jueves, 31 de diciembre de 2015

Repaso 2015

(Antes que nada, este post va en una parte sola; para la de 2014 prometí tres partes y terminé escribiendo la tercera en abril. Más allá de eso, este blog ha sido prácticamente un desierto a lo largo del año y, por lo visto, está quedando reservado a estos "repasos". Veremos si en 2016 le encuentro una función más interesante).

Lo primero siempre es Poppy. En julio de 2015 cumplió 2 años y lo celebramos con la familia más inmediata y los amigos más queridos. Nos hubiese gustado ampliar la nómina de invitados, por supuesto, pero siempre hay que mirar asuntos de presupuesto (en ese sentido 2015 fue un año un poco más dificil, que repuntó en su segunda mitad) y, además, muchos de los que queríamos que estuvieran compartiendo esa alegría con nosotros viven en Buenos Aires. Pero, más allá de estos detalles, pasamos un momento emocionante, con poppita corriendo feliz por todas partes, sonriendo en las fotos y apagando velitas.
Hacia esas fechas fue que su pauta de adquisición de vocabulario empezó a cambiar; de un conjunto limitado de palabras que manejaba (algunas predecibles, como "agua" o los nombres de sus personajes favoritos) notamos que iba adquiriendo día a día términos nuevos, a un ritmo cada vez más acelerado. Y es una sensación increíble llegar al momento en que se pude literalmente conversar con ella, cosas como (hoy por la mañana):

yo: Poppy, ¿y no querés usar la pelela, mejor?
Poppy: ¿Pelela?
yo: Claro, para hacer pichí o caca.
Poppy. No, pelela no. Pañal nuevo, dame.

La adquisición del lenguaje es algo realmente fascinante, que me gustaría mucho entender más o menos cómo funciona. Mientras tanto, día tras día aparecen sorpresas: ¿quién le enseñó esa palabra? ¿qué querrá decir con...? Y así sucesivamente. Incluso cuando ella misma se da cuenta de que dice algo gracioso y se ríe, o cuando pregunta qué quiere decir algo que repetimos.
Y sí, la perspectiva de charlar con mi hija me emociona tremendamente. Ya sólo en ese sentido sé que 2016 será un año increíble.

Y si lo primero es Poppy, lo primero también es Fio. Otro gran año juntos, creciendo como personas, como pareja, aprendiendo a conocernos y a bancarnos mutuamente un poco más. Todo lo que hago, lo dije miles de veces, es para ella, y siempre lo será. Qué alegría compartimos cuando Poppy nos abraza y nos pide que nos besemos y mimemos (y la besemos y mimemos).

Después me gustaría repasar los viajes. Tuve la suerte de ser invitado a leer fragmentos de la obra de Mario Levrero en Tecnópolis, en lo que fue la semana de la palabra, allá por abril. Aproveché también para ver a los amigos de siempre -es curioso eso de tener a tus amigos más queridos repartidos de ambos lados del río- y, de yapa, encontrarme con los queridos Edmundo Paz Soldán y Liliana Colanzi -que justo estaban en Argentina- en la librería Eterna Cadencia. Pasados unos meses, en noviembre, viajamos con Fio y Poppy de nuevo a nuestra ciudad favorita. Fue una serie de grandes descubrimientos para Poppy (ver hipopótamos en el zoo, por ejemplo, en ese momento su animal favorito), y tuve la alegría además de presentar mi novela El gato y la entropía en la librería Alamut, junto a Dani Mendez y Luciano Alonso. Fue una ocasión especialmente emocionante, ya que pude conocer en persona a gente con la que tenía una amistad limitada hasta entonces a Facebook, como por ejemplo Federico Matías Pailos y Néstor García Figueiras, este último excelente escritor (compartimos esa buenísima antología que es Buenos Aires Próxima), músico y gran melómano, además de reencontrarme con un amigo tan querido -emigrado a Bs As- como Ernesto Pasarisa. Y, claro está, con mi hermano Juan Manuel Candal, una de esas pocas personas que siempre, siempre están allí, más todo el grupo de amigos que tenemos en común (Paula Acuña, Fernando Pedernera, Cecilia Solana, Christian Broemmel, María Eugenia Olazarri, Elena Massa,Valentina Vidal y Laura Alejandro). Y no puedo dejar de nombrar, por supuesto, la hospitalidad siempre renovada de los queridísimos Juan Terranova y Celia Dossio.

También durante ese viaje a Buenos Aires di un cursillo sobre la narrativa breve de Mario Levrero, que debo agradecer ante todo a Leticia Martín y al resto de la gente del CEC (Centro de Estudios Contemporáneos); entre la gente que se anotó tuve el placer de contar con Nicolás Varlotta, una de las personas más entrañables que conozco.

Pero si he de recordar al 2015 por un viaje en particular ha de ser sin duda por la semana que pasé en Lima, en noviembre. La ocasión fue participar de una residencia llamada "Lima Imaginada", en la que dos escritores peruanos guiarían a un conjunto variopinto de colegas latinoamericanos por las calles de Lima, atendiendo a las marcas dejadas por la literatura. Y debo decir que agradezco profundamente a Ezio Neyra (ideólogo del evento) y a todos los que participaron de la organización (especialmente a Lily S. Lam, Gracia Angulo y Raisa Zecevich) por la oportunidad. No solo llegué a conocer una ciudad asombrosa (que cambia su máscara cada dos o tres cuadras) o de ver por primera vez el Pacífico (será una cuestión muy nerdosa, pero realmente me emocionó estar en Barranco mirando el océano) sino que, especialmente, descubrí gente maravillosa: Enzo Maqueira, con quien hicimos ese inevitable nexo rioplatense (no es de extrañarse: no me cansaré de decir que Uruguay nunca debió ser un país independiente sino parte de algo más grande junto a Argentina); Mauricio Murillo, mi hermano paceño, con la alegría del reencuentro y la confirmación (si es que hacía falta) de la inmensa persona que todos sabemos que es; Andrés Ospina, probablemente el hombre más atento y amable del mundo; Carlos Velázquez, gran melómano y un señor escritor, con quien compartimos, entre otras tantas cosas, el amor por la literatura de Gustavo Escanlar; Dazra Novak, excelente fotógrafa y autora de buenísimos microcuentos eróticos; Solange Rodríguez Pappe, con quien hicimos el aguante de los escritores fantásticos en medio del páramo del realismo; Romina Reyes, quizá con la que tuve la menor sintonía literaria -pero la mayor en cuanto a series de TV; Johann Page, quien padeció uno de mis inevitables momentos de apasionamiento combativo contra la GMDLLU (Gran Mierda De La Literatura Uruguaya) y, last but not least, María José Caro, siempre amable y atenta, a quien recuerdo aplaudiendo mi lectura de la Tertulia de Julio Herrera y Reissig, con un chilcano de guinda -mi bebida peruana favorita- en su mano. Bueno, quizá lo del chilcano lo aluciné, como cuando en Minions Stuart ve a Bob y a Kevin convertidos en bananas. Y entre los amigos nuevos limeños tengo que nombrar también a Fran Brivio, que soportó mi batería de chistes malos frente a una huaca milenaria. Insisto: me fui de Lima con nuevos amigos y con el recuerdo de una ciudad increíble. Ah, y del Océano Pacífico.

Volvemos entonces a los amigos. En 2015 compartí la alegría de mi amigo de toda la vida Marcelo Stábile (junto a su pareja, Paola Gómez), que fue papá por primera vez; pude compartir también hermosos momentos con mi otro-amigo-de-toda-la-vida Jorge Merlino, su esposa Carolina Silbermann y sus preciosos hijitos Tiziano y Miguel. El sexteto que integramos -con Fio, claro- (o década, si contamos a los niños y a la niña) se reúne no tantas veces al año como quisiera, pero sabemos que basta con encontrarnos para que todo ese cariño de amigos -y esas memorias de tantos años- fluyan como siempre.

2015 fue también un año en que me sentí muy cerca de Víctor Raggio y Pablo Dobrinin, a quienes conozco desde hace 20 años, sobrevivientes de las eras heroicas de la ciencia ficción uruguaya. Nos une no sólo el recuerdo de esos tiempos (¿mejores? bueno, no, pero en cuanto a algunos asuntos puntuales sí que tuvieron más pasión) sino el amor por la ciencia ficción, la fantasía y el cine. Están, los dos, entre las personas por las que, "como dice el dicho", pongo las manos en el fuego.

Ahí también van Raúl Silveira, Rodolfo Santullo y Agustín Acevedo Kanopa, los tres queridísimos amigos y hermanos en el cine, la música y la vida "en general". En 2015, además, estreché (es medio raro el verbo, pero se entiende su sentido figurado, jeje) la amistad con Ignacio Martínez, una de esas pocas personas con las que puedo pasarme horas hablando de música y discutiendo asuntos tan básicos e importantes como la naturaleza esencialmente imperfecta de los álbumes dobles. También de 2015 fueron charlas nocturnas y cerveceriles con Gonzalo "Tüssi" Dematteis y el ya mencionado Agustín, además de, en alguna que otra ocasión, Debora Quiring, Marcelo Pereira, Lucía Náser, Francisco Alvez Francese y Guilherme de Alencar Pinto. Y como si esto fuera poco se suman buenísimos encuentros con Amir Hamed, Sandra López Desivo, Carlos Rehermann, Sandra Massera, Gustavo Verdesio, Orlando Bentancor, Nelson Díaz, Abel Alves, Magnus, Lucía Germano, Matías Bergara, Fernanda Trías, Federico Giordano... y la lista podría seguir, para que me sienta todavía más afortunado por la gente maravillosa que me tocó conocer en esta configuración particular del multiverso.

Ya he mencionado a los amigos del otro lado del río. Pero vamos a repetirlos: Juan Terranova, siempre hospitalario, siempre ahí para una buena charla a última hora de la noche; Luciano Alonso, compartiendo su entusiasmo por la literatura y la bondad esencial y reconfortante de su espíritu; y Juan Manuel Candal, como dije ya verdadero hermano de la vida, la única persona con la que sé que puedo iniciar una charla sobre matices de remasterización o "esquemas mentales y patrones estructurales en la discografía de King Crimson" a las cuatro de la mañana, o a quien puedo confiarle mis paranoias más disparatadas y mis proyectos.

Hace unos meses falleció alguien que, sin ser realmente amigo, sí me resultó siempre una gran persona, muy querida además por gente a la que apreció especialmente; a la vuelta del velorio, con Rodolfo Santullo tocamos el tema inevitable de lo poco que uno comunica a sus amigos lo mucho que los quiere. Yo aprovecho ahora, entonces, para decirles a todos los mencionados -y a los que se me escaparon, a los que aún así saben que los quiero- que es un placer, un honor y una fuente inagotable de gratitud tenerlos en mis vidas de alguna manera u otra. Los quiero a todos, a todos y a todas, a todxs y a tod@s (sí, bueno, me paspa el "lenguaje inclusivo", pero para dejarlo especialmente claro ahí fue, jeje).


Ahora paso a publicaciones. Dejo para más adelante la lista de lecturas -y por consiguiente de reseñas publicadas en La Diaria- y voy a la novela que publiqué este año: El gato y la entropía #12 & 35. En tiempos mejores de este blog solía subir "historias de libros", donde contaba cómo y cuándo y por qué tal y cual cosa de tal y cual libro recién publicado; esa práctica murió -como, cabría decir, este blog-, pero la podemos zombificar acá, en estos posts de fin de año. De manera más breve, claro. Así, empecé a escribir El gato... creo que hacia 2012. Es un poco la "verdad oficial", porque lo cuento en la nota final del libro, pero en realidad quizá no fue tan así. Posiblemente algunas de las rutinas que componen el libro las pensé o esbocé un poco antes, para otros proyectos, y fueron finalmente recicladas en el momento en que terminé algo así como una primera versión. Me parece recordar que ese primer Gato era mucho más metaliterario, que tenía capítulos separados y demasiados chistes malos. Los chistes quedaron, la mayoria de ellos, pero los capítulos se fueron (de hecho quedaron 2 nomás) y lo metaliterario se concentró en algunos lugares específicos, en particular las 60 y pico notas a pie de página que siguen siendo lo primero que me comentan los lectores. Sí, David Foster Wallace, pero también Lanark , de Alasdair Gray.

Hablé de una "primera versión". Sí recuerdo que siguieron al menos dos más y que para una de ellas -bueno, capaz que fueron todavía más- fue esencial la serie de comentarios que me hiciera Marcela Saborido, la lectura, editora y maquetadora de Estuario/HUM. Allí fue modificado un poco el final y se fueron dos o tres chistes especialmente carnavalescos (sí, lo confieso con dolor: había chistes propios de un parodista), se añadieron notas (de hecho hasta la úlima revisión agregó al menos un par) y se reformaron algunas historias. El libro demoró en salir (por momentos la ansiedad fue tremenda, lo cual no debería extrañar a nadie que me conozca), pero gracias a ello mejoró un poco. Ahora, meses después, veo que viene siendo el mejor recibido (por la prensa local al menos) de mis libros, la mejor de mis novelas para algunas personas. Quizá tengan razón (yo siempre voy a decir que el mejor es el que estoy escribiendo, claro) o quizá no (si es que hay razón en estas cosas), pero sí insisto en decir que fue el libro con el que más me divertí escribiéndolo y que significa para mí un resumen de todo lo que quise hacer entre, digamos, 2006 y 2013. Un cambio de fase, digamos, con pelea con jefe de nivel incluida.

Durante la presentación, en la Feria del Libro, tuve el honor de contar con las palabras de Amir Hamed y Eduardo Mizraji, además de con el talento como guitarrista de Federico de los Santos, quien se sumó a tres covers de Dylan que, sorprende...aparententemente gustaron a algunos de los presentes -en lugar de ser apenas, digamos, tolerados.

No fue un año en que publicara tanto. Están -además de las reseñas- El gato y algunos cuentos, que anoto acá:
"El pozo (con zombis)" en Lento (gracias Gabriel Lagos y Federico de los Santos)
"Las nubes", en revista Próxima (gracias Laura Ponce)
"Los sueños de la carne", en la revista Narrativas, en el compilado Ruido blanco 3 y en la revista Próxima (gracias Carlos Manzano, Monica Marchevsky, Álvaro Bonanata y Laura Ponce de nuevo).

La literatura, digámoslo así, insiste en no darme de comer pero sí en hacerme viajar... y en compartir hermosos momentos con gente de primera. Por ejemplo: la mesa que compartí con Nacho Alcuri y Daina Rodríguez en la semana negra de Montevideo, la que moderé para ese mismo evento con Damián González Bertolino y Mercedes Rosende, y la que integré para el FILBA junto a Pedro Peña, Ana Solari y Renzo Rossello.

2015 fue un poco más abundante en cuanto a escritura. Entre enero y marzo escribí una primera versión de Las imitaciones, novela que será publicada en marzo-abril de 2016 y en Buenos Aires, para después corregirla al menos tres veces más, con reescrituras importantes gracias a la atenta y empática lectura de Fernando Pedernera como editor de Décima Editora. Durante algunas charlas por skype sentí que no era tanto que yo estuviera dispuesto a hacerle caso a Fernando (cosa que estaba) sino que, entre los dos, estábamos soñando la novela como debía ser, y que su entusiasmo y el mio eran el mismo (de ahí lo de la empatía, claro). Sin duda la mejor relación que he sostenido, hasta ahora, con un editor -y eso que en general mis relaciones con los editores a la hora de hacer modificaciones han sido buenas y muy buenas.

Buena parte de esa primera mitad del año la pasé también releyendo, corrigiendo y reelaborando El gato y la entropía, además de reescribir extensamente (por tercera vez) Lineal, mi primera novela. Y más o menos por las fechas de su publicación me puse a escribir una nouvelle finalmente terminada en octubre-noviembre, Verde, que está en este momento siendo leída por una buenísima editorial argentina. Veremos qué pasa. Es, quizá, lo más cercano al género del terror que he escrito hasta ahora.

Desde octubre hasta ahora: correcciones -más de Las imitaciones, detalles en libros anteriores como El orden del mundo- y el cuento para Lima Imaginada, que terminó llamándose "Fractura" e involucrando algo así como una estética incapunk.

Llegamos a lecturas. Un año con no pocos "hitos" de lectura en tanto exploraciones digamos "exitosas" (es decir: fértiles en ideas para escribir y en conexiones para seguir leyendo, además de en diversión y disfrute; no es un combo tan común, lamentablemente), entre ellos la traducción (excelente) de Marcelo Sabaloy del Ulises (lo cual me arrojó de nuevo a la vida joyceana, a los años de exploración de las bibliografías críticas, a la admiración sin límites por el irlandés) y La vida, instrucciones de uso, de Perec, un libro que jamás había terminado de una sentada (aunque sí, quizá, sumando lecturas parciales aquí y allá).

