble, especialmente a la hora de sumergirme en La broma infinita. Otras lecturas especialmente felices -en cuanto a libros no publicados en 2012 y por tanto no reseñados- fueron El mundo de cristal (una de las pocas novelas de Ballard que me quedaban por leer), Tiempo de Marte (lo mismo, pero de Philip K. Dick), Nuestro igú en el ártico (una selección de cuentos de Levrero maravillosamente diseñada por Ricardo Strafacce, que puede leerse como una cachetada en la caripela de todos los giles levrerianos de Uruguay), La chica mecánica (de Paolo Bacigalupi, libro que reseñé en dos o tres ocasiones) y Siempre tendremos Venezuela, de Juan Manuel Candal, un compilado de cuentos que no pude reseñar porque incluye un relato que escribimos a cuatro manos con Candal.
Dos grandes momentos del año fueron, digamos, musicales: ver a Roger Waters en River allá por marzo y, al mes siguiente, a Paul McCartney en el Centenario: dos grandísimos conciertos, inolvidables ambos, completamente diferentes. Meses más tarde, allá por agosto, tuve el placer de ver a Jon Anderson -solito él- tocando sus canciones en el auditorio Adela Reta del SODRE. Debo confesar que, antes de esa noche, no era especialmente seguidor de Anderson o de Yes; la increíble performance del cantante, sin embargo, me llevó a descargar toda su obra, solista, con Yes, con Vangelis y más. Sin haberla explorado completa hasta la fecha -Anderson es realmente un músico prolífico-, debo decir que ahora soy un fan hardcore de Yes, en particular de los discos Fragile, Close to the edge, Tales from topographic oceans y Relayer.
El 2012 no fue un año especialmente "polémico" para mí, o quizás sí lo fue hasta febrero o marzo. Hubo, sí, un momento -creo que fue en enero- en que parecía que me llovían palos de todas partes (el inefable Matías Bergara, recuerdo, me linkeó un video de un boxeador que seguía de pie, mareado y todo, pese al castigo tremendo); creo que el detonante fue una nota publicada por Álvaro Buela en el País Cultural, en la que tras despachar rápidamente mi novela La vista desde el puente (haciendo un balance bastante neutro, ni considerándola una catástrofe ni una novela especialmente lograda) el crítico se dedicaba a bombardear a mi persona con acusaciones que iban desde la apelación a un lovecraftiano "método tentacular" con el que aparentemente urdo una horrible "campaña de autopromoción" hasta un más siniestro "control parapolicial" que, según lo dicho en la nota, ejerzo o quiero ejercer (de un modo "bastardo") sobre la crítica literaria local. En fin: me alegró bastante, realmente: sentí que me habían convertido en un personaje y que, viniendo de Buela y del País Cultural, aquello era más un elogio que otra cosa.
Después todo se aquietó bastante; el debate sobre la crítica literaria que comenzamos en diciembre de 2011 con Pedro Peña degeneró en un combate bastante descarado, al menos de mi parte, pero, pasados los meses, todo, como suele pasar, se disolvió; creo que ayudó mi comentario de la trilogía policial de Peña, en el que quise dejar de lado diferencias tontas y leer de cerca la narrativa de uno de los autores jóvenes más ineludibles de nuestro país, más allá de las diferencias que tuve, tengo y tendré con sus ideas y su postura, más allá de mi opinión del 50%, más o menos, de su obra. Pedro, como también Rodolfo Santullo, es uno de los escritores "jóvenes" (ya no deberíamos usar esa palabra, lo sé, pero "nuevos" es peor, como también lo es "emergentes") más prolíficos y versátiles, lo cual, en un ambiente dominado por palurdos grises, no deja de ser una fuente de luz. No sé qué dirían Pedro y Rodolfo, pero reconozco en ellos un ímpetu, una capacidad de trabajo, una voluntad de hacer y un mínimo miedo a equivocarse (o, en todo caso, una voluntad de asumir los errores y seguir adelante) que me gustaría pensar como componentes importantes de mi proyecto narrativo, literario o, incluso, intelectual.
No quiero decir, de todas formas, que el 2012 haya sido un año del todo apacible en ese sentido; mi reseña de la muestra de narrativa Sobrenatural causó un par de enojos por ahí, en particular el de Fernández de Palleja, que supongo que se sintió atacado por mi reseña (curiosamente, el suyo no era el cuento más atacado) y armó una pequeña performance en las redes sociales; también agua bajo el puente, por supuesto. De un modo más interesante, mi artículo para Ya te conté, que repasó las muestras de narrativa joven publicadas desde 2008 al presente, más que reacciones como la de muchos escritores locales cuando publiqué una suerte de manifiesto literario en mi blog -allá por 2010, si no me equivoco-, motivó algunas discusiones interesantes, casi todas en persona y fértiles en el sentido de que me hicieron -sin lograr que cambiara realmente de opinión- pensar algunas facetas no del todo exploradas en mi artículo, lo cual, en enero, seguramente motivará un nuevo ensayo/manifiesto.
