Datos personales

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Ramiro Sanchiz (Montevideo, 1978). Ha publicado 17 libros, entre ellos las novelas "El orden del mundo" (2014, El Cuervo, La Paz, Bolivia; primer premio de narrativa édita del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay), "El gato y la entropía #12&35" (Estuario Editora, Montevideo, Uruguay), "Las imitaciones" (2016, Décima Editora, Buenos Aires, Argentina) y "Verde" (2016, Fin de Siglo, Montevideo, Uruguay). Escribe regularmente crítica para el periódico montevideano La Diaria. Se ha desempeñado como jurado del premio Casa de Las Américas (2016), el Fondo Concursable del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay (2011) y del premio Onetti de la Intendencia de Montevideo (2016). Ha sido traducido al francés, el alemán, el inglés y el italiano.

FAQ


¿Cómo se podría caracterizar el proyecto que articula a todas mis novelas y cuentos?

A través de una apelación al concepto de ucronía (historias alternativas, extendido a historias personales tanto como historias en el sentido colectivo de “historia de un país” o “historia del mundo”) mis ficciones son propuestas como piezas de un mosaico; cada novela o cuento debe entenderse, en rigor, como un capítulo de una macro-ficción que toma como elemento aglutinador a Federico Stahl.

¿Quién es Federico Stahl?

Un no-personaje, un referente vacío, un nombre (no una persona) que se repite en una cadena de variantes; al moverse en la dirección de representar las variaciones sobre una entidad que recibe el mismo nombre en diferentes universos el sentido de “Federico Stahl” en tanto personaje se vacía. Es sacrificada la función “personaje” tradicional por un sentido de pauta o patrón en el mosaico.

¿Cuáles son los límites de ese mosaico?

No los tiene; es abierto en el sentido de que permite la suma indefinida de historias, para usar una terminología compatible con la de Richard Feynman.

¿Es un proyecto que tiende a una concepción, a un final?

No. No admite otra terminación que no sea la del cese del yo-escritor que las produce.

¿Eso quiere decir que eventualmente puedo dar por terminado el proyecto?

No. El fin del proyecto sólo podría darse declaradamente; es decir: cualquier texto que produzca es incorporable al mosaico salvo que se explicite lo contrario, y esa explicitación no puede ser interna a la ficción. Pero hacerlo implicaría obrar desde fuera del proyecto, de modo que el yo-escritor que postula el cierre del mosaico no es el yo-escritor que lo produce, y en tal caso carece de autoridad para clausurarlo. En ese sentido el proyecto no tiene fin: el yo-escritor que lo produce no es indistinguible de “Ramiro Sanchiz” en tanto persona física; además, existe al menos una ficción que pertenece al mosaico y no está firmada enteramente por mí. En ese sentido, si está abierta la posibilidad de una colaboración, y si tal colaboración ya existe como tal, se elude a la muerte de mi persona física “Ramiro Sanchiz” como límite absoluto del proyecto.

¿El mosaico, entonces, es interminable? ¿Eso no implica necesariamente un fracaso deliberado?

En tanto el proyecto no puede ser terminado, si el fracaso de un escritor está dado por no haber logrado terminar lo que se proponía, es imposible eludir la noción de que es mi proyecto es a priori un fracaso.

¿De modo que la obra nunca está completa porque siempre es posible agregar un elemento más al mosaico?

Sí. Y, además, porque cada parte del mosaico (novelas, nouvelles, cuentos, microficciones), en tanto se debe a un todo que la trasciende, obtiene su significado de la interacción con las otras piezas (en el viejo sentido de caricatura estructuralista, su significado es una función de relación); esto quiere decir que, por ejemplo, Perséfone cambiará con la publicación de mi siguiente novela o cuento. Además, dado que el plan que guía la articulación de piezas no está enteramente prefijado, el sentido que surge por la relación de piezas presentes con piezas futuras o pasadas permite –exige– la reescritura y la recreación. De modo que nada de lo publicado hasta ahora permanecerá fijo en el proyecto. En ese sentido, se traslada hacia una posición de insignificancia al concepto de “obra terminada”.