Recuerdo, por otra parte, que empecé el 2015 leyendo House of leaves, y eso, evidentemente, es una experiencia de lectura de esas que cambian vidas (vidas de lector, vidas de escritor al menos); así que esos dos libros, el de Danielewski y el de Perec, hacen a 2015 un año especialmente rico. De la lectura de ambos, entonces, derivé abundantes ideas (léase protoplagios, claro) y ganas.
También: una relectura de la obra completa de Ercole Lissardi, uno de mis 4 o 5 escritores uruguayos vivos favoritos.
Apelando a la lista de mis reseñas para La Diaria -y a mis blogs y otras publicaciones- van otros libros leídos este año:


  • La mula. Álvaro Ojeda. Aburridísimo, irrisorio. Una condensación de lo peor que tiene para ofrecer a literatura urugauya. Es decir: el libro de un tipo que puede escribir algo parecido a la lengua castellana pero que, después, no tiene para decir nada que no sea la nostalgia por cierta literatura muerta y enterrada.
  • La banda de la tenaza. Edward Abby. Divertido, buena lectura de verano, entre los pinos del camping de AEBU en Piriápolis. No creo que lo relea jamás, pero igual me parece recomendable.
  • House of leaves. Mark Danielewski. Un libro asombroso. No sé qué más decir en pocas palabras. Una supernova-orgasmo permanente de lectura.
  • Ella sí. Amir Hamed. Segunda entrega de la Trilogía del relato, esos ensayos-poemas-ficciones de Amir Hamed. Libros como no hay otros, imprescindibles incluso para el hipotético lector al que no le importan en lo más mínimo los temas tocados.
  • El libro tachado. Patricio Pron. Excelente repaso de la literatura del vacío y del algoritmo, de la erosión de la noción romántica de la literatura como expresión del alma atormentada de un sujeto. Este sí para leer y releer.
  • Ferdydurke y Bacacay. Gombrowicz. Aprovechando la reedición de El Cuenco de Plata, libros únicos y divertidísimos.
  • Las mil cuestiones del día. Hugo Fontana. Interesante repaso de la historia de los anarquistas.
  • La hierba de las noches, Más allá del olvido y El ropero de la infancia. Patrick Modiano. Fue, para mí, un gran descubrimiento. El residuo esencial y cristalino de Proust. La vida del estilo.
  • La novela del cuerpo. Rafael Courtoisie. Ciencia ficción uruguaya y una muy buena novela.
  • La última palabra. Hanif Kureishi. Tiene algunas cosas interesantes (uno de los personajes, por ejemplo), pero, en general, una desilusión.
  • El congreso de futurología. Stanislaw Lem. Excelente, como todo Lem.
  • Resaca. Nelson Díaz. Paranoica y deslumbrante novela habitada por los fantasmas de tantos escritores esenciales a mi cuerpo de lecturas. No podría jamás dejar de recomendarla.
  • Shogun inflamable. Salvador Raggio. Los cuentos más inquietantes y extraños del año.
  • Cómete a ti mismo. Nicolás Méndez. Ganó el premio Equis de novela 2014. Precioso bildungsroman porteño y musical.


Novelas de Ercole Lissardi:

  • Aurora lunar. La más rica y barroca para muchos. Impresionante debut novelístico.
  • Últimas conversaciones con el fauno. Entra el lado fantástico de Lissardi. Buenísima novela.
  • Interludio, interlunio. Probablemente mi favorita entre sus novelas; ciertamente la más oscura. Distopía, campos de concentración, terror.
  • Evangelio para el fin de los tiempos. Parece una novela menor en el catálogo de Lissardi, pero no lo es. Llena de pequeñas felicidades, buenas ideas y grandes momentos narrativos.
  • El amante espléndido. La novela más gnóstica de Lissardi.
  • Primer amor, último amor. No es de mis favoritas.
  • Acerca de la naturaleza de los faunos. Novela-ensayo, de lo mejor de su autor.
  • Los secretos de Romina Lucas. Acá opera un cambio de fase o de nivel: Lissardi se concentra y exhibe su dominio de la técnica narrativa. Erotismo + género, acá le toca al policial.
  • Horas puente. Una miniatura narrativa, un pequeño diorama. No es mi favorita tampoco, pero tiene su encanto.
  • Ulisa. Otra de las oscuras, tambiél al borde del ensayo. Le tocó a la novela filosófica.
  • Una como ninguna. Hay que leerla con atención para que parezca una parábola sobre la literatura uruguaya. Grandes momentos, además.
  • La vida en el espejo. De las más fantásticas. Interesante, pero es en cierto modo un Lissardi en clave menor. Me había gustado más la primera vez que la leí.
  • No. Breve, divertida, tiene detalles muy interesantes, pero se parece más a un cuento que a una novela.
  • La bestia. Vuelve el fauno y lo fantástico. Hay páginas que han de contarse entre lo mejor de Lissardi, y otras (las menos) que no llegan al nivel promedio.
  • El centro del mundo. Son tres nouvelles: El centro del mundo, La diosa idiota y La educación burguesa. Mi favorita es la última, pero las tres parecen sugerir un Lissardi más suelto, más divertido. Veremos si se continúa esta tendencia (no leí la última, Los días felices, publicada en Buenos Aires).

  • La noche que no se repite. Pedro Peña. Reedición de una novela primeriza. Tiene sus defectos y no pocas virtudes: entre ellas la pujanza, el ímpetu. Vale la pena leerla.
  • Ulises. La traducción de Marcelo Zabaloy, seguramente la más recomendable de todas. Sobre el libro en sí qué más puede decirse. Mejor evitar los clichés.
  • El caso Bonapelch. Hugo Burel. Lamentable, entre lo peor del año. 
  • Nocturama. Sebastián Pedrozo. Muy buena novela juvenil y de horror.
  • Underground. Haruki Murakami. Libro sobre los atentados con gas Sarín en el metro de Tokyo. Entrevistas a los implicados y reflexiones sobre la mente japonesa. Impresionante.
  • Los trabajos del amor. Damián González Bertolino. Muy buena novela, entre lo mejor del año y de su autor.
  • El inglés. Martín Bentancor. Mi favorita del año. Una novela construida a la perfección, con detalles buenísimos. No una novela arriesgada. Quizá para nada mi "palo", pero se reconoce el buen trabajo a quilómetros de distancia.
  • El malestar del presente. Pessoa y su heterónimo Antonio Mora. Fascinante.
  • Felisberto Hernández: vida y obra. José Pedro Díaz. Una biografía imperfecta, pero la mejor que existe hasta el momento y, por lo tanto, imprescindible.
  • La alemana. Gustavo Escanlar. La mejor novela de uno de los 2 o 3 mejores escritores uruguayos de las últimas décadas.
  • El niño 44. Tom Rob Smith. Un thriller atendible, con algunos aciertos especialmente buenos. Para leer una vez y regalar u olvidar. Eso sí: mucho mejor que la película, hay que admitirlo.
  • Desaparición de Susana Estévez. Hugo Fontana. Muy buen libro de cuentos.
  • M. Amir Hamed. Tercera entrega de la Trilogía del relato. Otro de los mejores libros del año, de una densidad deslumbrante.
  • James Joyce. Richard Ellman. Fundamental biografía de James Joyce. Impresionante lectura.
  • La vida, instrucciones de uso. Georges Perec. Un libro inagotable, para seguir releyendo y explorando.
  • Houellebecq economista. Bernard Maris. Interesante libro sobre Michel Houellebecq. No hay ideas realmente deslumbrantes, pero vale la pena leerlo.
  • La ley del menor. Ian McEwan. Linda novela, bien escrita, redonda. No mucho más que eso.
  • El perro de Fogwill. Mario Bellatin. Por momentos parece el residuo densísimo de un libro. Inquietante todo el tiempo.
  • Los animales de Montevideo. Felipe Polleri. Flojo. No me entusiasma Polleri en general, pero este no está -para nada- entre sus mejores libros. Olvidable.
  • Las redes invisibles. Sebastián Robles. Excelente. Uno de los libros más inteligentes del año: reseña Lemborgesiana de redes sociales inexistentes. Plato fuerte: el último segmento, con su reescritura de la historia argentina.
  • El brujo. Matías Bragagnolo. Cruda y cruel. Distopía infernal. Un libro de horror. También entre los mejores del año a nivel rioplatense.
  • Las constelaciones oscuras. Pola Oloixarac. Mi novela favorita del 2015, sin lugar a dudas.
  • Lolas. Flor Canosa. Ganadora del premio Equis 2015. Una novela divertidísima, para leer en un par de horas y pasarla bien.
  • Prisma. Juan Manuel Candal. Es, sin duda, el compilado de relatos más sólido de su autor, y por momentos se vuelve una muestra de lo mejor de su escritura.
  • Las dos ciudades. Edmund Paz Soldán. Imprescindible compilado de relatos del escritor boliviano.
  • La parte inventada. Rodrigo Fresán. Soy un fan confeso de Fresán, pero este libro, su última novela hasta la fecha, no me pareció. De hecho me costó terminarlo, lo dejé, volví como esfuerzo de voluntad, etc. No, no, no (suspiro).
  • La extinción de los coleópteros. Diego Vargas Gaete. Buenísima, pero me hubiese gustado que fuera un poco más larga. Hay asuntos, digamos, que parecen merecer mayor desarrollo. 
  • Primavera Ninja. Luis Orani. Muy buena y divertidísima. Historia alternativa -o no tan alternativa- del rock argentino de las últimas décadas.
  • Ulises: claves de lectura. Carlos Gamerro. Un libro sumamente útil a la hora de abrirse camino por Ulises.
  • El último teorema de Fermat. Simon Singh. Fascinante historia de la matemática.
  • Ratner's star. Don DeLillo. Una de mis favoritas de su autor, quizá la más arriesgada de sus novelas.
  • El hombre que hablaba en flores. Muy linda nouvelle de Christian Broemmel, dulcemente fantástica.
  • Sexo, nazismo y astrología. Juan Terranova. Excelentes ensayos, de lo mejor de su autor.
  • El recurso humano. Nicolás Mavrakis. Una novela muy atendible. Lo mejor que tiene para ofrecer es su procedimiento, su estrategia narrativa, digamos, además de algunas observaciones sobre los temas que obsesionan más a su autor.
  • Songs of a dead dreamer  y Grimscribe. Thomas Ligotti. Primer y segundo libro (respectivamente) de Ligotti, el nombre ineludible en el horror contemporáneo. Imperdible.
  • Fanged Noumena. Nick Land. Compilación de ensayos de uno de los filósofos más interesantes y provocadores del presente. Imprescindible para dejar atrás el charlatanismo a la Sandino Nuñez y compañía.
  • In the dust of this planet, Starry speculative corpse  y Tentacles longer than night. Eugene Thacker. Excelente. De lo mejor que he leído este año. Filosofía y horror, horror y filosofía. Lovecraft y death metal.
  • "The color out of space", "The horror of Dunwich", "The call of Cthulhu", "The dreams in the witch house", "Out of the eons", "The shadow over Innsmouth" y "At the mountains of madness". H.P.Lovecraft. Repaso y lectura en inglés de los textos fundamentales del maestro. Excelente experiencia de lectura.
  • Ángeles menores. Antoine Volodine. Francecísima novela de ciencia ficción postapocalíptica. Sumamente interesante.
  • El sermón sobre la caída de Roma. Jérôme Ferrari. Novela que se quiere literaria línea a línea, y aún así vale la pena. Momentos de gran belleza prosística y una historia sugerente.
  • La zona de interés. Martin Amis. Buenísima novela sobre el Holocausto y los campos de concentración. Y un jugosísimo epílogo.
  • Wonderful life. Stephen Jay Gould. Maravillosa historia del descubrimiento e interpretación de algunos de los fósiles más importantes de la historia del pensamiento evolucionista. Uno de los mejores libros sobre ciencia que he leído jamás.
  • El gen egoísta y The ancestor's tale. Clásicos de Richard Dawkins. Tenía mi prejuicio contra no sus ideas (que comparto casi todas) sino un no-se-qué de su personalidad y su manera de razonar (supongo). Pero después de leer estos libros cambié de idea y me hice fan. Especialmente por el segundo.
  • Delicias envueltas. Roy y Lucy Makuc. Una historieta bien lograda, pensada para niños pero con varios niveles de interés en general.
  • Sangre y sol. Abel Alves y Nahuel "Nahus" Silva. Acción y aventura en japón. El guión: excelente. Las ilustraciones: un poco disparejas.
  • Mocha Dick. Francisco Ortega y Gonzalo Martínez. Excelente reelaboración de la historia detrás de la novela de Melville.
  • Logicomix. Doxiadis, Papadimitriou, Papadatos y di Donna. Imprescindible. La historia de la lógica y la vida de Bertrand Russell en viñetas.
  • Cosmicómic. Amedeo Balbi y Rossano Piccioni. La historia del descubrimiento del big bang. Bien logrado; no es un libro deslumbrante (como Logicomix) pero vale la pena.
  • ¿Qué he ganado con quererte? y Piedra, papel o tijera, de Alejandro Farías, Jozz y Junior Santellán. Dos historietas más que atendibles; la segunda, un thriller vertiginoso; la primera, un gran aporte a la lectura de Felisberto Hernández.
  • Nemo: river of ghosts. Cierre de la trilogía sobre la hija de Nemo, spinoff de The League of Extraordinary Gentlemen, lo mejor de Alan Moore.
Quizá se me olvida algún libro de los leídos por fuera de alguna obligación crítica (justamente los leídos por placer, es decir), pero en cualquier caso puedo ir actualizando esta lista.

En cuanto a la música, debo decir -y para cerrar este post con, como se verá, una reseña- que 2015 fue un año importante. Durante el invierno, por ejemplo, y no sé en virtud de qué procesos mentales, empecé a explorar bandas y géneros nuevos (nuevos para mí, se entiende), entre ellos el death metal y el postmetal. Quedó un interés especial por la música de Ulver, mi admiración renovada por Giant Squid y el descubrimiento de Pelican y Mastodon. A principios de año, además, me había puesto a explorar extensivamente la discografía de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, una banda que siempre había evitado, quién sabe por qué (bueno, sí, sería porque su estética inmediata -superficial, digamos- me repelía un poco) y que terminó por convertirse en mi favorita a nivel de lengua castellana.

Lo más importante, sin embargo, operó en la segunda mitad del año -y sigue operando, en realidad. Ya conocía desde hacía mucho tiempo algunos discos (o, mejor, temas) de King Crimson -el primer álbum en particular, más alguna impresión muy vaga de Discipline-, y había recorrido sin prestar mucha atención otros momentos del proceso de la banda, pero jamás me había puesto a escuchar de verdad. Así que lo hice. Descargué todo lo que pude descargar (y pronto decidí que empezaría a coleccionar los CDs), aproximadamente 70 gigas en FLAC, algunos de ellos incluso en 24 bits y 96 kbps, y me propuse no escuchar otra cosa y seguir el orden cronológico de los álbumes. El resultado, además de otro capítulo en la historia de mis obsesiones, es, especialmente, haber pensado ciertas pautas estructurales y composicionales que ya empecé a derivar hacia la literatura. En cualquier caso, a modo de repaso/reseña:
  • In the court of the Crimson King. El cliché lo convierte en el mejor disco de la banda, cosa que para mí no lo es en absoluto. Tiene grandes momentos, claro, y canciones como "Epitaph" se recortan claramente de su época, pero Crimson se superaría en el futuro.
  • At the wake of Poseidon. Parece un calco del anterior, pero ofrece no sólo temas que quedaron como clásicos de la banda ("Cat food", por ejemplo) sino ejemplos de procedimientos composicionales como imponer unos segundos de un tema anterior (el cierre del primer álbum) a una composición nueva (lo mejor del disco, el final instrumental).
  • Lizard. Mi menos favorito de la discografía. No termino de sentir empatía por su propuesta o por su formación -que nunca tocó en vivo, además. Rescataría "Indoor games", en todo caso.
  • Islands. Un disco bellísimo. El Crimson más delicado, más música de cámara. Lo mejor: las varias partes de "Islands", "Formentera lady" y "Ladies of the road".
  • Lark's tongues in aspic. Now we're talking. Acá arranca el mejor King Crimson en mi opinión. La influencia europea, Stravinsky, Bartok, la improvisación, el free jazz, el hard rock, el protometal. Uno de los mejores discos que existen.
  • Starless and bible black. Por momentos parece la antítesis del anterior. Asimétrico, extraño, compuesto por grabaciones en vivo meticulosamente editadas y por improvisaciones. El lado B (con el title track y "Fracture") es asombroso. Realmente asombroso.
  • Red. Acaso la síntesis de todo lo ofrecido en los dos discos que lo preceden. Hard rock, metal y el sonido más deslumbrante logrado por la banda. Después de grabar "Starless", final del lado B, la banda sólo podía separarse. Y se separó. Por siete años.
  • Discipline. No hay muchos discos más intensos que este. La energía detrás de cada compás, de cada decisión composicional, de cada polímetro, es avasallante. Una cuestión de voluntad, de disciplina.
  • Beat. Un poco deslucido en comparación al anterior, pero tiene el mejor pop ofrecido por una banda que rompió al pop: temas como "Heartbeat", por ejemplo, y está el hermoso instrumental "Requiem".
  • Three of a perfect pair. Cuando menos se la esperaba, una tercera parte de la secuencia "Lark's tongues in aspic" (las dos primeras están en el album con ese nombre); más corta, de sonido casi tecno, vuelve a instaurar el juego crimson, a dejarnos pensando.
  • Thrak. King Crimson, once años después. El sonido del tema que abre el disco puede remitir a "Red", pero hay mucho más. Melodías lennonianas como "Dinosaur", sonidos electrónicos e industriales y el retorno a la improvisación con las versiones en vivo de "Thrak". Pero acaso lo más interesante: la formación "doble trio", con dos bateristas, dos bajistas y dos guitarristas. ¿Demasiado? Quizá. Cuando la banda empezó a no funcionar, Fripp -y acá hay otro gran momento de la historia del rock- la dividió en "projeKcts", la fraKctalizó. Cada una de esas unidades exploró estrategias ligeramente diferentes y aportó material para...
  • The ConstruKction of Light. King Crimson se lee a sí mismo, los projeKcts se reunen en un disco que va creciendo en interés con las escuchas sucesivas. Al principio puede parecer quizá un poco deslucido -en particular por el sonido, por la producción-, pero pronto se empieza a ver más y mejor. La cuarta entrega de "Lark's tongues in aspic" reúne todo lo que hacen las anteriores, y "FraKctured" actualiza "Fracture" al sonido del siglo XXI. No se puede pedir mucho más.
  • The power to believe. El último disco de la banda hasta la fecha (A scarcity of miracles, que presenta la formación actual de King Crimson, fue presentado en realidad como "A King Crimson ProjeKct") aporta un poco más de variedad instrumental y de texturas a la cosa árida y sin concesiones de su predecesor. Los mejores momentos, quizá, sean los instrumentales, en especial "Level five" (en quien algunos han creído ver una quinta parte de "Lark's tongues in aspic") y "Elektrik".

