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Ramiro Sanchiz (Montevideo, 1978). Ha publicado 17 libros, entre ellos las novelas "El orden del mundo" (2014, El Cuervo, La Paz, Bolivia; primer premio de narrativa édita del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay), "El gato y la entropía #12&35" (Estuario Editora, Montevideo, Uruguay), "Las imitaciones" (2016, Décima Editora, Buenos Aires, Argentina) y "Verde" (2016, Fin de Siglo, Montevideo, Uruguay). Escribe regularmente crítica para el periódico montevideano La Diaria. Se ha desempeñado como jurado del premio Casa de Las Américas (2016), el Fondo Concursable del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay (2011) y del premio Onetti de la Intendencia de Montevideo (2016). Ha sido traducido al francés, el alemán, el inglés y el italiano.

lunes, 14 de octubre de 2013

Diarios Montevideanos 3 - Especial Feria del Libro

Amapola. En 2 días festejaremos sus primeros 3 meses. 3 meses de más sonrisas, de más lagrimitas, de más pañales, descubrimientos, alegría y aprendizaje. 3 meses de esta vida nueva, de este otro que soy ahora, de esta nueva red de significados a la que saltó cuánticamente mi vida anterior. 3 meses en los que mi hija ha ido convirtiéndose cada vez más en una pequeña persona, con su caracter, sus gestos, sus maravillas, su curiosidad, su amor por todos los que la amamos. 3 meses que la preparan un poco más para el mundo. 3 meses poblados de sueños y de los momentos más hermosos de mi vida. 3 meses: Amapola casi sentada sola, sin ayuda, con su cabecita bien erguida y sus ojos que examinan todo lo que la rodea; 3 meses: Amapola riendo de las caras tontas que le pongo; 3 meses: Amapola desbordando de alegría cuando escucha la voz de su madre; 3 meses: Amapola absorta ante canciones que, quizá, empieza a recordar; 3 meses: un tiempo que hizo estallar las casillas del calendario, que devoró sueño y vigilia, que nos hizo bajar la velocidad y aguzar la mirada, que llenó de sentimiento cada instante. 3 meses en los que no dejo de estallar de gratitud al destino, al universo, al azar o a lo que sea porque me haya tocado, en la vida, compartirla con mi hermosa hija y con mi hermosa esposa.

Feria del libro. Pasé casi 2 semanas atendiendo el turno de la tarde-noche del stand de AUCH (Asociación Uruguaya de Creadores de Historieta) en la Feria Internacional del Libro de Montevideo, extrañando a Amapola y recibiendo updates fotográficos de Fio. Cuando acepté la propuesta de Matías Bergara y Alejandro Rodríguez Juele sabía que iba a divertirme muchísimo (y, por supuesto, a comprar pañales), y así fue. Día tras día disfruté de excelentes charlas con Alejandro, Matías, Adriana Vayra, Tunda, Rodolfo Santullo, Magnus von Tesla, Bea, María José Santacreu, Abel Alves, Matías Castro, Alejandro Figueroa, Daniel Mella, Alejandro Ferreiro, Estefany Calvete Pintos, Martín Fernández, Gustavo Verdesio, Luis Fernando Iglesias, Peter Parker, Horacio Cavallo, Marcela Saborido, Amir Hamed, Lindsey Cordery, Agustín Acevedo Kanopa, Gerardo Ferreira, Fernando Ramos, Gabriel Lagos, Jorge Fierro, Federico de los Santos, Dani Umpi y más gente que ahora se me escapa nombrar y a la que pido disculpas por la omisión. Pero también, día tras día, leí y releí las historietas expuestas, entre ellas -para nombrar una que no había leído antes- La comunidad, buenísimo trabajo de Rodolfo Santullo y Marcos Vergara, entre ellas -para nombrar una que había leído un tiempo atrás en una versión que todavía requería cierto trabajo- Grimorio del plata, un excelente primer libro de la gente de GAS Comics. Es cierto que me perdí, también, de una buena cantidad de presentaciones de libros que involucraron a amigos o buenos conocidos, pero me alegró poder pasar un rato por la de Sultanes del Ritmo, el excelente libro de relatos de esa persona tan entrañable y querible que es Leonardo Oyola. Y, además, conseguí por ahí libros como Congreso de futurología, de Stanislaw Lem, Corrección, de Thomas Bernhard, Sobre la historia natural de la destrucción, de Sebald, y el tan esperado tomo 2 de Shankar, de Mazzitelli y Alcatena.