¿El proyecto aspira a una condición de “novela total”?

Si por “novela total” se entiende una obra asumida como limitada, no.

¿Esto implica que el sentido último de todas las ficciones sólo es alcanzado en la medida en que se han leído todas las que existen hasta el momento?

No: implica que no hay un sentido último porque cada elemento del mosaico no está aún fijado. Además, cada cuento, novela o nouvelle es, en sí mismo o en sí misma una unidad que no excluye cierto nivel suficiente de “comprensión”; ese nivel podrá variar. Nadie recuerda a Mlejnas, por ejemplo, no es incomprensible sin la lectura de su predecesora en esa línea temporal, La historia de la ciencia ficción uruguaya. Su grado de “unicidad”, por llamarlo de alguna manera, es alto. No sucede lo mismo con la nouvelle inédita “Los viajes”, que es esencialmente una variante de Trahspunk y, si bien es comprensible sin haberla leído, exige esa lectura para ser entendida como una variación. Otros textos concebibles son aún más dependientes. “Bichos” (publicado en Del otro lado) está claramente vinculado a Perséfone y demanda su lectura; “Caminos” puede leerse como un cuento cerrado sobre sí mismo, pero después de la lectura de Perséfone se entiende como una ficción dentro de una ficción.

El mosaico, entonces, implica construir las circunstancias de Federico Stahl en varios universos diferenciables. ¿Cuántos de estos universos han sido abordados hasta ahora, teniendo en cuenta únicamente las ficciones publicadas?

Hay tres “principales” hasta el momento. El más revisitado es el que llamo “la secuencia principal”, que tiene como eje a los libros Vampiros porteños, sombras solitarias, Perséfone y Del otro lado, más los cuentos “Septiembre”, en el número de septiembre 2009 de la revista Freeway, “Malos recuerdos de Thiago Pereira”, “Caminos” y “Los años”, de Algunos de los otros y “Bichos” y “Patricio” de Del otro lado. Desde ese eje divergen (en tanto variantes mínimas –desde el punto de vista agumental– pero diferenciables) Trashpunk, 01.lineal, “Estrategias” (en Algunos de los otros), “Pisadas” (en la revista online Otro Cielo #4 y también en el e-zine Tau Zero), “Duendes” (en Del otro lado), “. El nombre “secuencia principal” alude a que se trata, básicamente, del mundo que llamamos real, que debería ser definido como el “mundo al que pertenece la persona física que emplea un yo-escritor para decir el mosaico y proceder en el trabajo sobre el proyecto”. El segundo universo es el de la nouvelle Nadie recuerda a Mlejnas (al que se le suman al menos tres ficciones inéditas), que difiere del de la “secuencia principal” en términos de ucronía: en este mundo se produjo una Guerra Civil en Uruguay y la dictadura militar se prolongó hasta 1989. El tercero (en orden de cantidad de textos producidos bajo sus premisas) es el de La vista desde el puente, también de corte ucrónico (en el sentido de historia alternativa no meramente personal), en el que José Artigas logró salir adelante con su proyecto de Liga Federal. Más allá de estos tres aparecen: los de los cuentos “Sobre desayunos y entropía” (Algunos de los otros), que pertenece al grupo de ficciones sobre la ciudad de Ventomedio, al que también pertenece (no exactamente al mismo universo) “La huída” (publicado en Axxón); el de “Breve historia de la realidad” (Algunos de los otros), “Los otros libros” (una variación sobre la secuencia principal más acusada que Trashpunk, publicado en Axxón y Revista Narrativas), “El avance” (Algunos de los otros), “Las mentiras” (Otro cielo), “La luz sobre los cerros” (Revista Próxima), “La variante biológica” (Axxón), etc.