Discos en vivo.

(Dejando de lado las entregas de The King Crimson Collectors Club y concentrándose sólo en los discos lanzados al mercado)

  • Earthbound. Sacado de un cassette. El sonido es horrible, pero vale la pena prestar atención a sus improvisaciones (la que da nombre al disco, por ejemplo).
  • Ladies of the road. Excelente muestra de lo que estaba haciendo la banda justo antes de "Lark's tongues in aspic". El disco 2 del set ofrece un collage de segmentos instrumentales improvisados en diversas versiones de "XXIst century schizoid man"; es decir, una creación de estudio hecha a partir de grabaciones en vivo.
  • The great deceiver. Es un box set, en realidad, después relanzado como dos discos dobles. Ofrece las actuaciones mejor grabadas de la era 1973-1974, con material de la trilogía Lark's-Starless-Red. 
  • The night watch. Se trata del concierto en Amsterdam del que fueron tomados "Trio", "Starless and bible black" y "Fracture" para el disco Starless and bible black. 
  • USA. Se trata de un concierto de 1974, y por lo tanto sirve de resumen ineludible de la trilogía.
  • Absent lovers. Documento de la era de Discipline, Beat y Three of a perfect pair. De hecho, es el último concierto de esa formación de la banda. Las versiones son todas excelentes, entre las mejores de esas composiciones.
  • B'boom y Vrooom Vroom Live in Mexico: una muestra del sonido del doble trio, con canciones de Thrak y las más afines a su estética entre el repertorio previo de la banda. Hay que destacar el sonido reformateado del clásico "XXIst century schizoid man". Para esta era es ineludible referirse a Live at the Shepherds Bush Empire, London 1996 y a otros conciertos recogidos en la reciente edición box-set y remezclada de Thrak.
  • Thrakattack. Uno de los discos en vivo más interesantes de la historia del rock. Como con el procedimiento anotado en relación a la segunda parte de Ladies of the road, acá se toman improvisaciones en vivo durante el tema "Thrak" y se las ensambla en una serie de piezas enganchadas, casi una hora de música continua. Comparar con Attakathrak, proyecto similar que viene en el mencionado box set de Thrak.
  • Heavy ConstruKction. Lanzado después de The ConstruKction of Light ofrece un gran ejemplo de las posibilidades del sonido Crimson de esa época, además de un tercer disco que recapitula hallazgos de los ProjeKcts.
  • Level five y Elektrik live in Japan. Ambos discos prolongan las exploraciones de la era de la fraKctalización y ofrecen versiones en vivo de lo presentado en The Power to Believe. En este caso, y al igual que en Heavy ConstruKction y en discos que recopilan actuaciones de los projeKcts (como el box set The ProjeKcts, por ejemplo), lo ofrecido acá se vuelve indispensable para entender el proceso de la discografía, casi como si se trataran de piezas de rompecabezas.

Bueno, eso es todo, amigos. Nos vemos en 2016!













domingo, 19 de julio de 2015

Entrevista de Luis Prats

foto de Leonardo Carreño
El periodista de El País Luis Prats me hizo un cuestionario hace unos días, con miras a que fuera usado en su nota sobre ciencia ficción uruguaya publicada este domingo. Reproduzco acá la entrevista completa con su amable autorización.


¿Cuándo comenzaste a escribir CF? 

En el otoño de 1992. Me acuerdo bastante bien porque a fines de ese verano (yo tenía 13 años) mis padres me regalaron La edad del futuro, un compilado en dos tomos de cuentos y ensayos de Isaac Asimov. Quedé fascinado con ambos géneros: la ciencia ficción y la divulgación científica, y quise practicar ambos pero, evidentemente, el primero era el que estaba más a mano.

¿Qué te llevó a escribir ese género?

Las ganas de imitar a Asimov, primero. Después, las posibilidades que da el género a la hora de ponerse a imaginar mundos y criaturas. Y, más tarde, el rechazo a las formas simples de realismo, muy especialmente las vernáculas.

¿Qué te inspiraba, por ejemplo?

Libros ante todo. Además del ya mencionado Asimov, Arthur Clarke, Robert Silverberg, Ray Bradbury, Philip K. Dick, Ursula LeGuin, Frank Herbert, Poul Anderson, George R. R. Martin, J. R. R. Tolkien. A todos los imité más o menos conscientemente en mis primeros tres o cuatro años de aspirante a escritor de ciencia ficción. Pero también mucho cine: Alien, Excalibur, Terminator I, Terminator II, Aliens, Solaris, Dune, Predator, Stalker, Altered States, 2001 A Space Odyssey, Heavy Metal, Fire and Ice, Highlander, todas las Star Wars, Star Trek: Wrath of Khan, etc. Y las historietas: la serie de Green Lantern y Green Arrow de O’Neil y Adams, Watchmen y Swamp Thing: American Gothic, de Alan Moore, Crisis on Infinite Earths y todo lo que podía conseguir o robar de Moebius, Neil Gaiman, Grant Morrison, Enki Bilal, Jacques Tardi…

¿Tenés algún tema o enfoque preferido para escribir sobre CF?

En cierto modo lo que escribo –sea a primera vista ciencia ficción o no– entra en la categoría “ficciones de mundos paralelos”, en tanto todos mis cuentos y novelas presentan al mismo protagonista en un sistema de variaciones: en algunos relatos es escritor, en otros académico, en otros músico, etc. Es “la misma” persona, pero decisiones tomadas en distintos momentos del pasado alteraron su historia. En algunos relatos, incluso, el mundo en el que vive este personaje tiene una historia (ya no sólo a nivel personal) distinta a la del “real”, como por ejemplo mi novela La vista desde el puente, en la que Artigas no huyó a Paraguay, los charrúas no fueron exterminados y nuestro país abarca Entre Rios, Corrientes y Rio Grande.

¿Cuáles fueron tus principales obras en este género?

No sé contestar en base a lo de “principales” porque eso deberían decirlo los críticos que quieran ocuparse de mis textos, pero entre mis relatos fácilmente incorporables a la ciencia ficción mi favorito es la nouvelle Trashpunk, que publiqué en 2012. Si consideramos inéditos, el que más me gusta de mis libros lo terminé hace dos meses, se llama Las imitaciones y si todo sale bien se publicará en Buenos Aires en noviembre de este año, por Décima Editora, y saldrá un adelanto –parte de un capítulo– en la revista Lento. Ahora, si la pregunta es convertida en cuales son en mi opinión las obras principales de la ciencia ficción, me ponés en un gran aprieto del que sólo puedo salir apelando una vez más a mis favoritas. Así, sin repetir autores, serían: Mona lisa acelerada, de William Gibson, Dune, de Frank Herbert, Ubik, de Philip K. Dick, El mundo sumergido, de Ballard, La mano izquierda de la oscuridad, de Ursula K. LeGuin y Regreso a Belzagor, de Robert Silverberg.

¿Cuál fue la repercusión en el público uruguayo?



Bueno, creo que hay un cierto número de uruguayos que leen ciencia ficción, pero por alguna razón sólo una mínima fracción de esa minoría se han puesto a leer ejemplos de ese género escritos acá. Más allá de esto, mi última novela publicada, El orden del mundo, que no es estrictamente ciencia ficción (o no lo es en un sentido de militancia explícita de género, al contrario de muchos cuentos que he publicado en revistas) fue bien recibida por casi todos los que la leyeron y me dio muchas alegrías en ese sentido. Pero sucede que fue publicada en Bolivia y acá no vinieron muchos ejemplares. De las editadas en Montevideo y bien distribuidas sólo una tiene algo de ciencia ficción y es La vista desde el puente. Creo que no gustó mucho al principio. Después fueron apareciendo lectores muy interesados y terminó siendo el único de mis libros sobre el que se han escrito artículos a nivel académico. Una vez un militante de la nación charrúa me dijo que la había disfrutado mucho y que sentía que con esa novela yo me hermanaba con su causa. Todavía no puedo entender por qué o cómo es posible esa lectura, pero me alegró que me lo dijera.

¿Publicaste en el exterior?

De hecho he publicado más en el exterior que acá. En Montevideo publiqué una nouvelle (Perséfone, 2009), una novela (La vista desde el puente, 2011) y una colección de cuentos (Algunos de los otros, 2010), además de dos libritos de cuentos -Del otro lado y Los otros libros- en la editorial La Propia Cartonera. Después, publiqué una nouvelle en España (Vampiros porteños, sombras solitarias, de 2010), siete libros en Argentina (Nadie recuerda a Mlejnas, de 2011, Los viajes, de 2012, La historia de la ciencia ficción uruguaya, 2013, Ficción para un imperio, de 2014, una reedición de Vampiros porteños ese mismo año y también, en 2012, dos ediciones digitales de descarga gratuita lanzadas por editoriales de Buenos Aires: Trashpunk y Algunos de los otros redux) y, por último, una novela en La Paz, Bolivia (El orden del mundo, de 2014)

 ¿Se puede hablar de una “ciencia ficción uruguaya” o simplemente de uruguayos que escriben sobre CF? 

Hasta donde alcanzan mis lecturas hay ciencia ficción y fantasía escritas por uruguayos, no hay una ciencia ficción “nacional” en el sentido de ser visiblemente diferenciable de, pongamos, la Argentina. Es un criterio problemático, sí, pero puede servir para empezar a pensar. Es decir: cualquiera puede escribir un cuento sobre el desembarco de una invasión extraterrestre en Cabo Polonio, pero sólo por ese detalle no se funda una ciencia ficción uruguaya. Otra manera de decirlo, quizá un poco menos burda, es señalar que no existe, en rigor, una tradición del género en Uruguay. Cada escritor que apuesta por escribir ciencia ficción parte mayoritariamente de referentes no locales. A nadie se le ocurre continuar al Quiroga de El hombre artificial, lo cual sería una tontería, ni al Horacio Terra Arocena de El planeta Arreit. Ni siquiera al Tarik Carson de El hombre olvidado y El corazón reversible o al Federici de Llegar a Khordoora. Hay una “historia” en el sentido de línea de tiempo salpicada de textos, pero sólo eso no funda una tradición. Quizá dentro de algunos años –o en este mismo momento– un escritor en ciernes decida inspirarse en Pablo Dobrinin o Roberto Bayeto, pero recién en ese futuro en que salgan a la luz sus textos podrá hablarse del comienzo de una tradición.

Por ejemplo, ¿vos incluís referencias uruguayas en esas obras?

Casi todos mis textos, sean más o menos de ciencia ficción, transcurren en Uruguay; no necesariamente el “real”, eso sí. Y, en general, mis personajes hablan en rioplatense o incluso “uruguayo”.

¿Tenés algún libro en preparación o alguna idea?

Me pone bastante ansioso a veces tener más ideas que tiempo para escribir, especialmente desde que soy padre. En este momento estoy trabajando en una novela que se acerca más al terror que a la ciencia ficción y vengo desde hace tres años tomando notas para una muy larga y complicada que tendrá, sí, mucho de los tópicos del género (viajes en el tiempo, mundos paralelos, extraterrestres lovecraftianos, inteligencias artificiales, biopunk, etc). Pero también tengo proyectos que podrían pensarse como más bien “realistas”.

¿Escribís sobre otros géneros? ¿Tenés otra actividad más allá de la literatura?

Mi primer libro publicado acá (Perséfone, 2009) tiene poco y nada de ciencia ficción, si es que tiene algo. Es una novela-rock, por llamarla de alguna manera, y más una escritura autobiográfica o autoficcional que cualquier otra cosa. Como crítico escribo sobre cualquier cosa que se me ponga adelante. Y en cuanto a la segunda parte de la pregunta, tengo varios hobbies no estrictamente literarios. Te nombro dos que usé en alguna novela que otra: armo de vez en cuando aviones a escala y leo mucha divulgación científica. En otras épocas me divertía echando y estudiando el Tarot y entre 2002 y 2006 toqué la guitarra, canté (muy mal) y compuse en bandas de rock alternativo y gótico. Fui asistente de conserje en un banco, telemarketer, técnico en reparación de PC y librero, pero desde hace unos seis años vivo de alguna manera u otra de la literatura o la escritura: como crítico, como periodista, como editor, como corrector, etc.

Si se te ocurre algún comentario o anécdota sobre tu trabajo, también me interesa.

Conté muchas anécdotas en mi novela La historia de la ciencia ficción uruguaya, que es una especie de ficción en clave que cuenta –cambiando nombres y añadiendo un poco de color acá y allá– mi pasaje por el movimiento under de ciencia ficción y fantasía en la segunda mitad de la década de 1990.  La verdad, si me pedís que rescate una me costaría elegir, y puesto que el libro está por reeditarse en Córdoba y planeo que circulen algunos ejemplares en Montevideo, mejor la dejo por acá y aprovecho para hacer el chivo.

jueves, 16 de abril de 2015

2014 tercera parte, viajes, Poppy y amigos

Uno de los clichés más repetidos en Uruguay es que "el año empieza después de Turismo", es decir después de la semana santa de los católicos, a la que los uruguayos también llamamos "semana de turismo" o incluso "semana criolla", no viene al caso por qué. Por eso, si es cierto que el 2015 empezó el 6 de abril, tiene algo de sentido (no lo tiene, lo sé, pero ya que estoy tratando de justificar mi holgazanería...) que el último de mis prometidos repasos del año aparezca ahora en este blog.
 
Ya llevan cuatro meses de publicados dos repasos: una lista de lecturas de 2014 y otra de mis publicaciones de ese año . Faltaba un repaso más narrativo y más personal, digamos, que iba a ser el tercero y último y aparecer... bueno, iba a aparecer durante la primera semana de enero pero jamás lo escribí. En cualquier caso, acá va:

Voy a empezar por los viajes. En ese sentido 2014 fue un año generoso y abundante. Para empezar, en mayo tuve la oportunidad de viajar a Brasil, más precisamente al estado de Minas Gerais y la ciudad de Viçosa, invitado por Juan Pablo Chiaparra a un encuentro sobre literatura. Fue una gran oportunidad no sólo de conocer esa región de Brasil sino, también, de hacer amigos nuevos y aprender más de la literatura brasileña, para mí siempre una especie de misterio. São Paulo, siguió con el aterrizaje en Rio, cierta confusión de terminales y esperas y, finalmente, un digamos ondulado periplo (junto a Juan Manuel Candal y Livia Deorsola) por carreteras que bordeaban montañas y se internaban en junglas tan espesas que no podía sino esperar que asomara la cabezota un brontosaurio (ahora que parece haberse descubierto que apatosaurus y brontosaurus en realidad eran dos especies diferentes) o algo peor, como una banda de reggaeton. También atravesamos ciudades perdidas en la noche (y el calor) del continente y pequeños restaurantes de comida dizquealemana, que supongo siguen allí ahora que pienso en ellos, con su gente extraña y sus combos de salichichas, carnes y cervezas.
 