Otro momento interesante del año lo generó la tarea de integrar el jurado del concurso de novela gráfica de Montevideo Comics y, un par de meses después, el de la categoría Relato Gráfico de los Fondos Concursables del Ministerio de Educación y Cultura. En lo personal quedé muy satisfecho con el fallo (que compartí con Gabriel Lagos y Alfredo Soderguit); de hecho, uno de los proyectos que se beneficiaron del fondo, la muestra de narrativa gráfica Verano, ya apareció y está ahí mi reseña esperando su turno en La Diaria. En 2013 tendremos la fortuna de poder hacernos con un ejemplar del rescate de historietas de Carlos María Federici preparado por Matías Castro, por nombrar sólo uno de los libros que premiamos con Gabriel y Alfredo.
2012, entonces, un año de reescritura, de múltiples proyectos, algunos fértiles, otros no tanto.
2012, mi año más freelancer.
2012, mi año más argentino (hasta ahora).
2012, el año en que, al principio para disipar la ansiedad trabajando con las manos, retomé mi afición (mi vieja afición, debo decir: la había dejado allá por 1996) a los modelos de aviones en escala 1/72 (sí, por ahí viene el título del cuento y del libro, no soy para nada sútil).
2012, un año de reforzar amistades que valen la pena y permitir que las otras se disipen...
Grandes momentos puntuales: correr con mi amigo Raúl en torno al Velódromo y charlar de mecánica cuántica; conversar por Buenos Aires con Juan Manuel Candal; conversar de literatura argentina con Juan Terranova en la sala de su casa; acompañar a Fiorella a todos sus maratones y carreras, especialmente la más disfrutable, la San Antonio en Piriápolis...
...Paul tocando Helter Skelter...
...comentar el concierto del Macca con mis amigos Eduardo Mántaras y Pablo Dobrinin...
...el momento del concierto de McCartney en que sonó "Yesterday" y llamé a mis padres con mi celular para que pudieran oirlo en vivo...
...escuchar "Confortably numb" en vivo con mi amigo Jorge...
...terminar de revisar El gato y la entropía y tomarme un Jack Daniel's, con el mayor alivio ante un libro terminado sentido en mi vida..
(lista que podrá ser expandida en los días que siguen)
Y, más en lo personal, fue un año vivido muy de cerca con mi esposa Fiorella; lo empezamos de hecho en Mendoza, Argentina, padeciendo -gustosamente, hay que decirlo- un calor increíble, visitando bodegas y explorando la cordillera (en particular el Parque Nacional Aconcagua), y disfrutando de la hospitalidad de gente muy, muy amable. Quizá ese comienzo fuera de lo cotidiano aportó cierta energía extra, que fue moviéndose por capilaridad a través de todos los días del 2012 y relució en otros viajes que tuvimos la suerte de hacer, en particular a Buenos Aires en dos ocasiones en que disfrutamos la hospitalidad y la amistad de Juan Terranova y su esposa Celia Dosio. En ambas excursiones -pero en particular en la última- también pasamos grandes momentos con los amigos Juan Manuel Candal, Elena Massa y Tomás "Tommy" Tow, y -en la presentación de Los viajes- junto a la escritora y editora Laura Ponce, el poeta Felipe Herrero y la escritora Luz Marus. Ya en Montevideo, como siempre, disfrutamos del cariño de amigos entrañables y de toda la vida: Marcelo Stábile, Jorge Merlino, Carolina Silbermann, Paola Gómez, Pablo Dobrinin, Eduardo Mántaras, Víctor Raggio y Raúl Silvera, además, por supuesto, de nuestras familias: Ricardo Sanchiz, Elizabeth Echeverriborda, Alba Barros, Eva Muze, Denisse Bussi, Alberto Machado y su familia, Walter Mendez y la suya, y mis tíos Oscar y Graciela. Otros grandes amigos -más recientes algunos y otros no tanto- con los que compartimos grandes momentos a lo largo de 2012 incluyen a Rodolfo Santullo y Victoria Saibene, Agustín Acevedo Kanopa y María Paula Correa, Sandra García Iroldi y Horacio Martínez, Matías Bergara y Mariana Martínez, Nacho Viera y Elisa Montouto, Nicolás Peruzzo, Luis Andrade, Marcelo Odín y muchos más que me perdonarán no nombrarlos para no convertir este post en una larga cadena de nombres. Allí entrarían, en cualquier caso, los colegas y editores Gabriel Sosa, Diego Recoba, Pablo "Roy" Leguisamo y Bea, Lucia Germano, Silvio Galizzi, Ignacio Alcuri, Luis Fernando Iglesias, Leandro Delgado, Martín Fernández Buffoni, Jorge Alfonso, Elvio Gandolfo, Gustavo Verdesio, Martín Bentancor, Orlando Bentancor, Gabriel Lagos, Gonzalo "Tüssi" Curbelo, Gonzalo Palermo, Martín "Magnus" Pérez, Matías Castro, Alejandro Rodríguez Juele, Alejandro Lagazeta, Amir Hamed, Federico de los Santos, Daniel González, Richard Ortiz, Carlos Rehermann y tantas otras personas cuya amistad es siempre una fuente de alegría.
Y, como siempre, no puedo dejar de insistir en el privilegio, en la fuente inagotable de felicidad que representa para mí la compañía de Fiorella Bussi: día a día, proyecto a proyecto, idea a idea, sueño a sueño y, siempre, con la alegría -que no deja de crecer- de llevar juntos esta vida.

Por último, la mayor noticia del 2012 la dejo en suspenso -algunos ya saben de qué se trata, otros ya lo estarán adivinando-, porque será un gran asunto del año que viene:  ya tendré, por tanto, la oportunidad de extenderme al respecto más, mucho más.


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