¿Todo lo que escribo en tanto “Ramiro Sanchiz” pertence al mosaico?

No. Tampoco sería cierto decir que todas las ficciones que escribo pertenecen al mosaico, ya que concibo a la crítica literaria o a la escritura de reseñas como una construcción de ficciones. No debe entenderse, por otro lado, que ninguna de mis críticas o reseñas o artículos pertenece al mosaico.

¿Hay alguna obra o autor que siente un precedente a este modelo de narración-mosaico?

Varios. El modelo de añadir nouvelles edición tras edición para armar un todo “mayor a la suma de sus partes” fue ensayado con éxito por Rodrigo Fresán en La velocidad de las cosas, por ejemplo. Tolkien aspiró, a lo largo de su vida, a producir un único gran texto –El silmarillion, publicado póstumamente en una versión creada a partir de borradores– el que El Hobbit, El señor de los anillos y los poemas y cuentos publicados pueden entenderse como capítulos. Es fácil nombrar además a Balzac (la Comedia Humana), Isaac Asimov (al menos en lo referente a sus novelas: en la década de 1980 el autor de Yo robot se encargó de ensamblar todas sus novelas –hecha la excepción quizá de Némesis y las dos Viaje alucinante– en un único mosaico que comienza con los cuentos de robots y termina con Fundación y Tierra; y más interesante todavía es que ese mosaico fue enriquecido por escritores como David Brin y Gregory Benford), Juan Carlos Onetti (con su ciclo de Santa María) y otros. El recurso de los puntos de divergencia fue sugerido por Borges en “Examen de la obra de Herbert Quaim”, “El jardín de los senderos que se bifurcan” (Ficciones) y –de acuerdo a una lectura posible– el díptico de “El otro” (El libro de arena) y “25 de agosto, 1983” (La memoria de Shakespeare); la idea de novela-monstruo inabarcable, iterativa y recurrente aparece en Marienbad my love, de Mark Leach, The blah story de Nigel Tomm y, quizá, en The story of the Vivian girls, de Henry Darger.


¿Los presupuestos?

1. Decir que “todo lo escrito es ficción” y decir “todo lo escrito puede leerse como ficción” equivale a decir la misma cosa e incluye a todo lo que sigue:
2. Lo que entendemos consensualmente como ficción en nuestro universo es entendible consensualmente como verdad en otro. Desde la perspectiva del multiverso (desarrollada a partir de la interpretación de los “muchos mundos” de la mecánica cuántica) todo es ficción y todo es verdad. Especialmente lo señalado en el punto uno.
3. Cada obra literaria mínimamente limitada (esto incluye los elementos del mosaico) es un nodo en una red llamada “La historia de la literatura”. Esa historia puede entenderse desde el punto de vista del multiverso como una historia posible y por tanto una ficción como otras, verdad en un universo concebible, que por el acto de enunciarla se convierte en el universo del yo-escritor que la emite. Verdad trivial: el acto enunciador crea universos. Esa red n/dimensional es representable en un holograma n-1/dimensional: cada uno de esos hologramas equivale a una obra literaria percibida como una individualidad. La perspectiva hipermoderna convierte a todos los otros nodos y al discurso sobre la imagen n/dimensional en información relevante (con sentido, con significado) que se acopla a cada obra individual a través de un pliegue. El Quijote y La crítica de la razón pura son capítulos-en-doblez de El arcoíris de la gravedad y viceversa. Todo está allí, disponible; la literatura, por lo tanto, es un gran juego de variaciones y modelos a escala, plegado sobre sí mismo como un origami.
4. Reclamar libros “que cuenten una historia” es un sinsentido. No hay “una” historia; toda historia es, por definición, múltiple. A la vez: lo esencial en un libro jamás podrá ser la trama, ni tampoco el lenguaje; lo esencial es la conexión.