El viaje comenzó con una escala en
La ciudad de Viçosa me pareció sumamente interesante, en particular porque es casi dos ciudades: el campus y sus inmediaciones y la ciudad en sí, con sus tiendas de ropa y su música tropical a todo volumen. El campus apolíneo y la ciudad dionisíaca, podría decirse, pero en realidad no, apenas. Las cosas siempre son más complejas y aburridas, después de todo. Salvo por detalles: por ejemplo, la última noche la pasamos en una discoteca que me hizo pensar en road movies y fronteras; creo que tomé notas para escribir algo al respecto, pero o bien las perdí o bien me distraje con otras ideas.
 
Creo que ya dije por ahí que nunca sentí una verdadera cercanía con la cultura brasileña (o con mi representación de tal cultura, modulada por mis prejuicios de clase, formación, convicciones y temperamento); no voy a decir que ahora pienso que eso se debía a mi ignorancia, porque sigo sin sentirme atraído por -al menos- el cliché uruguayo de lo brasilero, pero sí descubrí otro Brasil, un Brasil más. Y ese sí me interesa. Es el Brasil de editoriales como Cosac Naify y de escritores como Antonio Xerxenesky (un apellido tan bueno que debería ser un pseudónimo), el Pynchon brasileño de mi generación (bueno, Antonio es un poco más joven que yo, no digan nada).
 
También en 2014, en agosto, viajé a Bolivia. Acá las escalas fueron más complicadas: Aeroparque, Ezeiza, Santa Cruz de la Sierra, La Paz. De Santa Cruz sólo recuerdo una noche muy húmeda y el insomnio del aeropuerto, cuando aproveché para escuchar algo de música (creo que fue El clave bien temperado por un rato y Exile on main street después) y para trabajar un poco, al menos mientras duró la batería de mi laptop. Creo que en algún momento traté de aventurarme hacia la ciudad, pero me disuadió una nube de insectos con forma de esfinge.
 


A La Paz la recuerdo como varias ciudades; no hay manera de que pueda aglomerar mis recuerdos en una ciudad única. Además, mi sensación de la ciudad está muy marcada por el hecho de que en todo momento fui guiado o llevado de acá para allá y que, por lo tanto, jamás me sentí solo y "abandonado" y a la deriva, sensación creo que indispensable para realmente empezar a asimilar (o sentir que se asimila) una ciudad. Es decir: Wara Godoy Ruiz me paseó junto a Abel Alvez por ya no recuerdo qué barrios (y finalmente probé las deliciosas salteñas), mi editor y amigo Fernando Barrientos me paseó junto al escritor Christian Vera por ciertos barrios (nota: la comida china en La Paz es mucho más picante que en el resto del mundo... bueno, que en Uruguay), la organización de la Feria del Libro (evento al que había sido invitado) me hizo recorrer otros,  con Fernanda Trías caminamos por el centro (¿uno de los centros?) y por extrañas formaciones geológicas, siempre apelando a su sentido de la ubicación dado que el mio no existe ni siquiera en la ficción, y Mauricio Murillo, Daniel Averanga y Sebastián Antezana nos llevaron a Fernanda Trías, Edmundo Paz Soldán y a mí a un bar que recuerdo conformado por una nube de humo cuyos contornos se habían solidificado en paredes de las que manaban litros y litros de cerveza en grandes recipientes con forma de ammonites. El último día de mi estadía en la ciudad, Christian Vera y su compañera nos llevaron a Fernanda y a mí por la ciudad en su auto, logrando de alguna manera hilvanar buena parte de las vistas. De todas formas la ciudad me abrumó y me sigue abrumando cuando la recuerdo: una cosa es ver fotos y otra es estar en lo más profundo de un crater tapizado por un fractal de fachadas y tejados.
 
La Feria en sí también fue una sorpresa, y la presentación de mi novela El orden del mundo no fue una excepción, básicamente porque esperaba que asistieran cinco o diez personas como mucho y, llegado el momento, la concurrencia resultó bastante mayor (de hecho es curioso que se haya tratado, muy probablemente, del público más numeroso que reunió la presentación de algún libro mio). A lo mejor simplemente habían sacado algo así como un abono por todas las presentaciones y mesas redondas y estaban haciéndolo valer; en cualquier caso, las inspiradas palabras de Mauricio Murillo hicieron que sí les valiera la pena.
 
Otro viaje: a Salto, a la Estancia La Aurora para escribir un artículo para la revista Lento. No vi OVNIs, no sentí la "espiritualidad" del paisaje ni la "energía" de no-sé-qué cristales. Me quedé con ganas de tomar ayahuasca, eso sí, y muy agradecido con la hospitalidad de Alice Mari y su familia.

También: dos viajes a Buenos Aires, el primero con Fio y Poppy y el segundo para presentar mi novela Ficción para un imperio. De este último recuerdo caminar cuadras y cuadras y cuadras de Buenos Aires por la noche. Y una tarde en San José, presentando El orden del mundo en la Feria del Libro. Tuve la suerte de compartir la mesa y los micrófonos con Pedro Peña, que presentaba su novela A veces tarda, casi nunca llega y tuvo el amabilísimo gesto de cederme algo de su tiempo.


En cuanto a los aviones: no me gustan. Es decir, me encantan los aviones, pero no me gusta viajar en avión. Se me tapan los oídos, me pongo (más) ansioso, me siento incómodo. Ahora que lo pienso, tampoco me gusta viajar: me gusta estar en otros lugares y recorrerlos a pie, en ómnibus o en auto, pero detesto la larga traslación. Lo lamento. Esto, en realidad, lo aprendí a la tierna edad de 18 años, cuando mi tio me regaló un viaje a España; llegado el momento crucé desde Mallorca hasta Barcelona en barco, y me entusiasmaba la idea de navegar el Mediterráneo como Ulises, como... Nada, que me maree como un pánfilo y pasé las horas del viaje acostado en una reposera leyendo a Alfred Bester. La ficción es más interesante que la realidad, como nos enseñó Proust.
 
Pero volviendo al tema de "viajar" como opuesto a "estar en otros lugares": podría pensarse que si se inventa la teletransportación mi problema estaría resuelto, pero para eso deberían inventar un sistema de teletransportación que no desintegre al objeto teletransportado en el punto A para reconstruirlo en el B. Incluso si me aseguraran que no hay discontinuidad de la conciencia (pero para pensar que hay algo así como una "conciencia" trascendente a los átomos de los que estamos hechos hay que ser capaz de creer en hadas y reyes magos) preferiría abstenerme.
 
Asimov no viajaba nunca en avión; yo no puedo llegar a esos extremos porque soy un poco más haragán y tengo, sí, muchas ganas de conocer ciudades y nuevos amigos, pero insisto en que el proceso de traslación no me gusta para nada. Eso queda compensado, por supuesto, por la alegría de estar en ese otro lado al que se iba.

En cuanto a Poppy. En 2014 aprendió a gatear, cumplió un año, aprendió a caminar, a nombrar sus personajes favoritos (Peppa, Kitty), a trepar por escaleras, a aventurarse por ahí, a armar cosas con bloques, a garabatear y tambíen que le encantan el pollo y el arroz... pero la lista podría seguir. Estar allí atestiguando su crecimiento es algo asombroso; hay cosas que se sienten como inexplicables, hay cosas que uno quiere contar de inmediato a todo el mundo, y todo eso es alegría y felicidad. También, claro, están esos reclamos de atención a las seis de la mañana, esas siestas que se demoran justo cuando hay tanto que hacer en la casa, esos llantos y enojos... en fin; lo cierto es que siempre una sonrisa en su carita o una carcajada hacen que todo brille mucho más, incluso a las seis. Y en lo que va de 2015 no dejó de crecer su vocabulario, sus tonos de pregunta, de asombro y de orden (estos últimos bastante abundantes, hay que decirlo), sus descubrimientos... Y siempre, siempre, todo lo que ella descubre es algo que Fio y yo aprendemos. Sobre ella y sobre nosotros, por supuesto.
Mis momentos favoritos del 2014: una mañana de diciembre estábamos jugando en la azotea; de repente pasa un avión y Poppita deja lo que está haciendo y lo mira. "¡Aón!",dice, y cuando ya apenas se ve lo saluda con la manito y dice "chaa aón". Y unas semanas antes: también en la azotea jugando, vemos volar un ave de gran tamaño, algún tipo de halcón o agilucho. Poppita pone cara de asombro, lo señala y dice "uaauuu".
Ya a principios de este año tuvimos otros momentos como estos que conté: una noche me tomó de la mano, me sacó a la azotea, se quedó un rato mirando el cielo y, finalmente, señalando con la manito, me preguntó "¿luna?".
 

Ahora hablando de cosas menos importantes, no recuerdo si tuve alguna "polémica" especial durante 2014, de esas que abundaron en otros años y que siempre me divertí de recordar en los repasos; bueno, supongo que sí las hubo, pero probablemente no me afectaron significativamente y se disiparon de inmediato. Más bien recuerdo grandes momentos con amigos, amigos de los que me siento especialmente agradecido y que me alegra muchísimo que me acompañen, amigos uruguayos, argentinos, brasileños, bolivianos y amigos por las redes sociales.

Es curioso intentar escribir un repaso como este ya entrado el año siguiente al repasado; quizá una de las cosas que pasan es que se atiende indefectiblemente a otras continuidades, asuntos de 2014 que en realidad siguen en 2015 y por lo tanto no son cosas de un año en particular. Todos estos repasos o listas siempre generan la pregunta por la artificialidad de la cuenta "oficial" del tiempo, pero también es cierto que el pasaje del año y la cuenta de los días y los meses, con sus aniversarios, sus efemérides, aportan la sensación de ritual, de estructura, y, al menos para la gente que tiende, como yo, a lo obsesivo, eso puede ser reconfortante o también ayudar a pensar y a recordar.  Del mismo modo, esos asuntos que se prolongan desde un año hasta otro u otros reclaman un tratamiento narrativo o expositivo diferente: en mi caso podría hablar de nuevos amigos, de películas y series que marcaron 2014 y vuelven a marcar 2015, podría seguir, por supuesto, con los aprendizajes de mi hijita, con los proyectos de escritura que empezaron en diciembre de 2014 y siguieron por los primeros meses de 2015, etcétera. Quizá algunos de estos asuntos se prolonguen todavía más (lo de Poppy evidentemente lo hará) y adquieran una forma diferente sobre mi tiempo. Veremos. En última instancia, siempre se tratará de encontrar las palabras para reconstruirlo.

Seguramente este repaso habría sido más largo de haber sido escrito en enero; ahora sin duda estoy dejando de lado cosas que me pasaron y me parecieron sumamente importantes. No quiero decir que ahora no me lo parezcan, sólo que a estas alturas del año las ganas de decirlas han cambiado y también el detalle con el que se las quiere presentar. ¿Queda de lado mucho del 2014? Probablemente sí; estoy diciendo, en última instancia, que fue un año en que tuve la suerte de viajar y un año en que Poppita creció muchísimo y un año que compartí con amigos. Hay otras cosas, por supuesto, que quedan por fuera, pero me gusta el resumen, me parece adecuado ahora, a 4 meses y medio del 2015.







martes, 30 de diciembre de 2014

2014 segunda parte, publicaciones

Empecé este repaso hace unos días con una lista de lecturas y reseñas en la que mencionaba la gran mayoría (pudo quedar algo olvidado porque no llevo un registro formal, ni siquiera de las reseñas publicadas) de los libros que leí y reseñé (casi pongo "leí y/o reseñé") durante 2014, que fueron aproximadamente 109, con un enorme predominio de la ficción y, hasta donde puedo contar, incluyendo 19 historietas.
 
Ahora le llegó el turno a mis propias publicaciones no reseñísticas (perdón por el palabro), y resulta que 2014 fue un año movido, por suerte. Empezaré con los cuentos que tuve la suerte y el placer de ver publicados en antologías:

1.1 "La sala siete" (también fue publicado como "El día de la ballena" en Revista Kundra), en Ruido blanco 2. La gente del Grupo Fantástico Montevideo me había contactado hace ya bastante tiempo pero recién a fines de 2013 concretamos que colaborara con sus emprendimientos. Y se trató de un cuento para su segunda muestra anual (también oficié de jurado en el concurso cuyo libro resultante saldrá en 2015). El libro tiene cuentos en mi opinión bastante malos, otros pasables o buenos, y otros muy interesantes, entre ellos los de Pedro Peña y Pablo Dobrinin, además de un prólogo de Víctor Raggio. Pero más allá de mis opiniones, que tienen que ver evidentemente más con mis gustos actuales de lo que me interesa en CF y fantasía, hay que celebrar que el proyecto de Ruido Blanco alcance continuidad y persistencia, y todos los años podamos disfrutar de una nueva muestra de cuentos. "La sala siete" lo escribí entre 2012 y principios de 2013, no recuerdo bien pero fue probablemente en Piriápolis. Es, creo, el segundo de una serie creciente sobre ballenas o artefactos similares. No sé si es ciencia ficción, pero sí tiene que ver con algo así como un universo paralelo.

1.2 "En el fondo", en Buenos Aires Próxima. Es el primer libro publicado por Ediciones Ayarmanot (de la revista Próxima, con Laura Ponce a la cabeza), y estoy seguro de que hará historia en la ciencia ficción y la fantasía rioplatenses. De hecho creo que será una referencia ineludible en el futuro. El libro, no mi cuento, aclaro por las dudas; y de paso les cuento que "En el fondo" fue escrito a propósito para el libro, cuando surgió el proyecto, hace casi dos años. La consigna era involucrar en la trama una suerte de Buenos Aires alternativa; en mi caso, lo "alternativo" (más allá de que en el mundo del cuento hay alienígenas que viven en la Tierra desde hace siglos y han influido en el arte y el pensamiento humanos) tiene que ver con mi ignorancia prácticamente total de Buenos Aires más allá de la Ciudad Autónoma. Puede leerse como una derivación -no secuela, eso sí- de "Los otros libros", publicado en 2012.

1.3 "Asalto al vagón del oro", en Cuadernos de ficción: Aventurero. No recuerdo si lo escribí pensando en la antología (gracias a la invitación de Rodolfo Santullo, que arma la serie de los Cuadernos) o si tuvo un comienzo más independiente. Sí está claro que se trata de un cover de la película de 1967 The War Wagon, dirigida por Burt Kennedy y protagonizada por Kirk Douglas y John Wayne. De paso, el narrador, un Stahl fácilmente reconocible aunque no nombrado, se refiere a una larga narración de sus "aventuras", y al hacerlo va dejando entrever mínimos contornos de un mundo que a algunos lectores le resultó interesante. Planeo revisitarlo bajo la forma de un cover de Moby Dick que empezaré en pocas semanas.


1.4 Fragmento de la novela El gato y la entropía. Este texto -las primeras dos páginas, más o menos, de la novela mencionada- apareció en la revista/libro estadounidense Hispamérica, en el número 127 para ser exactos. La ocasión fue un dossier sobre escritores uruguayos compilado por Amir Hamed, quien aportó además un prólogo muy interesante en el que habla del "la ansiedad de bastardía" (título del texto) de la nueva narrativa uruguaya y señala que
El temor a la bastardía, por decirlo así, se confunde con el deseo de bastardía; abre un mundo paralelo que se deja entrever a cada paso, tal como sucede con la novela La vista desde el puente (2011), en la que Ramiro Sanchiz florea con la figura del protopadre de los uruguayos, José Gervasio Artigas, pero también con el legado de un padre historiador, y abre un Uruguay paralelo o alternativo, que sigue confederado con Entre Ríos.
De forma por demás sugestiva, el texto que aporta Sanchiz a esta muestra, el fragmento de una novela, se bifurca en un cuerpo principal y en una larga cita, o cuerpo secundario, paralelo, que busca anclar a un personaje huérfano de madre, en el momento de la boda de esta (...)  que coincide con el momento histórico de la caída de un avión de la fuerza aérea uruguaya en los Andes.
Si todo sale bien El gato y la entropía, a la que considero mi mejor novela o mi novela favorita entre las que he escrito, o la más caprichosa, saldrá entre mayo y junio del año que viene, simultáneamente en Buenos Aires y Montevideo.

En cuanto a los libros, fueron 3 los publicados.

2.1 Vampiros porteños, sombras solitarias. Se trata de una reedición -a cargo de la editorial platense Parque Moebius- de la nouvelle que me publicara en 2010 la editorial madrileña Meninas Cartoneras. El texto fue escrito hacia 2009 y desarrolla un episodio de la vida del Stahl "principal" (en tanto es el que aparece en más textos) que, cronológicamente, quedaría incluido dentro de Perséfone. A la vez, está bastante inspirado en algunas cosas que me pasaron cuando toqué en Buenos Aires con la banda RRRRRRR, allá por 2004. En su momento, cuando le conté estas "desventuras" a Ercole Lissardi, el autor de Ulisa me dijo que aquello era "una novela" y que "tenía que escribirla". Me resulta extraño pensar que me llevó cinco años hacerlo, y eso que todo podía construirse como una trama simple, como finalmente sucedió, adornada apenas por algunas listas de bandas y por un episodio de carretera un poco fantasmal que se inspira sobre todo en cosas que pensé durante mi viaje de 2009 a Córdoba, junto a Fio. Le tengo cierto cariño a esta nouvelle, a la que siento escrita desde una suerte de "coordenadas estilísticas" (sí, sé que suena pretencioso y ampuloso) muy diferentes a las que me interesa trabajar ahora y más cercanas a las de la ya mencionada Perséfone.