Historieta nacional. Debo decir que la lectura de todas estas historietas me hizo pensar, y ahora tengo ganas de escribir un artículo relativamente ambicioso en plan "panorama del comic uruguayo reciente". Hay, sí, algunas cosas que saltan a la vista. Está, por ejemplo, la verdadera prologomanía que parece afectar a las editoriales de historieta locales. Creo que el 90%, por no decir la mayoría, por no decir todos (hay un par de excepciones, en todo caso) de los comics publicados en los últimos años en nuestro país llevan prólogo. De Gustavo Sala, de Ignacio Alcuri, de Rodolfo Santullo, de Gabriel Lagos, de Federico Reggiani, de Silvio Galizzi, de Ian Watson, incluso (!) de Ramiro Sanchiz. Lo interesante, claro, es pensar por qué esto sucede. ¿Se pretende una estrategia más de legitimación? ¿Obedece a una lógica de "autor más establecido presenta a autor emergente" o "autor afín a cierto tema presenta una historieta que lo trata"? ¿Por qué en narrativa "literaria" casi no encontramos prólogos y encontramos tantos en la narrativa gráfica? ¿La historieta sigue sin superar su complejo de inferioridad?
Esta última pregunta es más compleja de lo que parece: todos los que escribimos sobre historieta y leemos asiduamente historietas podemos fácilmente pensar que esa época de ninguneo o incluso de desprecio ya pasó, que después de tantos y tantos y tantos libros escritos desde la academia sobre el comic, desde -además- tantas escuelas y maneras de leer, dificilmente haya que "justificar" o "validar" la propuesta de una novela gráfica o una colección de relatos gráficos en tanto, precisamente, novela gráfica y relato gráfico, en tanto historieta. Pero, a la vez, los lectores que se acercan a algunos puestos de venta -dejando de lado los fans, los lectores asiduos, los que van a las presentaciones y a las convenciones- siguen preguntando con cara de asombro "ah, pero, ¿es una historieta?", tras sentirse atraídos por algún tema (histórico casi siempre: el Graf Spee, el Che Guevara, los charrúas, etc) y, en muchos casos, desilusionándose tras la respuesta afirmativa; desde mi puesto en el stand de AUCH pude escuchar demasiadas veces la pregunta "¿pero son todos libros de chistes?" o el comentario "mirá, la historia del Che en caricaturas", por mencionar los más comunes. Muchas personas compraron la reedición de Los últimos días del Graf Spee, de Santullo y Bergara; algunos, me consta, ya conocían o tenían la edición anterior y estaban al tanto de la carrera desde entonces de tanto el guionista como el dibujante; otros, y no pocos, fueron atraídos por la portada y lo compraron por curiosidad ante el tema. Esa gente (que solía comentar "mirá vos, es una historieta", ¿leyó un comic o leyó apenas una publicación más sobre el Graf Spee? ¿Vale la pena distinguir? Yo creo que sí, porque a la vez podemos preguntarnos si esa gente luego leerá más historietas o si, incluso, sacará sus propias conclusiones sobre las posibilidades de la historieta y, a su manera, la "valorará" o "legitimará". Los prólogos, claro (o los epílogos, como el tan completo y esforzado de Bernardina hacia la tormenta), y en particular los de comics de tipo histórico, le ofrecen al lector, antes de pasar a las viñetas, una pequeña seguridad en cuanto a lo "serio", a lo verdaderamente "histórico", a la "investigación" realizada por los creadores del comic que tiene en sus manos. Y eso trabaja en el sentido de la legitimación, claramente, como si se dijera "es una historieta, sí, pero ojo que va en serio, está basada en una investigación seria" o, quizá, más bien como si se dijera "sé que no es necesario decirlo, que la historieta es un género maduro pero, por las dudas, porque tantos lectores aún no han caído en ello, miren que esto tiene viñetas pero no es en chiste, ¿eh? está basado en una investigación seria".