2.2 El orden del mundo. La empecé en noviembre o diciembre de 2013 y pronto la prometí a Fernando Barrientos, el editor y cerebro de la editorial paceña El Cuervo. El contacto con Fernando lo tenía desde hacía más o menos dos años, gracias a la mediación de Juan Manuel Candal, y en algún momento habíamos planeado la edición de mi nouvelle Nadie recuerda a Mlejnas en La Paz, pero pasado cierto tiempo Fernando me propuso editar un texto nuevo. Tenía El orden del mundo en preparación, así que la ofrecí de inmediato previa solicitud de unos cuantos meses para trabajarla. La revisé, le añadí una sección originalmente no planeada y, eventualmente, el libro quedó más o menos pronto, listo para su presentación en la Feria del Libro de La Paz, a la que tuve la suerte y el honor de asistir llevado por la Dirección Nacional de Cultura. Y la presentamos con Fernando y el escritor paceño Mauricio Murillo, de quien yo ya había leido, y con gran placer, la excelente nouvelle Los abismos posibles, con la que, me parecía, El orden del mundo tenía algunas cosas en común (quizá esto haya sido ante todo wishful thinking). La recepción del libro desde esa presentación ha sido de las mejores que he podido disfrutar hasta la fecha, y estoy sumamente agradecido a Fernando y a todos los amigos que la leyeron y comentaron, en particular Edmundo Paz Soldán, Fernanda Trías, Amir Hamed, Bibiana Ruiz y Gustavo Verdesio. En Montevideo la presentamos con Carlos Rehermann (a quien también agradezco su atenta lectura) en Lautréamont Librería, a las pocas semanas de mi regreso de Bolivia. Nunca me había pasado que un libro mio se publicara a las pocas semanas de "terminado"; no podría ocultar que me sentí bastante inseguro y que, en cierto modo, sigo sintiéndome así. Eventualmente volveré a leerlo y a corregir cosas (está claro que hace falta), pero, a la vez, siento que con esta novela algunas cosas salieron muy bien muy a pesar de mis esfuerzos conscientes.

2.3 Ficción para un imperio. Curiosamente la novela que publiqué inmediatamente después de El orden del mundo (la última terminada hasta ese momento) fue Ficción para un imperio, que comencé en 2008 o 2009 y que chocó contra varios editores y concursos. No tiene gran cosa que ver con El orden... y es notoriamente un libro inferior. Supongo que si yo puedo ver con claridad sus defectos, estos deben ser realmente grandes. A la vez, fue un alivio publicarla, porque, pese a la torpeza con la que está escrita, algunos de sus asuntos son muy relevantes en relación al resto de mi proyecto narrativo. Muchos libros, o todos mejor, entran y salen del espacio ficcional de esta novela, que se vuelve algo así, en mis planes claro está, como un modelo a escala del resto del proyecto, del resto de la macronovela de la que cada libro es en rigor un episodio. Es posible, por supuesto, leerla por fuera de sus vínculos con otros textos; no sé si sobrevive a algo así, pero probablemente algunos de sus episodios guardan algo interesante, asi esté mal o terriblemente mal resuelto. En menor medida que Vampiros..., Ficción... está escrita por alguien que yo fui y que no sólo ya no soy sino que de hecho me siento bastante diferente a él. En relación a lo que quiero hacer ahora, es, me parece, un texto extraño. Quizá eso le de cierta gracia que, sin lugar a dudas, necesita.

La edición corrió a cargo de Milena Caserola. En 2012 casi fue publicada por Melón Editora, pero el libro -al que le había agregado dos secciones que duplicaban su extensión apenas tuve la confirmación de que sería publicada- quedó demasiado grande para el accionar de la editorial, y finalmente tomó su lugar Los viajes, que, me parece, es un libro mejor resuelto, con todos sus defectos. Tras una charla con Matías Reck y Karina Wainschenker (a quien agradezco muchísimo su trabajo de lectura y corrección) quedó decidido que sería publicada en 2014 y que contaría con una portada de Nahuel Silva, quien aportó una ilustración bellísima y lisérgica, en la línea de Órbita, el webcomic que publicamos por entregas hace un tiempo; la presentamos en Buenos Aires el 10 de noviembre, en la Biblioteca Nacional, junto a Juan Manuel Candal, a quien no puedo dejar jamás de agradecer su compañía y apoyo en todos mis libros, Karina y Martín Felipe Castagnet. La presentación en Montevideo quedó pendiente, por razones vinculadas a su fecha y a la agenda de su editor y del lugar (o los lugares) en los que proyectamos presentarla; y quedó pendiente tambíen su distribución en Uruguay. Veremos si en 2015 se solucionan estos inconvenientes.

En 2014 publiqué también dos textos de ficción en la revista Lento:

3.1 "La ucronía batllista". Es una pequeña nota necrológica ficcional en la que se hace alusión a Hilario Barrios (tio abuelo de Federico Stahl en El orden del mundo y otros textos) y se sugiere una historia alternativa en la que Batlle y Ordóñez no vivió para culminar su primer mandato. Hay ucronías que dejan entrever que su autor piensa que el punto de inflexión desencadena un pequeño infierno histórico (El hombre en el castillo, por ejemplo) y hay otras en que se siente lo contrario, el entusiasmo por la posibilidad de que hubiese sido así (La máquina diferencial). Este pequeño texto (que podrá ser desarrollado en el futuro y que acá no pasa de un par de notas más o menos coherentes) pertenece a la primera categoría.

3.2 "Árboles en la noche". El cuento ya había aparecido, en una versión muy primitiva, en la revista cordobesa Llantodemudo, de la editorial homónima. La de Lento es la segunda versión que existe del texto, y fue ilustrada soberbiamente por Roberto Poy. Una tercera versión, bastante diferente, aparecerá en breve en versión bilingue español/inglés. El episodio de la infancia de Stahl al que alude el relato aparece en otros textos, y en cierto modo es desarrollado en "Aquella música", un cuento que publiqué en Próxima hace un par de años.

Y, hace menos de una semana, la gente de Grupo Erizo publicó en su especial de navidad...

4.1 "Cuentos de invierno", subproducto evidente de mi lectura de William Gibson (ver post anterior) y tercera variante sobre el tema del "Viejo del Salvo", personaje que aparece en mi nouvelle Trashpunk y en mi novela Los viajes. En la primera el experimento (que implica comunicarse con una inteligencia artificial a través de un cóctel de alucinógenos y un tanque de aislamiento sensorial a la Altered states) es llevado a cabo por Rex, el líder de Space Glitter, banda en la que se desempeña el Federico Stahl de muchos de mis relatos; en la segunda el que se presta para el experimento es el propio Stahl, y el resultado es en extremo diferente a lo que sucede a partir de Rex. Acá el experimento está en el pasado: lo hizo el propio Viejo del Salvo, cuyo nombre creo que no dije por ninguna parte pero sí señalé que se parece a Kurt Vonnegut.

No recuerdo otras publicaciones en revistas, pero quizá haya alguna más. Quedó pendiente -supongo que saldrá a principios del año que viene- la republicación de "Asalto al vagón del oro" en la excelente revista cordobesa Palp, así como también la salida del libro Fabricantes de sueños 2013, editado por la Asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror, que recopila ciencia ficción publicada entre 2011 y 2012 seleccionada por el argentino Luis Pestarini. Este libro incluirá mi cuento "La luz sobre los cerros", publicado hace tiempo en Próxima y otra vuelta con el mismo tema de "Árboles en la noche", o sea "alienígena encontrado por ahí aparentemente muerto".

sábado, 27 de diciembre de 2014

2014, primera parte: lecturas

Bueno, después del papelón del año pasado (cuando anuncié un post de repaso del año en varias partes y escribí apenas una), después del mea culpa de lo mucho que tengo descuidados mis blogs, después de todo eso esperable, empiezan mis egocéntricos repasos del año, ahora con una lista de libros leídos y reseñados a lo largo de 2014. Y este conjunto de libros incluye el de mis favoritos de 2014, tema sobre el que ya escribí para Indie Hoy. Eso sí: la lista de Indie quedó patéticamente incompleta, sobre todo porque olvidé Iris, de Edmundo Paz Soldán (en realidad la había empezado, en pdf, a fines de 2013, y quizá por eso en mi inconsciente quedó marcada como un libro de otro año; pero en realidad no tengo excusas: es uno de los mejores libros del año, sin lugar a dudas) y Kraken, de China Miéville. Ambas aparecen en esta nueva lista.
El orden en que voy incorporándolas tiene que ver más con caprichos de la memoria que con un verdadero ranking.

Este año incluyó tres experiencias de lectura especiales, cada una de ellas muy enriquecedora a su manera. La primera de la que quiero hablar fue la lectura, en octubre, de

1.Moby Dick. Jamás había leido completa la gran novela de Herman Melville. Dickie Moe. Para cuando vi ese corto genial, según recuerdo, yo ya sabía de qué iba la historia de Moby Dick y Ahab, así que el comienzo de mi relación con el libro sigue quedándo sepultado en el misterio de los primeros años de mi vida, por decirlo de un modo tremebundo. Pasa con los clásicos: ¿cuándo se accedió a ellos, más allá de su lectura, por primera vez? ¿Por qué nos cuesta tanto pensar nuestra vida sin conocimiento de la idea básica del Quijote, de la Biblia, de Shakespeare? ¿Opera alguna suerte de reformateo retrospectivo de la memoria? Finalmente, aprovechando que estaba trabajando en la Feria del Libro y eso me permitía dedicar horas (asi fuesen intermitentes) a la lectura, leí Moby Dick en 4 días y en la traducción publicada por DeBolsillo. ¿Por qué sucedió esto? En cierto modo me sentí "guiado" hacia la lectura de la novela de Melville. Había conseguido (ver más adelante en esta lista) el fantástico Leviatán o la ballena, de Philip Hoare, y también escrito bastante sobre Cousteau y las ballenas en varias versiones de mi novela El orden del mundo, de modo que el tema de los cetáceos venía rondándome la cabeza desde por lo menos febrero. Quizá fue simplemente decidir algo así como "no puede pasar más tiempo sin que lea este libro". Ahora no entiendo cómo no lo había leído antes, por supuesto. Es, sencillamente, una de las 3 o 4 grandes novelas de todos los tiempos. Quizá la cosa va por el Quijote, Moby Dick, En busca del tiempo perdido y poco más (sí, bueno, Balzac, Tolstoi, y yo añadiría Sterne, Joyce, Pynchon...), al menos en cuanto a esa idea de la "novela total", el libro isomórfico con el universo. Mallarmé y el Gran Libro de los Gummies. La historia de mi vida. En el caso del de Melville es sorprendente lo contemporáneo del texto (cada época, estoy seguro, lo sintió y lo sentirá contemporáneo), con su ruptura de la narrativa para incorporar ensayo, sus digresiones, sus juegos con el narrador, sus niveles de ficción y metaficción, su pretensión enciclopédica...en fin. Ahí está todo lo que (al menos yo creo que) se puede pedir a un libro. El día en que descubra como clonarme en cuerpo y mente armaré un ejército de sanchices y nos pondremos a escribir un libro que valga la décima parte de Moby Dick. Es eso o vivir para siempre, claro. Quizá lo primero es menos improbable.
Sí había recorrido, no sabría decir cuándo con exactitud (pero probablemente entre 1986 y 1987, debido a recuerdos geográficos que marcan el evento con anterioridad a la primera mudanza importante de mi vida) una versión "para niños" que era, en realidad, casi tan extensa como 3/4 del original. O quizá un poco menos; era un libraco gigante, con ilustraciones hermosísimas y letra relativamente grande. Probablemente no incluyera los fragmentos ensayísticos o los relatos que divergen de la historia principal, además de, por supuesto, presentar la prosa de alguna manera simplificada. También recuerdo haber visto la película de John Huston, o al menos partes de ella, en una vieja tele blanco y negro, en el apartamento que tenían mis padres (hasta 1988) en el Barrio Sur. Y, claro, la animación de Tom y Jerry

La segunda experiencia de lectura fue atravesar, para una nota, la totalidad de la colección Cosecha Roja, de novela negra en Estuario Editora. Después de que saliera el artículo prometí que armaría un artículom ás extenso con comentarios detallados libro por libro; no lo hice (para variar), así que esto que sigue es lo más parecido que se podrá encontrar a mi promesa incumplida.

2.01 Sobres papel manila, Rodolfo Santullo. Debut prometedor para la colección; me pasa con este libro que lo siento más un cuento largo que una novela, al menos de acuerdo a esa definición intuitiva que se puede tener de "cuento" y "novela" y que para mí es algo así como un cuento es una cosa que pasa y una novela es un lugar donde pasan cosas. Parte de la apuesta de Santullo es exponer sus historias de la manera más eficiente posible, y quizá por eso sus guiones son tan buenos y su ficción parece reclamar a gritos que se la adapte al cine (cosa que está por suceder, tengo entendido). Está también un manejo astuto del género, policial crook-story en este caso, que demuestra siempre una gran capacidad de lectura. Eso sí: no es el mejor libro de su autor; en mi opinión queda justo por debajo de Cementerio norte y, especialmente, de Matufia, que aparecerá más adelante en el repaso de esta colección. Y ojo que no hay que olvidarse de los buenísimos cuentos de Perro come perro.

2.02 Trampa para ángeles de barro, Renzo Rossello. Otra novela potente. La prosa no siempre convence, pero es un detalle menor terminado el libro, que funciona muy bien. Quizá eso que no me convenció del todo en la escritura tiene que ver con una suerte de "ansiedad por contar" -perdonen, pero no encuentro una manera mejor de decirlo-, como si se notara demasiado que el narrador tiene que llegar a donde se ha propuesto y decida usar todos sus recursos para acelerar el trámite. Pero en este caso lo cierto es que no siempre se siente así y que, en última instancia, los personajes potentes y la historia bien armada satisfacen al lector. Un clásico de la novela negra uruguaya, sin lugar a dudas.

2.03 Ya nadie vive en ciertos lugares, Pedro Peña. En mi reseña de la última novela de su serie policial dije que el conjunto gana considerablemente en comparación con las novelas individuales y que la última y la tercera son las mejores. Así, la primera, el debut de Peña como escritor de policiales y una muestra de su valentía como narrador que se atreve a probar con géneros diversos, es ante todo una buena promesa y una novela sólida. El tercer tomo de Cosecha Roja no es un clásico (como Trampa...) ni una lectura tan fluida como la que hace al primer libro de la colección, pero está muy bien. Peña presenta acá a Agustín Flores, el protagonista de todas sus novelas marcadamente "policiales" hasta la fecha. Periodista uruguayo con un amor no del todo correspondido por la literatura se ve enredado en labores de detective. Esa frase, en sí misma, ya es una novela. 

2.04 Dos veces para siempre, Jérôme Timal. Hay trucos que sólo se pueden hacer una vez en la vida, y el de "¿qué es esta mierda?" (o sea citar a Grail Marcus reseñando un disco flojito de Dylan) ya lo gasté con una novela de Pablo Casacuberta. Pero hay que decir que esta de Timal lo merece mucho más. Lo peor, por lejos, de la colección. La trama es tonta y pretenciosa; la narrativa tropieza todo el tiempo y cuando lo hace pone cara de "así camino yo". Uno puede culpar a la traducción (sin duda algo de eso hay), pero los problemas son más de fondo (si es que hay algo más de fondo que el lenguaje en una novela, claro) ¿Por qué se publica algo así? Cosecha Roja venía bien y de repente esto. Menos mal que zafaron con...

2.05 Aquel viejo tango, Rodolfo Santullo y Martín Bentancor. Bentancor solía ser el secreto mejor guardado de la nueva literatura uruguaya; ahora ganó un par de premios y empezamos a recordar que en algún momento concluimos que era (bueno, es) el mejor de todos nosotros. Acá se fusiona con su compadre Santullo (¿Martinfo Santucor? ¿Rodolfín Bentallo?) y nos regala un policial prolijo, sin mayores sorpresas, bien llevado. Leído despúes de Dos veces para siempre es la hostia, tío, te cagas (perdón, vengo de una lectura entusiasta de Skagboys, de Irvine Welsh, en la traducción de editorial Anagrama); en el conjunto de la colección es uno de esos títulos sólidos que, sin ser de lo más brillante, rinden a la perfección.

2.06 No siempre las carga el diablo, Pedro Peña. Sí, lo del conjunto de las novelas lo sostengo; hay que leerlas todas, etcétera, pero, y que Pedro me perdone, sigo pensando que la segunda de la serie es su peor momento. Y repito lo que dije en su momento en una reseña del tercer libro de la saga de Agustín Flores: No siempre... adolece de torpezas de estilo (el primer Peña -digamos que el primer Peña es el que va desde Eldor hasta Tampoco es el fin del mundo- tendía a dejarse llevar por cierto impulso poético e incorporar oraciones con pretensiones líricas que -es una manera de leerlo, claro; habrá quien disfrute esas irrupciones poéticas y concluya que gracias a ella Pedro "trasciende" la mera narrativa o el mero policial-desentonan con la prosa circundante y rompen el clima que viene siendo construido), tiene algo así como una solución apresurada y elementos que resultan un poco inconexos o superfluos. No llega al nivel de ridículo de Dos veces para siempre, ni de cerca, pero está entre lo más flojito, en mi opinión, de Cosecha Roja. Por suerte, Peña se superó en...


2.07 Tampoco es el fin del mundo. Novela sólida, de lo mejor de la colección. En mi caso personal, esto renovó mi entusiasmo por la saga de Agustín Flores. Peña logró equilibrar el interés por la trama puntual del libro con el arco narrativo de su personaje. Eso no es fácil. Lo dice alguien que tiene exactamente ese problema libro tras libro (y que no ha dado aún con la "solución" sino que ha ensayado varias "soluciones", no todas efectivas), lo dice alguien que divide la historia de la narrativa en TV en antes y después de Lost, lo dice alguien que tuvo serios problemas en rever todo Archivos X porque no soportaba los capítulos "Monster of the week". ¿El mejor libro de Pedro Peña? Junto a la última novela de la colección, sí, definitivamente.

2.08 En negro y negro, Fernandez de Palleja. Creo que los lectores de este blog pueden llegar a recordar que he tenido no pocas discusiones o encontronazos con este escritor, en algunos casos interesantes (en relación a mi reseña de El infinito es solo una forma de hablar, de Horacio Verzi, por ejemplo), en otras tontísimos. A lo que voy: después de haber leído algunas cosas suyas pensé que estos cuentos -que no venían muy recomendados por amigos- me iban a parecer horribles. Y la sorpresa fue que, en general (hay algunos que no funcionan del todo, pero son los menos), me parecieron correctos o incluso buenos. No pocos, de hecho, funcionan realmente muy bien, dejando de lado cosas que pueden molestar a algunos lectores, como homenajes demasiado evidentes a ciertas tradiciones de la novela policial (eso a mí no me molesta, al contrario). En este sentido hay que destacar, definitivamente, los dos textos más largos del libro. A veces Palleja parece seducido por su propio estilo, pero eso nos pasa a todos, tengamos o no tengamos (Palleja no siempre lo tiene) un estilo seductor (por ejemplo el de Pynchon en Inherent vice y el de William Gibson en todas partes); en esos casos suena en los oidos el cliché crítico de "¡no tiene nada para decir!", pero tampoco es algo tan molesto en realidad. En negro y negro es un libro correcto, en la zona media de la colección pero mirando hacia sus mejores títulos. Me da curiosidad ver qué haría Palleja en la longitud de una novela.

2.09 Un monstruo de mil cabezas, Laura Santullo. Otra novela sólida, sumamente ágil y fluida, con una trama interesante ambientada -sin decirlo explícitamente- en Mexico DF. Es una película o un proyecto de película o un guión de película novelado. No tengo ningún inconveniente con eso, y el libro me gustó, pero me suele pasar que cuando tengo sólo narrativa (y adyacencias: buenos personajes, como es el caso de esta novela) no me dan ganas de releerlo, cosa que me pasa con Un monstruo de mil cabezas. Eso sí: vería la película.

2.10 Barro y rubí, Hugo Fontana. El segundo peor momento de la colección. No es tan malo este libro como el del francés porque evidentemente Fontana sabe cómo armar oraciones bien resueltas gramaticalmente y, será por sabiduría de escritor veterano, sabe también sacar conejos de la galera y cortar con el fastidio y el tedio irremediables que produce su novela llena de recursos ridículos (trampas manieristas que no valen en sí mismas ni distraen de la tontería esencial de la trama, citas que se presumen eruditas pero que están en realidad al alcance de cualquiera, incluso de alguien que mira una pantalla de Firefox, frunce el ceño y se rasca la cabeza) y aparentemente marcada por demasiadas ganas de "provocar" con chistes de viejo tonto sobre meterla por el culo, etcétera. Como broma que sólo a su autor le hace gracia está bien; si Fontana está riéndose de sus editores y sus lectores, brindo por él y lo celebro; si no, bueno, lo dicho: la suya está entre las 2 peores novelas de Cosecha Roja.

2.11 Sultanes del ritmo, Leo Oyola. Excelente libro de cuentos, de lo mejor de la colección sin lugar a dudas. Dicho esto agrego que me pasa con Oyola que no le creo absolutamente nada, en particular su lenguaje villero o del Conurbano o como quiera describírselo: lo siento tan artificial -y esto es un elogio- como el de la gauchesca, el del Martín Fierro (es decir, el creado por un intelectual, un escritor, para armar una trama sobre el margen, sobre la "barbarie"); quien diga que leyendo a Oyola uno escucha el habla de esos grupos urbanos, se gana mi sonrisa escéptica. Amigos, esto es literatura: no tiene nada que ver con la "realidad" sino que se inventa otra; y en ese sentido la de Oyola es muy buena literatura. Su "literaturidad", a diferencia de algunos capitostes uruguayos, no está armada con clichés de lo "bello" o de lo "literario", sino que apela a la esencia: la ficción en el lenguaje.  Mis amigos argentinos no compran esa lengua ni compran sus tramas (ojo: no digo que a todos los argentinos le pase esto, estoy hablando únicamente de mis amigos o, seamos más certeros, de dos grandes amigos, no importan los nombres), pero supongo que no pueden dejar de concordar conmigo (que sí compro las trampas, aunque las percibo como tales) en que Oyola sabe narrar. Se podrá decir que si sólo hace eso sus libros no significan gran cosa, pero en mi opinión hace más que eso, y parte de lo que hace es inventar esa lengua castellana que se encuentra en los libros de Oyola, una creación, un hallazgo bello en sí mismo. Aunque, claro, quizá Oyola tiene algo diferente para decir (y si es así, reitero, no le creo nada). En cualquier caso, acá están sus mejores cuentos, en particular "Animétal" (otro gran cuento de Oyola es el que aparece en Aventurero, la tercera entrega de los Cuadernos de Ficción que arma Rodolfo Santullo para Estuario Editora).

2.12 Montevideo Street, Eduardo Pérez Vázquez. Si bien su trama es quizá demasiado simple, esta novela acierta en la construcción de un ambiente interesante. Del mismo modo que en la segunda de la colección acá me pasa que tropiezo a cada rato con torpezas de escritura; es la primera novela de su escritor, y eso supongo que cuenta, pero de todas formas me parece interesante volver a mi tosco concepto de "ansiedad por contar". Supongo que tiene que ver con los modelos literarios de Pérez Vázquez, aunque al decir algo así, al mover ese tipo de hipótesis, en realidad me estoy metiendo en un territorio que no conozco. Concluyamos que es una novela ágil -lo es-, que en general se lee fluidamente y que arma un mundo ficcional interesante. Supongo que su autor volverá a estos personajes y estos lugares; ahí veremos si su serie funciona o si queda en promesas y cierto potencial.

2.13 El combatiente, Renzo Rossello. Acá la prosa suena un poco mejor, pero la novela no tiene gran cosa que hacer al lado de Trampa para ángeles de barro. Es correcta, se lee de un tirón y tiene momentos que atrapan; no es para nada un mal libro, ni mucho menos de los más flojos de la colección, pero, puestos a buscar detalles, su trama de guerrilleros-buenos contra milicos-malos, su humanismo que sospecha de la tecnología a cada momento y su sencillez argumental (otro ejemplo de cuento largo, diría) la vuelven un título en cierto modo olvidable, al menos para mí.

2.14 Matufia, Rodolfo Santullo. Vengo absteniéndome de reseñar este libro porque participé de su corrección, pero quiero señalar que antes de meterle mano (y lo que le señalé a Santullo fueron, en última instancia, detalles mínimos) Matufia ya era, y por varios cuerpos de distancia, lo mejor de su autor. Era, además, una notoria novela. Porque, justamente, si en otros libros de Santullo la trama se siente un poco sencilla o lineal por demás, como en un cuento alargado, acá el ritmo, al respiración, son sin lugar a dudas los de una novela con todas las letras. Eso no necesariamente es un elogio (hay todo tipo de novelas, por supuesto, desde El fin de la eternidad hasta Ulises o La casa de hojas), pero sí puede pensarse como un momento que evidencia la maduración de su autor. Santullo entiende la narrativa como un oficio, un artesanado, y con Matufia dejó claro que entiende de mecanismos narrativos. Es, en cierto modo, una non-fiction novel, o lo es desde el punto de partida (luego Santullo aportó capas de invención, claro), que es el de una investigación periodística. Otro de los puntos altos de la colección, que todavía se reserva otro muy buen libro con

2.15 A veces tarda, casi nunca llega, Pedro Peña. Sobre este libro ya dije lo que pienso en mi reseña; repito que es una buena muestra de un momento mucho más maduro y certero de su autor y una de las mejores novelas publicadas en 2014 en Uruguay. Es, además, el momento que pone en evidencia que la saga de Agustín Flores, como dije más arriba, es superior a la suma de sus partes.

Algunas de estas novelas ya las había leído; las releí, de todas formas, para volver más sólido el proyecto de pasar por la colección completa. ¿Conclusiones? Algunas, tentativas, intuitivas. La novela negra en Uruguay tiende a hablar de la guerrilla urbana (tema recurrente en al menos 4 de los libros, acaso porque es una de las épicas colectivas más frescas, más cercanas), apuesta casi siempre por una narrativa ágil (que a veces decae en reportar hechos uno a continuación del otro, quizá porque se mira como modelo a un género -el policial- que rara vez abandona a lo narrativo como valor fundamental y ante el que los demás quedan subordinados), suele estar ambientada en Uruguay (hay excepciones, claro: Laura Santullo, algo de Fernández de Palleja, Eduardo Pérez Vázquez, parte del paseo infame que trata de proponer Timal), no descarta una intención de hacer denuncias de corte político o social, presta atención a los procesos del género en sus puntos de mayor atención reciente -la novela negra nórdica, por ejemplo- y más elementos que seguramente tuve claros terminada la lectura de los quince libros y que he olvidado ahora o se me han desdibujado.

Sigamos adelante. La última gran experiencia de lectura del año fue la lectura en orden cronológico (con una excepción, su último trabajo, que estoy leyendo justo ahora) de buena parte de la narrativa de William Gibson, también para un artículo en La Diaria. Y digo "buena parte" porque no leí la totalidad de la ficción breve gibsoniana; sí los cuentos de Quemando cromo, pero no los dispersos en antologías (aunque leí el excelente "30 views of a cardboard city"). Así que se trata ante todo de novelas, incluyendo La máquina diferencial, escrita en colaboración con Bruce Sterling. Acá van:


3.01 Quemando cromo. Lo había leído varias veces ya, allá por los 90s. Los hits, claro, son "Quemando cromo" (o "Quemando a Cromo", como querían los ciberpunks argentinos), "Johnny Mnemónico" y probablemente "Hotel New Rose"; en los años más heroicos (es decir, cuando el ciberpunk era una novedad en el Río de la Plata, especialmente en Uruguay, y Roberto Bayeto decía estar leyendo "despacio" Neuromante mientras Pablo Dobrinin reseñaba los cuentos de Quemando... para la revista Diaspar y los leía en función del estilo de Gibson en su primera novela... "triste, poético y decadente", se lee por alguna parte de esa nota) me interesaba especialmente "Fragmentos de una rosa holográfica" y pasaba de "La especie", "Órbita de invierno", "Combate aéreo" y de "El contínuo de Gernsback", probablemente porque eran colaboraciones (con John Shirley, Bruce Sterling y Michael Swanwick, respectivamente) o porque no eran "tan" ciberpunk como yo esperaba ("Combate aéreo" quizá sí). Y en esta relectura, justamente, fueron los que más me interesaron (con excepción de "Órbita de invierno", que pasó sin pena ni gloria). Si pensamos que este libro tiene el ADN completo de Gibson como escritor (afirmación aventurada y tonta, pero sigámosle el juego), está claro que en el posterior desarrollo del ciberpunk hubo genes que quedaron latentes o que se adoptaron una posición bastante subordinada. Cierto ballardismo eventualmente remplazado por un pulso más noir, por ejemplo. En ese sentido me parecio un libro especialmente interesante.

3.02 Neuromante. Del mismo modo, la primera novela de Gibson incluye estaciones orbitales e inteligencias extraterrestres, elementos que parecen remitir a una ciencia ficción diferente a la después practicada por su autor. En esta relectura Neuromante no se convirtió en mi favorita de Gibson; es una novela fertil como pocas y tiene una importancia histórica tremenda para la CF y la narrativa en general, eso sí, pero pensar que es lo mejor de Gibson es como creer que Ten es lo mejor de Pearl Jam: es un gran álbum, pero luego la banda se definiría en torno a otros elementos. Del mismo modo, la prosa de Neuromante ya cambia en la siguiente novela, que se parece más al resto de la bibliografía que a su predecesora. Quien busque densidad de imágenes, sin embargo, seguro piense que Neuromante es una suerte de no-va-más, y algo de eso es cierto, incluso en la traducción asordinada. Gran momento del libro: la fusión entre las dos IA y su inmediata comunicación con Alfa del Centauro. Y el tono noir es maravilloso para leerlo en voz alta. Ya perdí la cuenta de cuantas veces parodié en mis ficciones el célebre comienzo: "el cielo sobre el puerto tenía el color de una TV sintonizada en un canal vacío".

3.03 Conde Cero. Sigue la trilogía del Sprawl, iniciada con Neuromante. Descubrimos que la fusión de las IA, a su vez, se fragmentó en varias entidades que habitan el ciberespacio y se presentan como dioses del vudú. Una maravilla. Probablemente muchos lo tengan a menos porque lo comparan en impacto y brillo con su predecesor, pero es una novela sumamente defendible. Y, estilísticamente, acá comienza Gibson. Tramas múltiples estructuradas con el POV de los personajes, a la mejor manera de Philip K Dick (por dar un antecedente en la CF, claro); punto a los 3/4 del libro en que todo se va al demonio de un modo genial; fusión de las subtramas dejando siempre algún hilo suelto o en enigma; conceptos claves que estructuran el libro (esto sería más desarrollado después, pero ya está acá).

3.04 Mona Lisa Overdrive. Ahora sí, la obra maestra de Gibson o, al menos, el mejor libro de su primera trilogía. Borges con mirrorshades. El Conde Cero atrapado en una realidad de bolsillo con acceso al conocimiento completo de la humanidad, advirtiendo que "si la cosa se pone fea conéctenme a la red". Eso sí que es poesía.

3.05 Luz virtual. Empieza una nueva trilogía, más cercana al presente. El Golden Gate se convirtió en un cante gigantesco y Tokyo fue reconstruida después del terremoto... con nanobots y edificios en morphing permanente. El escenario es maravilloso, pero la novela no está al nivel de las tres anteriores en mi opinión. 

3.06 Idoru. Ahora sí, otro gran libro de Gibson. Rival de Mona Lisa y sin duda el mejor de la trilogía del Puente. Lo terminé en un barco, de regreso de Buenos Aires, y las resonancias de las palabras en mi mente reconfiguraban el paisaje gris del río y, después, la bahia. Releí de inmediato las últimas 30 páginas por puro placer. Clave: la idea de "puntos nodales", sucesos o entidades con potencial de cambiar la historia, de crear discontinuidades, de reconfigurar un continuo simbólico. Casi una descripción del M.O. de Gibson. ¿Casi?

3.07 All tomorrow's parties. Se me desdibujó un poco en la memoria. Interesante la historia del chico autista con los relojes. Un poco más débil que Idoru, supongo, aunque profundiza en el Puente y, de hecho, lo termina quemando. Buen final para la trilogía, más redonda en ese sentido que lo que hace Mona Lisa por el Sprawl. La idea del punto nodal se expande en la certeza, de uno de los personajes, de que la humanidad está a punto de tocar una discontinuidad en su historia.

3.08 Pattern recognition. Otra obra maestra. Volvemos a un protagonista único y su POV a lo largo del libro, pero acá es evidente que funciona bien. En cierto sentido le da potencia. Cayce Pollard, quizá, queda como el personaje que más recordamos de todos los libros de Gibson (junto, sí, a Case y Molly de Neuromante... y a Rez y Rei Toei en Idoru), y es un placer encontrarla de nuevo -apenas disimulada- en Historia cero. El "footage" ("metraje" en la traducción) analizado por los personajes es una de las creaciones más intrigantes de Gibson. Y comienza la trilogía Bigend (o Blue Ant), que transcurre en el pasado inmediato pero parece tomada de un universo paralelo. Magia.