Ahora bien, los comics que no pertencen al subgénero histórico y ofrecen prólogos, ¿qué buscan con el añadido de ese pequeño texto? Curiosamente muchos de esos prólogos se parecen. Hay metáforas recurrentes, hay una suerte de lenguaje seco, casi telegráfico, hay una apelación al humor bonachón. ¿Qué función cumple ese estilo? Obviamente no hay gesto formal ni tono de lenguaje que no signifique algo, que no pueda leerse como un gesto deliberado del prologuista o del editor que lo incluyó en el libro. ¿Qué se quiere decir, entonces, desde el comic nacional con esta superabundancia de prólogos y, además, con cierto "estilo" tan reiterado en ellos? ¿Que los historietistas -que prologan a otros historietistas- tienden a favorecer determinado tipo de escritura y que, por lo tanto, ese tipo de escritura -de literatura, digamos- está a su manera asociado al comic, casi simbióticamente? ¿Cuáles son, entonces, las relaciones entre historieta reciente y literatura reciente? Por poner un ejemplo: Rodolfo Santullo, ¿escribiría con el mismo tono un prólogo para una novela gráfica que para una novela "literaria"?  (el tono seco y directo, con-los-pies-en-la-tierra y desromantizado de sus prólogos para Grimorio del plata y Vientre, por poner dos ejemplos) Ese tono, ¿es característico de su autor, es su "estilo"? En tal caso, ¿es significativo que otros prologistas -Federico Reggiani, por ejemplo- adopten un estilo similar? Y además, ¿tienden a un estilo digamos "similar" los escritores que, además, trabajan en historieta? ¿O se trata, más bien, de un fenómeno reducido a una suerte de "escuela" de prologuistas -y de historietistas- rioplatenses, diferenciable de cualquier otra que haya por ahí o que pueda distinguirse o establecerse?
Otro tema: el establecimiento de nuevos proyectos editoriales (Dragon Comics, Ninfa Comics, GAS, etc) y las pautas a seguir para lograrlo, para alcanzar cierta viabilidad editorial. Esas pautas, ¿afectan a las historietas? ¿A sus contenidos, a sus estrategias de significado, a sus búsquedas estéticas? ¿Afectan -esta pregunta es ociosa: claro que lo hacen- al paisaje de la historieta local más reciente? ¿Es por preferir -atinadamente: se trata primero de establecerse y de "sobrevivir"- una, digamos, lógica de mercado a una lógica de expresión artística que favorezca manifiestos, toma de postura a nivel de poéticas, gestos digamos de "vanguardia", experimentos, rupturas, parricidios? ¿Por qué poco y nada de eso se ve en los historietistas surgidos después del 2000? ¿Por qué tanto de eso se veía en los historietistas surgidos después de la dictadura, la más o menos "perdida" generación de la 2a mitad de los 80s y primera de los 90s? Las respuestas parecen sencillas, pero quizá no lo sean. Para empezar, porque todavía hay que plantear adecuadamente la pregunta. Es cierto que editoriales como Belerofonte se han propuesto ser viables antes que favorecer declaradamente una estética determinada, pero esta lectura parece un poco sencilla; Belerofonte, de hecho, sí favorece una estética basada ante todo en la narración, en los géneros y en la comunicación más inmediata y despejada. ¿Será que las otras editoriales aún en proceso de maduración también cristalizarán en una opción estética más o menos definida? ¿Definida en los hechos o programáticamente? ¿Definida y defendida? ¿Cuál es el espacio, si lo hay, para el debate sobre los diferentes "modos" posibles del lenguaje historietístico? ¿A alguien le interesa teorizar? ¿O se favorece la teoría -tan compleja, por cierto- de lo "natural"?
Lo dicho, hay que seguir pensando. Y seguir leyendo.

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