3.09 País de espías. No me pareció tan floja como Luz virtual pero sería mi segunda menos favorita entre las novelas de Gibson. Para nada una mala novela, claro, y tiene sus momentos geniales (casi siempre que aparece el padre de Cayce Pollard), pero, en general, me pareció más tenue que las otras y, definitivamente, que su predecesora en la trilogía. El final es el más desdibujado de los libros de Gibson; no necesariamente el más intrigante. La manera de presentar el "arte locativo" es un punto nodal del libro y quizá su máximo interés.

3.10 Historia cero. La noción de "marcas secretas", punto nodal de Historia cero, es fascinante. Me resultó un poco más ágil que País de espías, pero la colocaría inmediatamente después en mi ranking, por debajo de, digamos, Conde Cero.

3.11 La máquina diferencial. Por alguna razón tenía mis prejuicios contra esta novela, pero una vez recorrida la encontré fascinante. Es, en cierto modo, dos novelas cortas vinculadas astutamente. A la vez, una de las ucronías más interesantes y trabajadas.

En resumen, mi ranking (dejando de lado La máquina diferencial por ser una colaboración): 1.Mona Lisa Overdrive. 2.Idoru. 3.Pattern recognition. (estas tres casi al mismo nivel, pero marcando la ligera distancia entre Mona Lisa y las otras dos) 4.Neuromante. 5. Conde Cero. 6. Historia cero. 7. All tomorrow's parties. 8. País de espías. 9. Luz virtual.



Estas fueron las experiencias más densas; las novelas de Cosecha Roja me tomaron un poco menos de dos semanas (como regla general son cortas o muy cortas), las de Gibson casi un mes. Siguen los libros que reseñé, para La Diaria y otros medios, y, por las dudas, aclaro que acá el ímpetu de resumir radicaliza las opiniones (o las exhibe en su formato blog, claro) y se vuelve más gonzo:

4.01 Cordón Soho, Natalia Mardero. La pequeña bestia pop. Hacía tiempo que un libro uruguayo no hacía el ruido que produjo en la escena literaria la primera novela de Mardero; una reseña negativa, una respuesta en plan guerrero de la autora, respuestas de la editora del libro y del crítico atacado. Conclusiones: algunos temas interesantes esbozados en la discusión (las escuelas de lectura que coexisten, el clásico "lugar de la crítica"), la puesta en evidencia del caracter pop del libro y, en ese sentido, de su buena factura (se lo nota escrito para un público que lo recibirá con entusiasmo; el mismo público que recibe y lee a la perfección la actitud de su autora a la hora de defenderlo); también: su desplazamiento de lo "literario" como esquema único y suficiente de valores. Acá mi reseña.

4.02 Y mañana serán clones, John Varley. Clásico menor de la CF. Buenas ideas al comienzo de la carrera -un tanto ninguneada últimamente- de su autor, y una novela que no decae en interés, en esta edición acompañada por esa obra maestra que es "La persistencia de la visión". Acá mi reseña.

4.03 Caja negra, Mercedes Estramil. Plomazo cósmico. "Esto es literatura, lo que importa es la literatura, mi autora escribe literatura", dice cada línea de este libro y yo respondo "¿y a mí qué?". Curiosamente, si se leyeran sus cuentos por separado, fuera del contexto del libro que los compila, esos gestos no son tan notorios y los textos pueden ser disfrutados de otra manera (como el que aparece en el compilado 22 mujeres). La reiteración de los tópicos (caracterización de corte existencialista, literaturidad basada en el relieve de los "temas humanos" del libro además de en la cuidada factura de la prosa) lo vuelve monótono y olvidable. ¿Por qué seguimos leyendo libros así? ¿No escuchamos la buena nueva, que la literatura de la bobada literaria está muerta? Mi reseña, acá.

4.04 Leviatán o la ballena, Philip Hoare. Hermosísimo libro de "historia cultural" de las ballenas y su cacería. Un libro emocionante, que incluye ciencia, historia, antropología y literatura, Moby Dick por ejemplo. Detalle que me fascinó: Melville habría tomado elementos de una crónica escrita por el mismo periodista que también inspiraría a Poe su Arthur Gordon Pym. Pensar que dos grandes momentos de la literatura del siglo XIX (y el XX por extensión, por herencia) surgen del mismo escritor casi secreto es delicioso. Acá la reseña.

4.05 Fiebre de guerra, J.G.Ballard. El último libro de cuentos del gran Ballard. Si bien tengo todos estos cuentos en el volumen que compila la narrativa breve de Ballard, todavía no los había leído. Hay un poco de todo; algunos no están a la altura del nivel medio de su autor, pero eso queda compensado por la maravilla que es el cuento "Memorias de la era espacial". La reseña, acá.

4.06 Julio Cortázar y Cris, Cristina Peri Rossi. Otro libro completamente prescindible. Tonterías sesenteras, intentos desesperados de acaparar la atención, egocentrismo y vanidad muchas veces ridículas. ¡Pobre Julio! Sólo para fans casi acríticos de Cortázar y, por supuesto, de su autora (que, me dicen, escribe poemas y cuentos; Crom me libre de cruzarme con ellos). Incluye perlas del humorismo involuntario como "Steven Spielberg le robó el misterio a los dinosaurios". Humanismo por todas partes, del peor. Acá la reseña.

4.07 Smith, Gonzalo Paredes. No lo marco como mis favoritos del año porque, a nivel de interés personal, no es un libro que me haya dicho gran cosa, aunque lo disfruté, y mucho. Porque es un hecho que está muy bien. Sin duda de lo mejor que se ha publicado este año. Cuentos con dobleces en la línea del Chesterton de El hombre que fue jueves. Muy recomendable. Esta es mi reseña.

4.08 El pudor del pornógrafo, Alan Pauls. Dated, sin duda, pero hermosamente escrito. Interesa como parte del recorrido de su autor y como modelo o construcción de una época literaria. Reseña.

4.09.01 Desayuno de campeones, Kurt Vonnegut. Otro clásico que no había leído. Absolutamente genial, página tras página.

4.09.02 Cuna de gato, idem. Ya lo había leído, en inglés. Gran ejemplo del humor de Vonnegut y la escala de su narrativa. Confieso que aprecio -y me entusiasma- la sensibilidad de Vonnegut pero, a la vez, no late necesariamente en armonía con la mía, y para un lector esencialmente ombliguista o self-obsessed como yo, eso cuenta un poco. La reseña de ambos, acá.

4.10 Los geranios, Ana Solari. Inane por completo. Creo que ya casi lo olvidé, pero no, recuerdo que tiene muchas cosas bastante torpes y un capítulo bastante bueno que, en cierto modo, cambia la imagen del libro (por un rato al menos). La reseña.

4.11.01 Aurora lunar, Ercole Lisssardi. Justo hace unos días hablaba de este libro con Gustavo Verdesio. Es una gran primera novela, quizá la mejor de nuestra literatura, aunque no es -y aquí coincido con Verdesio- la mejor de su autor. Imprescindible reedición. Arno Schmidt hasta en la sopa, como debe ser.

4.11.02 El increíble Springer, Damián González Bertolino. Dos buenos cuentos largos que se tensan -sin llegar del todo- hacia lo fantástico, diga lo que diga su autor. Ligeramente sobrevalorado, eso sí, pero sin duda entre los 5 o 6 más relevantes de la nueva narrativa uruguaya.

4.11.03 Adiós Diomedes, Leandro Delgado. Buenísima novela sobre los 80s y su sensibilidad, en particular en la música. La mejor de su autor.

Los tres fueron reeditados en 2014 por Estuario/HUM. La reseña conjunta, acá.

4.12 Encantado, Amir Hamed. Un libro muy disfrutable -en gran medida por su concentración brillante-, sobre todo si se acepta la artificalidad de la prosa de Hamed, que en algunas, poquísimas ocasiones  resuenan un poco a lugar común de lo literario. Es un ensayo/ficción sobre los vampiros y las hadas, por decirlo torpemente. De lo mejor del año. Reseña.

4.13 Lionel Asbo, Martin Amis. Sin lugar a dudas escrito con maestría. El libro de un gran novelista profesional, aunque en cierto modo el tema no le queda tan cómodo como un traje hecho a la medida. No deja de ser lo que tiene que decir un literato sobre una cultura que excluye por completo a la literatura. No lo releería jamás. Si es por leer a Amis, La información. Re-se-ña.

4.14.1 El hombre dinero, Mario Bellatin. Creo que es uno de esos libros de lo-amás-o-lo-odiás. Yo lo amé. La estructura en dos partes es fascinante, como mucho más de lo que este libro tan breve tiene para dar. La reseña, acá.

Para escribir la reseña anterior repasé algunos y leí por primera vez otros de los libros de Bellatin, tantos como pude conseguir (el compilado más o menos completo parece estar agotado en Uruguay). Acá van algunas impresiones insuficientes.

4.14.2 El libro uruguayo de los muertos. La obra maestra de su autor. Centro del vórtice, del laberinto. Acá está todo su universo ficcional, que es más grande por dentro de lo que se ve por fuera, como la TARDIS o la casa en crecimiento de House of leaves -en ese sentido me parece interesante compararlo con otro escritor que parece volver una y otra vez a lo mismo, Felipe Polleri, admirado por Bellatin. Pero si el uruguayo tiene para mostrarnos un mundo pequeño y, a su manera, mezquino, el de Bellatin es más amplio a cada lectura. Su universo es ampliado a cada libro, pero cuidadosa, minuciosamente.

4.14.3 Poeta ciego. Me gustó menos que los otros, debo admitir, así que paso rápido a...

4.14.4 Jacobo el mutante. Lo encontré inquietante y ominoso. Me gustaría releerlo.

4.14.5 Shiki Nagaoka: una nariz de ficción. Si el anterior me aterró, este me resultó especialmente humorístico. Ambos, en cierto modo, son el mismo libro. Lo cual puede decirse de casi toda la obra bellatiniana, claro.

4.14.6 Mi piel luminosaDiría que se trata de El libro uruguayo de los muertos a escala, pero eso vale para cualquier libro de Bellatin. Un poco desdibujado en mi memoria, debo admitir.

4.14.7 Salón de belleza. El clásico bellatiniano, quizá su libro más legible entre los que repasé. No necesariamente el mejor, pero sí el mas user-friendly. Confieso que escribí un cover de esta nouvelle, o dos. Todavía inéditos, eso sí. De hecho, ni siquiera están revisados. Y uno de los dos tomó, también, la forma de un cover de Rayuela, cuya primera parte me parece aceptable y la segunda (la más bellatiniana) no la he vuelto a leer.

4.14.8 Biografía ilustrada de Mishima. Mi favorito después de El libro uruguayo... 

4.14.9 Los fantasmas del masajista. Si toda la obra de Bellatin fuera un rompecabezas que incluye más o menos en su centro (o arriba o abajo, en 3D) un puzzle más intrincado y de piezas más pequeñas, la pieza externa a ese centro que contiene una buena imagen del diseño total (me quedó complicado y enrevesado, lo siento, pero creo que se entiende la idea) sería este texto. Delicioso. Otro favorito personal, lo que me hace pensar que el libro de Alfaguara La clase muerta es el mejor para empezar a leer a Bellatin.

4.15 Tarántula, Bob Dylan. Novela beatnik o conjunto de poemas en prosa, el libro de Dylan es extremadamente parodiable. Quizá no se lo pueda leer entero -bueno, uno puede proponérselo y hacerlo, pero por fuera de lo que podríamos llamar la lógica del lector hedonista, supongo- pero volver a sus capítulos es una fuente de curiosas bellezas. Acá la reseña.

4.16 Alt lit, varios autores. Excelente compilado de una de las más nuevas tendencias en la escena literaria estadounidense, armado y traducido por Hernán Vanoli y Lola Copacabana. Imprescindible. Mi reseña.

4.17 Telegraph Avenue, Michael Chabon. Fue una experiencia curiosa. No puedo decir que me desilusionó porque es un libro brillantemente escrito, sin duda entre lo mejor y lo más disfrutable del año, pero en cierto modo esperaba un libro que Chabon optó por no escribir. El problema es mio, claro está. Venía alimentado por el espíritu de apropriación de los géneros que hace a librazos como El sindicato de policía yiddish y Gentlemen of the road, o sus escritos bajo la persona Agust Van Zorn, y suponía que la nueva novela iría por ahí... cosa que no hace. Pero olvidemos este reparo inútil: Telegraph Avenue está escrito a las mil maravillas y es sumamente entretenido. Su secuencia del medio, a la Magnolia, es impresionante. Reseña.

4.18 Iris, Edmundo Paz Soldán. Hace unos días compilé una lista de favoritos para Indie Hoy; entre los olvidos cometidos el más tremendo fue Iris, de Edmundo Paz Soldán, la mejor novela de cf escrita en Dune. De lo más recomendable. Mi reseña.
castellano. Un placer leerla y perderme en su mundo, al que espero regresar pronto. A la vez: una lección de estructura novelística, con relatos/capítulos que se ensamblan y siguen la pauta de un libro orientado ante todo hacia los personajes y su relación con (y condicionamiento por) el mundo ficcional futurista y alienígena de Iris y sus alrededores. CF creadora de mundos, al mejor estilo

4.19 Kraken, China Miéville. Otro de los olvidos de la lista anterior y una novela sumamente entretenida, llena de ideas geniales. No sé si es el mejor libro de su autor (quizá lo sea La ciudad y la ciudad, o, para los fans más hardcore, la trilogía Bas-lag), pero sí que es de los más disfrutables. Desaparece un calamar gigante del museo de Londres y, 20 páginas después, cuando creemos que la cosa se quedará en un misterio de corte policial, empezamos a entender que esa Londres no es la que conocemos. Y eso abre la puerta a un torbellino de mundos fantásticos. Impresionante energía creadora. La reseña, acá.

4.20 Cada vez más cerca, Elvio Gandolfo. El más reciente libro de cuentos del rioplatense/rosarino Elvio Gandolfo. Quizá un poco irregular, pero todos los cuentos están perfectamente recortados. Gandolfo sabe, de eso no cabe duda. La reseña.

4.21 Lennon, David Foenkinos. Linda novela biografiada o biografía novelada de Lennon, muy yokonísticamente correcta en el fondo. No aporta gran cosa pero es llevadera y entretenida. Acá.

4.22 Cartas de César Vallejo a Pablo Avril de Vivero, compilado por Andrés Echevarría. Imprescindible para los fans de Vallejo. Es divertido, además, leer las múltiples ocasiones en que el peruano manguea a su amigo. Reseña.

4.23 Canadá, Richard Ford. Muy buena novela, bastante alejada del tipo de libros que más me entusiasman, pero, por supuesto, una belleza de prosa narrativa, como cabe esperar de su autor. Reseña.

4.24 Agua del mismo caño, Natalia Zito. Primer libro de su autora y debut más que atendible. Cuentos que pueden ser leídos como una suerte de novela, o novela fragmentada en cuentos que permiten reconstruirla. Mi reseña.

4.25 Los supremos: superhéroes y comics en el relato hispánico contemporáneo, varios autores, compilado por Salvador Luis Raggio. Valiosísima muestra de cuentos que abordan -de muy diversa manera, pero predomina la distancia irónica- el género superheroico. Es excelente -e imprescindbile para los interesados en el tema- el prólogo del compilador. Mi reseña, acá.

4.26 La mula, Álvaro Ojeda (reseña pendiente de publicación). En la órbita de Caja negra, pero al menos más radical en su prosa con pretensiones líricas o "poéticas". Para nada mala novela, pero no me interesó en lo más mínimo. En el fondo hay una historia de poderes y villanos y Tabaré Vázquez, pero todo lo que se puso para construir esa historia apesta al cliché de lo literario. Un libro menor de un autor de filigranas grises que tiene muy buen pulso para su oficio.

Siguen algunos de los libros leídos hedónicamente, no con la obligación de escribir una reseña. No puedo recordar todos porque -pese a que lo he intentado varias veces- no llevo un registro.

5.01 The Silmarillion, J.R.R.Tolkien. Primera vez que lo leo en inglés. Fue mi lectura bajo los pinos en Piriápolis, allá por enero. No hay mucho que pueda decir que no haya dicho ya: soy un fan incondicional de todo lo que escribió Tolkien, y en este libro compilado por su hijo está el corazón de su mitología. Escenas memorables: la partida del Vingilot hacia las Tierras Imperecederas, el robo de los silmarils a Morgoth, la creación de los enanos. El libro rezuma belleza por el contorno de cada una de sus letras.

5.02 Downward to the Earth, Robert Silverberg. Admiro a Silverberg desde hace casi exactamente 22 años, cuando leí por primera vez Alas nocturnas en la colección Nebulae. Esta es, para mí, su mejor novela, una reescritura del Corazón de las tinieblas de Conrad.


5.03 The story of Earth, Robert M. Hazen. Excelente exposición de la historia geológica -y biológica: la tesis del autor es que una determina a la otra y viceversa, aunque dicho así suena un poco más tajante de lo que leemos en las páginas del libro- de nuestro planeta. Enormemente didáctico y accesible.

5.05 The spectral link, Thomas Ligotti. El último libro de relatos del maestro del horror contemporáneo. Contiene dos cuentos largos, uno de ellos -"The small people"- a la altura de lo mejor de su autor, el otro "Metaphysica Morum"- extremadamente inquietante.

5.06 Teatro Grottesco, Thomas Ligotti. Clásico de su autor. Tiene algunos de los mejores textos de Ligotti, entre ellos el que da título al libro (y los imprescindibles "Severini" y "The shadow, the darkness").

5.07 El momento de debilidad, Bob Chow. La mejor novela argentina del año, en mi opinión. Por ahí dije que es algo así como un Pynchon a escala 1/44. La comparación es hiperbólica y arbitraria, claro, pero la novela de Chow no la necesita: se basta a sí misma en su continua disolución y profusión de la trama, en su estilo fresco y alien.

5.08 La extinción de los coleópteros, Diego Vargas Gaete. Muy buena novela sobre un colegio chileno y sus misterios, entre otras cosas. Me resultó un poco breve, como si lo interesante de sus premisas demandara una extensión que su autor no llegó a entregar.

5.09 Primavera ninja, Luis Orani (reseña pendiente de ser publicada, en realidad). El primer título publicado por Momofuku, la editorial más interesante del momento en Buenos Aires. Divertídisma novela sobre aspirantes a estrellas de rock, por decirlo de un modo simple. Las reseñas de discos ficticios que incluye como parte de su vórtice textual son excelentes.


5.10 Cómo escribir sin obstáculos, Francisco Cascallares. Buenísimos cuentos dispuestos con una lógica narrativa completamente brillante. El mejor: "Todos nos habían mentido", sobre extraterrestres, o algo así.

5.11 El mundo de cristal, J.G.Ballard. El único libro de la época más "clásica" de Ballard que me quedaba por leer. Ballard en estado puro, por supuesto. El mejor de la primera trilogía (completada por El mundo sumergido y La Sequía).

5.12 The Cambridge companion to Thomas Pynchon, varios autores. Muy buen apoyo para la lectura del mejor escritor vivo en cualquier lengua. Especialmente interesantes los capítulos sobre Contraluz y El arcoíris de la gravedad.

5.13 El maestro y Margarita, Mikhail Bulgakov. Deliciosa novela. Un amigo me decía que tenía esa "cosa rusa" de leer sobre el Diablo como si fuera un parroquiano más del bar que frecuentás.

Después de leer Aurora Lunar, de Lissardi, seguí adelante con dos novelas más entre los muchos títulos de su autor, dejando para más adelante el examen del resto de la obra, probablemente para un artículo ambicioso (parte de un postergado libro sobre literatura uruguaya reciente).

5.14.1 Últimas conversaciones con el fauno. Buena candidata a "la mejor novela de Lissardi", está estructurada como relatos hilvanados por la historia de un "fauno" moribundo.

5.14.2 Interludio, interlunio. Solía ser mi favorita entre las de Lissardi, pero la relectura no la dejó en ese puesto o puso su lugar entre signos de interrogación. Sólida novela, de todas formas, y la muestra más clara del sistema Lissardi de hacer sumar porno (erótica, diría él, pero para mí esa palabra suena a conversación de viejas en el montevideano Lion d'Or) con un género, en este caso la distopía. Pero esta organización se ve atravesada, además, por reflexiones sobre los últimos cuartetos de Beethoven.

5.15 Limbo, Agustín Fernández Mallo. Algún día voy a ponerme a leer reseñas y formular una hipótesis sobre el estado de la crítica de los libros de AFM. Mi opinión, en todo caso, es que son sumamente interesantes y atendibles. Quizá porque no los leo desde la postura de "esto es lo nuevo", que puede estar o no en la configuración del rol de su autor en la escena literaria, pero que a mí no me interesa. Limbo es su mejor novela, probablemente, aunque yo soy fan de la trilogía Nocilla, especialmente de su última entrega. Tuve la oportunidad de entrevistar a Agustín para La Diaria, así como también de conversar informalmente con él y compartir un asado junto a varios amigos, y sin dudas colocaría su libro -otro olvido en la lista de Indie Hoy- entre mis favoritos de 2014.

5.16 Bienes muebles a.k.a. La ciudad invencible, Fernanda Trías. El regreso de FT después de los diez años de silencio novelístico que siguieron a La Azotea (parte de esos años implicaron una extensiva reescritura de esa novela). Crónica del paso por una ciudad que, como el universo, parece más indiferente que hostil, aunque esté habitada por hombres-rata definitivamente hostiles y estúpidos; capítulo de autobiografía lleno de momentos de gran ternura y, también, desolación. Empieza como una crónica y termina como una novela: la modulación es interesante en sí misma, porque hace mutar al sujeto de la enunciación. Otro favorito del año que olvidé en la lista de Indie Hoy. Soy un desastre.


5.17 Ocio, Fabián Casas. No sé si ya dije por ahí que, en general, no me interesa(ba) la literatura de Fabián Casas. Hace un tiempito una amiga me encargó que le trajera de Buenos Aires Ensayos Bonsai, libro que empecé a hojear y terminé recorriendo competo, enganchado en el efecto de "este tipo es un idiota/no, esperen, un momento, esto está muy bien!/ah, no, pero qué tarado!/esto es genial!" que me generaron sus páginas. Después conseguí Ocio, en la edición de la editorial El Cuervo, y si los cuentos de Casas no me convencían, su nouvelle me encantó. Otra gran experiencia de lectura en 2014, en un cuarto caluroso de Buenos Aires.

5.18 Click, Christian Vera. Pasada la mitad del año tuve la suerte de viajar a Bolivia a presentar una novela, y, especialmente, de volver cargado de libros. La lectura de casi todos está pendiente, pero en el avión leí Click, de Christian Vera, una divertida nouvelle sobre un profesor de literatura que se enfrenta a un apocalipsis zombie, entre otras cosas. Es muy interesante como Vera construye a su personaje desde sus fantasías, obsesiones y miserias, o desde lo que ese personaje piensa o dice de sus fantasías, sus obsesiones y sus miserias. Muy recomendable; debería ser editada en el Río de la Plata, sin dudas.

5.19 Skagboys, Irvine Welsh (reseña pendiente). Como fan de Trainspotting la idea de que el autor de la novela en la que se basó esa película que hizo época (al menos para mí y, supongo, para la gente de más o menos mi edad; sí, todos nos sacamos fotos en las poses de los personajes en el póster) aportara una precuela me pareció por lo menos interesante. Y la novela vale la pena. Sumamente concentrada en la crisis política, económica y social del Reino Unido -en particular Escocia, claro- de la primera mitad de la década de 1980, rica, detallada y siempre divertida. Una gran experiencia de lectura. Te cagas, tío!

5.20 El libro tachado, Patricio Pron (reseña pendiente). Hay, ante todo, un tono Pron, una voz que recorre las páginas y que aporta a la noción del libro como conversación. Hacia la mitad encontramos un catálogo vastísimo de escritores -reales e imaginarios- que silenciaron su obra, desaparecieron, fueron asesinados o se suicidaron. Leer la historia de la literatura, hacia adelante y retrospectivamente, desde el setentero concepto de la muerte del autor. El último capítulo es el núcleo reflexivo del libro. Pron, o el sentido común firmemente establecido.

5.21 ella sí, Amir Hamed (reseña pendiente). En la línea de Encantado, es decir sin lugar a dudas un libro interesantísimo y brillante. Pero me gustó más su predecesor. Ya ampliaremos.

5.22 El lugar del cuerpo, Rodrigo Hasbún. Minuciosa, por momentos exasperante narración sobre dos hermanos. Como en ciertos cuentos de Daniel Mella (y la línea es Salingeriana, por supuesto), la prosa construye el estado mental y emocional de sus personajes. Y amenaza con contagiarlo. Un clásico de la nueva narrativa latinoamericana.

5.23 The king in yellow, Robert W. Chambers. Había leído uno de estos cuentos hace muchos años, desde las páginas de Los mitos de Cthulhu, la antología fundacional (en castellano, claro) compilada por Rafael Llopis, y conocía la reelaboración del personaje del Rey Amarilo (y la Carcosa de Bierce y el Signo Amarillo de Chambers) desde los continuadores de la obra de Lovecraft, pero no había leído el libro completo. True Detective me recordó esa urgencia. Excelente libro, en particular los vinculados al Rey Amarillo, especialmente "El reparador de reputaciones", que parece un cuento de Ligotti escrito más de medio siglo antes de los cuentos de Ligotti. Imprescindible.

5.24 La palabra muda, Jacques Rancière. Interesante ensayo sobre la pretensión de autonomía de la literatura y las contradicciones implícitas en su caracterización postromántica.

Habría que sumar algunas relecturas casi rituales (u obsesivas):

5.23.1 Ficciones, JLB
5.23.2 La subasta del lote 49, TP
5.23.3 Putas asesinas, RB
5.24.4 At the mountains of madness / The shadow over Innsmouth, HPL

Y, por supuesto, están las historietas.

6.01 Crononautas, MaGnUs, Taibox, Lemos. Otra muestra de la evolución de sus creadores, aunque esta vez el guión de MaGnUs se convirtió en el punto débil de la propuesta. El color funciona muy bien, en mi opinión (aunque hay gente que, con argumentos, pensó lo contrario), y la historia, pensada para niños, es divertida. Mi reseña.

6.02 Los pasajeros perdidos, Zgabros. Excelente, lo mejor del año sin lugar a dudas. Fantasía y algo de ciencia ficción en una historia llevada con madurez y sutileza. Mi reseña, acá.

6.03 Regulación 0.75 - La dádiva, Roy, Lauri Fernández. Lo releí hace unos días y me gustó menos que la primera vez. No está mal. El dibujo de Lauri es bellísimo y Roy lleva bien la narración, con momentos especialmente interesantes (ver mi reseña), pero la relectura no funcionó del todo, quizá porque el tratamiento del tema (distopía/superpoblación) no es particularmente interesante en sí mismo, quizá porque la postura de Roy ante la narrativa está empezando a aburrirme. Igual está claro que, a su manera, sabe lo que hace y que se pueden esperar obras muy valiosas suyas en el futuro.

6.04 GAS3K.5, varios autores. La revista anual del grupo GAS y otra muestra de la evolución de sus autores. Las historias menos dependientes de grandes sagas son las que funcionan mejor, y en esta quinta edición la parte gráfica mejoró considerablemente. Reseña.

6.05 Aullando a la luna, Nicolás Peruzzo. El opus metalerum de Peruzzo y una de sus obras menores, al menos en comparación con Ranitas, su clásico. Muy gracioso, definitivamente, y, leído desde cierta perspectiva, otro documento sobre la recepción de cierta música en Uruguay, así como también sobre la manera de escribir sobre esa música. La historieta tiene un glosario completamente innecesario que se vuelve interesante desligado de su función. Mi reseña.

6.06 El club de los ilustres 2 - Conspiración en las sombras, Santullo y Hansz. Menos steampunk, igual de entretenida que su predecesora, esta mininovela gráfica sigue las aventuras de ese club ucrónico o fantasticrónico. Reseña.

6.07 Zombess - El orbe del conocimiento, Abel Alves. No hay nada que haya hecho este gallego que no me resulte genial o haga que me muera de la risa, y si pone a Lovecraft en el mix me convierte en un fan incondicional. De lo mejor del año en historieta. Mi reseña, acá. 

6.08 Palabra, Sebastián Santana. Un libro experimental, si se quiere, o, mejor, arriesgado para la escena historietística local, tan dada últimamente a lo narrativo a secas. Muy valioso, muy interesante, por momentos muy arduo. También entre lo más relevante del año. Mi reseña.

6.09 Otoño, varios autores. El segundo libro compilado por AUCH, la Asociación Uruguaya de Creadores de Historieta. Desigual como su predecesor, contiene también maravillas -la historia de Abel Alves, por ejemplo. Indispensable para ver qué se está haciendo por acá, aunque todos los creadores que participan tienen trabajos mejores. Mi reseña.

Hacia abril, cuando llegó mi ejemlpar de Roses of Berlin, de Alan Moore y Kevin O'Neill, repasé completa la League of extraordinary gentlemen.

6.10.1 The league of extraordinary gentlemen 1. El más clásico de la serie, tanto en el sentido de referente histórico como en procedimientos narrativos. Moore da comienzo y propone la primera iteración de su mundo panficcional, todavía ceñido a un conjunto manejable de referencias fundamentales -y una pequeña nebulosa de referencias accesorias. El más flojo de la serie, pero aun así genial, por supuesto (es Moore).

6.10.2 The league of extraordinary gentlemen 2. Acá la cosa se espesa. El libro sigue en gran medida The war of the worlds, de HGW, y en ese sentido difiere del anterior por su manera de ofrecer una pauta literaria tan marcada (en el otro eran más bien los personajes, en este es los personajes y una trama concreta). A la vez, la nebulosa empieza a volverse más densa, pero el salto con respecto al primero aun no implica un cambio de nivel sino, más bien, un crecimiento lineal. En este segundo volumen ya es imprescindible leer los agregados parahistorietísticos (de no hacerlo no se sabe qué pasa con el personaje de Quartermain), en este caso un "almanaque" geográfico/histórico que vale lo mismo o más que la historieta que lo precede. De hecho, el "almanaque" prepara el salto de nivel que vendrá con...

6.10.3 The league of extraordinary gentlemen: Black dossier. Quizá el mejor momento de la serie, con su mínimo de historieta y su máximo de parodias literarias, desde el teatro isabelino hasta la novela beatnik, pasando por la CF a la New Worlds y la cosmogonía (la COSMO-GO-NÍA!!). Acá las referencias literarias estallan en una hipernova; la totalidad de "significados" -derivables de las citas ocultas, los guiños, los pastiches, las referencias- se vuelve inabarcable, al menos sin ayuda.

6.11.4 The league of extraordinary gentlemen: Century. Dividido en tres tomos, acá el añadido parahistorietístico, si bien importante, no es fundamental. El espesor de referencias es recapturado por la historieta, viñeta a viñeta, en un impresionante sistema de detalles significativos. Hay un final, o algo parecido, aunque la cosa evidentemente seguirá. Mary Poppins vs. Harry Potter. ¿Se puede pedir más?

6.11.5 Nemo: heart of ice. Con esta novelita gráfica Moore comenzó una suerte de spin-off de su serie o, mejor dicho, una ramificación. Seguimos ya no al equipo Murray-Orlando-Quatermain sino a la hija del capitán Nemo; en este libro, como en el segundo, se sigue de cerca un referente literario concreto: At the mountains of madness, de Lovecraft. Los experimentos con el tiempo (y la narración) son brillantes.

6.11.6 Nemo: The roses of Berlin. Vertiginosa y deslumbrante, está ambientada en una Berlín derivada del cine expresionista alemán. Buena parte de los personajes mencionados están tomados directamente del Dossier y su sección sobre el equivalente alemán de la Liga. En este punto el universo de La Liga se nutre de sí mismo también a nivel textual. Tercer nivel de barroquismo, y seguimos. Reseña.


6.12 Economix - How our economy works (and doesen't work), Michael Goodwin y Dan E. Burr. Excelente introducción historietística a la historia de la economía y a sus teorías principales. Una de mis lecturas favoritas del año, también.

6.13 7 historias, "Tunda". Excelente trabajo historietístico de uno de los creadores uruguayos más maduros en ese lenguaje. En sí, la mayoría de los asuntos de estos relatos no valen nada, pero convertidos a la historieta la belleza aparece por todas partes y habla de lo específico del lenguaje historietístico. Muy interesante y muy atendible.

Eso es todo; me olvido de algunos libros, no consigno lecturas de cuentos aislados (aunque estas cubrieron buena parte de las antologías New Cthulhu: the recent weird, Lovecraft's monsters, Lovecraft Unbound y Cthulhu lives!, además de Rewired: the postcyberpunk anthology) o nouvelles (aunque A year in the linear city, de Paul de Filippo, fue uno de los textos que más disfruté este año), textos inéditos de amigos o conocidos, artículos o entrevistas dispersos en la red o en libros o en la prensa, etc.

Para resumir: lista de mis favoritos del año o leídos este año, sin contar relecturas:

Moby Dick, Pattern recognition, Skagboys, Iris, Encantado, La ciudad inviencible a.k.a. Bienes muebles, Cómo escribir sin obstáculos, The roses of Berlin, Zombess: el orbe del conocimiento, El momento de debilidad, Matufia, A veces tarda, casi nunca llega, Leviatán, o la ballena, El libro uruguayo de los muertos, Los pasajeros perdidos, Primavera ninja, Telegraph Avenue, The spectral link, Fiebre de guerra.
 
Mañana o pasado viene la segunda parte, sobre mis publicaciones del año.